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13 min
Vicius Mad World II
Humor |
10.03.10
  • 5
  • 1
  • 2332
Sinopsis

Continuación De Vicius Mad World. Basado en la serie youtubera Vicius Mad.

Azumi se fue hasta unos arbustos para hablar por el móvil con su chico. Tenía una radiante sonrisa de oreja a oreja. Y reía a menudo durante su conversación. Lo que ella no sabía era lo que se escondía entre esos arbustos.
Detrás de los arbustos, observándola, se encontraba un hombre moreno de aspecto vil que hablaba en voz baja por el móvil.
      ─ Lo he encontrado. El maletín lo tiene una chica. Está aquí justo delante de mí ─ dijo el hombre de cabello oscuro.
      ─ Excelente Dai. ¡Captúrala y averigua como se ha hecho con el maletín! ─ dijo la voz.
      ─ Sí, jefe ─ contestó Dai.
El hombre esperó a que acabase de hablar y colgase, y entonces salió de los arbustos apuntando con la pistola.
      ─ Estate quieta y no grites. Será mejor que me sigas y hagas lo que te ordene si no quieres que te vuele la cabeza.
      ─ ¿Y si lo hago recibiré un premio? ─ preguntó ella inocentemente.
      ─ ¿Eh? ─ el hombre trató de salir de su asombro ante la estupidez de ella ─. Sí, claro. Tendrás un premio. La vida.
      ─ ¡Bieeen! ─ gritó Azumi dando saltitos.
      ─ Me parece que esta cría no es consciente de su situación ─ se dijo alucinado.

Mientras, Kyo y los demás esperaban impacientemente a su compañera.
      ─ Está tardando mucho. Aunque bueno si está hablando con un chico… ─ dijo Kaiko.
      ─ Puede que le haya pasado algo. Deberíamos ir a ver ─ dijo Kyo.
      ─ Esto me huele mal ─ dijo Sephyr.
El grupo fue a buscar a Azumi pero no la encontró.
      ─ Seguramente la habrán capturado ─ vaticinó Kyo.
      ─ ¿Pero por qué iban a capturarla? Si lo que querían era el maletín podrían cogerlo y ya está. ¿Para que querrían llevársela a ella? ─ preguntó Kaiko.
      ─ Quizás para obtener esto ─ dijo Kyo sacando el dinero ─. Tenía que asegurarme que no pudieran quitarlo.
      ─ ¿Cómo has podido guardarte todo eso?
      ─ Un guerrero siempre tiene que estar equipado de bolsas y sacos para poder llevar todos los objetos posibles que encuentre. Tienes mucho que aprender escudero.
Kaiko prefirió no contestarle y concentrarse en Azumi.
      ─ Quizá le haya pasado algo.
      ─ Es posible. Un guerrero de mi reputación no puede perder a uno de sus vasallos, eso empañaría mi gloria. ¡Vamos a buscarla!
      ─ Ya sabía yo que las cosas saldrían mal ─ dijo Sephyr.
      ─ ¡Tú siempre estás diciendo que todo irá mal, cenizo! ─ le espetó Kaiko.

