cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Vitae VII Hay que joderse
Reflexiones |
13.11.09
  • 4
  • 3
  • 1320
Sinopsis


Tarde o temprano vamos a necesitar un silenciador para respirar, pequeños sátiros, porque si no, esta condenada isla del País de nunca jamás se va a ir al infierno con tanta putrefacción moral y normas fascistas del conocimiento humano que imponen “comillas” a todo lo que se salga del plato.

¿Sabéis? Llega un momento en la vida de todo romántico empedernido con la cabeza entre las piernas del inconsciente en el que le gustaría convertir su prosaica y líquida prosa en un panal de abejas ácidas que punzaran en cada ojo confuso.
Hablemos de horrores. No se necesita poesía para redactar amplia y explícitamente una pesadilla, no se necesitan tantas imágenes metafóricas ni enrevesadas sombras chinas… Ya he notado que los sudokus quedan a la mitad en los baños del hospital. ¿Queréis claridad?

¡Rancios! ¡Todos! Miniaturas del asfalto ¿Qué os sucede? ¿Perdisteis el norte y la brújula al nacer y necesitáis el collarín que os etiqueta desde que comenzasteis a berrear en la sala de espera? Ya vuestra vida es una interminable sala de espera, ¿para qué esforzarse por continuar la prole en orden alfabético? ¿No es más fácil dejarse marcar a fuego? Una hermosa y enorme H de humano que entona en la aurora el quejido del asno. No… cierto, tenéis razón, ¿mejor el de la cabra? o ¿el gruñido de un cerdo?... Basta… por favor, es más que suficiente. ¿Cómo se puede considerar un don tener la cualidad de convertir a Shakespeare en un trilero de esquina con cancanes de burdel colgados de las orejas? Ya puestos levantemos el brazo con decisión y gritemos con voz firme y clara: ¡Heil becerros! O ¡Heil bizarros!... la real academia de la lengua se empeña en posicionar ese término como un halago para el individuo, un ejemplo de firmeza y porte. Personalmente, prefiero seguir otorgándole el valor que se ha ganado con los años gracias al decente uso limitado del populacho, raro y anormal. Bizarro. En un acto de benevolencia podríamos cambiar la H por la B de bobalicones, ya la imagino, estampada a hierro incandescente con bonitos bordados en croché cosidos con hilo de oro belga.

La pesada lírica del bohemio empedernido. Siempre visto desde la mirada crítica del meteoro que se pasa la vida resolviendo cálculos del tipo Vacaciones Santillana. Doy las gracias por el Ipod, aunque dudo mucho que ayude durante el derrumbe de toda una civilización llegado el desastre natural que todos tenemos tantas ganas de disfrutar. El cine se pirra por adivinar cuando llegara el día X para hacer un documental realista del altercado y ganar el Óscar al mejor film bañado en sangre. Nos pasamos la vida siguiendo esas pautas, pero en fin, supongo que es como el sexo, el morbo del principio, la expectativa siempre encoleriza a la imaginación con su perversa postura de misionero cansado, luego llega la calma y la contundencia de la monotonía, y ahí es cuando la perfecta esposa se quita la pata de palo y el mundo explota en mil pedazos…

No siempre puedo ser dorada como al ámbar. De qué sirve que diga: ¡cobardes mendigos de piel escamada con anhelantes sueños de dominación carnal! ¡Ciegos mezquinos que al alba reconocéis belleza y en el crepúsculo recogéis sus cenizas en una noche de San Juan!
¿De qué sirve? Lo que esta sociedad necesita no son odas al gusano bananero, lo que necesita son fuertes pisadas de chacal despierto y encolerizado que recuerde a esta estampida de bultos que la verdad no está ahí fuera, está aquí dentro.
Hay bondad en la epidermis del ADN pero estamos demasiado drogados para dejarla fluir. Necesitamos una vacuna en pos de una sinceridad sana. Una inyección que cure la soberbia, una paliza de honestidad que nos deje clavados en el suelo con las comisuras agachadas a punto del llanto y sentir por una vez la humildad hasta el extremo de la redención.

Sentir sin tapujos, enterrar los tabúes y enviarlos al cielo del matadero. Correr el riesgo de ser dañados y ser capaces de volver a reincidir ofreciendo la otra mejilla. Despertar del letargo como se diría comúnmente a un nivel poético. Solo hay que ser uno mismo y ser fiel a ese igual hasta vernos reflejados en el receptor. Pensar y hablar a la vez, sin escondites, sin musarañas…

¡¿Por qué resulta tan complicado explayarse en lo más correcto que la física nos ha dado al unir moléculas!? Quieres a tu madre pero esperas a su lecho de muerte para soltar un ensordecedor y desgarrador te quiero cuando ya no puede oírte. Valoras a tu amigo pero te pasas los cafés desmembrando la manera de acercarte a su novia para robarle una caricia de la mejilla. Te enamoras y surge de repente la cruel venganza de la vergüenza o del “no es momento para demostrar que soy vulnerable”.

