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3 min
Yogures, muchos yogures.
Varios |
17.12.06
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  • 1849
Sinopsis

      Yogures, muchos yogures. Siempre pensé que un trocito de cada persona se camufla en su lista de la compra, en los alimentos que reposan indiferentes sobre la cinta neumática. Chica sana, chica limpia, chica precocinada, chica soltera... son muchos los aspectos que pueden leerse, sin tener que ser ningún Sherlock Holmes. En mi caso eran yogures, naturales desnatados, para más inri. Vaya, chica agria, pensé. La señora de delante mostraba un enorme envoltorio de chocolatinas. Señora con niños, no cabía duda. Fue entonces cuando se apoderó de mí la terrible necesidad de convertirme en una chica dulce – a saber qué clase de demonio me poseyó en aquel instante – y agarré distraída una tableta de chocolate dispuesta junto a la caja, me tentó en el último momento.
      Entonces le vi. Nunca me atrajeron los hombres mayores, al contrario; de hecho, mis últimas tendencias al niñaterío, a mezclarme con mentes inmaduras cuyo recién adquirido derecho al voto aún no se había visto consumado, empezaban a clavarme las uñas. Pero jamás vi una mirada como aquella. Parecía leerme o beberme, pero con la sabiduría del que calla y observa, y escucha. Metí la mano en el bolsillo y apagué la música que flotaba entre él y yo; quería oírle, si es que hablaba. Mis yogures comenzaban a deslizarse por la cinta, y yo me desplacé con ellos, dejando sitio a su leche semidesnatada; poco que leer al respecto. Afinidad láctea, quizá. Noté que sus ojos perseguían mis manos mientras sacaba la cartera; posiblemente confundió algún retrato fraternal con un amante apasionado. Fue entonces cuando alcé la vista, y vi claramente sobre sus ojos aquella maldita lista de la compra. Fruta madura, sin duda alguna. Fruta madura. De la que se endulza con el tiempo, y que se pudre si nadie se la come. Más dulce cuanto más cerca del fin.
      Pensamientos acorazados, de azar, de casualidades que no saben hablar, de posibles lugares en los que encontrar fruta madura. Mis yogures en la bolsa y hacia la puerta; él y su leche me la sostienen, paso primero. Yo a la izquierda y él a la derecha; al tiempo. No voy a volver la vista atrás y él tampoco. Las miradas sólo son espejos. Y puede que algún día conozca al hombre de mi vida en un supermercado, y puede que algún día le mantenga firme la mirada de fruta madura; pero quizá para entonces ya no coma yogures.
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  • No me gusta repetirme. 'Patucos', Yogures,...' y 'Recuerdos...' muy en tu línea. No se puede decir que sean malos textos, al contrario, son buenos, pero será por mi locura lectora que sé que atraen aquellos relatos en que se cuentan hechos que ocurren a otros o a ti, más que describir sentimientos y pensamientos internos, íntimos. etc. Un ejemplo de lo que digo para mi gusto es 'La extraña costumbre gala'. Pero lee bien, esto me gusta, pero mucho más lo 'otro', que creo que será el camino final que deberás escoger si quieres convertirte en escritora en exclusiva y llegar a publicar. No es lo mismo escribir sólo para ti, para satisfacer tus necesidades anímicas, que escribir para que otros te lean (con interés, claro). De cualquier modo, hasta que tengas tu objetivo claro, escribe sobre todo lo que se te ocurra pues esa es la forma de practicar para mejorar.
    Chica al vacío (juas, juas) pero llena. Esos maduritos...(juas, juas)
    Es muy bueno, consigues relatar de maravilla un gesto cotidiano, y un posible quizás no tan cotidiano
    doy gracias por no ser cajera del carrefour, despues de leer tu relato no sé si hubiera sido capaz de que mis gestos no revelaran mis pensamientos al ver según qué cinta transportadora.
    cuando entre en el super ahora pensare que los artículos que compro,dan información sobre mi vida
    Es original, aparte de estar bien escrito, como siempre. Pero un consejo, no te fies de los yogurts... son una arma de doble filo.
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