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8 min
Viviendo lo nuestro XII (vs Gabrielle y Seren)
Fantasía |
05.11.19
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Sinopsis

- Y yo a ponerme algo encima. No es serio trabajar en pelota picada - comenta Sara que le hace un guiño de camino al altillo.

Ángela sigue sus pasos invitada por un beso con alas, mientras se va quitando mi camiseta en el ascenso. Preparo el portátil sobre la mesa de cristal frente al sofá.

Algo se traen entre manos éstas dos. En estos casos la curiosidad me pierde, y por más que mi mente rebusca excusas morales para no parecer un voyeur, mi cabeza se alza intentando visualizar disimuladamente lo que pueda ocurrir arriba.

Oteo a mi insaciable concubina como ataca por la espalda a Sara. Le acaricia su trasero. No me extraña, es irresistible.

Se gira y la observa de arriba a abajo, desnuda, deshinibida, atractiva. Eso duele, lo sé. Y su reacción no se hace esperar. Sus bocas se unen en un ferviente beso. Angy es provocación en estado puro y su mirada desprende tal magia que nos crea adicción.

Sara contraataca y se inclina para degustar aquellos apetitosos pezones que reclaman unos labios hábiles y saciadores. Angy echa la cabeza atrás mientras procede a la cata con apetito.

Hablan entre ellas, y aunque no logro escuchar su conversación, se intuye que sus frases se centran sobre temas de entretenimiento íntimo. Ahora es Angy quién toma y devora las coronas de los pechos de nuestra anfitriona. Joder, como me están poniendo con sus jueguecitos otra vez.

Mordiscos rabiosos de placer exprimen el rostro de Sara, hasta que la retira. Creo que ha llegado a los límites de su permisibilidad y también es posible que le vaya un poco el rollo de la sumisión.

Se abrazan, se vuelven a besar. Me encanta ver su aceptación, sonrientes, cómplices de impulsos sexuales. Son deliciosamente dispuestas mis diosas del deseo.

Luego se visten con solo una camiseta larga y se disponen para bajar. Me siento en el amplio chaise longue y las espero mientras se inicia el ordenador, ocultando el abultado apetito de mi entrepierna. Intento disimular mi excitacion interpretando calma.

- Sara, ¿puedes empezar a repasar lo que tenemos ya? - le pregunto cuando está próxima al tiempo que abro el archivo.

De pronto observo una mancha en la camiseta que he prestado a mi preciosa compañera de ducha. Me servirá de excusa.

- Llevas una mancha en la camiseta, Angy - Ven, vamos a quitarla antes de que se seque.

Me pongo en pie y sin más preámbulos la cojo de la mano y me la llevo al baño de arriba. Al entrar no abro la luz y tampoco le permito que ella lo haga. Sólo nos ilumina el tenue haz de la farola que entra por la estrecha ventana.

- No lo hagas - me sale una voz entre nerviosa y ronca - Necesito sentirte, estar dentro de ti.

- ¿Qué ocurre Paul? ¿Qué ha pasado? - se extraña.

- Esto - me obliga a confesar mi desespero por ella.

La abrazo y me abalanzo en pos de su cuello para anegarlo de besos. Le dejo notar mi exaltado atributo sobre su cándido pubis desprovisto de lycras opresoras.

La penumbra advierte una única sombra que se balancea en un baile de labios abrasadores y roces ígneos que derivan hacia un nuevo encuentro. La bella dama se une a los juegos del hambre que le propone su particular vampiro, con sed de su cuerpo angelical, cuya dueña, hipnotizada por su despertado instinto, hechizada por la lascivia que desprenden sus ojos, sedada por el susurro de sus posesivas frases, se entrega sin remisión y se abandona entre sus masculinos brazos, allí, de pie, a escondidas, ambos repiten lo que los amantes suelen hacer: morir y resucitar de placer.

