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11 min
Viviendo lo nuestro XIV (vs Gabrielle y Seren)
Fantasía |
08.01.20
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Sinopsis

Bajo el negro manto de la noche me despierta el hormigueo en el brazo que lo provoca estar bajo el peso del cuerpo de mi bella durmiente, Angy.

Lo deslizo para sacarlo y enciendo la luz de la lámpara a tientas. Me incorporo y la cojo en brazos para llevarla de nuevo a la cama del altillo. No sé que hora es, no llevo puesto el reloj. La poso en el extremo opuesto a Sara y yo me acomodo en el medio a gatas entre ambas, que al notar mi calor se acurrucan en ambos flancos en un abrazo. Al sentir sus redondeces encajadas en mis costillas echado boca arriba, no puedo evitar que me exciten inconscientemente. Sus cabelleras se adormecen en el lecho de mi pecho. Arden en sueños. Y no sé si esto es un sueño. Un sueño del que ningún hombre desearía despertar.

Les doy un beso en la frente y no tardo en volverme a dormir, agradecido por el calor humano que desprenden. Tres cuerpos semidesnudos, tres mentes afines, tres corazones necesitados.

El sonido de mi móvil interrumpe mi placentero descanso, acogido entre las dos espléndidas mujeres.

Me levanto sin despertarlas y descalzo bajo a buscarlo. No llego a coger la llamada y el sonido se detiene.

Es del hospital. Leo un mensaje. Tengo que regresar ya. Un accidente múltiple y necesitan cirujanos de urgencia.

Subo por la escalera para avisarlas, apenado.

-¿Qué pasa Paul? - quiere saber Sara.

- Me reclaman del hospital.

- Te llevo entonces - se ofrece Ángela - Sara, ¿vienes?

Se mantiene quieta, observándola.

- Voy a quedarme, no te preocupes Ángela, viene una amiga a pasar el día y volveré con ella.

Me repatea el estómago no volver los tres juntos, pero creo que será lo adecuado. Se lanzan una sonriente mirada de complicidad, que deja un buen sabor de boca y también una posible segunda oportunidad de encontrarnos.

Cargamos las bolsas en el Mini después de despedirnos con tiernos besos labiales y partimos con algo de prisa. Me deja de nuevo a los mandos.

Tras un buen rato de meditación por ambas partes resquebrajo el silencio.

- Vas a estar callada todo el viaje de vuelta? - la sobresalto - Si es así dímelo y te abandonaré en la próxima estación de servicio.

Envuelvo la frase con tono recriminatorio, aunque mis ojos al mirarla le dicen lo contrario. Había conseguido engañarla al principio, pero su sorpresa se convierte en risa, que acompaño.

- ¿Cómo te sientes hoy?

La veo de reojo volver la vista hacia el paisaje en movimiento, quizás se ha puesto a recordar.

- Estaba tan bien, me sentía tan eufórica... tantas sensaciones de golpe... ¡joder, Paul!

- Vamos, date tiempo, mi niña.

- ¿Porqué callaste anoche? Veías mi apuro, pero callaste y yo había creído que había surgido algo entre nosotros - creo que solo necesita comprender mi actitud neutral.

- No podía entrar, era un reto entre vosotras. No hubiera sabido qué decir, tampoco.

Musita algo que no quiere que llegue a oír y se queda ensimismada contemplando el exterior a través del cristal. Estamos entrando a la gran urbe. Intento cambiar de tema para distraerla.

- ¿Te gustó el striptease? Puedo repetirlo, si te apetece... en cualquier playa que quieras...

Lo consigo. Rie. La prefiero así. Y me viene a la mente nuestra escena en la ducha. Tenemos que repetir. Espero que me lo permita.

Dirijo el Mini a la entrada de urgencias del hospital. Paro el motor y echo el freno de mano. Salimos del vehículo, recojo mi bolsa y el portátil y me despido de mi Angel convertido en mujer con un tibio y breve beso en sus labios.

Le hago un gesto con la mano donde le indico que la llamaré.

Subo quirofanos y me pongo el disfraz de salvavidas. Hay que entrar en acción.

Tras unas cuantas horas intensivas de repararaciones corporales llega mi hora del descanso. Me acomodo después en la sala habilitada para la fotosíntesis a socializar con mi socia Sara.

Le escribo preguntando como le va con Jara pero no me contesta. Entonces aprovecho el momento tranquilo y a solas para ponerme en el ordenador portátil para escribir mi parte del relato. La pieza que faltaba para completar el puzzle de sentimientos.

Ya en casa después de la cena, recibo el mensaje de Sara y se lo comunico a mi recién descubierta Angy.

"En la próxima clase podremos entregar el trabajo... Sara ha llegado bien, me ha escrito. Por cierto, ¿te quedan días de vacaciones?"

"Hola Paul" - responde - "me alegra saber de Sara. Y por cierto, sí, me queda algún día por disfrutar pero para el mes que viene. ¿Por?"

"Mañana te paso a buscar por tu despacho para desayunar juntos y lo hablamos. Besos."

Levanta el dedo pulgar y estampa un beso en la barra de escritura para despedirse.

Al día siguiente, llamo a la puerta, asomo la cabeza y compruebo que está atendiendo una visita. Muevo los labios y le digo sin voz que la espero fuera. Me indica que no tarda con una preciosa sonrisa.

A los cinco minutos sale con su bata blanca abierta, ondulando, dejando entrever sus tejanos ajustados. Encantador embrujo de mujer.

La recibo con un breve beso consentido en sus labios.

- ¿Cómo estás princesa? - le pregunto con caballerosidad mientras caminamos hacia el bar - ¿Has descansado bien?

