cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
Vidas pasadas
Drama |
30.04.14
  • 5
  • 1
  • 2741
Sinopsis

¿Tu vida es como tú la quieres? Si no, aun hay tiempo...

            Mis padres solían viajar mucho. ¡Ojalá hubiese sido por placer! No, tenían mucho trabajo. ¡Hubo ocasiones en las que se ausentaron hasta por un mes! Y cuando eso ocurría, ambos, mi hermano y yo teníamos que quedarnos en casa de la abuela.

 

            Mi hermano se pasaba el tiempo arrojando piedras por ahí, mirando por la ventana o simplemente se sentaba a la puerta del patio, esperando que llegara el momento de regresar a casa. Para él, sin televisión no había nada que hacer. Era evidente que no quería estar ahí.

Por mi parte, yo si disfrutaba pasar el tiempo en aquella vieja casa de pueblo. Era un agradable lugar, rodeado de muchos árboles, aire fresco y tranquilidad. Nada parecido a la alocada vida que hay en la ciudad. Pero la razón por la que más me gustaba estar ahí era porque estar en compañía de la abuela era inigualable. Acostumbrábamos hornear galletas, jugar a las cartas, bordar con lana, hornear más galletas… jaja

 

            Mi cumpleaños número nueve lo pasé en esa casa. A partir de ese día mi abuela decidió agregar una actividad más a la lista: comenzó a contarme historias sobre las aventuras y desventuras que ella vivió con mi abuelo cuando eran novios. Imagino que ella creía que con nueve años yo disfrutaría escuchar ese tipo de historias. ¡Y sí que las disfrutaba! Ambas sentadas a la mesa de la cocina, yo remojaba en leche las galletas que recién habíamos horneado, mientras le escuchaba atentamente.

 

- Recuerdo que una vez Luis me llevó al autocinema. Él no tenía coche propio, así que no sé de dónde habrá sacado el que llevó esa noche. ¿De alguno de sus amigos, quizá? El punto es que me llevó a ver la película que estaba de moda entre los jovencitos en ese momento.

- ¿Qué película era esa, abuela? —le preguntó la curiosa niña que era yo en ese momento.

- No lo recuerdo, y te diré por qué. Comenzamos a verla creyendo que sería la mejor película que veríamos en mucho tiempo. Después de media hora ambos ya estábamos aburridos. Entonces Luis comenzó a arrojarme las palomitas, y yo le respondí igual. Armamos tal alboroto que hasta molestamos a la demás gente en sus coches. Cuando las palomitas se terminaron, Luis me abrazó y me miró con los ojos llenos de ternura. Realmente se sentía feliz de poder estar conmigo, y yo de estar con él también. Entonces me besó… y me siguió besando… y me besó más…

- ¿Y qué más? —le reclamé impaciente a mi abuela.

- Para eso sí que eres demasiado joven jejeje

- ¡Vamos!

- A demás, ese no es el punto de la historia. Retiramos el techo al descapotable, reclinamos los asientos y nos quedamos mirando las estrellas, hablando del futuro lejano que nos esperaba a él y a mí juntos. Por desgracia no pensamos en el futuro cercano. Cuando nos dimos cuenta, la película ya había terminado y todos se habían ido. Eran más de las 11:30, y mi padre le había pedido a Luis que me llevara a casa a más tardar a las diez.

No hacía mucho tiempo que Luis le había pedido permiso a mi padre para ser mi novio, así que ambos estábamos muy nerviosos al llegar a casa. Mi padre nos esperaba en la puerta con la escopeta en la mano.

- ¿La escopeta? —pregunté con temor.

- La escopeta. Pero no te preocupes, que todos salieron sanos y salvos esa noche. La cara del pobre Luis se puso terriblemente pálida. Mi padre me ordenó que entrara a la casa y que no mirara por la ventana, pero igual miré. El corazón se me estrujó cuando escuché el disparo; Luis salió corriendo hasta que lo perdí de vista. Cuando mi padre entró me explicó que la escopeta solo tenía pólvora, no balas. Que quería protegerme. Claro que días después todo se resolvió y pude volver a salir con Luis, pero esa noche yo me enfadé muchísimo con mi padre, incluso no le dirigí la palabra por varios días… ¡Pero tú nunca hagas eso con tus padres! Es solo que el mío estaba bastante loco…

- ¡Abuela! ¡No hables así de mi bisabuelo!

- Lo que pasa es que tú no lo conociste jajaja

 

            Me encantaban esa clase de historias. Y a mi abuela le fascinaba contarlas; lo hacía con tanta emoción y añoranza… Hasta llegué a creer que había esperado años para poder contármelas solo a mí. Yo no llegué a convivir con mi abuelo Luis, pero con las historias que la abuela me contaba era casi como si le hubiera conocido.

 

            Muchos años después, en el funeral de la abuela, la lápida que acompañaba su tumba rezaba de una manera especial: “Luis y Leila, juntos por siempre”. Así lo decía su testamento, así que así se hizo. Mis padres no pudieron ir; seguían trabajando tanto como cuando yo era niña. Mi hermano tampoco asistió, parece que ni siquiera le interesó. No podía creerlo…

 

            Parte del testamento también indicaba que aquella casa de pueblo era ahora de mi propiedad, así que debía ir allí para poner todo en orden. El día que tocó la limpieza del ático encontré una caja con varios libros, uno de ellos era el diario de la abuela. En efecto, todas las historias que la abuela me había contado hacía años estaban ahí. Me olvidé de la limpieza y comencé a leer las historias, que por momento me transportaban nuevamente a la mesa de la cocina, rodeada del olor de la mezcla de las galletas y la leche.

 

            En el hojear de las páginas una nota saltó de entre ellas y cayó al piso. Al recogerla vi mis dedos llenos de polvo y solo entonces recordé que no había terminado de limpiar. Debía continuar, pero no quería hacerlo sin al menos antes leer esa nota.

 

“Este diario está lleno de historias de toda una vida con mi amado Luis. Ha sido maravilloso compartir todos estos años de imaginación con él. Sí, imaginación… Si tan solo él fuera real… Si tan solo el padre de mi hijo no hubiese cometido la canallada de abandonarme al enterarse de que estaba embarazada… Si tan solo hubiésemos seguido juntos y se hubiese encargado de procurarme todo el cariño que antes me profesaba… entonces este diario no existiría, porque mi vida habría sido tal cual está descrita en las vivencias de estas páginas, y no hubiese precisado escribirlas para recordarlas. Pero no fue así… En este diario está escrita la vida que debí llevar. Ahora solo le pido a Dios una memoria prodigiosa: suficientemente brillante como para recordar toda mi vida falsa, pero suficientemente opaca para no recordar que no es real…”

 

            Sentí un nudo en la garganta y mi vista se empañó. Solo entonces se me hizo raro lo pequeña que me pareció la tumba de la abuela el día del funeral. Comencé a barrer el polvo, pero mis lágrimas dejaban una fea mancha de lodo en el piso, así que paré por un momento.

 

- ¿Juntos por siempre? Allí ni siquiera caben dos cuerpos… —le reclamé con un hilo de voz a mi difunta abuela...

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 86
  • 4.13
  • 680

Me gusta mucho leer. ¿Por qué estaría aquí si no? jajaja Lastimosamente ya no tengo mucho tiempo para ello, ni para escribir tampoco. Pero bueno, hay que hacer un esfuerzo.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta