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4 min
VIVIENDO LO NUESTRO VI (Vs Gamusino y Serendipity)
Amor |
06.09.19
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Sinopsis

 

 

Llego a la mesa. Paul me ha pedido un tercio y le doy las gracias. Me presenta a la niña.

 

—Hola Sara. Ésta es Ángela, nuestra nueva compañera de relato.

  

—Angy, sólo Angy— Rectifica la perla levantándose para sellar nuestro encuentro con un beso en la mejilla, que va más cerca de lo que debería de lo imprudente. Para una bisexual como servidora siempre es motivo de gozo, así que tomo nota.

 

—Y yo soy Sara— respondo.

 

—La de las bragas... Me alegro de conocerte por fin, este hombre me ha hablado bastante de ti.

 

Ojos como platos. Y pienso... ¿Qué se puede esperar de ese tío? — ¿Ah sí?— acierto a contestar.

 

— Me contó lo fantástica que estuviste en su cama la otra noche... pero esa es su versión y ya que estás aquí, quisiera conocer la tuya.

 

No sé si va de coña o “van” de coña.

 

—Vaya, vaya con el amigo Paul— digo con tono de sorna para disimular mi estupor.

 

Y lanzo una mirada asesina al muy imbécil, mientras el angelito se cruza de brazos esperando no se qué. Y me sale la risa tonta. Y puestas a ser borde, pues nos ponemos.

 

—Perdonadme... Me encanta tu amiga, Paul. Los tienes bien puestos querida— les digo mirándolos a los dos sin dejar de reír.

 

— ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? Me pregunta Paul.

 

— ¿No te has dado cuenta?— digo medio tapándome la boca con la mano y sin poder parar de reír.

 

— ¿De qué?— responde, mientras Ángeles contempla la escena sabiéndose protagonista.

 

— De que le gustas— “abobao” pienso para mis adentros.

 

Esa observación tiene la virtud de que el bombón se pone roja como un tomate, y el pollo se obnubila. Aprovecho para el estoque final.

 

—De acuerdo guapísima... te diré que Paul no estuvo nada mal pero lo que no puedes perderte es la magia que tiene en sus dedos. Ahí lo dejo.

 

He parado de reír y cae un silencio tenso. Angy mira a Paul con ojos inquisidores. No sé lo que pasa por su cabeza, pero evidentemente es nuevo para ella saberse deseada por él.

 

— tendré que probar— contesta, ya repuesta.

 

— por cierto, ¿no habíamos quedado para hablar del relato?— añade, con otro cruce de piernas que ya me hace palidecer. Evidentemente quiere cambiar de tema, pero yo tengo la presa entre mis colmillos y no la pienso soltar fácilmente, así que...

 

— oye Paul, puestos a seguir hablando crudo, tú qué tienes fama de tirarte todo lo que tiene dos buenas tetas y un buen culo, qué te pasa con Angy, ¿que tiene patente de corso, es de la cofradía LGTBI, o es tu sicóloga?

 

Angy se sonríe y espera oír por donde sale Paul. Creo que está disfrutando con la situación. Paul contesta sin convicción.

 

— pues, no sé si es lesbiana, no creo. ¿Transexual? Nunca he tenido el placer de verla en ropa interior para afirmarlo, claro, pero... nunca se sabe. Sicóloga tampoco. Y yo no doy patentes. Digamos que es una amiga, solo eso, una buena amiga. Y ya se sabe, la amistad no casa con el sexo.

 

<Una penosa respuesta> pienso para mis adentros. Tampoco parece haberle gustado a Angy. Me he pasado de borde, así que me toca enmendar el entuerto. Estonces se me ocurre una idea genial.

 

— escuchad, a ver qué os parece... mi madrina, que está casi tan rica como el Gates, tiene una choza junto al mar que siempre está vacía. Si no tenéis otro plan le pido las llaves y pasamos allí el fin de semana preparando el borrador. ¿Qué... os va el plan?

 

Ella se queda dubitativa. Paul se manifiesta entusiasticamente.

 

— me parece perfecto Sara... perfecto. ¿Qué dices Angy?

 

— mmm... bueno. Estrenaré mi nuevo bikini. Así comprobaréis que no soy transexual.

 

Y pone cara de no haber roto nunca un plato.

 

— solo hay un inconveniente... la casa es pequeña. En realidad es un loft, sin habitaciones. Solo un baño y una cama. Eso sí, es muy grande.

 
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