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2 min
Y'a une fille qui habite chez moi
Varios |
06.03.07
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Sinopsis

      Bolígrafos gastados, acumulados en el fondo de una mochila, servilletas garabateadas con palabras ininteligibles o extraños símbolos de una mente en blanco. Un bote de champú casi vacío junto a uno nuevo, el que usa. Y el desodorante, y los bolígrafos; jamás los gastará del todo, por eso los conserva, pero nunca invertirá su esfuerzo en extraer esa última gota de contenido que necesita para decidirse a desecharlos. Usará el nuevo. Sin premeditación; pura simpleza.
      Zapatos nuevos, sin cordones. Sábanas limpias los sábados, casi todos; con cuatro juegos distintos sólo alterna las azules y las de rayas, las que quedan siempre encima del montón. Las sábanas blancas quedaron debajo el fatídico día que fueron colocadas en el estante por primera vez, las otras ni las recuerda; en cualquier caso, las sábanas blancas son para los hospitales, así que agradece la innegable fuerza azarosa que las posicionó en tercer lugar, en la línea sucesoria.

      Y llega ella y ahora las sábanas limpias se colocan debajo, y rotan todas, también las blancas, y los bolígrafos gastados van a la basura y el bote de champú es colocado en posición invertida, para poder extraer hasta la última gota de jabón. Las servilletas garabateadas se convierten en caramelos de papel que él fabrica para ella, y que deposita por sus esquinas. Y exprime naranjas por las mañanas mientras ella remolonea en la cama, sabe que aún tiene cinco minutos y los hará eternos. Y un par de palabras en un idioma que sólo comprenden dos la hace sonreír, ahora es un pequeño rayo de sol quien la acaricia y comparte sus legañas. Ha vuelto a perder una de sus zapatillas. Y la rutina, su rutina, sigue su curso imparable.

El título es una canción de Benabar (Hay una chica que vive en mi casa)
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