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Du côté de chez Swann (I)

Proust, Marcel Du côté de chez Swann (Folio, París: 1988; préface d'Antoine Compagnon)

Cuánto aprenderían algunos jóvenes narradores –y me refiero a los que no pasan de los 50- si leyeran aunque fuera un solo clásico. Proust, aunque francés, es uno de ellos y esta reseña –dividida en cuatro entregas- va dedicada al primer volumen de su À la recherche du temps perdu.

De momento diré que la frase inicial es emblemática: Longtemps, je me suis couché de bonne heure (p. 51). Más aún, girando alrededor de las dos palabras en negrita se puede dar cuenta de la obra entera. En cambio yo la abordaré por apartaditos:

  • La Recherche es un constante franquear umbrales: el umbral de la memoria voluntaria que se cruza a base de insomnios: je passais la plus grand partie de la nuit à me rappeler notre vie d’autrefois, à Combray chez ma grand-tante, à Balbec, à Paris… (56); el umbral de la memoria involuntaria, que se libera a partir de las sensaciones como en el conocido episodio de la magdalena mojada en el té: je portai a mes lèvres une cuillerée du thé où j’avais laissé s’amoillir un morceau de madeleine (101); Je rétrograde par la pensée au moment où je pris la première cuillerée de thé (102); Et dès que j’eus reconnu le goût du morceau de madeleine trempé dans le tilleul… toutes les fleurs de notre jardin, et celles du parc de M. Swann, et les nymphéas de la Vivonne, et les bonnes gens du village et leurs petits logis et l’église et tout Combray et ses environs, tout cela qui prend forme et solidité, est sorti, ville et jardins, de ma tasse de thé (104). El sueño incluso: mediante él penetra en un mundo donde evoca no el recuerdo de lo que fue sino de lo que ha de venir: une femme naisait pendant mon sommeil… j’allais me donner tout entier à ce but: la retrouver (51); esa mujer va a ser Gilberte, la muchacha con la que juega en los Champs Elysées al final del volumen, y de ese modo el sueño adquiere carácter de creador: el novelista crea un personaje que sueña y ese personaje crea una mujer personaje también de la novela. Y todo ello -el recuerdo, el sueño, la evocación- permite acercarse a la obra desde un ángulo muy próximo al anterior de los umbrales para decir ahora que el recuerdo actúa como un resorte doble que nos lleva a tres tiempos: el narrador recuerda al durmiente desvelado y el durmiente desvelado recuerda al protagonista. 
  • La asociación, siguiendo el ejemplo de la magdalena, va a ser una constante en la novela. Otro ejemplo: el mes de María, mayo, se asocia al espino blanco (aubépine [184]); pero por ese camino se llega, desde la Virgen, a la mujer opuesta, a une blanche jeune fille (185) que resulta ser la hija de M. Vinteuil sobre la que girará luego el tema del sadismo y la homosexualidad femenina (242-250); es más, esa mujer no va a ser sólo la oposición a la Virgen sino a cualquier modelo de feminidad al presentársenos como la parte masculina de esa relación homosexual en forma de un garçon… robuste (186); y seguidamente se cerrará el círculo comparándola, a partir de sus mejillas sonrosadas, con la flor del espino blanco (186).
  • La composición de la obra se basa muchas veces en ese proceso circular que acabamos de ver: Virgen = espino blanco, Mlle. Vinteil = espino blanco. En realidad es lo mismo que ocurría más arriba en las citas dedicadas a la taza de té: probaba el té, se disparaban los recuerdos y acababa volviendo al punto de partida, la taza de té. Otro ejemplo: la preocupación de la tía Léonie por saber si Mme. Goupil était arrivée a l’église après l’élévation (170) en cuyo caso no cumple con el precepto dominical; recibe seguidamente la visita de Eulalie, que es quien le puede informar de ello, pero acude también el cura; la conversación con este último comienza tratando de las vidrieras de la iglesia y de ahí deriva hacia la antigua nobleza local o la etimología de la toponimia; tras ello, se marchan el cura y Eulalie, y la tía Léonie dice a su criada Françoise respecto de Eulalie: Croyez-vous que j’ai oublié de lui demander si Mme Goupil était arrivée a la messe avant l’élévation! (180). Otro ejemplo: el narrador introduce la idea del sadismo (242) y, acto seguido, ve, a través de la ventana, a Mlle. Vinteuil (243) y luego a su amiga tumbándose sobre ella en el sofá (248); su amiga querrá escupir sobre el retrato de M. Vinteuil, que tanto se había desvivido por su hija (249), y así se cierra el círculo del sadismo: Les sadiques de l'espèce de Mlle Vinteuil sont des êtres si purement sentimentaux, si naturellement vertueux que même le plaisir sensuel leur parait quelque chose de mauvais (248-249); C'est ne pas le mal qui lui donnait l'idée du plaisir, qui lui semblait agréable, c'est le plaisir qui lui semblait malin (249).

No sé si soy un troll o un yorreal.

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