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5 min
VIVIENDO LO NUESTRO IX (Vs Serendipity y Gamusino)
Amor |
03.10.19
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Sinopsis

 Mi agria respuesta ha tocado hueso.

 

—Déjame que me explique— responde Ángela, sabedora de que no estoy de humor con sus reacciones inmaduras.

 

—Si crees que tienes que hacerlo, adelante — contesto.

 

—Pienso que eres atractiva, magnética, desprendes seguridad, pero no sé si... si entiendes o no. Yo... quería probar... experimentar qué se siente contigo. De verdad que no me había ocurrido jamás y he obrado de impulso. Pero luego he pensado que podía estar ofendiéndote. Por eso me he ido.

 

He conocido reacciones así. La idea de estar con otra mujer por probar o por cumplir una fantasía bastante generalizada, cuando llega el momento de llevarla a cabo, a veces choca con miedos, temor, vergüenza... El síndrome de la primera vez. Pero otra cosa me llama la atención.

 

—¿Lo habéis hecho, verdad?, cuando me he ido.

 

Una pregunta demasiado directa quizás ¿Diría la verdad? Veo su cara al hacerla. Sin que conteste sé la respuesta. Angy va buscando al amante más que al amigo, y el amigo no ha perdido la oportunidad que —incomprensiblemente— nunca buscó.

 

—Sí. Deseaba hacerlo desde hace tiempo. Me lo merecía. ¿O acaso es propiedad de alguien?

 

Debió costarle un esfuerzo confesarlo. No fue capaz de quedarse a hablar de ello. Si lo hubiera hecho quizás se habría convencido de una vez por todas de que no me considerara una rival con Paul. Prefirió una vez más la espantada. Se levantó y se fue directa al mar. Mientras caminaba observé sus piernas torneadas y el movimiento de sus glúteos. Estaba para comérsela.

 

Me incorporé y fui tras ella. Una disculpa siempre ayuda, y yo había sido muy borde. Cuando llegué a su altura el agua cubría hasta la cintura.

 

—Ángela... lo siento. Mi yo interno está pasando un mal momento y quizá me he sobrepasado culpándote de mis propias inquietudes.

 

—No pasa nada. Sólo que no te pillo. A veces pareces tan segura... en cambio otras es como si fueras muy sensible.

 

Ni insegura ni insensible me encontraba yo en ese momento. Esos pechos y ese bello rostro hablaban sin hablar...

 

—Ángela... — le digo sonriéndole a la vez que descaradamente tomo sus tetas y las acaricio.

 

Me devuelve la sonrisa y me replica:

 

—Eres más hermosa cuando sonríes.

 

Y sé que esta vez no hay dudas por su parte.

 

Con las suaves olas rompiendo en nuestros vientres buscamos el contacto físico, y percibo el calor de su alma al besarla sin tregua en su boca entregada. Mis manos ávidas la recorren buscando su grieta por debajo del elástico. Mi dedo explora en busca de sus cavidades. Oigo un gemido apagado al penetrarla con mi dedo medio por su lado oscuro y no sé cómo va a acabar esta explosión. Angy, más pasiva, se deja hacer, y el fuego no hace más que propagarse. Pienso llevarla hasta las dunas, y rebozadas de arena, comérmela hasta saciarla para pasar página, y que no exista ya nunca su primera vez... pero de nuevo se va la corriente. 

 

— mira Sara— me dice separando su cuerpo y riéndose, dejándome colgada.

 

Me giro -qué remedio! - y creo ver a Paul en el borde de la arena, imitando a la sin par Kim Basinger, con una horrible música. Y claro, me da la risa.

 

—¿qué haces Paul? -me sale del alma ante tanta tontería.

 

Angy está extasiada. Está muy claro cuáles son sus preferencias. -ven- me anima a que vayamos hacia él. Y claro, allá vamos las dos a hacer cabriolas con Paul, que exhibe un minúsculo tanga negro.

 

Y así, jugando al roce continuo, acabamos los tres tirados sobre la arena entre risas y ganas de sexo, al menos yo.

 

Cuando los cuerpos están más calmados propongo volver a casa, comer (estoy al borde de la hipoglucemia) y decidir qué hacer, eufemística manera de recordar a qué hemos venido, aunque a estas alturas creo que el plan ha saltado por los aires. Los dos me dan el placet, pero racanean un rato más mientras que moi, por ser la anfitriona, se adelanta a darse una ducha rápida y preparar la mesa.

 

Cuando llegan me pillan sentada, envuelta en una corta toalla que a poco que me mueva hace manifestarse mi chichi, con una Estrella Galicia a mitad. La mesa está dispuesta para comer, pero me piden un tiempo muerto para la consabida ducha. ¿La tomarán juntos? me pregunto... Pues claro, tonta, más que tonta.

 

Procuro pensar en positivo mientras oigo las risas y el ruido del agua. ¿Y sabéis qué? Lo consigo. Empiezo a picotear ensalada y voy por la segunda birra cuando bajan sonrientes.

 

— ¿os lo habéis pasado bien?-  Pregunto con una cierta sorna mientras me sirvo una generosa ración de arroz al horno. Ellos se ríen y hacen lo mismo.

 

La verdad, la comida muy agradable en calidad de la materia prima, conversación, ambiente etc etc. Tomando el café les comento:

 

— ¿os parece que cuando oscurezca hablemos del trabajo del taller?

 

Respuesta: risas, cachondeo, comentarios estúpidos y... más o menos: “no jodas Sara”

 

Ahora sí estoy cabreada.

 

— vale. Tengo una costumbre ancestral: la siesta. Me voy a la cama. Nos vemos.

 

Y me fui escaleras arriba. Me desnudé y me tendí sobre el lecho con las piernas abiertas y mi mano derecha acariciando todo lo existente entre ellas. No tardé en quedarme dormida.

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