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4 min
Visito al psicólogo
Reales |
01.10.21
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Sinopsis

Visitas rutinarias al psicólogo

Desde hace un par de años acudo a la consulta del psicólogo una vez al mes, nada importante, un trauma infantil que ya tengo superado, pero siempre me había seducido la idea de ir a la consulta del psicólogo

Un día, paseando por el barrio, vi dos operarios que estaban colocado una placa en un portal “Dr Lorenzo Mancini -- Psicólogo Clínico -- piso 1º B”, al día siguiente me pasé, llamé al timbre y me abrió un tipo de unos cincuenta años, barba de una semana bien recortada, pelo largo, cejas muy pobladas, un suéter marrón y pantalones de pana del mismo color, hubiera pasado perfectamente por un profesor chiflado de universidad de esos que con un cuatro te aprueban y con un siete te suspenden, “venía a informarme para consulta”, me hizo pasar, es un piso normal, pasa la consulta en su mismo domicilio, en el salón tiene un par de butacas, algunos cuadros abstractos, varios diplomas colgados en un lugar preferente, cortinas, media luz, parece un lugar un poco místico, imagino que será un ambiente creado a propósito. Me preguntó que por qué quería visitarme, le dije que por un trauma infantil, “cobro 60 Euros una hora”, “preferiría que fueran 50 minutos”, me miró frunciendo el ceño, pensé que ya empezamos mal, “es que sólo dispongo de 50 Euros para gastar en la consulta”, la verdad es que le hubiera pagado los 60, pero me gusta redondear, es más cómodo entregar un billete de 50, “bueno está bien”. Así que voy el primer viernes de cada mes

El psicólogo se sienta en un sillón y yo en otro enfrente, lo del suéter marrón y los pantalones de pana es como si fuera su uniforme, siempre viste igual, aunque me he fijado que varían ligeramente los tonos, por lo que deduzco que tiene varios juegos iguales, imagino que debe ser para que el paciente perciba una uniformidad que le inspire confianza, nada de cambios

Me dice “habla”, “de qué…”, “de lo que quieras”, me parece que esto va a ser más duro de lo que pensaba,, recapacité un mientras él permanecía como ausente, daba caladas a una pipa de la que salían volutas de humo que ascendían lentamente, sobre las piernas cruzadas tenía una tablilla con un folio al que miraba a través de unas gafas ridículamente estrechas, y de vez en cuando me miraba a mí por encima de las mismas, pasarían unos cinco minutos, finalmente empecé a hablar, “yo tenía unos ocho años, todos los domingos iba con mi padre al cine, siempre daban una película de pistoleros y una españolada de Alfredo Landa o similar, pero hubo una temporada que dieron películas de miedo, ignoro por qué mi padre me dejó verlas, quizás pensó que no me afectarían, pero lo cierto es que afectaron, Drácula, el hombre lobo, Frankestein, me aterroricé, me daba miedo por las noches, estaba asustado y ese temor me duró hasta que fui adulto, después se me pasó, pero aún a día de hoy evito ver películas de ese tipo”, “pero ahora ya no estás traumatizado”, “no, ahora ya no”, “¿entonces para qué necesitas un psicólogo?”, “bueno, ¿por qué no habría de necesitarlo?”, ante tan aplastante argumento dijo “claro, por qué no”

A partir de ese día, voy los 50 minutos una vez al mes y le cuento mis cosas, problemas, dudas, inseguridades, cuando le pregunto qué puedo hacer, él me responde “¿qué harías tú?” o “¿qué piensas tú?”, en definitiva nunca me da respuestas, me las tengo que dar yo mismo, al principio no lo entendía, si yo hago la pregunta y la tengo que responder, para qué la hago, exactamente lo mismo le podría contar al camarero de un bar o al acomodador de un cine, sin embargo es diferente, lo que te ayuda es la atmósfera que crea y la invitación que te hace a pensar

Chema (01/10/21)

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