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3 min
Vitae XI Impiedad
Reales |
01.01.10
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Sinopsis

Cree lo que necesites creer. Si supone un esfuerzo olvidar es que vives tu presente en un recuerdo.




El desamor es una excusa, una salida a la que nos aferramos con nuestra última bocanada de pasión. El pretexto al que nos adherimos como sanguijuelas para derrotar a nuestra derrota, para amar lo que supuestamente no merece ser amado… el desdén, la hipocresía y la fuerza de voluntad son las armas del mentiroso… y la mentira nuestra amargada verdad. La apariencia solo es una imagen, odia cuanto tu organismo demande, de todas maneras… amarás.



Lo irónico del desamor es que llegas a creer que la angustia solo es una etapa, cuando es el comienzo del final de quien eras hasta el momento en el que decidiste prescindir de quien se merece tanto derroche de tu entereza. La decisión solo es una imposición vaga que te obliga a aceptar que te equivocaste al eliminar de tu vida a aquella persona que se hizo fuego en tu pecho al titubear.

Aun así, la entereza es digna de ser alagada por los mejores reproches.
La negación, no solo es una palabra monosilábica tendente a la depresión, es también el anticonceptivo mental menos eficaz de la naturaleza humana. Negar a una razón tan limitada la felicidad del barro, es abrir las puertas del infierno a un ingenio desmesurado que corroe las entrañas del loco enamorado. Ya construyas murallas, rascacielos o tormentas de acero en tu memoria, el sueño vence al cansancio del imitador y entre silencios y anuncios de media noche, el tormento onírico, silueta de tu contradicción, emerge de las aguas sin tez reseca, lúcida y real como la pesadilla más vergonzosa.

Manipula tu yo consciente con drogas permanentes que distraigan la psique, hiberna tus sentidos, paladea con la yema de los dedos… reinventa la nostalgia del yo cansado y ennegrecido… por más que hagas, el inconsciente, seguirá su curso justo donde se detuvo la noche anterior, vigilante a los pies de su cama, conmovido por el sosiego de su quietud, tormentoso entre las sabanas, abrazado a su nido de fantasía, vulnerable y taciturno, lienzo de deseos inocentes, caprichoso del mimo que roza levemente su sfumato… y ahí, en la sublime escena del ansia que no goza, te descubrirás absurdo e incoherente, con lagrimales resecos y mejillas mustias, observando el ángel que te dio alas de murciélago…

Desagradecido, el poeta sueña una plegaria de perdón, dedicado a mitigar al sucedáneo de amor, no consigue más que arrancar plumas con los dientes…



Las distancias engrandecen, los secretos mitifican, las angustias glorifican, la negación intensifica. Así pues, corazón que hierve, vivencia que dilata. Costumbres, muchas. Olvidos… exasperados.



Culpa si crees que con ello encuentras el camino a la liberación, pero si mutila el encanto del libre albedrio, no te impongas a la evidencia. El no nunca será un hasta siempre, solo es un hasta pronto. Las despedidas no se disfrazan de huidas, se maquillan de abrazos rotos, tan esperados…

Aunque confecciones máscaras con manos de maestro artesano, no dejaras de ser un simple monigote de carnaval con fondo de amante marchito.



El desamor solo es la burla del mutilado de amor.



Para olvidar es necesario desvincularse del cuento de media noche, pero sin fábula, ¿Quién se atrevería a despertar?

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  • Yo también lo creo así: es una reflexión muy profunda. Y muy bien escrita. Un saludo!
    Hay profundidad en tu meditación. Es cruda y bella a un tiempo. Y nos invita, como tu nombre, a conocernos: esa aventura tan peligrosa. Un abrazo.
  • Este es un giño a toda esa literatura femenina dedicada a hombres y escrita por hombres. Siempre se ha dicho que la mujer es complicada. Está bien. Pero ¿Cuánto de complejos podéis llegar a ser los hombres? Sin ánimo de ofender, ofrezco abiertamente lo que la mujer siente y no dice con respecto a ese tema. En este texto se habla generalizando. Evidentemente hay hombres maravillosos que no pecan de ninguno de mis argumentos. Mi relato es un “intento de literatura” masculina, dedicada a mujeres y escrita por una mujer.

    Somos así de ilogicos. No le encontramos sentido a un encuentro "fortuito" que rompe esquemas y pretendemos encontrarselo al deseo de ocultarlo entre los recuerdos carentes de sentido, porque nos llega al alma.

    El título, como habréis notado, es la clásica contestación que se ofrece ante la impotencia de no poder o no saber cómo dar más de sí mismo a alguien que lo da todo. Es mí toque irónico a un tema serio. Solo es un título.

    Cuando la muerte llega, lo hace sin avisar. Si alguna vez teneís dudas sobre el por qué o el para qué estais aqui, preguntadle a alguien que conozca su fecha de caducidad. Quizás os sorprenda averiguar que no es precisamente esa persona a la que preguntais la que se muere.

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    Mucho que decir y poco con lo que contar para expresarlo... Lo intenté... pero... prefiere seguir siendo anónimo... y yo... respeto su voluntad. (Dedicado a unos amigos que saben ver más allá de sus narices) F-L para vosotros, porque veis donde todo lo es y nada lo parece.

    Es lo que debe ser y en ello encuentro el camino para decidir no ser ejemplo. No pienso permitirme ser de acero y fuego. He encontrado la salida a este infierno y aun sin piernas, arrastraría mi esperpento olvidando mi sangre sobre tu alfombra, con tal de demostrar que en mi debilidad soy fuerte e innegable como el viento. Porque la duda no atiende a razones. Somos tu víspera, tu llegada y tu espera, síntomas de un complejo engaño que nos zarandea… pero también somos tu aliento… y en su aroma despierto, encuentro la fortaleza para luchar por ser aguja en un pajar lleno de escamas.

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    Cree lo que necesites creer. Si supone un esfuerzo olvidar es que vives tu presente en un recuerdo.

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