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12 min
Vida en la piel
Reales |
16.09.13
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Sinopsis

La escritura automática es un método que se me presentó por sorpresa. Ahora, cada vez que tecleo, lo hago "guiada". Es así como escribí "Maldita Matilda" , novela que se publicará este año en el Reino Unido. Por tanto, no es meramente mérito mío. Sino de esos que vienen a ayudar.

Podría dejarme ver en cualquier instante. Podría aparecerme en cualquier lugar. Sin embargo, elegía solo uno. Y a la hora punta. Todos sabemos lo que pasa en el Metro en tal momento: los unos se ignoran a los otros, apretujados contra los muslos, los brazos y panzas ajenas. Agarrados a las barras frías de hierro, resbalando a cada frenazo. Por las tardes, cuando todos regresan a sus casas, compartía vagón con los vivos. Que te ignoren en el metro, no significa que no te estén viendo; que yo no sea raro, transparente o pálido. Todo en mí me delataba: la sacra blancura de mis ropas, los pies elevados del suelo; mis transparencias quedaron mencionadas, los ojos como fuegos. Todo aquello, hasta toparme con ella. Ahora, mí único lugar es mi antigua casa. La de ella. Eterno. Infinito, me sonríe el minuto desde la manecilla del reloj de su muñeca que también fue el mío cuando yo viví. La veo ahí postrada, las manos sobre el teclado, ocupando la silla que yo también un día ocupé. Y mientras le hago llegar las frases, explosionándolas en su cabeza, escruto su forma de mirar, impetuosa, de abajo arriba, directamente a los ojos. Tiene ese gesto ausente de la actitud altiva. Ese mohín más bien propio de las señoritas de narices imperativas. Sin ser grotesca la protuberancia ni prominente. Pero ligeramente arqueada y bien arraigada en medio de unos pómulos altos y rusos, y que, a diferencia de las narices quietas y chatas tan deseadas quirúrgicamente, es esencial  para dar a su mirada dicha chispa que poseen quienes se entregan a las cosas gozosamente, dando vida y placer a todos los actos. Hay que tener carácter para no dejarse convencer por las promesas, estar segura que la literatura no descansa en parte sobre esa masa de escritores uniformes y tallerizados, hechos en serie y bien vendibles. Diré, con la poca cautela que ya me caracterizó en vida, que ella es como un libro que bien visible, nunca quiere ser abierto. Muchas veces me sigo preguntando qué me cautivó de ella. Cuál es la razón por la que ella me hace seguir escribiendo a través de su fémico cerebro, al ser ella tan acentuadamente opuesta a todas las heroínas soñadas por un hombre en el transcurso de su vida terrestre. Será porque los prejuicios no le calan. Será tal vez porque no la veo pelear por sacudirse las comillas. Pulgas de los otros. Desde que la vi por primera vez, me esforcé en traerla aquí y hacerla mía. Y mientras desgrano las cuentas de su tiempo, mi loco deber viene a sentenciar a los altivos resultados de las matemáticas. Cuando se está del otro lado y se observa de quién se depende, el tiempo es Jeckyll y Hyde; mitad payaso, mitad bestia, que rompe en grotescas carcajadas al verme mirar. La espera es el limbo de los muertos. Casi todo el sufrimiento viene de una resistencia a lo inevitable. Y morir lo fue. Y vivir lo es. Y amar lo es. Envejecer lo es…Y tantas otras cosas que terminan en “ir” y “ar” y  en “er”. Entre tiempos pasados y tiempos presentes.    La veo alzarse sobre sus cuarenta y pocos. Veintiuno en cada pierna. Años. Sin ser los mismos los de ella que para mí el tiempo. Se mira al espejo. Se inclina y se burla sacando la lengua a su propio reflejo; ignorando que tras ese estaba yo. Teme estar desfasada y no darse cuenta. Pero la discrepancia no viene de la mano del miedo, sino de su actitud anacrónica que intenta representar un porte que no es el suyo. Un agradar a los otros: tropel de jueces despiadados; comité de gaiteros sedientos de sangre ajena. Juzgan sus ojos de dulce becerra, que viste pantalones de seda y se los baja hasta los tobillos ante cualquier agravio. Y con ese coeficiente que tienen tan alto, la catalogan, la encasillan, la encuadran y etiquetan: “Frágil. Manipulable. Dominable. Maleable. Dócil. Sumisa. Mansa.” Vedla: volver la otra mejilla es su marca registrada. Ella se busca el santo guantazo”. Santo y con causa. Y la causa nos libera de nuestras culpas. Nosotros, pasiegos e imponentes, dioses y diosas olmecas, dictamos su sentencia: “pardilla con aires de desamparo a la que podemos escupir sin que se inmute. Objeto a mancillar con todas nuestras mazmorras internas. Catapultable con mierda sin miramiento. Bocas, manos, palabras escritas como un rifle, apuntando despiadadamente contra su bendita libertad de ser quién es sin que se la reconozca. Le citan versos de la biblia, como hace el diablo cuando busca alcanzar sus objetivos. Por llevarse unos céntimos de gloria. “La raíz, querida. Tu raíz.” La raíz echó tallos que juegan al despiste. Troncos y ramas que cambian el disfraz y los colores; prueban al pobre, pobrecito borrego que osa comerse las hojas. Sin embargo, la raíz, la verdadera y auténtica, permanece incólume, más pujante que nunca. Esta noche veo a las sombras de los jueces alargándose sobre sus huesos de porcelana china. Sus obscuridades juegan a pillarla desprevenida. El sol ha dejado de perseguir sus estelas. Y en medio de todo eso queda su absurdo empeño por parecer culpable. Porque sí. Para darles el gusto. Sündenbock, lo llaman en su tierra. Ambos conocemos el idioma. Rehúye las coartadas: eso está muy claro.  No es ella la que se deja equivocar, son ellos, cayendo en una trampa. En sus propias trampas. ----------------------------------------- O se sirve a la vida o a los recuerdos. La servidumbre no puede repartirse a capricho. Y estando yo muerto y ella viva, o quién sabe si no es al revés, ambos esgrimimos a la nostalgia. Ella supo a quién serviría incluso antes de que pudiera tener recuerdos. Incluso antes de saber recordar. La vida –ambos lo vimos muy pronto- era para nosotros un “puedo y no quiero”, un estar en pie obligado que se sumergía en el ansía de un falso señorío. Vida y recuerdos eran una sola cosa: un cúmulo de sensaciones y éstas no tenían normas para ser expresadas. Sin embargo, elegimos el ensueño. La vida era manible y trivial. Ella lo aprendió, como yo había hecho,  de la propia vida. El infierno debe estar lleno de vividores o de creyentes -por suerte, no he acabado ahí-. Repleto de gente que se pierde la verdad en el afán de no perderse la vida. La vida, si, ¡esa miserable! Es una hábil, tan hábil como la muerte, en censurar a los hábitos. Te obliga a caminar por ella con una máscara. Un disfraz que te arranca y te pone a capricho. Los recuerdos extraídos de ella, sin embargo se apelotonan en todo nuestro ser, más allá del cerebro. Se evocan con los olores, al son de una melodía, en todo el cuerpo. Vienen a ráfagas. Sin concretar. Y cuando se van, dan paso a otros todavía mejores. La selección de cualquier recuerdo nunca es previsible. Lo sé, tampoco la vida, pero esa hace trampas. La muerte es sinónimo de la sinceridad. Los recuerdos nacen espontáneamente y se apoyan en los reflejos condicionados. Y la vida, (si es que la hubo más allá de mi actual estancia), está hecha de momentos. Pequeños instantes sin continuidad, ni lógica. La vida es sucia, sórdida y aborrecible. La muerte juega limpio. Los recuerdos, sin embargo hacen de lo vivido lo más bello y lo más extraordinario. La felicidad sólo la dan los recuerdos, nunca el instante. ¿Por qué no es posible compaginar la felicidad del recuerdo con la realidad? Pregúntenselo a Dios: yo no inventé las reglas. La vida es una señora cruel y mandona que te mantiene tras una dimensión prohibida; una barrera obligada y jamás nos permite el paso de la despreocupación, sin pedir cuentas.  