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5 min
Your Skull is red
Amor |
27.05.09
  • 5
  • 4
  • 1040
Sinopsis

una pequeña historia de amor a primera vista algo extraño

Your Skull is red
      -¿Tu le has hablado a mi hijito de Dios?
      -Así es.
      -¿Y por qué diablos has hecho eso?
      -Verás. ¿Sabes qué es lo bueno de los niños? Que todo es fantasía para ellos. No se cuestionan qué es real y qué no. Para ellos Dios es como el coco o la cenicienta. Como un centauro que no han visto nunca.
      -Grrr...
      -Además, lo importante, amigo mio, no es creer en Dios. Creer en Dios o no, carece de valor. Lo realmente importante es creer que él te va a ayudar en algo. Eso es lo que diferencia a los católicos de los creyentes.
      El Sabio se dió la vuelta y salió de la estancia. Miró al cielo. En su opinión, había hecho lo que había podido. Ese pobre niño crecería en un mundo rosa, sería algo mimado, y hacerse un hombre sería taréa suya, exclusivamente suya. Ya le había enseñado todo lo que sabía, todo lo que sus padres no querían que supiese. Ya no podía hacer nada por él.
      Cuando acabas un gran trabajo, algo te falta en la boca del estómago. Cuando una etapa de tu vida termina, otra ha de comenzar. Mientras, puede gozarse de un tiempo de relajación y de reflexión. El sabio encendió un cigarro, y decidió ir a tomarse algo por la ciudad. Desechó un par de bares por muchedumbre, y entro en un bar de jazz, un sótano ambientado y oscuro. Se sentó en una mesa cercana a la puerta, algo alejada de la poca gente que había. Pidió un “Zumo de pitufo”, un tercio de vodka, un tercio de ron blanco, y un tercio de blue tropic. Y mientras lo bebía, observó a la gente.
      Una chica llamó la atención. Siempre, siempre hay una chica que llama la atención.
      El sabio se recostó y disfrutó de la visión un rato. Ella, como ocurre con las chicas inteligentes, se dió cuenta. Estaba sentada en la barra, hablando con una amiga. Hechaba alguna que otra mirada de reojo sin intención de ser ocultada. Algún tipo de magnetismo estaba creándose, estaba flotando en el aire esa noche.
      Al rato, las dos amigas se levantaron, y se dirigieron a la salida. Cuando llegaron a la altura de la mesa del sabio, se despidieron, y la chica llamativa se sentó. Podría decirse que su piel era visualmente tactil. Esto quiere decir que no sin tocarla, podía saberse el tacto que tenía su piel, tan solo con verla. La suavidad, cualquier leve roze era una promesa de una caricia en algún otro lugar de su cuerpo. El vestido, sin ceñir, realzaba su figura extrañamente. No era de las mujeres más guapas que había visto el sabio, pero si de las más atractivas. Algo llamó su atención. Ciertas pecas verdes en las paredes de la nariz, le daban un aire cándido y exótico, como una flor carnívora.
      Cruzó las piernas, apoyó un brazo en la mesa, y dejó caer la cabeza hacia atrás, mostrando su cuello.
      El sabio observaba. Sabía que era una mosca que había caído en su red, pero no le importaba. Al fin y al cabo, el sabio sabía muchas cosas. Y por supuesto, salir de las telas de araña era una de ellas. El sabio había previsto todo lo que iba a pasar. Primero le invitaría a un trago. Luego dejaría que ella tomara la conversación. Ya que era la que se había acercado, veríamos como desarrollaría el evento. Luego, el la sorprendería con sus encantos y su sabiduría, y al final, la acompañaría a su casa.
      Mientras él pensaba estratégicamente sus jugadas de ajedrez, ella adoptó una posición correcta, y dijo, derrepente, “Tu esqueleto es rojo”.
      El sabio, sencillamente, se quedó sin palabras.
      -¿Cómo? -dijo
      -Que tu esqueleto es rojo. Repitió ella. Su cara se tornó espectante.
      -Uhm.. -El sabio encendió otro cigarrillo. Esta conversación iba a desarrollarse lentamente. Su estrategia estaba anulada. Esta no era una chica normal, tocaba improvisar. Hacía tiempo que nadie suponía un reto como este. Estaba algo oxidado. Bebió otro trago, y disfrutó del reto, de la dificultad, del momento previo.
      -¿Cómo puedes saber que mi esqueleto es rojo? -dijo al fin.
      -¡Es imposible no verlo! Brilla a través de tu carne. Lo ví desde la barra. Tu esqueleto es rojo. El mio también.
      El sabio entornó los ojos. Intentó ver el esqueleto de la chica, pero le resultó imposible. Esto le excitó aún más.
      -¿Qué hay que hacer para poder verlo?
      -Uhm.. -la chica perdía emoción en las palabras.- Hay que saber disfrutar de la vida, amigo mío.
      -La vida es un campo de minas.
      -Hasta esquivar minas tiene su encanto.
      -¡Pero no perder una pierna!
      Hay gente que convierte la delicia de la conversación en una lucha por turnos.
      La chica se levantó. Apagó el cigarrillo, y le acercó un papel, un post-it rosa.
      El sabio sencillamente observaba atónito. Toda esta situación se le escapaba de las manos, y no estaba acostumbrado a ello.
      Ella le guiñó el ojo, y le dijo: “Llámame cuando veas mi esqueleto”. Y salió del bar.
      El intentó ver su esqueleto. Cerró los ojos. Hizo fuerza. Consiguió ver algunas luces en sus parpados, pero nada más. En el papel rosa estaba su número de teléfono, pero no sabía que hacer con el. Aún no veía los esqueletos.
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