Mientras tanto, Azumi y su secuestrador se detenían en un lugar del bosque. El hombre abrió el maletín y para su sorpresa se lo encontró vacío.
      ─ ¡El dinero! ¡¿Dónde está el dinero?! ─ gritó amenazante.
      ─ No lo sé ─ contestó encogiéndose de hombros.
      ─ ¡No te andes con rodeos! ¡Dime inmediatamente donde está el dinero!
      ─ Te he dicho que no lo se ─ dijo ella tranquilamente ─. Estaba aquí antes.
      ─ ¿Te resistes a decírmelo? Está bien, veremos si sigues haciéndote la tonta.
Entonces el móvil del secuestrador sonó.
      ─ ¿Ya tienes el dinero? ─ preguntó la voz.
      ─ No estaba en la maleta, señor.
      ─ ¡¿Cómo que no estaba en la maleta?! ¿Y dónde está?
      ─ Ahora mismo voy a pasar a interrogarla, jefe.
      ─ No te muevas de donde estás Dai, me dirijo hacía allí. Espero que cuando llegue sepas donde está el dinero.
      ─ Si, jefe ─ dijo obedientemente y colgó.
Dai observó a Azumi y se dirigió a ella.
      ─ Visto que no quieres colaborar tendré que tomar medidas drásticas.
Le quitó el bolso de un zarpazo y lo abrió.
      ─ Estate quieta. Apóyate sobre ese árbol y no te muevas ─ le ordenó.
Rebuscó entre su bolso y encontró un frasco de una colonia muy cara. Abrió el tapón y lo olió.
      ─ ¡Ten cuidado! ¡Eso me lo regaló mi séptimo novio! ─ exclamó preocupada.
      ─ Si no colaboras haré esto ─ dijo Dai al tiempo que tiraba unas cuantas gotas al suelo.
Se giró y observó que Azumi tenía una sonrisa en la cara.
      ─ ¿Por qué estás tan contenta? ¿Te ríes de mí? ─ preguntó Dai ofendido.
Cogió el frasco y derramó un poco más sobre el suelo.
      ─ ¡Y ahora dime dónde está el dinero! ─ exigió furioso.
      ─ ¡Ji, ji, ji! ─ reía Azumi.
      ─ ¡¿Se puede saber de qué te ríes?! ─ preguntó enojándose.
      ─ ¡¡ Ji, ji, ji, ji, ji, ji!!
El secuestrador colérico vació todo el frasco de colonia y lo lanzó al suelo rompiéndolo.
      ─ ¡¿Qué te parece?!
      ─ ¡¡¡Ji, ji, ji, ji, ji, ji!!! ─ reía ella sin parar.
      ─ ¡¿Pero se puede saber de qué te ríes?! ─ preguntó desesperado.
      ─ Cuando no mirabas me he movido del árbol, ¡ji, ji, ji, ji, ji! ─ dijo orgullosa.
El hombre se quedó pasmado.
      ─ Dai, ¿ya has averiguado dónde está el maletín? ─ dijo su jefe que hacía acto de presencia en ese instante.
      ─ Todavía no ─ lamentó arrepentido.
      ─ Tendré que ocuparme personalmente.
El mandamás tenía la cabeza pelada y llevaba una barba de tres días. Se dirigió a Azumi con la mirada severa.
      ─ ¿Sabes dónde está el dinero?
      ─ No, no sabemos dónde está ¿A qué no DiCaprio? ─ dijo negando con la cabeza del osito.
      ─ ¿Y dónde piensas que podría estar?
      ─ Bueno, puede que lo tengan mis amigos.
El jefe se giró hacia su secuaz y le dijo:
      ─ Aprende a hacer las preguntas ─ se giró hacia la chica y añadió ─. Ahora me vas a contar quienes son tus amigos.