Es esa señora que en su señoría predica asuntos endebles, vitales, nos mantiene encadenados a la fuerza de nuestras costumbres. Y lo que ignoramos, es que lo que parece infranqueable, es capaz de hundirse al mínimo soplo. No es prudente confiar en la vida. Se puede naufragar en desilusiones. Nada debería ser sagrado o inamovible: tan sólo el amor. Porque incluso aquellos que obran en nombre de Dios, le han encontrado, le han hecho suyo, tomándole como excusa para desahogar sus protestas contra la vida y echar en su nombre cargos contra lo que les resulta adverso. Se dice que la hipocresía es el acto de fingir o más bien ostentar, constante o esporádicamente creencias, acuerdos, virtudes, sentimientos, modos, o patrones que se exigen en las demás personas, y que uno en realidad no tiene o no sigue. La hipocresía, la soberana reina mundialmente aceptada. Un tipo de mentira enaltecida cual visera de reputación. La condena en los otros aquello de cuánto nos molesta en nosotros mismos…Tantas razones en pro de lo que no es razonable. Y de todo eso, te mantienes al margen. Huraña, escondida en las sombras sin saber en qué encrucijada tendrás que volver a hacer coincidir tu camino con los otros. Tú te sientas ahí en mi silla y escribes sencillamente en beneficio de los solos y de los tristes, de los verdaderos y de todos aquellos que en el oro no ven a las riquezas sino todavía, como lo hicieron los viejos alquimistas, la materialización de la luz solar. Todo parece aquello en lo que los otros lo han convertido. Pero no son tuyos sus símbolos. No tuyas, sus rigurosas explicaciones y pruebas minuciosas de realidad. Tú no colaboras con los Herodes del mundo. Cada cual cumpla su tarea. Tú la tuya.   La que escribe mis textos y mis novelas es una Don Quijote, que con todo lo que hace y en cuánto respira, trata de dar vida una y otra vez al legendario personaje de Cervantes: una condenada a un tiempo, tal como yo también lo fui en vida, que no le corresponde; confinada a una era extraña en la que cada día debe aparentar valentía, hacerse la muda, la sorda, la ciega, y la sueca; frente a un mundo en el que los otros se dividen por aquellos que creen en los ángeles, los que invierten gustosamente en gasto militar y los que lo justifican todo en nombre del dios Mentira. Un mundo de claves, PIN’s, contraseñas, códigos BIDI, de mentiras y disimulos, de disfraces de carnaval, de apariencias y conveniencias. Un mundo desnaturalizado y deforme. Un mundo repleto de misterios de la naturaleza de estos tiempos que se manifiestan en forma de sujetos que hoy mueren por formar parte de su vida y mañana desaparecen sin dejar rastro. Sujetos que acribillan a mensajes en Facebook, a llamadas y demás demases y en cuanto les hace un poco de caso y apela a verdades que ellos le mienten, desaparecen de un modo orgánico, espontáneo pero ante todo eficaz.  Enfermos de la nueva era, de sentimientos y necesidades instantáneas que a la Don Quijote se le arriman, ignorando que ella no tiene vocación para la medicina. Un mal endémico, una pandemia universal que se la deben los que quedan en el mundo a las nuevas tecnologías y a la facilidad de encontrar online quién escuche, atienda y abra las piernas a la la sarta de mentiras que son soltadas por ahí para aparentar ser algo. Todo esto dicho, claro está, desde el cariño y la más estricta perspectiva científica que hay en ella. Llamadla loca, anticuada y rara y os dará una sonrisa. Mentidla y engatusadla, mentidla, sí, trescientas veces más, y os devolverá trescientas sonrisas a cambio. Y mientras, yo, entre sus líneas estaré, susceptible de cambiarme por su cuerpo, de colgarme como un cuadro de la pared de su alma, habitarla al igual que habito esta casa. Y seguiré escribiendo con sus manos, novelas, palabras desde este mi lugar, vuestro más allá, mí más acá. Como aquello que está en los besos, sin ser besos. Siendo como fui un prosista sin diplomacia, también a ella la haré escribir despojada de todos los velos. Ella y yo: la yuxtaposición de dos almas espectrales que sin ser vistas, se cuelan a las horas punta en los trenes, tranvías, metros; en los escenarios de la vida. Entre codazos y arrimes comparten vagón con los vivos, sin ser vivos. Ahí, en medio de los otros estamos, con la fastuosidad de los asuntos inadvertidos, con la comunión de las serenidades. Respirando en el alivio de las ofuscaciones ajenas. Inertes e incomprendidos. Que seamos raros, transparentes o pálidos, poca importancia tiene. Todo nos delata. Los ojos como fuego. Los pies elevados del suelo. Acaso ella me perfecciona mientras yo la perfecciono a ella, siempre que atienda. Somos los niños secretos del averno. Nadie que se fije.  


