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10 min
Viviendo lo nuestro XI (vs Gabrielle y Seren)
Fantasía |
22.10.19
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Sinopsis

Mi palma surca su abdomen desde el ombligo hasta el estrecho desfiladero que se halla entre sus apetitosos y dulces senos. Mi lengua se ocupa de juguetear con su lóbulo mientras una mano de Angy acaricia su muslo, su cadera, su líbido a flor de piel.

Sara se enciende con nuestra provocación. Nos tiene ganas, aunque le gusta hacerse de rogar, pero ahora, allí con nosotros, no tiene escapatoria, no hay más excusas, quiere poder y puede querer. A mí morenita le brillan los ojos en la penumbra. Son dos ángeles comiéndose a besos, entregándose a sus caprichosos contactos labiales, respirando como amantes cuyos besos escuecen de deseo.

Se gira para que podamos entregarle abiertamente nuestro festín de bocas y caricias. Muerdo y lamo delicadamente su vientre y en su torso se acumulan las sensibilidades al notar los labios de Angy saboreando sus pezones, su piel se eriza, su goce aumenta, mi dedo tantea suavemente sus humedas carnosidades con un largo gemido que provoca mi excitacion. Me elevo y la miro otorgándole mi sonrisa, me la devuelve satisfecha con nuestro buen hacer. Queremos empeñar toda nuestra cariñosa riqueza en una sola apuesta. Las cartas sobre la mesa. Aquí no hay ganadores ni perdedores, solo tres seres candentes deseosos de fundirse entre sí.

Mi corazón bombea sangre con valentía hacia abajo, llenando mi sexo de alegría. Angy se gira y me alcanza. Sus manos en mi nuca me obligan a besarla. Arde. Me hace arder. Luego pasa una pierna al otro lado del cuerpo de Sara y se sostiene erguida de rodillas. Le ofrece su sexo y lo acomoda sobre su boca.

Al contacto, sus besos anegan los míos, se desata su pasión, y mis manos preparan el cauce de Sara, abro sus piernas, intuyo su centro erogeno, mido mis apoyos de rodillas, posiciono su entrada a la altura de mi pubis con mis manos bajo su trasero y encaro el cuarto elemento para acabar de completar el círculo moldeable de tres ángulos.

Atino en su fluida hendidura y noto un inmenso placer al ir adentrándome. Angy no se separa de la degustación, respira azorada, sus ojos herméticos, supraexcitada. Empiezo a moverme, despacio, profundo, el calor asciende y se acumula en mis pómulos. Todos nos movemos en sincronía, disfrutando de cada desliz, de cada generoso roce, con apetito, dejándonos llevar por nuestros instintos más íntimos, atrapados por la voluntad de satisfacernos.

Angy gime, jadea, desesperada se separa para cojer aire y regresa a mi boca. Yo continúo achicando flujo, con ritmo, me detengo, golpeos profundos de mis lumbares la estimulan, se tensa. Mi lengua insensata enlaza la suya. Sara es una prolongación de mí, y ella también a la vez de Angy, conectados como un solo ente en busca de la Tierra Prometida.

Mi besucona Ángela se retuerce, contonea su tronco en una danza incesante que anuncia su abismal orgasmo, al tiempo que mi desbordado apéndice entra y sale con dulzura de aquella intima y sedosa cavernosidad. Angy no puede resistir por más tiempo la hambruna de Sara, su insaciable e inquieta lengua debe de estar haciendo estragos ahí abajo. Desquiciada, muerde mi labio inferior, sin que su acto haga menguar mi marcha. Su cuerpo se contrae, convulsiona, se quema abrazada a mi, drena su gozo en la boca de Sara, se agita y jadea rápidamente. Percibo tanta liberación pegado a su mejilla, que solo puedo musitarle a su oído un "te deseo, cielo".

Derrotada por el desgaste y la tensa posición, se derrumba cayendo de lado junto a Sara, a la que sin querer le golpea la cara con la rodilla. Ella no se resiente y su femenina faz se transforma en la entrañable estrofa de un poema que rima con el éxtasis. Acelero el bombeo agarrando sus caderas. Sé que lo quiere, y yo se lo voy a conceder. Llenamos los pulmones de oxígeno. La enfundo con destreza, sin prisa, sin pausa, se aprieta los senos y finalmente desata su rabia, empujo con firmeza aplaudiendo nuestra carne. Asiente, respira, expira, jadea, llega su momento y me diluyo en su interior. Un impulso eléctrico me exprime los genitales, luego otro, y otro. Gimo, pidiendo clemencia, extraviado entre estertores, vacío mi germen o lo que queda de él.

Me detengo extenuado. La observo, me devuelve agradecida. Las admiro en su ígnea belleza, dos divinidades a mis pies postradas. Y yo rendido a sus caprichos . Su vientre sube y baja en una índole de montaña rusa. Mi miembro todavía late acomodado ahí dentro al compás del tambor que parece salirse de mi pecho. No puedo pedirles nada más, pues lo han dado todo sobre el tapiz multicolor de aquella silenciosa cama que guardará nuestro secreto encuentro.

Una batalla de amantes en busca del placer ajeno. Dar y recibir al unísono, como en una bella canción a tres voces de la que te quedas prendado sin remedio al sentir la melodía.

La habitación desprende un enternecedor aroma íntimo y cercanamente personal que no deja de estimularnos. Desearía que aquel momento, que aquella imagen de nosotros tres perdurara infinitamente. Desfallezco de cansancio entre ambas, apurando el aire, la boca seca.

