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4 min
Vuelve a sonreír, al recordar París
Amor |
21.05.13
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Sinopsis

Y mientras él colocaba mecánicamente los abrigos en la maleta, yo continuaba pensando cómo frenar aquella hemorragia en mi vida.

Y mientras él colocaba mecánicamente los abrigos en la maleta, yo continuaba pensando cómo frenar aquella hemorragia en mi vida.

Tomás evitaba mi mirada, a la vez que almacenaba en cajas de cartón y mochilas pedazos de todos aquellos años.

La camisa azul que le había regalado hacía un par de años.

"La historia interminable"

Todos sus CDs de vinilo.

-¿Quién se queda con... esto? -Preguntó casi ausente, enseñándome una pequeña botella en cuyo interior  había un papel atado con un cordón azul.

¿Esto?

Así que por aquel entonces ya sólo era un pronombre demostrativo. Sonreí sin ganas, como si ya me lo esperara.

Esto, había sido el pilar de todos nuestros deseos. Un pequeño papiro de Egipto que habíamos comprado en Alejandría, en el que habíamos escrito uno por uno todos los sueños que queríamos conseguir juntos, encerrados en una botella de cristal. Sólo faltaba uno por cumplir.

Aquella seguridad de los primeros años, aquella confianza en la felicidad eterna. "¿Dónde la has escondido, Tomás?" Traté de bucear en sus pupilas, y me vi temblando ante la posibilidad de seguir queriéndole.

Esa forma ladeada de mirar, esa curvatura de los labios, la forma de moverse ágil y serena. Sus caricias eran lentas, concienzudas. Rápidamente esos pensamientos me absorbieron hacia un recuerdo, entre paredes blancas de un apartamento en la costa de Málaga.

Pero ante mí tenía un hombre de mediana edad, pasado el medio siglo y algo envejecido, y con la sonrisa desgastada. Ya no hablábamos el mismo idioma, era como necesitar permanentemente un traductor de emociones y pensamientos, y aún no se había inventado.

 

Entonces lo vi evidente. Lo que cambiaba era el tiempo verbal, y era lo que tenía que aprender a asumir. Había estado enamorada de Tomás, y de hecho lo estaba, y aún sigo estándolo.

Estoy enamorada del Tomás que, hace ya años, me llevó a las cumbres de la vida, desde la que contemplábamos las mismas vistas. Siempre querré a la persona que era en aquel intervalo de tiempo en el que nos amamos con tierna locura.

********************

Volviendo a aquella habitación del piso 42, de la Décima Avenida de Nueva York, tendí la mano para recoger lo que quedaba de nuestros sueños. Abrí el corcho de la botella, desenrollé el pequeño papiro y leí la única frase que quedaba por tachar.

Prometo llevarte a París. 

Miré a Tomás, con renovadas fuerzas.

-Te queda una promesa por cumplir, y sé que eres un hombre de palabra.

Él parecía incómodo, como si no quisiera retrasar más el momento de marcharse para siempre, como si estar demasiado tiempo a mi lado comenzara a resultarle tóxico.

-No te preocupes, seré breve. - Le tranquilicé de forma seca. Cogí el sobre en el que él había guardado el dinero líquido que había sacado de nuestra cuenta, y conté dos billetes de los grandes. - Con esto es más que suficiente para ir a París. Sola.

Emborroné el último deseo con más tinta de la necesaria, y rasgué el papel mirándole a los ojos.

-Lo que yo te prometo es que aprenderé a escalar sola y llegaré a la cima de la vida de nuevo. Ojalá tus vistas sean igual de bellas, Tomás.

Y con un último roce en su hombro, y después de bajar en el ascensor, me senté en el banco de debajo del  inmenso rascacielos a la espera de que mi antiguo amor terminara de empaquetar su equipo de escalada y se alejara por la avenida en busca de nuevos horizontes.

 

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  • La exposición de los sentimientos de la protagonista -y los de él a través de ella- es diáfana, la narración solvente, saltando a cada asunto pendiente sin titubeos. Bonito, felicidades.
    ¡Muchas gracias a todos! Así sí que da gusto crecer, mil gracias por leerme :)
    El tema de la ruputra amorosa es uno de mis preferidos. Hay personajes bien descritos, hay evolución y narración, luego hay relato, buen relato. Me sobran algunas generalizaciones, como "Cuando el amor te invade, es imposible expulsarlo. Esa sensación de conexión, nunca desaparece. Lo que cambia es el tiempo verbal, y es lo que hay que aprender a asumir." En mi opinión, es el relato el que debe de hacer que el lector llegue a esta conclusión, o que tenga esta sensación
    Bonito estilo en esos momentos duros en los que empaquetamos una etapa. Bueno, siempre quedará Paris, no? ;)
    Escribes muy bien, con metáforas tan maduras y perfectas. Me gusta tu forma de escribir.
    Eneri, me encanta tu estilo. Se nota que eres joven, así que sólo espero que la madurez haga contigo lo que hace con el vino. Un abrazo.
  • Nada como las tardes de domingo

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    ¿Tú piensas alguna vez cómo vas a morir? Seguro que no. No sabes cuál va a ser tu final, pero supongo –si perteneces al 99,99% de la población- que tampoco tienes mucho interés por saberlo. Por eso no le has dedicado un tiempo a pensar, que tal vez, hay algunos (y por supuesto, me incluyo como el que más) que tenemos que asumir la fecha de nuestra muerte.

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    ¿Por qué no hay ninguna regla universal que pueda atrapar al amor?

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    Y mientras él colocaba mecánicamente los abrigos en la maleta, yo continuaba pensando cómo frenar aquella hemorragia en mi vida.

    Nada puede resumir el vacío de un hombre.

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Escritora en vías de desarrollo, buscadora innata de la suerte. Del club de los soñadores.

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