(. Sub umbra floreo: C. Bürk a través de A.T., escritura automática)

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Otros relatos del autor
  • Me ha encantado, es de o mejor que he leído hoy; qué gracia para encadenar palabras y conceptos de los que solo se advierte su vecindad, luego elocuente, después de respingar el lector a cada paso, llevándole de sorpresa en sorpresa, resultando la lectura, aunque exigente, muy amena y entretenida. No he podido dejar de recordar "Locus solus" de R. Roussel, que hacía cosas parecidas. Este relato es, ante todo, un juego, y eso es lo que yo le pido a la literatura. Saludos.
  • Puédase decir que en éstas epístolas que escribí; son más de cuatocientas todas juntas, sí que desaparece la escritora para volver a su verdadero ser íntimo, lo que ella es en lo más privado. Aquí sí soy Claudia, la de verdad, no la que se esconde habitualmente en sus escritos. Aquí me doy permiso para ser yo. Sólo y únicamente en éstas cartas, cuyo destinatario no existe. Pues a "X" lo inventé un día siendo niña.

    Hállese aquí el relato más terrible, más soez, más macabro, sexual explícito, profundamente psicológico que he escrito jamás. Un esrito que una vez más, se aleja completamente de mí misma. ¿Cómo una mujer que estuvo en un convento puede tener algo que ver con ésto? No. Pero lo escribí. Como otras tantas cosas que nada tienen que ver entre sí. Es lo que tiene la escritura automática, que dejas de ser tú, mientras otros y otras te ocupan para poder contar sus historias. Tras la lectura de éste relato, amigos, sacerdotes amigos, gente de la iglesia católica y fuera de ella me borraron del "Feisbú" y de sus vidas. Triste, para la escritora no ser respetada como tal. Con lo fácil que es saber que los que escribimos, reflejamos a los otros y pocas veces lo propio. Y que si lo hacemos parecer así, es con una intención.

    ¿Qué hay detrás de las Lolitas, cuyo comportamiento sexualizado deja entrever algo mucho más grave y oculto? ¿Volverán a ser cuerpo y alma en conjunto? Me temo que no. Sólo quién conoce de cerca lo que se siente. Lo comprende.

    Un irónico relato sobre el engaño de las apariencias. Una vez más, alejándome de mi misma al escribir. Son los otros los que quedan entre los relatos, nunca yo. Una se cuida de relevarse...

    Un relato escrito durante la tarde de hoy, día 18 de septiembre de 2013. Surgió del tirón y ante una idea previa. Espero arrancaros una sonrisa. Con ese fin fue escrito.

    Casi siempre descuidamos lo más importante: esforzarnos en ser felices. Cuanta gente hay que cree que felicidad es igual a suerte. ¡Craso error! Para ser feliz hay que querer serlo y es como el deporte: un ejercicio de voluntad y constancia. No pretendo aleccionar a nadie. Pues a mí también me queda pendiente ésta lección.

    Elogio a la Madre más amorosa que podamos tener: la Naturaleza. ¡Qué sencillo es todo tomándola como referente!

    Toda apariencia es engañosa. Una alegoría a los prejuicios; una vez más (suelen serlo casi todos mis escritos).

    Un divertido poema, con un toque de humor negro. Porque canallas, haberlos "haylos"...Otra cosa es ser el hijo de uno, entonces la canallería puede ser herocidad.

    La escritura automática es un método que se me presentó por sorpresa. Ahora, cada vez que tecleo, lo hago "guiada". Es así como escribí "Maldita Matilda" , novela que se publicará este año en el Reino Unido. Por tanto, no es meramente mérito mío. Sino de esos que vienen a ayudar.

