cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Viviendo lo nuestro VII (vs Gabrielle y Seren)
Fantasía |
13.09.19
  • 4
  • 7
  • 705
Sinopsis

- Tendré que probar - contesta valiente - por cierto ¿no habíamos quedado para hablar del relato? - pretende cerrar tema.

- Oye Paul, puestos a seguir hablando crudo - mordaz ella - tú que tienes fama de tirarte todo lo que tiene dos buenas tetas y un buen culo, ¿qué te pasa con Angy? ¿Qué tiene patente de corso, es de la cofradía de LGTBI, o es tu psicologa?

Hubiera preferido no contestar pero tampoco suelo arrugarme fácilmente. Angy sonríe al comprobar que Sara me aprieta los frijoles.

- Pues no sé si es lesbiana, no creo. ¿Transexual? Nunca he tenido el placer de verla en ropa interior para afirmarlo, claro, pero... nunca se sabe. Psicologa tampoco. Y yo no doy patentes. Digamos que es una amiga, solo eso, una buena amiga . Y ya se sabe, la amistad no casa con el sexo.

Cagada. Lo leo en la mirada de mi estimada Angy.

- Escuchad, a ver qué os parece: mi madrina, que es casi tan rica como el Gates, tiene una choza junto al mar que siempre está vacía. Si no tenéis otro plan le pido las llaves y pasamos allí el fin de semana preparando el borrador. ¿Qué, os va el plan?

Observo la duda en su expresión y me lanzo en picado a ayudarla a que acepte, en parte para enmendar mi respuesta anterior.

- Me parece perfecto Sara... perfecto ¿Qué dices Angy?

- Mmmm... Bueno. Estrenaré mi nuevo bikini. Así comprobaréis que no soy transexual. Ni tampoco lesbiana. Ni que me gusta Paul.

Respiro aliviado en mi interior.

- Sólo hay un inconveniente. La casa es pequeña. En realidad es un loft, sin habitaciones. Solo un baño y una cama. Eso sí, es muy grande.

- Un solo baño - reflexiona Angy - eso va a ser un problema... La cama no, por supuesto es para vosotros. Yo me llevaré un saco de dormir.

Me rio por dentro al imaginar la situación. Quiero intervenir para discrepar tras cruzar una mirada con Sara, pero todavía no ha terminado de enumerar sus sugerencias.

- Llevaré mi coche si os parece - hace una pausa acompañada de una candidez absoluta en su sonrisa - Ya que Sara pone la casa y yo el coche... Paul te toca hacer de chófer y nosotras como señoronas nos sentaremos detrás, ¿os parece?

Tengo la boca seca. Miro la Moritz y me preparo para cogerla.

- ¿No iréis muy apretaditas detrás en tu Mini? - le pregunto con una sonrisa maliciosa.

- El calor humano magníficamente llevado nunca me incomoda - suscribe Sara para que no haya dudas. Eso tiene pinta de cumplido.

Angy la mira complacida.

- Entonces - cojo mi ancha copa y la levanto - por un fin de semana genial.

Ambas me secundan, hacemos chasquear los vidrios con júbilo y bebemos al tiempo un buen sorbo.

Son las diez de una mañana de sábado que amaneció algo nublada. Llevo una hora al volante del Mini rojo pasión de Angy, versión del 95, aunque la posición de conducción no es demasiado adecuado para mi casi metro ochenta. Las piernas van casi estiradas y parece que arrastro mi trasero por el asfalto, pero es una cucada por dentro y más cómodo de lo que esperaba. Acogedor es la palabra.

Mis compañeras de letras van sentadas a la retaguardia, y el pequeño equipaje de mano nos acompaña en el maletero. He querido traer mi portátil, para inventar y lo que surja.

Llevo la radio encendida sin demasiado volumen con música de los noventa de fondo.

Sara me ha dado la ubicación de la choza de su madrina. Sé llegar sin necesidad de GPS. Recuerdo que estuve por esa urbanización el año pasado. Jessica fue la culpable. Me encerró en su casa ajardinada con piscina, fui pasto de sus caprichos sexuales y me privó de las excelentes vistas de la playa. Creí que ibamos a relajarnos y es que no me dió tiempo.

Estamos llegando. Sara y Angy parecen que congenian bien. Se han estado conociendo durante el trayecto, y aunque sus caracteres puedan parecer muy distintos a primera vista, tienen puntos en común. Han roto el hielo ahí detrás. Y tal vez han dado un paso más o pretenden ponerme en celo. No sé. Entre miradas cómplices y manos que se rozan saben que las observo a través del espejo retrovisor. No han parado de tontear. Sara se ha atrevido a alabar las esculpidas piernas que luce Angy. Y no le quito razón, son tremendas. Angy le ha confesado que sus ojos y sus labios son muy sexys. Provocadoras. Creo que se han aliado para jugar conmigo.

Sara le susurra algo al oído. Lo veo en un breve reflejo y me clava su mirada retante, moviendo sus labios y ondeando levemente algunos cabellos que rodean su oreja. Angy no puede reprimir una impulsiva carcajada y yo no puedo evitar ponerme carioca. Se están pasando... lo bien. Carraspeo.

-Sara... - la corto fijándome de nuevo en la carretera.

- Dime Paul.

- Dejad algo para luego por favor.

Consigo divertirlas y rien sabiéndose deseables.

- Menos mal que estamos llegando - les aviso.

- Pues yo me estoy alegrando de haber aceptado la invitación - se sincera Angy.

¿He visto como acaba de darle un pico a Sara? Sí, acabo de verlo. Pero al margen de lo que inicialmente pudiera pensar, me complace haber sido un mero espectador de aquel gesto dulcemente instintivo y femenino.

- Lo lamento pero necesito un poco de atención, tortolitas - les interrumpo.

- Tranquilo Paul, que besos no van a faltar - me incita Sara.

- Gracias por tu generosidad pero me refiero que ya no sé por donde tengo que tirar.

Dúo de risas otra vez.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 69
  • 4.57
  • 18

No penseis que mis dedos valen más que cualquiera de los vuestros. Grito a los vientos que si por vos pierdo la razón mis dedos dejarán de ser eso, dedos. Porque aunque haya nacido con dedos en la mano derecha y en la izquierda, entre todos no sumarán más.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta