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5 min
Y uno para terminar el dia
Humor |
12.02.16
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Sinopsis

Aquí dejo un relato para pensar...si es mejor que me leáis o que os acostéis.

Por culpa de mi exitoso relato, donde narro mi obsesión, en el cual creo que un ladrón va a entrar por la ventana, la cual siempre duerme abierta. A raíz de ahí, me ha ocurrido lo que os voy a contar.

                Eran exactamente las 23 horas 48 minutos de un viernes 12 de febrero de un año cualquiera, por ejemplo, este. Me encontraba escribiendo relatos eróticos para una Web de relatos eróticos < ja, menuda parrafada acabo de meter.> A esas horas, la mente se encontraba un poco desconectada, me sentía cansado y fatigado. Mis últimos relatos parecían sacados del guion de Física y Química.

El director de la Web me había mandado un correo días antes, donde reflejaba lo contento que estaba con mi trabajo, pero que, por lo visto, últimamente no lo estaba realizando como solía hacerlo. Comentaba que notaba una falta de picardía, como si mi imaginación se hubiese quedado en el codificado del Canal Plus. Creo que en pocas palabras me dijo: Te estas volviendo viejo para este asunto.

En ese momento por la cabeza se me pasó pasar de estilo de escritura, de una redacción erótica, a un estilo más sangriento; donde reflejara las vejaciones por las que haría pasar a mi jefe. Pero como he dicho, eso solo pasó por mi cabeza. Simplemente correspondí al correo con un: No volverá a pasar. Deme una oportunidad, prometo que le seduciré con mi próximo relato.

                La verdad es que las horas se hacían eternas mientras componía ese estilo de literatura. Bueno, si podemos denotarlo como literatura.

                Aquel día estaba alto de aporrear teclas calentorras. Decidí hacerme un té para dormir, con un par de cucharadas de miel y una pastillita de esas que relajan el cuerpo.

Salí del cuarto donde ubiqué mi nuevo lugar de trabajo. Un lugar cerca de la puerta, por si llaman; y cerca de la cocina, por si me entran ganas de tomar una copita. La habitación es de cortas dimensiones, donde todo queda a mi alcance con solo alargar una mano.

Al encender la luz de la cocina observé el desorden que había dejado en la cena. Siempre me gusta guarrear la encimera, así tengo más trabajo para la mañana siguiente.  Ese fue la primera observación. La segunda llegó cuando al abrir la puerta del té, me acordé de que en casa no tomamos té. Entonces tuve que buscar una alternativa a esa bebida, y opté por una botella Whisky. Llené un vaso de boca ancha con unos tres dedos del mejunje. Cogí una de las pastillas, de esas que anuncian gente que no puede dormir y mezclé dos cucharadas de miel en el vaso. La verdad es que aquello era asqueroso, pero… la comida y la bebida nos la ha dado el señor, y tirarla es pecado. Aunque a mí, me gusta más esa que dice: No tires la comida que hay gente que está pasando hambre. Pero vamos a ver, y si me como la comida, ¿Dejan de pasar hambre?

                Cuando me iba de regreso a cualquier parte, oí un ruido que provenía de la pequeña terraza que hay en la cocina. Al fondo hay un armario empotrado con dos puertas de madera y al lado una ventana. Una de las puertas se cerró poco a poco. Alguien la estaba empujando desde el interior. Hizo un chirrido que me erizó los pelos de los brazos.

Di un par de sorbos a la bebida. La dejé en la encimera y anduve unos pasos, hasta estar a la altura de una pequeña cortina que separa la cocina de la terraza. La puerta terminó de cerrarse. Hice el intento de retroceder, pero entonces recordé que iba a escribir esto, y no podía quedar como un gallina. Pero si como un borracho, eso sí. Lancé una pregunta al aire <¿Quién hay ahí?> Cruce los dedos para que el que respondiera fuese el viento. Pero esa no fue la respuesta. Una voz áspera me respondió desde el interior. Me pedía que fuese a abrir la puerta. Que yo mismo descubriera quien era.

                Me decidí a moverme y a descubrirlo. Si no lo hacía por mí, al menos lo haría por el relato. Ande unos pasos firmes y me hice con el mango de la puerta. La voz que respiraba detrás era angustiosa.

Entonces abrí de golpe la puerta y ahí estaba. Otro relato más que subir al TUSRELATOS. 

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