Hago que note mi palpitante apéndice, que implora entrar en su tierno y jugoso envaine. El calor asciende hasta mis orejas, que enrojecidas me advierten de la insurrección de la sangre. La beso, me muerde los labios, desesperada y sorprendida al mismo tiempo. Envuelve mi asta con su mano y mide su estado bajo mi ropa interior. Suspira. Expiro un gemido. Me libera de la cárcel elástica y saca brillo con gusto a mi inflamado ariete. Lubrico mis dedos en su boca y desciendo a su carnoso recipiente para alterar su paz. La impregno con su propia frescura y resbalo por aquellos trémulos pétalos. Preparamos el camino sin retorno. Aparta mi mano y encara mi apéndice. La pasea unas cuantas veces por su ansiosa ternura que termina por cubrirla hasta hacerla desaparecer.

Comienzo a mover mis caderas, hacia adelante, hacia detrás, motivado, con elegancia, con mis labios fundiendo los suyos, al compás de nuestros latidos, que marcan el ritmo celeste del improvisado baile. El goce regresa a nuestros cuerpos, mecidos por los suspiros y los gemidos que acaparan el silencio a puerta cerrada. Ojos en blanco que cercenan las voces, ruidos obscenos, afirmaciones certeras que se clavan en la piel, dejando un rastro de dolor inocuo que se somete a nuestra voluntad, transformado en éxtasis. Mi elixir yace dentro de ella. Me retiene con ansia.

Jadeamos abrazados, flotamos necesitados.

Encendemos la luz y nos aseamos aceleradamente, compartiendo risas por el desliz. Por último me encargo de mi coartada y borro la mancha de la camiseta. Se atusa los cabellos algo desmadejados frente al espejo y me ajusto el bóxer a la cintura. Luego me precede en el descenso al piso inferior.

Cuando nos ve regresar sus pómulos enrojecen, parece que sospecha lo ocurrido. Los colores de mi blanca tez reflejan la verdad, nunca he podido mentir sobre ello.

- Ya está - salta Angy antes de que pueda preguntar nada.

Toma asiento junto a ella. Mi portátil está reproduciendo una grabación que se halla a la vista en el escritorio. Imágenes de una antigua pero interesante película erótica, Night Trips: a dark odyssey. Ambas clavan sus grandes ojazos en los míos. ¿Asombradas quizás? Espero que no.

- ¡Anda! - exclamo sonriendo natural - La has encontrado Sara. La he traído por si nos entraba el sueño. Tengo también Cincuenta sombras de Grey.

Mi comentario les divierte. Creo que ha sido más curiosidad que otra cosa.

- Siéntate gamberro - me señala Sara posando su mano en el sofá - solo falta que ahora nos distraigamos con esto. Pero no descarto dejarlo para más tarde.

- Espera un momento. Voy a por algo para beber. Estoy seco - creo que me comprenden - ¿queréis también?

- No gracias - contesta Sara.

- Un sorbo tuyo si es cerveza, si - solicita Angy.

Destapo una bien helada y me siento junto a Sara. Le doy un sorbo largo y se la paso a la encantadora morenita.

Sara me cede la pizarra luminosa y abro el archivo del texto a completar.

- Tengo tu esquema por aquí, Sara.

- Déjame verlo - pide curiosa Ángela.

Tras leerlo, no sé si es por la bebida ingerida, la proyección de su espíritu aventurero o las ansias de plasmar la pasión que nos une a los tres en éste día tan memorable que no deseamos que acabe nunca, pero Sara agarra el cacharro electrónico y comienza a teclear con una sonrisa de oreja a oreja.

Sus dedos apartan los finos cabellos que caen sobre su vista y los prende tras su oreja. Es magnético observarla. Angy también se queda prendada de su sensualidad.

Nos acercamos a la pantalla para ir leyendo lo que sus dedos traducen al papel virtual. Ciertamente está inspirada, sin embargo, es extraño su comienzo. No es una continuación de mi prólogo, ni siquiera los personajes, ni la trama que ella misma había imaginado. Angy y yo nos miramos absoluta y gratamente sorprendidos.

- Sara, ¿estas escribiendo lo que creo que estas escribiendo? - inquiere Ángela casi tartamudeando poniendo ojos como platos y comienza a sonrojarse.

Acertamos mentalmente en el pronóstico y me empiezo a partir de risa.

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