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4 min
Vuelven a granizar pollos
Fantasía |
13.09.06
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Sinopsis

      Salgo de casa y miro al cielo resignado, parece que hoy vuelven a llover pollos. Es una lástima la verdad, porque si al menos cayese un chaparrón de gallinas o gallos, podría prepararme un caldito decente o incluso unas pechuguitas a la plancha. Si obviamos las plumas, claro está. Los pollos no sirven para nada. Se espachurran nada más caer. Te ponen perdido el traje en un santiamén.

      Cruzo como puedo la calle, protegiéndome con una compresa extra grande que casualmente encuentro a mi paso. Cubro mis orejas con las alas pues sé que mojarse las orejas es promesa inminente de catarro insidioso, y esta vez no me sorprenderá la tormenta; estoy preparado. Así que sigo. Entro al centro comercial, por fin y sacudo mi chaqueta de restos de pollitos kamikaze. Entro en la tienda de fotografía y la cola de clientes me persuade para buscar una sierra de cortar carne y trocear y preparar los tuétanos de los tipos que esperan, lista como arreglo de cocido. Ya tengo el caldo corto de pollitos y el arreglo de cocido. Espero tres horas haciendo acopio de fideos en el supermercado del centro comercial. Como los hombres del arreglo son grandes compro fideuá. Necesito fideos grandes.

      Vuelvo a la tienda de fotografía, ya sin arreglos de cocido que me puedan robar mi tiempo. Le pido al dueño que me haga una foto, la necesito para mi carnet de presidiario. Una de perfil y otra de frente bastarían. Debo darme prisa, pronto vendrán las autoridades y todavía debo preparar mi cocido. Aunque ando confiado. La policía siempre llega tarde al lugar del crimen. Bueno, la verdad es que llega tarde a todas partes. Menos a poner multas. El tendero me mira fijamente: “¿Quiere la foto de cuerpo entero?”- me pregunta. “No, la espalda no hace falta que salga”-le contesto. Me mira mal. No acepta mi sinceridad. Me hace la foto. No me saca la espalda. Le pago. Huyo. Según salgo del centro comercial me cruzo con un perro salchicha negro tripón. Lo hurto inflingiendo una llave de judo al dueño. Ya tengo la morcilla. Le tomo el pulso al dueño. Aún vive. Miro al cielo, cenagoso, completamente encapotado. Ahora aprieta más fuerte, según corro hacia casa. La compresa la tiré al entrar y ahora la echo realmente de menos. Granizan pollos, y muy fuerte, por cierto.
      Pronto el firmamento se siembra de claroscuros. Es lo que tiene el granizo de pollos, encapota el cielo de manera asimétrica. Lo que antes era oscuridad y lobreguez ahora parece un abanico negro abierto y rajado por las junturas. Me quedo extasiado mirando la hermosa puesta de sol que se adivina entre las grietas del abanico celeste, según los rayos rojizos se atraviesan a través de las cortinas de nubes polvorientas y pienso, “el mundo es un lugar hermoso, a la vez que extraño e inextricable”. Luego limpio un pollito que me había caído encima del trozo de tocino de un tipo. El corte no me había salido muy limpio y un trozo de epidermis asomaba, peludo, de un extremo del tocino. Lástima, eso deja mal sabor a la sopa. Tendré que metrosexualizarlo en casa. Soy un tiquismiquis.

      Entonces recuerdo que debo hacer mi cocido y que se me está haciendo tarde. De pronto caigo en que no tengo una olla express del tamaño que necesito para mi ingente cocido. Tengo una ocurrencia genial y resuelvo acudir al desguace a pedir la carcasa de una Mercedes Vito. No aceptaré un no por respuesta. Si es necesario sobornaré a los desguaceros. Sólo aceptaré lo mejor para mi cocina de gourmet. Después una buena fogata y ya estará todo lis
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