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5 min
vietnam
Suspense |
28.01.20
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Sinopsis

Con creces la guerra es lo mas estúpido, egoista y pendenciero que existió jaMÁS

                                                                VIETNAM

 

La temperatura oscilaba ferozmente entre 17 y 32 grados, con una humedad constante entre el 40 y 70 %, un sudor pegote y a ratos un frescor extraño, mis humores desastrosamente alterados, me hacían enfurecer incómodo.

Cuando baje del autobús la camisa pegada a mi espalda las manos resbalosas y la entrepierna húmeda, con esa terrible sensación de tener fluidos agrios exudando de mi piel. Corrió hacia mí y sin poder evitar su abrazo, la estreche, ella retrocedió al instante arriscando la nariz.

Me mira con una expresión extraña, entre alegría y asco. Yo solo atino a soltar una carcajada ante tal manifestación

- estás muy sudado - reclama entonces e intenta tomar mi mano pero la suelta, en cuanto siente el contacto de la mía

- Vámonos por acá, y me conduce por unos lugares como pasadizos estrechos y cubiertos de espesa vegetación

- Por cierto bienvenido de nuevo a Vietnam, declara en un inglés mal pronunciado y con una voz que parece el chillido de un ave. La mochila de camuflaje cuelga de mi hombro y las chapas identificativas brillan en mi pecho, sobre la camiseta mojada verde pastoso.

La chiquilla muy delgada y frágil como un colibrí me guía por entre los senderos, casi volando en sus pies muy pequeños sucios y descalzos, casi no representa los 17 que dice tener. En mi tercera misión fue que la saqué de un foso; sucia, maloliente y desnutrida, desde aquel encuentro han pasado 3 años, intento llevarla en el próximo viaje y lograr que obtenga la nacionalidad Estado Unidense. Mi madre no estaba contenta cuando le mostré las fotos, pero con el tiempo ha ido cediendo, aunque no está segura de inscribirla como suya.

Al llegar a una casa con toldo de paja una mujer muy entrada en años me recibe, la piel de pergamino pegada a unos huesos del rostro sobresalientes, unos ojillos estirados, llenos de cataratas, el mentón puntiagudo y la nariz apenas cubriendo el centro del rostros, debo fácilmente medir 40 0 50 cm más que ella, es incluso más pequeña que Apinya, que es muy menuda. Me hace algo como una referencia, baja el enjuto rostro y me indica que entre.

La chiquilla arrodillada sobre una lona rota, me tiende un cuenco, que recibo con desconfianza, pero el olor me convence de probar .La mujer parece ser un ancestros de la muchacha, aunque los rasgos no son similares y en lo poco ingles que habla la chiquilla no es posible preguntar detalles

La mujer me recibe el cuenco y vuelve a llenarlo, no es sabroso, parece avena con papas y algo de carne, no me atrevo a imaginar de que tipo, porque ya no hay perros, gatos o cualquier animal doméstico en los alrededores, pero en entrenamiento he comido cosas peores. Solo puedo vislumbrar el cuenco que no alcanzó a llegar a mis manos, el fogonazo el ruido ensordecedor, el temblor y las partes de cuerpo volando como suspendidos en el aire, en cámara lenta, ni siquiera siento dolor, solo intento contener la sangre debajo de mi rodilla destrozada, en jirones de piel, nervios y huesos, al descubierto .A mi lado Apinya, yace con el rostro vuelto hacia mi intacto, los ojos de roedor brillantes opacados pero abiertos , desde la mitad del torso su cuerpo ha volado. La mujercilla está sentada en cuchillas aún, extrañamente sujeta por lo que queda de su cuerpo, que de no ser por estar un par de segundos antes con ella no reconocería, oigo los gritos de la guardia y veo a mis compañeros parados en el umbral de la choza destruida.

-¡civiles les grito!- alguno corre hacerme un torniquete, siento olor a chamuscado y veo bastante mal, un dolor inexplicable se apodera de mi miembro a la mitad, a tal punto que pierdo la conciencia.

- El lunes serás trasladado a Michigan, tu familia ya está informada, Ahh por cierto, excelente labor de infiltración Hank, nos llevaste directo a las arma,- y me toma del brazo fuertemente soplándome en el oído

- ésta es la mejor versión, o serás juzgado por traición, en una corte marcial, imbécil - me alisa algo inexistente en el uniforme y me palmea suavemente la cara , yo aprieto la foto de Apinya,  contra mi pecho, pensando en que seis minutos más y mi pelotón se habría adjudicado el crédito completo  de esta operación como estaba planeado .

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