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No recuerdo exactamente el momento en el que me planteé ser escritora. Quizás nunca fue así. Las cosas surgen según las planea el destino para nosotros. Poco podemos hacer para cambiar eso. Es difícil relatar mi vida literaria. Podríamos decir que como pez en el agua, necesité desde siempre de las letras, ligadas, eso sí, a las pequeñas cosas grandes, y detestando vanidades. La causa; un profundo anhelo por expresar lo que siempre escapa de los diálogos. Escribo casi siempre fuera de la norma, derrochándome porque sí, sin miramiento, ni metas, ni ambiciones. Es una especie de trance sin más. Las biografías de muchos autores, muchas veces se ven ahogadas por la enormidad de sus labores, homenajes y menciones obtenidas. A mí me resulta difícil hablar de esa manera de mí, precisamente porque es mucho más interesante hablar de los otros y del mundo que de una misma, difícil por la cercanía que tengo con los otros y la lejanía conmigo misma, que aun dando todo de sí, contándolo todo con pelos y señales, cubre mejor que nadie sus secretos. Soy, tengo que serlo y tenía que serlo a la fuerza, una escritora irregular. Comparada con el resto de escritores, regularmente irregular. También vivo, no siempre escribo. Y a veces, eso se invierte. Soy alguien que sobrevive mejor a su tiempo elogiando el pasado -porque lo abrazo, lo beso y lo amo de un modo muy particular-. Escribo cosas pasadas de moda en un mundo moderno que a eso lo llama “retro” o “vintage” con también definiciones modernas. Una intenta entender la realidad que está más alejada o que quedó atrás en el tiempo, o no descubierta en las almas, descifrarla, ponerle un lenguaje, y si es posible transmitirlo entonces. De ese modo, me gusta aportar un poco de comprensión o dar algunas respuestas a posibles lectores interesados por conocer cómo se vive en circunstancias adversas a uno mismo. Fue inevitable que yo abriese el cofre de ciertas vidas ajenas a mí, para sacar de él todo lo que me resultara provechoso y construir historias. Letras que en un contexto determinado, siempre incluyen el talante nostálgico, combinan la narración con elementos costumbristas o expresiones personales, que de otro modo no serían permisivas. De ahí a que todos mis trabajos sean meramente circunstanciales, nacen porque deben. El convencimiento acerca de una obra, la ilusión por el propio talento, es enemiga de la escritura. Escribir la vida íntima del mundo y de los otros, es también buscar ese lenguaje de la intimidad de los otros –mucho mejor alejado de uno mismo- esa trascendencia escondida en diálogos oídos en la tienda de la esquina, o en conversaciones con la gente corriente de cualquier lugar. El exceso de talento no existe, nunca se acumula. Todo fluye como el tiempo, como lo hacen también nuestras existencias semideshechas, nunca del todo terminadas. Siempre buscadoras de un sentido más profundo de lo evidente… Una es una presente de la picaresca en el mundo. Asisto como simple espectadora de los aspectos más desagradables de la realidad, de la hipocresía, de lo noble o de lo más prosaico. Con la naturalidad cotidiana a la que hacemos el vacío, trato de describir algunos de los aspectos más corrientes del mundo, cosas a las que nunca idealizaríamos… Desde bien pequeña tenía el convencimiento de que debía servir al mundo, y no ese a mí. De ahí a que a los diecisiete años, dejando mi Alemania natal y sin saber a penas cuatro frases en el idioma castellano -en el que ahora escribo todas mis obras- me vine a Castilla con el fin de ordenarme religiosa. Como mencioné anteriormente, la vida acaba encargándose de llevarte de la mano y mis planes dieron un nuevo giro, acabando en Barcelona y dedicándome al marketing y a las traducciones. Hasta ahí seguía escribiendo mis relatos en alemán. Fue alrededor de 2005 y tras la pronta muerte de mi padre, y afectándome esta en lo más hondo, que mi escritura viró a la expresión castellana. Y ya no pude parar. Nacieron un sinfín de relatos y poemas, ensayos y artículos que me atreví a publicar por internet, usando diversos portales literarios, como lo fueron yoescribo o tusrelatos. Ahí obtuve, para mi propia sorpresa, muchos comentarios positivos y algunos relatos fueron premiados o elegidos relatos del mes o de la semana. Una buena amiga, Begoña Bolaños, se encargaría además -sin yo saberlo- de enviar mis obras a certámenes literarios. Qué grande fue mi sorpresa cuando mi amiga me comentó su hazaña y que hubo ya varios premios positivos obtenidos, finalistas y ganadores. De ahí a que, así lo veo, es ella la responsable de éstas cosechas. Yo poco más hice que escribir para mí. Soy perezosa para según qué cosas y odio competir. Si, lo que más detesto es competir o tener que demostrar valías. Pues todos somos iguales. Cada uno a su manera. Todo ocurrió alrededor de la misma fecha. Así que, sin esa amiga, ahora no podría enumerar aquello. Y para hacerlo, que sé que debo, mejor dejo aquí lo que ella misma escribió sobre mí en mi blog: “Hablar de Claudia es hablar de una persona auténticamente apasionada. Es amante del simbolismo, de lo sincrónico y su búsqueda principal es el profundo misterio vital. Miradora de lo oblicuo, siempre le busca nuevos enfoques a la realidad. Claudia no tiene término medio, pues siente con una intensidad abrumadora, y esa manera de ver la vida la transmite a sus trabajos literarios. Autora de numerosos relatos cortos, siendo algunos distinguidos en diversos certámenes literarios(15 Concurso "Cartas de Amor", Premio Ganador, Ayuntamiento de Valdepeñas 2008, Tanatología Concurso Poesía 2007, Premio Ganador, Concurso de Poesía "Cartas de Amor" Ayuntamiento Calafell/Tarragona 2008, Premio Finalista,Certamen Literario Internacional 2007 (Argentina) "Ficción en el Éter ” de Obras para Radioteatro, Concurso PABLO NERUDA de CARTAS DE AMOR‏, Premio Ganador 2008,Premio Finalista NH relatos 2007,II certamen Poético Prometeo‏ 2007, Premio Finalista, Página Narrador.es: Tres relatos seleccionados como relatos del mes durante 2008 y 2009, Página web tusrelatos.com, Escritora más prolífica año 2006 hasta la actualidad: puesto tercero, etc. ). Claudia así mismo ha colaborado como comentarista en diversas revistas digitales y publicaciones en papel. Entre ellas se destacan, "Extrañología", "Clave7", "El cuele (sector minero" etc. Es colaboradora en muchos programas de radio, como lo es "Camino de Misterio" en Radio Intereconomía, Radio Nacional de España, Radio Clave Siete (Santa Cruz de Tenerife), Les set LLunes (La Garriga, Barcelona)"El cercle enigmátic" (El Vendrell, Tarragona)etc. Ha sido ponente recientemente en un congreso: "Ciencia i Espíritu". “ A lo citado por ella, añado que escribí la novela “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”, publicada por la editorial “Grup Lobher” en 2008. Esa novela es un mero ajuste de cuentas con mi infancia. Una intrusión a los recuerdos. Y en el ejercicio de ese recuerdo, nació la protagonista, Jeanne Bardèot. Desde ahí, me he comprometido a no escribir nunca más sobre mí misma. Es importante alejarse de uno mismo, para ser otros para los otros. Es un consejo que me dio un poeta mejicano y que nunca olvidé. En esa primera novela se le permite al lector que construya su propia novela a partir de los elementos previos que se le dan. Esto lleva a una paradoja porque la figura de ficción que narra una gran parte de la novela postula en la verdad, la ficción de la que me jacté en esa novela, en realidad es lo auténtico. A la vez de esto, y pensando en un regalo estrictamente para la familia, escribí el libro de relatos y poemas “Desde el penúltimo rincón de mí espejo”. Menciono aquí que sin mi anterior agente literario, (al que no busqué sino me encontró él a mí) posiblemente nunca habría tomado la decisión de ser novelista. Fue este que quiso tal asunto de mí. Las cosas nunca han sido porque yo las buscara o encauzara. Insisto, que quizás sí dirigidas por algún invisible plan (como en todas las vidas) las cosas llegan a mí sin buscarlas. Así fue como escribí este mismo año, de un modo rápido y fluido a “Maldita Matilda” y nuevamente, por causas del destino (ahora las mencionaré), acabé en la agencia “Página Tres” tras jubilarse mi anterior agente. El azar quiso que otro escritor viera un comentario mío acerca de una valoración que se me hizo para “Maldita Matilda”. Este, muy ofendido, me contestó al comentario con un “¿Cómo te atreves a hablar de tu novela en las páginas de las editoriales sin que eso lo haga un agente por ti? ¿Es que no tienes agente?”. Pensé que tenía razón. Así que esa misma tarde envié mi novela a dos agencias, de las cuales ambas contestaron, la primera fue Piluca Vega, de mi actual agencia. Haciendo caso a la intuición, me decidí por ella, a la vez que ella lo hizo por mí. El factor principal fue el talante humano que denoté entre sus líneas, su empatía y su comprensión; algo difícil de describir en palabras. Las cosas, como digo, se sienten. En “Página Tres” me siento plenamente acogida y el trato por parte de Piluca y Fernando es exquisito. Luego de estar con ellos, todo se fue desencadenando. A penas me lo explico. Todo lo ocurrido me ha enseñado que no importa que decisiones tome, que las cosas se sucedan como deben. En todo caso, lo más importante de mi viaje por este mundo no aparece en las biografías o en las novelas que puedo escribir o escribiré, sucede en forma casi imperceptible en las cámaras secretas del alma. Espero que esta larga parrafada responda a las curiosidades. De haberlas. Porque soy y querré seguir siendo alguien que es desconocida. Por motivos obvios de naturaleza propia. Cuando una se propone servir, todo lo que es reconocimiento no hace más que pesar sobre la espalda. Entiéndase…

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