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15 min
Vicius Mad World I
Humor |
10.03.10
  • 5
  • 1
  • 2619
Sinopsis

Comedia basada en la serie youtubera Vicius mad

Kyo era un joven japonés de diecisiete años. Su vida era aparentemente normal, (ya que en el pueblo nipón de Akinokago, las cosas no eran todo lo normales que debían de ser), hasta que un día cayó resfriado y tuvo que quedarse en casa reposando, en vez de ir a clase. Aquel día descubrió algo que lo cambiaría para siempre.
Encontró por casualidad un juego de rol por Internet llamado The World, aquel día empezó a jugar y no pudo desprenderse del juego en todo el día. A su personaje lo llamó Vicius Mad, en realidad debería haberlo llamado Vicious Mad pero el inglés no era su fuerte. Su personaje era un guerrero que blandía la espada. Pronto Kyo descubrió que el juego se le daba terriblemente bien, no perdía ninguna batalla y conseguía el máximo número de puntos, subiendo así rápidamente de niveles.
El nipón no había destacado nunca en nada, era correcto en los estudios y en los deportes, pero no sobresalía en ninguna faceta en concreto. Aquí Kyo era el rey, el mejor jugador de The World de todos los tiempos. Se sentía realizado jugando. Se sentía importante. La satisfacción que este mundo virtual provocaba en Kyo hizo que el joven fingiera seguir enfermo para faltar varios días más a clase, y seguir así profundizando en este mundo nuevo y fascinante que se había abierto para él.
Jugaba horas y horas, no paraba siquiera para descansar, el juego se había convertido en una obsesión. Durante aquellos tres días más, en los que fingió estar enfermo, el juego fue su única vida. La vida donde él era el número uno, el rey.
De esta manera, poco a poco, la mente de Kyo fue adentrándose en el mundo virtual, y fue pasando de ser Kyo a ser Vicius Mad, el gran guerrero.

Pasados tres días su madre le apagó el ordenador y le mandó que se acostara. Llevaba varios días sin dormir jugando al juego, y sin darse cuenta cayó fulminado preso del cansancio. En aquel sueño revivió sus hazañas en el mundo virtual. Parte de su mente residía ya en aquel lugar de fantasía.

En el pueblo de Klares, un aguerrido guerrero destacaba por encima de los demás…
…él era conocido como Vicius Mad.
Vicius Mad, acompañado por su fiel escudero, se dirigió a la cueva de Tiamat, el dragón de tres cabezas que tenía atemorizado al pueblo de Klares. Ningún guerrero de The World había conseguido derrotarlo hasta la fecha, pero nadie había sido capaz de derrotar a Vicius Mad, proclamado recientemente rey de Klares y Arkonia por su capacidad de lucha y autoridad.
En la cueva del dragón, el valiente guerrero clamó su nombre y lo desafió a la batalla. El dragón salió a su encuentro dispuesto al enfrentamiento. Vicius Mad blandió su espada y se lanzó al ataque, y en su primera estocada le cortó una de sus cabezas, era un guerrero excelente. El dragón herido en orgullo trató de contraatacar, pero fue sorprendido por la innata habilidad del guerrero para la lucha, que esquivó sus ataques con facilidad, y no tuvo compasión y fulminó al dragón de una vez por todas.
Vicius Mad era un héroe para algunos, villano para otros. Pero de lo que no había duda era que era el mejor. El guerrero y su escudero entraron en la cueva del dragón a obtener los tesoros que el dragón había ido guardando en su cueva, tras haberlos robado asesinando a civiles, guerreros y magos. Y en aquel preciso momento en el que se adentraron en la cueva…

… Kyo despertó de su sueño. Su madre lo zarandeaba suavemente.
      ─ ¡Kyo! ¡Kyo!
      ─ ¿Kyo…? ─ el japonés se quedó pensativo. Él era Vicius Mad, pero recordaba aquel nombre. Los grandes reyes cómo él recibían diversos nombres en los distintos mundos: Vicius Mad, Edsan, Kyo, Cloud… ─. Sí, Kyo… así es cómo solían llamarme en esta parte del mundo.
      ─ ¿Te encuentras bien? ─ le preguntó preocupada su madre.
      ─ ¡Si! Me encuentro estupendamente ─ dijo Kyo levantándose de la cama.
      ─ ¡Fantástico, así podrás volver al instituto! Te he dejado el almuerzo en la cocina. Me voy, que tengo que ir a trabajar. ¡No hagas tarde!
Le dio un beso y se fue.
El instituto… No recordaba exactamente lo que era, pero sabía donde se encontraba. Se lo tomó como una misión.
      ─ Tengo que dirigirme al instituto… ─ se dijo ─. Pero no con estas pintas.
Kyo rebuscó en su armario. No había nada que lo satisficiera plenamente. Se arrancó las mangas de una camisa azul, y se puso una cinta roja alrededor de su rubio pelo para tener un aspecto más feroz.

Kyo llegó al instituto. En ese momento una chica de cabello castaño y largo se acercó a él.
      ─ ¡Hola Kyo! ¡Cuánto tiempo!
Este la miró de arriba abajo.
      ─ ¿Eres mi escudero?
      ─ ¿Quién? ─ preguntó la chica que sonrió sin entender ─. ¡Soy Kaiko!
      ─ Así que ese es tu nombre. Muy bien te llamaré Kaiko.
      ─ ¿Qué te pasa? ─ preguntó incrédula ─. ¿Es que se te ha subido la fiebre a la cabeza?
Kyo la miró extrañado, sin entender.
      ─ Da igual, olvídalo ─ dijo Kaiko ─. Has venido justo el día que nos vamos de excursión. ¿Qué casualidad, no?
      ─ ¿Excursión? ─ preguntó Kyo.
      ─ ¡Ah, vaya! ¿No lo sabías? Pensaba que lo habías hecho aposta y no habías querido venir hasta el día de la excursión. ¡Jeje!
      ─ ¿Adónde nos dirigimos?
      ─ ¡Sorpresa! ─ dijo ella sonriendo ─. Sube al autobús y te lo contaré.
Lo cogió de la mano y lo llevó al bus.

En el autobús Kaiko le contó que iban al paraje natural de Akinokago a jugar a la gymkhana. El colegio había escondido diversos papeles con un número y el distintivo del instituto.
      ─…tenemos que conseguir encontrar más papeles escondidos que nadie ─ prosiguió Kaiko.
      ─ Entonces se trata de buscar un tesoro ─ dedujo Kyo.
      ─ Bueno ─ se encogió de hombros la joven ─. Así suena más divertido, jeje.
Pronto, la cabeza de Kyo empezó a pensar en la gymkhana y en la cueva del dragón y el tesoro que no había podido conseguir, y relacionó una cosa con otra. Sin duda, todo indicaba que le habían llamado a esta misión para poder recuperar el tesoro. Kyo ya veía el tesoro en sus manos y podía sentir el reconocimiento y admiración de su pueblo cuando éste mostrara el botín. Una carcajada sonora de satisfacción surgió de la garganta de Kyo, que riéndose solo, llamó la atención del resto de la clase.

Finalmente llegaron al hermoso paraje natural.
La profesora dividió la clase en grupos. El grupo de Kyo estaba formado por Kaiko, Sephyr, Azumi y él mismo.
Sephyr era un chico gótico que siempre estaba deprimido y dando malos augurios. Le gustaba el tarot y creía tener un don especial para predecir las catástrofes, aunque casi ninguno de sus vaticinios solían cumplirse. Vestía siempre de negro. Su tez era pálida. Tenía el pelo tintado de gris y una cicatriz en el ojo que el consideraba la fuente de su poder predictivo.
      ─ Presiento que algo malo va a pasar esta tarde ─ dijo Sephyr nada más unirse al grupo mientras se tocaba la cicatriz.
Azumi era una chica alegre y soñadora. No era la chica más inteligente y audaz de la clase, pero era la más feliz. Era alta, rubia y muy guapa. Provenía de una familia multimillonaria y vestía ropa cara y exclusiva de los mejores diseñadores. Llevaba siempre consigo un osito de peluche marrón al que adoraba y llamaba DiCaprio.
      ─ ¿No está un poco gorda la profe? ─ preguntó Azumi a Kaiko.
      ─ Está embarazada.
      ─ ¿¡De quién!? ─ preguntó sorprendida.
      ─ No se sabe… ─ contestó Kaiko haciendo gesto de no tener ni idea.
      ─ Ayyy ─ suspiró Azumi preocupada ─. Al menos espero que ella sea la madre.

Instantes después los grupos empezaron a organizarse. El grupo de Kyo se juntó para decidir por donde empezaban a buscar.
      ─ A mi me da igual por donde queráis empezar ─ dijo Kaiko.
      ─ DiCaprio y yo proponemos que vayamos por ahí ─ dijo Azumi señalando un camino con el osito en alto.
      ─ Yo no iría por ese camino, me da muy mala espina ─ dijo Sephyr.
      ─ El mago tiene razón. Será peligroso, y además no tenemos armas para defendernos. Pero debemos ser valientes, tendremos que valernos de nuestros propios puños para hacernos con ese tesoro cuanto antes ─ dijo Kyo.
      ─ ¿Le ha llamado mago? ─ se preguntó Kaiko.
Sephyr sonreía encantado.
      ─ ¿Se está tomando muy en serio el juego, no? ─ preguntó Azumi a Kaiko en voz bajita.
      ─ Sí. Aunque habla de una manera muy extraña ─ sospechaba ella.
      ─ ¡No perdamos ni un segundo! ¡Adelante mis fieles vasallos! ¡El tesoro nos espera! ─ ordenó Kyo entusiasmado.
Y sin entender exactamente lo que le pasaba a Kyo, pero contagiados por su espíritu competitivo, el grupo emprendió el camino.

Acababan de empezar la marcha cuando apareció la primera desavenencia en el grupo.
      ─ Estoy cansado. Necesito sentarme un rato ─ se quejó Sephyr.
      ─ ¿Qué estás cansado? ¡Pero si apenas llevamos cinco minutos caminando! ─ le increpó Kaiko.
      ─ ¡Pues yo no puedo dar ni un paso más! ─ se quejó sentándose en el suelo.
      ─ ¡Serás gandul! ─ le espetó Kaiko enfadada ─. Puede que a ti te importe un bledo este juego, pero a los que ganen les subirán un punto de la nota global, ¡y yo quiero ese punto! ¡¿Me entiendes?! ¡Así que deja de quejarte y sigamos!
      ─ ¡Tú solo miras por ti! ¡Eres una egoísta! ─ le recriminó Sephyr ─. Yo tengo mis problemas, pero nadie me entiende.
      ─ ¿Y se puede saber cuales son tus problemas?
      ─ Aquí hay demasiada luz y pureza para mi oscura y atormentada alma. Cada soplo de aire fresco penetra en mis pulmones quebrando los cimientos que mantienen la razón de mi existencia.
      ─ ¡Eso no son problemas! ¡Deja de decir tonterías y levántate!
      ─ ¿Lo ves? ¡Sabía que no lo entenderías! ¡Te odio!
      ─ ¡Yo sí que te odio a ti! ¡Ahora vas a saber lo que son problemas de verdad! ─ gritó acercándose a él.
      ─ ¡Mirad! ¡Lo he encontrado! ¡Allí está el tesoro! ─ exclamó Kyo.
Los demás dejaron sus asuntos y miraron al lugar que señalaba Kyo. No muy lejos de allí había una cueva.
      ─ ¿Cómo sabes que está ahí? ─ le preguntó incrédula Kaiko.
      ─ Por que ya he estado ahí antes ─ dijo convencido Kyo pensando en la cueva del dragón.
      ─ Eso es hacer trampa, se supone que no debemos saber donde lo esconden ─ se indignó Azumi.
      ─ Me extraña mucho que escondan uno de los papeles en una cueva ─ pensó Kaiko.
Sephyr sacó una carta del tarot de su bolsillo.
      ─ El loco. Debemos tener cuidado con la elección, posiblemente sea la equivocada ─ dijo con un halo de misterio.
El joven gótico volvió a sacar otra carta del bolsillo.
      ─ La torre. Cambio repentino que puede ser positivo o negativo, riesgo de accidente ─ dijo con una nota de pesimismo ─. Considero que no deberíamos ir a esa cueva, algo malo va a pasar.
      ─ Por una vez estoy de acuerdo con Sephyr ─ dijo Kaiko ─. Puede que en la cueva haya osos o algo así.
      ─ ¿Has oído DiCaprio? ¡Puede que encontremos otros ositos para jugar contigo! ─ dijo alegremente Azumi mientras abrazaba a su peluche.
      ─ No os preocupéis. No hay ningún peligro ─ aseguró Kyo.
Kyo caminó decidido hacia la cueva y el grupo le siguió. Azumi iba tan convencida como Kyo, mientras que Kaiko y Sephyr le siguieron con desgana.

Se adentraron en la cueva hasta que la oscuridad de esta les impidió ver con claridad.
      ─ ¡Aquí no hay nada! Es imposible que lo hayan escondido mas adentro ─ dijo Kaiko convencida.
      ─ ¡Esta aquí! ¡No hay la menor duda! ¡Debemos seguir avanzando! ─ ordenó Kyo.
      ─ ¿Eh? Aquí hay algo ─ dijo Azumi agachándose.
De repente se hizo una luz.
      ─ ¿Cómo? ¿Qué hace ahí una linterna? ─ se sorprendió Kaiko.
      ─ Estaba escondida. Quizá forme parte del juego ─ dijo Azumi ─. ¡Ayyy que divertidoo!
      ─ Presiento que esto no va a ser bueno ─ auguró Sephyr tocándose la cicatriz.
      ─ ¡Tranquilos! Si surgen problemas yo me ocuparé de ellos. No tenéis nada que temer ─ dijo Kyo.
      ─ ¡Uaaauuu! ¡Qué valiente es! ─ suspiró Azumi.
      ─ Todo esto sigue pareciéndome muy raro ─ dijo Kaiko escéptica.
      ─ No va ser bueno, no va a ser bueno, no va a ser bueno… ─ murmuraba Sephyr por detrás de Kaiko.
      ─ ¡Cállate! ¡Me estás poniendo nerviosa!
Alumbrados por la luz de la linterna, llegaron al final de la cueva y encontraron algo. Había un maletín negro.
      ─ ¡Han escondido el papel en un maletín! ¡Que originales, seguro que este no lo encuentra nadie! ─ dijo entusiasmada Azumi.
      ─ Creo que no deberíamos abrirlo. Es mejor que nos larguemos ─ dijo Kaiko.
      ─ No va ser bueno, no va a ser bueno, no va a ser bueno… ─ murmuró Sephyr.
      ─ ¡¡Quieres dejar de hacer eso!! ─ le bramó Kaiko nerviosa.
      ─ No perdamos tiempo ─ dijo Kyo agachándose hacia el maletín.
Abrió el maletín y para sorpresa de todos, (excepto Kyo), no encontraron un papel del juego.       
      ─ ¡Está lleno de billetes! ─ exclamó alegre Azumi.
En la mente de Kyo los billetes se convirtieron en joyas y monedas de oro. Era el tesoro del dragón que estaba buscando.
      ─ ¡Wa, ja, ja, ja! ─ rió victoriosamente Kyo ─. ¡El tesoro al fin es mío!
      ─ No deberíamos quedarnos con ese dinero ─ opinó Kaiko.
      ─ ¿No lo dirás en serio, no? Con ese dinero podría comprarme un bolso nuevo. El que tengo pasó de moda ayer.
      ─ ¡Pero si tu eres multimillonaria! ¡No necesitas ese dinero!
      ─ ¡Pero quiero maaaaaaas! ─ le replicó ─. Además piensa que podrías comprarte esas botas tan caras que tu economía no te permite.
Los ojos de Kaiko se iluminaron al pensar en esas botas y la tentación fue creciendo.
─ Bueno, ¡qué demonios! ¡Me has convencido! ¿Y tú no tienes nada que alegar? ─ dijo dirigiéndose a Sephyr.
─ Pienso invertir ese dinero para servir a la oscuridad.
─ ¡Ya no tenemos nada que hacer aquí! ¡Larguémonos! ─ mandó Kyo.
─ Hay que ver lo decidido que se ha vuelto este chico ─ dijo Azumi.

Ya fuera de la cueva el grupo se paró a deliberar que hacían a continuación.
      ─ Toma. Llévalo tú ─ dijo Kyo dándole el maletín a Azumi.
─ ¿Y ahora que hacemos? ¿Seguimos con lo de la gymkhana? ─ preguntó Azumi.
      ─ No, no tiene mucho sentido que sigamos con el juego. Además a estas alturas es muy difícil que consigamos ganar. Adiós punto extra ─ lamentó Kaiko.
      ─ Debemos volver a nuestra morada ─ dijo Kyo pensando en llevar el tesoro a su castillo en Klares.
      ─ ¿A casa? ─ preguntó Sephyr irónicamente ─. No podremos volver hasta que salga el autobús. No tenemos más remedio que esperarnos, y eso no me gusta.
Al instante el móvil de Azumi sonó. Tenía puesto de tono de llamada la canción Stars are Blind de Paris Hilton.      
      ─ ¿Aló? ─ tapó el móvil con la mano y se dirigió a sus compañeros ─. Es un chico. Si no os importa esperadme aquí, tengo que alejarme para hablar, se trata de una conversación privada.
Azumi se alejó para hablar.
      ─ ¡Oye! ¡Pero no hace falta que te lleves el maletín detrás! ─ gritó Kaiko.
      ─ ¡Déjala! No pasa nada. No va a llevarse el dinero ─ sonrió Kyo.
      ─ Tienes razón. Lo siento.
      ─ Siento que algo está a punto de torcerse ─ dijo Sephyr tocándose la cicatriz.

...continuará
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