- Pues sí - hay un destello especial en sus pupilas - aunque me desperté de madrugada...

- A mí me pasó lo mismo - le confieso - Pensaba en ti.

- Ya - acentúa incrédula - eso se lo dirás a todas.

Maldita fama. Siento su punzada. Pero supongo que me la tengo que tragar. Callo y sonrío como si no hubiera escuchado nada.

Improviso mi pequeña venganza a sus palabras al ver el cuarto de la limpieza a nuestra derecha. La agarro de la mano, abro la puerta, tiro de ella y nos metemos dentro. La cierro tras nosotros.

- ¿Qué haces Paul...? - No le doy tiempo a decir nada más, pues mi boca tapa la suya.

La sorprendo y hace un primer intento por zafarse, pero al sentir mi abrazo pasional enlazar su ser, se relaja y me corresponde mezclando su lengua con la mía. Baja los párpados y me hace hervir de nuevo por dentro, casi a oscuras. Me separo y respira.

- Sigo deseándote Angy. Sigo queriendo que me lo des - mi susurro suena tierno y sincero - Aquí, ahora, quiero desayunarte, comerte a besos... y eso no se lo digo a todas.

- Me encanta que me lo digas, Paul.

La beso en el cuello instintivamente.

- Y sabes lo me gusta - gime al notarse excitada.

El sonido del mecanismo de la maneta de la puerta nos hace reaccionar con rapidez y separarnos. Una trabajadora de la limpieza entra y se asusta al encontrarnos allí dentro. Reímos y escapamos con una disculpa.

- ¿Tienes hambre? - indago entre risas y dejando a la mujer con la palabra en la boca.

- No lo sabes bien - decreta risueña.

Durante nuestra conversación degustando los cafés y el minibocata, indaga acerca de mi pregunta sobre sus días de vacaciones pendientes de disfrutar.

- Es verdad. Se me olvidaba - doy un sorbo al humeante amargo - Primero quiero invitarte a cenar esta noche.

- ¿Esta noche? - pone ojos de plato.

- Sí - acerco mi cara a la suya y le musito presto a su oído - en mi casa, después del taller de escritura. Y no aceptaré una negativa tuya.

- De acuerdo, acepto, pero con uno de tus masajes de postre - sonríe interesada y radiante.

Soy de los primeros en llegar a la clase y cojo asiento. Todavía no ha venido el experto en letras. A los pocos minutos aparece Sara, inmensa, vestida de añil, subida a sus tacones de aguja, artista de un sensual pret a porter, alterarando las miradas de los presentes. Me localiza y camina hacia mí.

Desde luego que impone e inconscientemente me pone.

- Hola Paul - saluda muy muy cerca de mi rostro embaucado - se lanza al mis labios para posar los suyos con brevedad.

- Cómo estás - digo admirando más que preocupado por su salud.

- Bien, muy bien - sonríe pícara entendiendo que ha prendido la mecha.

Ya me he dado cuenta, ya.

- ¿ Y Ángela? - quiere saber al no verla.

- Es muy tardona - le describo - supongo que vendrá pero empezada la clase.

En sus ojos puedo leer que no se ha vestido de gala solo para mí.

- ¿Traes los deberes terminados? - me recuerda.

- Por supuesto - le hago un guiño.

Nos sentamos juntos y, como si fuera el primer día de clase, posa con el porte natural de una diva cargada de sensualidad.

- El fin de semana ha sido memorable - le comento - lástima que tuve que salir corriendo. Estuve muy a gusto con vosotras.

- Yo también lo pasé muy bien. Se me hizo corto - se sincera pillando su pelo detrás de la oreja.

- Pues quizás deberíamos repetir... más adelante - sugiero y le arrebato un esbozo de sonrisa.

- Falta también la opinión de Angy ¿no? - dice poco convencida.

- Conectamos los tres, lo sé, y eso no nos lo va a quitar nadie. Creo que nos merecemos una segunda oportunidad, y una tercera, y una cuarta, pero sin agobios. Os adoro, y quiero que podamos seguir pasando buenos ratos juntos. No me gustaría perderos ahora que os he encontrado.

-Eres un encanto de cabroncete - me atropella. Menos mal que la conozco - pero no vendas la piel del oso antes de matarlo. Además, parece que los que os lleváis bien sois vosotros dos.

Suspira resignada.

- Bueno, siempre nos quedará la casita en la playa de tu madrina - bromeo - o puede que alguna noche me presente a las tantas en tu puerta y te regale mi tanga de leopardo.

- Ese tanga ya lo puedes ir jubilado Paul - amenaza una voz reconocible detrás de nosotros. Me vuelvo.

Ángela me observa fijamente, con los brazos cruzados sobre su pecho. Vaya sorpresa.

- Tiene razón, es una horterada - corrobora Sara a carcajadas.

- ¿Veis como lo pasamos genial? - me levanto para saludarla con un beso. Se queda quieta intentando aguantarse la risa, pero no puede.

- De eso nada - reniego aparentando enfado - ¿y dejaros sin sesión de risoterapia?

Se mean.

- Escuchad chicas - las corto -Necesito un par de escritoras voluntarias para acompañarme a un refugio con chimenea y jacuzzi en la saludable y verde comarca de la Cerdanya.

Me clavan sus ojos incrédulas.

- ¿Qué? Es mi cumpleaños - encojo los hombros - ¡Y apuesto mi tanga de leopardo a que no tendreis nada mejor que hacer!

- Con una condición - levanta el dedo Sara.

Ambas se miran risueñas, se leen el pensamiento. Aguardo y tiemblo por dentro.

- ¡Masaje! - adjudican al unísono estallando en risas de nuevo.

Lo sabía ;- )

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