Señores. El amor no es una palabra, ni se creó para escribir historietas que diviertan en el periódico matinal de los Domingos, siempre en la última hoja. El amor con sus increíbles vertientes se inventó en el ocaso de los infinitos para degollar asperezas, quebrar el alma con júbilos inimaginables… y aun así, tengo que seguir experimentando la desagradable sensación del insípido, cada tres palabras, una mal sonante y en la mente a parte del nada que se pasea como por su casa, un sentimiento real y armónico que nos delata como seres amantes del amor.

Bienvenidos al falso sarcasmo en el que nos hospedamos esperando una defensa dura y empedrada contra Bambi.

Perfecto…

No puede ser que algo tan evidente, tan irremediablemente presente, resulte un fantasma en la necedad de la relación fortuita del hombre.

Somos el hazme reír de lo que no decimos y no crean lo que enorgullecidos les convence, no somos inteligentes formas de vida dueños de su destino, ni tampoco poseedores de espectros no visuales que encerramos bajo llave en nuestro vivo recuerdo. Nosotros somos los espectros. Nosotros creamos la barbarie. Nosotros mutilamos el amor.

Por una vez, solo por una vez, estaría bien que una voz de entre el tumulto tuviera las suficientes agallas como para cambiar su dial y lanzar un grito ensordecedor que rompiera con los parámetros de esta sinfonía malgastada declarando un ¡TE QUIERO! ¡TE AMO! En vez de seguir los roles y la métrica silábica.

De corcho tenemos el intestino señores, de corcho.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Cuando no se siguen los roles y la métrica silábica, te metes en líos. "Somos el hazme reir de lo que no decimos"... aunque a veces no hay más narices que callar. ES LO MÁS LÚCIDO QUE HE LEÍDO EN MUCHO TIEMPO :)
    Una prosa armoniosa dando vida a tus reflexiones, estoy de acuerdo en tu apuesta por sentir sin tapujos si queremos sacarle algo de jugo a la vida. Ah, corrige halago, que te comiste la h.
    Muy buen manejo de la prosa, compacto, divertido y sorprendente. Excelente trabajo.
  • Este es un giño a toda esa literatura femenina dedicada a hombres y escrita por hombres. Siempre se ha dicho que la mujer es complicada. Está bien. Pero ¿Cuánto de complejos podéis llegar a ser los hombres? Sin ánimo de ofender, ofrezco abiertamente lo que la mujer siente y no dice con respecto a ese tema. En este texto se habla generalizando. Evidentemente hay hombres maravillosos que no pecan de ninguno de mis argumentos. Mi relato es un “intento de literatura” masculina, dedicada a mujeres y escrita por una mujer.

    Somos así de ilogicos. No le encontramos sentido a un encuentro "fortuito" que rompe esquemas y pretendemos encontrarselo al deseo de ocultarlo entre los recuerdos carentes de sentido, porque nos llega al alma.

    El título, como habréis notado, es la clásica contestación que se ofrece ante la impotencia de no poder o no saber cómo dar más de sí mismo a alguien que lo da todo. Es mí toque irónico a un tema serio. Solo es un título.

    Cuando la muerte llega, lo hace sin avisar. Si alguna vez teneís dudas sobre el por qué o el para qué estais aqui, preguntadle a alguien que conozca su fecha de caducidad. Quizás os sorprenda averiguar que no es precisamente esa persona a la que preguntais la que se muere.

    Formas parte de él y él de ti, pero la mayoría de las veces, no lo ves... ya sea porque me descubres o porque te despides de mí.

    Mucho que decir y poco con lo que contar para expresarlo... Lo intenté... pero... prefiere seguir siendo anónimo... y yo... respeto su voluntad. (Dedicado a unos amigos que saben ver más allá de sus narices) F-L para vosotros, porque veis donde todo lo es y nada lo parece.

    Es lo que debe ser y en ello encuentro el camino para decidir no ser ejemplo. No pienso permitirme ser de acero y fuego. He encontrado la salida a este infierno y aun sin piernas, arrastraría mi esperpento olvidando mi sangre sobre tu alfombra, con tal de demostrar que en mi debilidad soy fuerte e innegable como el viento. Porque la duda no atiende a razones. Somos tu víspera, tu llegada y tu espera, síntomas de un complejo engaño que nos zarandea… pero también somos tu aliento… y en su aroma despierto, encuentro la fortaleza para luchar por ser aguja en un pajar lleno de escamas.

    Es verídico, el sol no sale todo el año por el este y se pone por el oeste. Reconozco que resulta ser una hermosa visión metafórica, pero es más que eso, es una realidad, una peculiaridad de nuestro continuo movimiento en el espacio... un espacio que no dominamos, un movimiento al que estamos sometidos :-)

    Cree lo que necesites creer. Si supone un esfuerzo olvidar es que vives tu presente en un recuerdo.

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta