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5 min
Vivo o muerto
Drama |
11.02.18
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Sinopsis

Es un relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- que tampoco ayuda mucho y por eso puede existir alguna incoherencia o error. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

 ─Chico, tienes diecisiete años y tengo un trabajo de verdad para ti. El primero de muchos, ya verás -dijo el jefe de la organización y esbozó una sonrisa perturbadora. 

Detuvo el vehículo frente a una pescadería -al otro lado de la acera- y abrió la guantera dejando al descubierto un arma de fuego: un revolver calibre treinta y ocho o alguno parecido. <<Ese local estorba ahí para el proyecto del nuevo alcalde y el hijo de puta no quiere irse>>, me dijo y luego se mantuvo en silencio con la mirada perdida al frente, como si estuviera cavilando. En otro momento yo no le hubiera dado importancia alguna, pero cuando actuaba así era porque significaba que me iba a involucrar a mí en algún asunto turbio. <<¿Ves esa pistola?>> Yo asentí con la cabeza y él se colocó unos guantes, la tomó por la empuñadura, comprobó que estuviera cargada y guió los ojos hacia la pescadería. <<¿Acaso pretendes matar al dueño?>>, pregunté yo.

─Lo harás tú. Ese es tu trabajo y no puedes rechazarlo.

─Yo... Pero yo... nunca he matado a nadie. 

─Cuando yo maté por primera vez no había cogido una arma antes. Ni siquiera tuve una cerca. Pero la pusieron en mi mano y no me dieron opción de escoger, lo mismo que te está pasando a ti ahora. Guárdatela en la chaqueta y ven por la noche cuando estén a punto de cerrar, a esas horas por este barrio no suele transitar nadie. Pídele algo, lo que sea, y cuando se gire a pesarlo ─levantó la boca de fuego y guiñó un ojo─, aprieta el gatillo para darle tantos tiros como sean necesarios para asegurarte de que ese maldito esté bien muerto.

─¿Y no tendré a alguien detrás de mí cuando acabe el trabajo? 

─Mira, te voy a decir una cosa: tanto tú como yo somos simples piezas en un tablero de ajedrez, peones prescindibles del sistema. En realidad nadie está a salvo de nada. En cualquier lugar, en cualquier posición social, por muy importante que te creas, también te pueden matar y siempre habrá alguien dispuesto a hacerlo. Sé que no es nada alentador, pero es la verdad. Ahora baja de mi puto coche y prepárate bien para luego. Hazlo o de lo contario sí que tendrás a alguien detrás.

Esa misma noche fui hasta la pescadería y pedí medio kilo de pescado sin fijarme siquiera en la clase, me limité a señalar con el dedo la primera pieza que vi en el mostrador. <<En seguida>>, dijo el dependiente. Cuando lo envolvió en papel y fue a pesarlo en la báscula, saqué la pistola y efectué un primer disparo que resonó como si fuera el estallido de un petardo; o eso me pareció a mí porque los petardos eran lo más cerca que había estado del fuego real. Seguí con varios disparos más, como me habían ordenado y no pensé, lo hice sin más para evitar una conversación con el dependiente que me llevara a dudar. Me fui corriendo y, cuando pretendía hacer desaparecer la pistola en un cubo de basura, me di cuenta de que todavía quedaba una prueba del crimen. Digamos, “un cabo suelto”. Lo comprendí cuando un metal frío sobre mi nuca me heló la sangre, pero lo extraño, pasados unos segundos, fue que no hubo disparo. <<Por favor>>, atiné a decir antes de que la voz desconocida de un mensajero me hablase:

─¿En serio creías que ibas a morir? ─unas  fotos donde aparezco en la pescadería caen a mi pies─. Yo también pasé por lo mismo, porque un día se dieron cuenta de que valemos más vivos que muertos. Cuando has matado a una persona te pueden utilizar a su antojo y el asesinato se convierte en una rutina. Para que te hagas una idea: si me hubieran pedido tu muerte, no habría dudado y no sabría decir cuántos cadáveres llevo en mi cuenta. ¿Serás capaz de aguantar o preferirás ir a la cárcel en lugar de matar una y otra vez? Bienvenido al infierno ─giré  lentamente la cabeza y me encontré con la mirada compasiva de un chico que debía rondar la veintena─. Dame la pistola y lárgate de aquí. Jamás debiste haber entrado. Un día se pondrán en contacto contigo para otro trabajo. Como yo, ahora tú también les perteneces.

Una vez se la entregué volví caminado hacia mi casa, calmado y sin prisa. En ese momento no sentía nada porque aun estaba en schock por todo lo ocurrido y no podía reaccionar. Solo cuando mis padres, esperándome al otro lado de la puerta me recibieron con una bofetada por haber llegado después de cenar sin haberles llamado, logré responder rompiendo a llorar. Pero no por el dolor, sino por el desesperanzador futuro que me esperaba.

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  • Agradable volverte a leer Martin. Buen relato bien guiado y resuelto....f De los tres que acabas de publicar esteves el que mas he disfrutado...,Un abrazo
    Una ratonera: entró y nunca más podrá salir. Abrazo.
    Martín, un saludo cordial, que buen regreso con este relato que he leído de un tiró, me gusta la intensidad con que esta narrado, en mi país se ha vivido este tipo de situación muchos años y creo que se ha explotado mas en el cine y en la series. Un buen relato y me alegra este regreso.Un saludo.
    He estado liado últimamente y todavía tengo cosas que hacer. A ratos os iré leyendo. Saludos y gracias por leer.
  • Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Es un texto que tenía en mi anterior cuenta y ahora resubo, pero modificado. La historia en sí, es la mima.

    Relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Lo tenía en mi anterior cuenta y vuelvo a subir.

    Un texto que tenía en mi anterior cuenta, de mis inicios en este arte que es la escritura. Espero que os guste, saludos.

    Lo tenía en mi anterior cuenta -creo XD- y ahora vuelvo -o no XD- a resubir. Saludos.

    Nunca he estado en ese lugar y he tenido que investigar un poco para describir algo que se asemeje un poco con la realidad. Y aun así no sé si será todo lo fiel que podría porque no tenía ni idea. Además, es un relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- que tampoco ayuda mucho y por eso puede existir alguna incoherencia. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Es un relato improvisado y sobre la marcha -como siempre- que tampoco ayuda mucho y por eso puede existir alguna incoherencia o error. Es que soy mucho de empezar a escribir lo que se me va ocurriendo sin tener nunca una idea clara del final. El final sale solo a medida que voy escribiendo y luego es cosa de ir retocando cosas para corregir el texto.

    Son tres partes que tenía en mi anterior cuenta. Está es la primera: http://www.tusrelatos.com/relatos/cartas-para-eulalia-i

    Esta texto lo tengo también en la pagina comunidad tus relatos de Facebook por si lo veis ahí. Texto basado ligeramente en la leyenda de "Sun Wukong"

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