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4 min
White Rabbit y LSD
Fantasía |
28.11.13
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Sinopsis

Para leer éste cuento se necesita escuchar la canción "White Rabbit" de Jefferson Airplane...

“One pill makes you larger

And one pill makes you small”

Una de mis canciones favoritas sonaba en mi iPod. “White Rabbit.” El principio siempre me recordaba tomar mis pastillas preferidas: LSD. La voz de Grace Slick me incitaba a lamer de la estampa esa sustancia, para poder volar.

“And the ones that mother gives you

Don't do anything at all

Go ask Alice, when she's ten feet tall”

Tarda mucho en hacer efecto, eso es lo único malo. La primera vez que lo hice fue como si esas estampas y yo fuéramos amigas de toda la vida. Tenía algo de miedo de lo que sentiría o cómo me portaría con esa droga artificial, pero en mi primer viaje vi a mis ídolos de los años 60’s. Podía verlos cantando a mi lado, bebiendo conmigo. Podía ver su música, escuchar los colores y tener todas las sensaciones posibles. Era mejor que cualquier otra cosa que hubiera probado en mi vida.

“And if you go chasing rabbits

And you know you're going to fall”

El efecto estaba tardando más de lo usual. ¿Qué demonios pasa? Cierro los ojos con fuerza pero aún así sigo sin ver algo remotamente psicodélico. Empiezo a desesperarme. Justamente hoy que tenía muchas ganas de conversar con Jim Morrison y con Janis. Me levanto y camino a la cocina, para buscar mi botella de whisky. Cuando finalmente la encuentro noto que está vacía. ¡Rayos! La arrojo por la ventana, como si eso aliviara mi dolor.

“Tell 'em a hookah smoking caterpillar

Has given you the call

To call Alice, when she was just small

Corro al baño a buscar enjuague bucal o algo con aunque sea un poco de alcohol. Paso mi mano por la vitrina vacía y me siento más frustrada que nunca. Un líquido corre por mi mano, indoloro y ajeno a mi cuerpo. Me percato de su color, rojo, pero al no sentir dolor alguno descarto que sea sangre y empiezo a albergar la esperanza de que mis estampas al fin estén haciendo efecto. Me siento en el baño, esperando el resultado anhelado. Pero nada.

Me arrastro como puedo hacia la sala, buscando más estampas. Encuentro tres y sin pensarlo dos veces las introduzco a mi boca. Siento húmeda mi pierna pero no importa. Nada importa excepto mis estampas. Sin ellas estoy perdida y sola.

La voz de Grace se desvanece lentamente. Al fin entro en el hermoso letargo que me transporta a otra época. Me dejo caer en el piso, viendo a Alicia del país de las maravillas frente a mí, hablándome. Cantando y diciendo que me coma todas las pastillas, para ir al país de las maravillas con ella y con mis artistas preferidos.

Grace aparece de nuevo, para cantar el último coro de la canción. Alicia sostiene en sus pequeñas manos miles de estampas, ofreciéndomelas. Grace canta, aprobando que yo las consuma.

“Remember what the dormouse said

Feed your head!

Feed your head!”

¿Que alimente mi cabeza? Está bien Grace, lo que tú digas. Alicia mete todo ese LSD a mi boca, ahogándome en el proceso. No puedo respirar por la presión que siento en el cuello y Alicia, inocente y tierna, se transforma nítidamente en la reina de corazones. Ella grita.

-¡Que le corten la cabeza!-y parece que sus ojos se salen de las cuencas. Estoy muy asustada; ¿qué me está pasando? Sigo sin poder respirar bien, pero los gritos de la reina son lo único que perciben mis cinco sentidos. A lo lejos escucho a Grace. Quiero gritarle que me ayude, que me salve pero mi lengua está inmóvil.

“Remember what the dormouse said

Kill her head!

Kill her head!”

¿Qué? ¿Matar mi cabeza? Hasta ese momento vi la sangre escurriéndome por todas partes, como si yo fuera una fuente. Alicia toma una taza y se sirve de mi sangre. Chorros de sudor me escurren, mezclándose con mi sangre, mientras la reina se ríe a carcajadas de mí. Ella ríe tanto que me suelta del cuello, para secarse sus lágrimas de risa. Corro a la cocina, tomando en mi mano el único cuchillo que encontré. Con todo mi peso me lanzo sobre ella. Pero el cuchillo no la penetra, pues el único dolor, la única sangre y el único cuerpo que está ahí es mío.

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