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7 min
Vitae XII El olvido
Reflexiones |
18.01.10
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Sinopsis



El olvido es una excusa para recordar… un buen amigo mío descubrió esta evidencia cuando fue lo suficientemente valiente como para descifrar su interior y percibir una verdad que nos caracteriza a todos.
Porque el dolor, la angustia, la melancolía, el amor, la desesperanza… son estados y cualidades que nos hacen humanos defectuosos y fáciles de dañar. En la mayoría de los casos, la opción más aceptada socialmente es la indiferencia superficial a tales sentimientos. La creencia de que la ley del más fuerte sepulta al pequeño rige con fuerza y vigor desde días harapientos. En mi humilde opinión, es más fuerte el que se enfrenta a su realidad con paciencia y tesón que aquel que la vive con uñas y dientes a escondidas dejando en carne viva la templanza. Aunque comprendo, acepto y considero lógico que por seguridad y la necesidad de sobrevivir entre las víboras, es mejor llevar un espejo que nos refleje a ir destelleando por los rincones con la sinceridad del gato. Porque tan cierto es que el fuerte es el que acepta el dolor y la felicidad por partes iguales como el que precavido lo vive en su individualidad llorando por las esquinas, aunque este último, es la visión cadavérica del que vive y deja vivir porque no tiene más remedio.
Diferentes puntos de vista que ante una mirada de compasión son igualmente validos, desastrosos e incoherentes en nuestra naturaleza buena por sabiduría e inocente por su vileza.
El ciego no es ciego porque no tiene ojos en la cara, es ciego porque no ve el mundo como lo vemos los demás. Hay diferentes niveles de ceguera. Desde el que lee con las manos hasta el que lee con el alma y en todas sus vertientes, merece el respeto de su lengua, su costumbre y su país interno, lleno de variedades y normas que dirigen con cierto éxito contenido la vida que decidimos llevar cada uno de nosotros.
La impaciencia, el desorden y la terquedad, solo son síntomas de la enfermedad del diario mecanizado. Se puede amar un panal de abejas aunque piquen hasta la muerte los derechos de los demás, seguirás robando miel de los labios ajenos, con el tesón de un moribundo, el deseo ardiente de un amante en celo perpetuo.
Lo cierto es que todos nos empeñamos en mostrar la cara más cómica de nuestra libertad, con morisquetas de seria venganza. A mayor orgullo menores oportunidades desperdigadas por obligaciones de zángano.
No penséis en absoluto que vivo al margen de la lógica. Veo la evidencia y la experimento a pesar de ser patente. Me dilato en conversaciones vanas, reglas de juegos perdidos y comentarios diáfanos en casas de fulanas con colas de ganso. Para mi es la verdad compuesta como postre de coco sobre hojas de menta, un delicioso deleite de la mente que se muestra despierta. ¿Y por qué no? Soy la tolerancia elevado al cien por cien de la estupidez, porque aun con tomos de lógica palpable e innegable, soy tan humana como los demás… y que torpe me hace sentir la estupidez cuando la masco como cabra.
Imitar la sonrisa del payaso. Eso hacemos cuando no hay más que ofrecer tras duras horas de largo aprendizaje ante el pensamiento pesado y sudoroso. La independencia es solo la excusa del que no sabe vivir sin la compañía del otro.
Cuando determinamos que no hay solución, germinamos en un capullo viscoso hasta generar la etapa del gusano adaptado al espacio. Siempre es mejor dejar de caminar si la experiencia te permite volar con el paso de los años. Aunque en verdad, esto lo único que hace es limitarnos a un espacio más denso… si dejas de caminar, cuando desciendas, solo te quedara reptar.
Porque evolucionar solo es una etapa más que transcurre en un círculo vicioso desde la crisálida hasta la semilla que cae al suelo. Ocultarnos y crecer, dar frutos y morir… no es el único cometido de nuestra existencia.
Aun con más claridad un ejemplo será la guinda de mi mota:
La sencillez de los inicios nos hacen aventurarnos a investigar a pesar de los golpes, igual que el niño se levanta para caer de bruces con lágrimas falsas buscando a la madre, el hombre cae severamente una y otra vez para sonreír a su propia desventura con comisuras bajas y pensamientos neandertales.
Imaginemos el amor, en su pura esencia, cuando aun no tiene forma y deambula por nuestra mente antes de crearse a sí mismo como un hecho incontrolable de la hormona de nuestra luz. Aparece mendigando sobras, casi imperceptible, con la tez oculta por la pregunta, desconocido para el recipiente y para el contenido. Cuando sin decisión aparente del enfermo, genera fiebres que distorsionan, se inician vínculos desafiantes. Una mirada puede llegar a ser un secreto a voces. La explosión radicaliza el presente y lo distorsiona inventando días en los que el primer paso nos dispara en montaña rusa hacia la nausea del que ve peligrar su autosuficiencia. Los sentidos se embriagan, el pensamiento se difumina en escenas inaccesibles y encolerizando al orden, desbarata la tensión del recuento. Más aun si es correspondido, la sangre hierve a la espera de la complacencia del mito que recreamos para recordarnos que solos, solo somos uno.
¿La conclusión? El todo. Bailamos al son del invitado sin conocer final que nos satisfaga. En la cuerda floja. Tambaleantes. Vidas al borde del precipicio, dislocadas y descompuestas.
El amor, un claro ejemplo de la clarividencia de lo que debía ser y no es o no permitimos ser.
Imaginemos por un momento. En mitad del frenesí del comienzo, cuando el amor nos completa pero aun nos acecha y tenemos la opción de elegir. La razón nos delata y fuera de la armonía de una belleza sin medición, componemos diagramas para controlar la estancia del sentimiento en nuestro alter ego. Condiciones, sugerencias, planes… ¿Qué organigrama puede resultar de un amor sin contraseñas, sin premeditaciones? Existe a primera vista, solo que nos tapamos los ojos. ¿Y cuando no estamos alerta, se presenta y no tenemos dedos con los que provocar la bizquera? En ese caso, estamos desprotegidos y dispuestos a amar y ser amados. No disponemos de un remedio que mitigue la seguridad del que pierde la cabeza. Y así se ama, sin remordimientos, con la careta del tonto, haciendo bufones de papel maché con nuestros corazones. A cada palabra un insulto a tu quietud y una oda a la sinceridad aun no marchita. Fuera de nuestro control, niños cogidos de la mano deseando contar los granos de arena en una playa.
Y cuando no hay marcha atrás… e imponerse a la locura es imposible… la doble personalidad fluye como resina. Un yo palpitante tararea ecos que resuenan en la costumbre… es entonces cuando el temor nos colorea sin respetar el dibujo. Se encoleriza la normativa y pensamos.
Y os diré algo, el amor cuando piensa… calcula sin matemática precisa, agudiza la suma para restar asperezas con el dedo. Ama la mente con la certeza del músculo. Justifica la relación invisible con sales sobre heridas que no cierran… las continuidades se vuelven imprecisas.

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  • Este es un giño a toda esa literatura femenina dedicada a hombres y escrita por hombres. Siempre se ha dicho que la mujer es complicada. Está bien. Pero ¿Cuánto de complejos podéis llegar a ser los hombres? Sin ánimo de ofender, ofrezco abiertamente lo que la mujer siente y no dice con respecto a ese tema. En este texto se habla generalizando. Evidentemente hay hombres maravillosos que no pecan de ninguno de mis argumentos. Mi relato es un “intento de literatura” masculina, dedicada a mujeres y escrita por una mujer.

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    Cree lo que necesites creer. Si supone un esfuerzo olvidar es que vives tu presente en un recuerdo.

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