Por otra parte, Kyo y su grupo buscaba a su amiga.
      ─ Es inútil que busquemos, el bosque es muy grande ─ se quejó Kaiko.
      ─ Tampoco es necesario. Ellos nos buscarán a nosotros. Tarde o temprano nos encontraremos ─ afirmó Kyo.
      ─ ¿Y si llamamos a la policía? ¿O avisamos a la maestra? ─ preguntó la chica.
      ─ Si lo haces olvídate del dinero. Nos lo quitarán ─ dijo Sephyr.
      ─ ¡Nadie nos arrebatará el tesoro! ¡Tendrán que pasar por encima de mi cadáver! ─ exclamó Kyo exaltado.
      ─ ¡Mirad, ahí hay alguien! ─ avisó Sephyr señalando a lo lejos.
      ─ Creo que es un monje ─ dijo Kaiko achinando los ojos para verlo mejor ─. Creo que por aquí había un templo.
      ─ ¡¡Excelente!! ¡¡Un guía!! ─ exclamó alegre Kyo.
      ─ ¿Qué? ─ saltaron incrédulos los otros.
      ─ Los guías son los que nos dicen que paso debemos seguir a continuación en nuestra misión ─ explicó Kyo ─. Parece mentira que no lo sepáis.
Kyo se fue decidido hacia el monje convencido de que era uno de los guías que en su mundo virtual le orientaba a dónde tenía que dirigirse, o qué tenía que hacer. El monje estaba limpiando la zona, amontonando hojas secas con una escoba.
      ─ ¡Espera Kyo! ¿Qué vas a hacer? ─ pregunto preocupada Kaiko siguiéndolo.
      ─ Voy a que me oriente.
Sephyr se rascaba la nariz.
      ─ Hoy vamos a tener disgustos.
Kyo llegó hacía el monje y en ese momento se dibujó una sonrisa de felicidad en su cara. Lo que para los demás era una simple escoba, a los ojos de Kyo se trataba de una espada legendaria, que sin duda, el guía le iba a otorgar para poder llevar a cabo su misión de salvar a uno de sus vasallos.
      ─ Hola, sabio señor ─ dijo Kyo haciendo una reverencia.
El amable monje le sonrió, y en ese instante el joven le quitó la escoba de repente.
      ─ Muchas gracias señor ─ dijo sosteniendo la escoba como si empuñara una espada ─. Yo me encargaré de este asunto.
      ─ ¿Así que te encargarás tú de limpiar la zona? ─ preguntó amablemente el monje.
      ─ Si señor. Yo limpiaré la zona personalmente.
      ─ Qué alegría me da que queden muchachos como tú que se presten a ayudar, y a colaborar a mantener limpio nuestros parajes. Me haces un gran favor, tengo un dolor de espalda que me está matando ─ dijo agradecido el anciano.
      ─ No me lo agradezca, es mi responsabilidad hacerme cargo de ello. ¿Sabe adónde podría dirigirme? ─ preguntó Kyo.
      ─ Podrías dirigirte hacia allí ─ dijo el monje indicando un lugar donde hacía falta que barrieran las hojas.
      ─ Muchas gracias.
      ─ A ti.
Kyo se dirigió a sus compañeros.
      ─ El enemigo está en aquella dirección. ¡Se arrepentirán de haberle robado el tesoro al gran Vicius Mad! ¡Van a saber quién soy yo!
      ─ Perdona, pero yo creo que el monje se refería a otra cosa ─ le increpó Kaiko.
Pero Kyo ya había emprendido su camino hacía la dirección que había señalado el monje, y sus compañeros no tuvieron mas remedio que seguirle.
      ─ Tengo un mal presentimiento ─ apostilló Sephyr.

Kyo y su grupo se detuvo después de andar varios minutos.
      ─ Por aquí no hay nadie. Descansemos unos minutos ─ pidió Sephyr.
      ─ Puede que no le haya pasado nada y estemos aquí preocupados por ella, pensando que la han secuestrado o algo así ─ dijo Kaiko.
      ─ El guía a dicho que debíamos ir en esta dirección, lo que tenga que pasar pasará dentro de poco, no os preocupéis ─ dijo Kyo ─. Quizá no la haya pasado nada o puede que tengamos que luchar.
      ─ Kaiko, ¿de qué va este tío? ¿Y porqué lleva la escoba?
      ─ No lo sé. Será mejor que no se lo preguntes y le sigas la corriente, creo que no está muy bien de la cabeza.

Cerca de ahí, escondidos entre los arbustos, los secuestradores observaban al grupo.
      ─ ¿Les atacamos ya, jefe?
      ─ Espera un momento, ¿dónde está la chica?
      ─ Está ahí detrás jugando con su osito.
      ─ Tráela y que confirme si esos son sus amigos. Espero que ellos tengan el dinero. Es una mala suerte que dieran con el maletín, a partir de ahora tendremos que buscar otro escondrijo para hacer los negocios.
      ─ Sí, jefe. Ahora traigo a la chica.

Mientras Kyo y sus amigos seguían hablando ajenos a lo que se avecinaba.
      ─ ¡Tengo hambre! ─ se quejó Kaiko ─. ¿Vosotros no?
      ─ Mi único alimento es la tristeza ─ dijo Sephyr.
Kyo se mantenía alerta con la escoba en la mano.
      ─ Creo que he oído algo ─ advirtió.
En ese momento salieron de su escondrijo los secuestradores. Dai retenía a Azumi, mientras que su jefe les apuntaba con la pistola.
      ─ ¡Estaros quietos! ─ amenazaba.
      ─ ¡Holaaaaaaa! ─ saludaba Azumi alegremente a sus compañeros, agitando el bracito del peluche.
      ─ ¡¿Quieres estarte quieta y dejar de montar el espectáculo?! ─ le recriminó Dai, su captor.
      ─ ¡Ahora entregadme el dinero! ─ exigió el cabecilla acercándose a los jóvenes.
      ─ ¡Jamás! ─ dijo Kyo haciendo su aparición estelar. A continuación “empuñó su espada” y proclamó solemnemente ─. ¡Yo, el gran y temible guerrero Vicius Mad, rey de Klares y Arkonia, no permitiré que dos simples rufianes me arrebaten el tesoro del dragón que me pertenece!
Acto seguido, escoba en mano, se lanzó a por el vil hombre, al que pilló desprevenido, ya que, nunca imaginó que un joven se le lanzara a atacarle con una escoba, pero así fue. Kyo propinó un escobazo en la cabeza del cabecilla, y a continuación le dio varios golpes con los puños que tumbaron al suelo al malhechor, dejándolo inconsciente.
Su secuaz, sorprendido, dudó durante unos instantes que hacer, pero pronto se recompuso de su asombro.
      ─ ¡Maldita sea! ¡No sabes con quién te has metido niñato! ¡Te vas a arrepentir! ─ advirtió apuntándole con la pistola.
      ─ ¡Oh, no! ¡Va a disparar a Kyo! ─ exclamó alarmada Kaiko.
      ─ Ojalá me disparasen a mí, quizás así podría sentirme vivo ─ dijo Sephyr.
Y en el instante en el que el delincuente iba a disparar…
      ─ ¡Alto! ¡No te muevas!
… un hombre de negro apareció de repente apuntando al maleante con una pistola. Acto seguido llegaron unos cuantos más.
      ─ He tenido que llamar a mi escoltas ─ dijo la multimillonaria Azumi.
      ─ ¿Pero cómo has podido hacerlo? ¡Te había requisado el móvil!
      ─ He llamado con el móvil de DiCaprio ─ dijo abriendo la cremallera del osito y sacando un móvil ─. Lo tengo por si alguna vez el pobrecito se pierde, que alguien pueda llamarme. Una madre siempre piensa en todo.
      ─ ¡Maldita sea! ¿Pero cómo ha podido pasar? ─ se lamentaba Dai.
      ─ Cuando no mirabas. ¡Ji, ji, ji! ─ reía alegremente la joven nipona.
      ─ Y yo que pensaba que jugaba con el osito…
      ─ Vaya, puede que incluso sea inteligente ─ dijo Kaiko admirada.
      ─ ¡Y ahora, manos arriba! ─ le gritó el escolta de Azumi al malhechor.
En ese momento Azumi levantó alegremente las manos.
      ─ ¡Vamos! ¡Han dicho manos arriba! ─ les dijo a sus amigos.
      ─ No, definitivamente es tonta ─ concluyó Kaiko resignada.
      ─ Ayy…hoy podría haber muerto ─ dijo Sephyr ─. En fin, tendré que esperar otra oportunidad para tener el placer de reunirme con la muerte.
Mientras, Kyo observaba la escena orgulloso.
      ─ Mis fieles sirvientes han venido en mi ayuda. El bellaco puede sentirse afortunado, si hubiera tenido que enfrentarse a mí hubiera recibido un castigo mortal. ¡Wa, ja, ja, ja, ja! ─ rió escandalosamente.
Luego se acercó a los escoltas.
      ─ Capturadlos y que los encierren en las mazmorras de mi castillo ─ ordenó “el rey”.
A continuación, como buen rey que era, fue a interesarse por el estado de salud de sus fieles seguidores.

Al llegar al punto de encuentro con sus compañeros de clase, recibieron una reprimenda por parte de la profesora por no haber conseguido encontrar ni uno de los papelitos, fueron el peor grupo. Finalmente subieron al autobús de vuelta a casa.
      ─ ¡Ha sido una excursión súper divertida! ¿Verdad que si DiCaprio? ─ preguntó Azumi a su osito. Movió la cabeza del osito asintiendo y a continuación lo abrazó muy fuerte ─. ¡Claro que sí! ¡Nos lo hemos pasado genial!
      ─ Presiento que algo malo pasará cuando lleguemos a casa ─ dijo Sephyr tocándose la cicatriz.
Kyo se sacó un puñado de billetes de debajo de la camisa para contemplarlos y rió escandalosamente.
      ─ ¡Wa, ja, ja, ja, ja! ¡El tesoro es mío! ¡Wa, ja, ja, ja, ja!
Kaiko miró a sus compañeros se reojo y suspiró profundamente.
      ─ Debería cambiarme de clase.

FIN

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