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4 min
¿Yo, inteligente?
Varios |
29.03.08
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Sinopsis

No me considero inteligente.

Bueno, quizás lo soy. Pero uno de esos que se destaca por hacer menos estupideces.

¿Qué impresión puede causar en una mente medianamente sana saber que la mayoría de sus grandes razonamientos sean justo después de errores aún peores?

Se tiene la extraña sensación de un bienestar en aras de un avance a punta de retrocesos, que es parecido a lo que hacemos la mayoría para rectificar nuestra conducta o bien para cuantificar una teoría. En tal caso habría que considerar lo que se aprende después de un error y su beneficio en comparación a su consecuencia para recién ver el saldo final. Es lo que algunos autonombrados “eruditos” y “sabios” llaman experiencia.

El niño cae, se hace una herida y tal vez llora. Y a esto se le llama aprendizaje. Sin embargo yo no ocupo tiempo en resolver ese dilema porque es inevitable estar ajeno al dolor en esta vida.

El padre ve caer al niño, se asusta y es muy probable que se sienta culpable si se vuelve a caer bajo su tutela. Pero él le llama protección.

Dado el caso, a grandes rasgos, destacaría dos hechos concretos de la escena pasada:

1-      Dos personas pueden sacar dos conclusiones distintas de un mismo hecho.

2-       Cuando el niño crezca hará lo mismo que el padre, muy probablemente.

La verdad, mi verdad, es que la experiencia en realidad es un aprendizaje que se basa en momentos de la vida según la vivencia, asimilación y conclusión de un individuo. Y así mismo la utilidad que tiene para una persona no la tiene para otra, considerando la variación de situaciones y mentalidades.

De tener algún sentido todo esto, entonces, ni aún todo el conocimiento del mundo me libra de ser ignorante si no sé como asimilar esta información y transmitirla en mis actos y palabras a otros. Por ende, y a sabiendas de que no me libraré nunca del error, ofrezco no endurecer los errores que ya vengo cargando como conducta de mi vida hasta formar mis hábitos.

Si pienso que aceptando un hecho como verdad debo refutar otro como mentira, estoy errado.

Pero no porque mi elección sea la correcta o no ya que no tengo como confirmarlo a ciencia cierta. Sino porque sesgo la realidad, y al aprender un concepto he desechado otro que complementaría aún más mi cocimiento sobre el tema.

Ejemplo:

Si me inclino por hacer el bien no puedo dejar de comprender con igual de profundidad lo que es el mal. Entonces me pregunto:

1-      ¿Puedo hacer el bien con otro propósito que no sea el bien y es malo?

2-      ¿Puedo dejar de hacer el bien sin hacerle daño a alguien y es malo?

3-      ¿Puedo incluso eliminar todo vestigio de maldad y ser bueno?

A simple vista hacer el bien podría obedecer una buena conducta, pero es apenas el fruto de una raíz más profunda.

Aún más simple sería exponerlo en función de la ayuda que uno da, o mejor dicho de las distintas formas de ayuda que uno cree dar.

1-      Cuando se hace el bien con otro propósito que no fuere el bien ya modifica el último resultado. Puede crear decepción en la persona que lo hace esperando algo a cambio, o bien inseguridad en quien lo recibe de conocer la intención. Y aunque el acto es bueno la consecuencia no. En consecuencia no se hace el bien.

2-      Si alguien me pide ayuda y no la doy no le hago daño a nadie directamente
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Yo no escribo... vomito tinta. Y aunque mi disimulada humildad parezca contradecirme, no creo particularmente que alguien sea igual de paranoico que mi persona y rebata esta tesis que tengo sobre este "arte" de juntar letras. Relatos varios y tiempodedicado al ocio en su estado más puro, son cuales hijos y madre. Yo, personalmente, no premiaría tan mediocre unión de "noble" con estatuillas, premios y otros varios: simplemente me interesa la opinión de un simple ciudadano... un posible personaje de esta parodia que alguién oso llamar vida... Gracias por su tiempo (porque yo no te lo devolveré)

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