- Mis pequeñas adorables... os quiero - admito mi felicidad.

Ambas se miran risueñas y alcanzan mi cara al unísono para certificar su satisfacción con un beso efusivamente mimoso.

Nos abrazamos y dejamos que nuestros cuerpos pegados hablen sin voces. Callamos y nos relajamos poco a poco hasta quedarnos cómodamente dormidos.

Me despierta Sara con el sonido elevado de palabras angustiosas. Consigue sobresaltarme.

- Paul despierta. Angy se ha ido. ¿Qué le has hecho?

- ¿Cómo? - balbuceo aturdido por el brusco despertar.

Se levanta y desciende descalza al piso de abajo en su búsqueda. Me siento al borde del colchón.

- Habrá salido a fumar - le resto importancIa.

La oigo recorrer la planta inferior.

- Ha preparado algo para cenar - me informa elevando el tono.

- Vale. Me doy una ducha rápida y bajo - le digo a distancia.

- Yo también - la oigo lejana.

Se me ocurre una insensatez al imaginarla en la ducha y me pregunto si... para!, para Paul! No quieras abusar de tu suerte. Cierro los ojos y respiro hondo al sobreponerse el recuerdo de Angy bajo el agua. Entro a la ducha, decidido. El agua fría me hará bien.

Bajo con una toalla envuelta alrededor de mi cintura. Llevo los pies húmedos y mis pisadas se evaporan con rapidez en el suelo de parquet. Sara sale de su aseo casualmente a mi encuentro. Nos miramos sonrientes, cómplices, acabando de secarnos, durante unos segundos. Ante tal espectáculo, no sé si el agua fría ha servido de algo. Me doy una bofetada interna para reaccionar y me dirijo a recoger la ropa para vestirme.

Al terminar nos ponemos de acuerdo para salir a buscar a Ángela. Seguramente habrá ido a dar otro paseo a la playa. Conociéndola, le estará dando vueltas a nuestro affaire, aunque positivamente, puesto que la he ayudado antes a asimilarlo con mis dotes manuales.

Abandonamos la casa y echamos la llave a la puerta. En el trayecto pienso en Angy, valoro iniciar una relación atípica con ella, en mi miedo a la convivencia y al fracaso también, en que no quiero dañar sus sentimientos, en si estaría dispuesta...

La luna creciente me mira desde un cielo despejado.

Demasiadas cavilaciones. No estoy por la labor de afrontar esos temas ahora mismo. Sólo quiero dejarme llevar por las gratas y perfectas horas que me quedan por disfrutar junto a las dos mujeres más maravillosas que he conocido. Sobre todo Angy. No la imaginaba tan... receptiva, la verdad. Es increíble su pasionalidad. Me ha conquistado. Y con Sara también ha hecho buenas migas... la miro mientras me da conversación, me alegro.

El suave son de las olas me relaja y la buena temperatura de la noche nos acompaña. Llegamos y la vemos sentada en la oscuridad de la playa, abrazada a sus piernas. Un hilo de humo asciende desde sus dedos y su cabello plateado vibra con la brisa.

Nos oye llegar. Mantiene su mirada perdida en el horizonte, puesta en el blanco camino que revela Catalina sobre las plácidas aguas y que finaliza en el límite del lejano firmamento.

Me siento en la fría tierra junto a ella e imito su pose, con la mirada en la misma dirección.

- Preciosa noche - comento al azar.

Sara también lescolta su otro brazo.

- ¿Quieres estar sola? - le pregunta con templanza.

Niega con la cabeza y sonríe.

- Sssssssh - sisea - escuchad.

Sí. Yo también la oigo. Es madre naturaleza, inteligente, bella, inmensa, seductora, como ella.

Cierra los ojos, oxigena los pulmones del aroma a mediterráneo y se concentra mirando al cosmos desde su particular universo. Está encontrando la paz, el equlibrio, su esencia a través de mi ayuda anterior. "El beso del dragón" ahora habita en su interior.

Tomo su mano, cuyos dedos se entrelazan con fuerza. Su otra mano se desprende del cigarro y se llena de Sara de igual modo. El triángulo de amistad se completa entonces, sellado por un gesto unánime, casto y simple.

Empieza a refrescar allí, y tras un buen rato de templanza y beneficiosa meditación en la playa, regresamos a la acogedora choza de la madrina de Sara.

Compartimos unas sabrosas y apeteciblese raciones de butifarra con huevos fritos y bol exprés de papas bravas, pelotazo proteínico para recuperar el tono muscular. Bromas, risas, comentarios y excentricidades lingüísticas acompañan la velada junto a unos cuantos botellines de cerveza bien fría.

Después de un poco de uva, con la que juegan a encestar en mi boca y con la que casi me atraganto, conseguimos recoger la mesa y la cocina entre cosquillas, persecuciones adolescentes por robos de zapatos y bailes atrevidos con buena música disco de nuestra juventud.

Agotados por la risa nos desplomamos sobre el sofá, de nuevo juntos y revueltos. Nos miramos y decidimos converger hacia el motivo que nos había llevado hasta aquel sueño hecho realidad.

- Deberíamos dejar terminado el relato esta noche - nos aconseja Sara.

- Deberíamos - asiento conforme.

- Creo que estoy inspirada - declara Angy sonriente.

- Voy a por el portátil - me levanto del sofá. Preveo una larga noche. Menos mal que hemos dormido.

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