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Du côté de chez Swann (III; ahora con las citas en español)

Otro de los ángulos desde el que también se puede acceder al texto y encontrar riqueza de significados es a partir de la comparación entre el narrador-protagonista y Swann sea a base de paralelos, sea a base de oposiciones:

  • Las flores:
  1. Ya hemos visto la profusión de flores en el texto. Pues bien, sin entrar en la relación simbólica que desde el mundo clásico (Collige,virgo, rosas [Ausonio]) o renacentista (En tanto que de rosa y azucena [Garcilaso]) se da entre las flores y la mujer, Swann las asocia constantemente: a la vez que con Odette, mantiene relación dentro de su coche con una Obrerilla fresca... como una rosa (316) justo después de haber enviado rosas a Mme Verdurin (316). Y la relación entre Swann y Odette comienza a base de flores: el crisantemo (318) que Odette ofrece a Swann y que éste evocará cuando la pasión quede atrás (473-475); Ella encontraba... formas “divertidas”... en las orquídes, en las catleyas sobretodo, que eran, con los crisantemos, sus flores preferidas (320). Y las catleyas se convertirán en la flor que marca su relación sexual: Odette las lleva en el pelo y en el escote (333); tras un pequeño golpe en el coche, se desplazan, Swann se las recoloca (334-5) y ese mismo día la posee por vez primera. Por ese camino la flor formará parte de la frase eufemística para su relación sexual: la metáfora “hacer catleya”, convertida en un simple vocablo que usaban sin pensarlo más cuando querían referirse al acto de la posesión física (336); no habrá catleya esta tarde, ya ves que estoy mala! (383). Y ni que decir tiene que desflorar es un eufemismo del mismo campo léxico.
  2. En realidad, es exactamente lo mismo que veíamos al decir que el narrador-protagonista relacionaba ciertas flores como el espino blanco con la Virgen, con Mlle. Vinteuil... Yendo más allá, sorprende el paralelo cuando se fija, como Swann con las catleyas, en las flores del escote de Odette, convertida ya en Mme. Swann: la emoción que sentía yo... al encontrarme con Mme Swann... alrededor de la cual todo el ambiente de su piso quedaba evocado simplemente con el ramillete de violetas que se aplastaba contra su escote (572). Y de parecido modo ocurrirá con la hija de ésta, Gilberte, cuyo nombre oirá pronunciado por encima de jazmines (221).
  •  El amor: es complejo el haz de relaciones que se establece entre los personajes a partir de sus relaciones amorosas.
  1. De un lado, el protagonista es hijo de un matrimonio convencional y considera a sus padres como los ideales. Serán así la oposición a la relación entre Swann y Odette que tendrán a su hija Gilberte antes de casarse
  2. De otro lado, se pueden trazar paralelos en las relaciones Swann / Odette y protagonista / Gilberte. En efecto, Un amour de Swann es un relato sobre los amores entre un esteta, un dandy, y una mujer mundana, la cocotte; su relación se basa en el interés, en el intercambio del dinero que Swann entrega en pago de las prestaciones físicas de Odette. A continuación, en Noms de pays : le nom, se narra la inocente relación entre el protagonista colegial y Gilberte en los Champs Elysées de París de modo que puede servir de contrapunto a la historia anterior. Y ya antes se había producido un proceso de idealización de Gilberte cuando, antes de aparecer ella, el protagonista oye su nombre(1) : Así pasó junto a mí ese nombre de Gilberte, entregado como un talismán (221); Cuando hablaba con mis padres, languidecía por la necesidad de oírles el nombre de Swann, convertido por mí casi en mitológico. No me atrevía a pronunciarlo por mí mismo pero derivaba la conversación hacia temas que se aproximasen a Gilberte (224); Ese nombre de Gilberte pasó junto a mí evocando la existencia de aquella a quien designaba y nombrándola no sólo como a alguien ausente de quien se está hablando, sino como a alguien a quien se está invocando (533).
  3. Visto así ambas historias amorosas son opuestas. Sin embargo, hay rasgos que convierten a Gilberte en la figura opuesta a la niña inocente que parece: de un lado, y sin que ella tenga culpa, es hija del pecado al nacer antes del matrimonio de sus padres; de otro lado, el protagonista, tras el paso de Gilberte, queda con la sensación de el olor del espino blanco (216) pero inmediatamente su abuelo le señala un espino rojo: "Tú, que gustas del espino blanco, mira un instante este espino rojo; ¡es bonito!" En efecto, era un espino rojo, más bonito aún que los blancos (218). Acto seguido, precisamente en el momento posterior a oír su nombre, el protagonista ve ese nombre desplegándose bajo el espino rojo (221). La oposición espino rojo / espino blanco, calco de la misma que contiene el endecasílabo de Garcilaso (soneto XXIII,1) que citábamos antes (rosa / azucena) o del clásico binomio fuego / nieve petrarquista remite a la oposición pasión / contención de modo que apunta hacia otra faceta de Gilberte que la aproxima tanto a su madre como a otras mujeres como Mlle. Vinteuil.
  4. Dijimos que el protagonista, paseando por el lado de Swann, veía a Mlle. Vinteuil con su amiga; entrando en más detalle diremos ahora que lo que le ocurre es casi una visión (cuando me desperté... vi a Mlle Vinteuil [243]), que el protagonista se convierte en un voyeur (La ventana estaba entreabierta, la lámpara estaba encendida, yo veía todos sus movimientos sin que ella me viera [243]) y que es así como ve a las dos mujeres en acción (Mlle Vinteuil acabó por caer en el sofá cubierta por el cuerpo de su amiga [246]). Pero ese papel de voyeur le aproxima a Swann justamente en el mismo aspecto, el lesbianismo: en efecto, cuando Swann recibe un anónimo denunciando la infidelidad de Odette incluso con mujeres (486), no para de interrogarla de forma obsesiva hasta hacerla confesar primero que Mme. Verdurin le había hecho proposiciones ("Vigila, yo sabré cómo enternecerte, tú no eres de mármol" [491]) y luego que sí, que lo había hecho quizá hacía mucho tiempo, sin darme cuenta de lo que hacía, quizá dos o tres veces (494); pues bien, esa actitud, esa insistencia enfermiza de Swann, no anda lejos del voyeurismo: es como si Swann disfrutara de modo masoquista imaginando a Odette en brazos de otra mujer.
  5. Siguiendo con los celos de Swann, que le llegan a provocar un complejo sueño (513-515) podríamos decir que tienen su paralelo en el protagonista, que también sufre de celos precisamente a causa de Swann. Es el momento recurrente en que su madre no sube a darle las buenas noches: aquellas veladas,... cuando venía gente a cenar..., ella no subía a darme las buenas noches. El mundo giraba habitualmente alrededor de M. Swann (62); lo mismo más tarde: A menudo me sentía ridículo aquellas noches en que mandaba recado para que mamá subiera a mi habitación a darme las buenas noches mientras ella tomaba café con él (549).
  6. Enlazando ahora con ese masoquismo de Swann del que hablábamos, también el protagonista hace gala de él al oponer la mirada de bondad de Mme. de Guermantes a la mirada de desprecio de Gilberte: yo la amaba, pues a veces basta para que amemos a una mujer que ella nos mire con desprecio como yo había creído que había hecho Mlle Swann y que pensemos que ella no podrá pertenecernos jamás; a veces también puede bastar que ella nos mire con bondad como hacía Mme de Guermantes y que pensemos que ella podrá pertenecernos (265-266).
  7. Por fin, Adolphe, tío abuelo del protagonista había sido también amante de Odette (135) de modo que casi se da un lazo familiar entre Swann y el protagonista. Adolphe y el homosexual Charlus (436) serán los personajes que Swann utilizará como correveidiles cuando tenga problemas con Odette (431, 443-445). Diremos de paso que irónicamente Charlus provocará murmuraciones en Combray sobre Swann una vez casado con Odette: "Creo que hay mucha suspicacia alrededor de la fulana de su mujer, que vive, según sabe todo Combray, con un cierto señor de Charlus. Es el rumor de todo el pueblo" (88). Cabría anotar también que el abuelo, al contrario del tío Adolphe, toma distancias con respecto a Swann y, al recibir algún sobre con su letra, dice: "Aquí tenemos a Swann que quiere pedir algo: ¡en guardia!" (286); por ese proceso de circularidad que comentábamos más arriba, lo mismo se repite poco después (293): Un día recibió una carta de Swann preguntándole si podría presentarle al matrimonio Verdurin: "¡En guardia! ¡En guardia! Había exclamado mi abuelo (393).
  • El arte: tanto el protagonista como Swann aprecian  la realidad a través del filtro del arte que no es otra cosa que tiempo detenido, esto es, la antítesis de ese tiempo perdido del título global de la obra:
  1. El protagonista, al morir su tía Léonie, compara su propio duelo con el de Françoise para concluir: esta idel del duelo sacada de la Chanson de Roland y del retablo de Saint-André-des-Champs me era simpática (236). De modo parecido ocurre con el espacio de sus juegos infantiles con Gilberte: Ir a los Champs Elysées se me hizo insoportable. Si sólo Bergotte los hubiera descrito en alguno de sus libros, yo habría deseado conocerlos sin duda ninguna (532). (Y por cierto que no se entiende, a propósito de esto último, la siguiente frase referida al protagonista y Gilberte siendo niños si no es un caso de precocidad: yo le había preguntado si ella no tenía un opúsculo en el que Bergotte hablaba de Racine [543])
  2. Por su lado, la atracción de Swann por Odette se basa en que ella impresionó a Swann por su parecido con la figura de Zéfora, la hija de Jetro, que se puede ver en un fresco de la Capilla Sixtina (322; y de nuevo circularmente poco después: acercándose la fotografía de Zéfora, creía estrechar a Odette contra su corazón [325]). Ya en relaciones, igual que ambos asociaban el acto sexual a una flor, tomarán como emblema la frase musical de Vinteuil, que era como el himno nacional de su amor (316); La frasecita musical seguía asociándose, para Swann, al amor que sentía por Odette (339); y sólo ese fragmento es significativo: "¿O necesita usted del resto? Le había dicho ella. Es nuestro trozo " (317). Se interrogan sobre el compositor ignorando que es el mismo que Swann conoce, esto es, el padre de la lesbiana: pedía información sobre Vinteuil, sobre la época de su vida en que había compuesto esa sonata, sobre lo que había podido significar para él la frasecita musical (309); y dedica a ello hasta cinco páginas: ¿cómo había sido su vida? (476), Swann no sabía si Vinteuil vivía aún (481).
  • Por fin, diremos que hay algún otro punto en común disperso entre el protagonista y Swann:
  1. Más arriba hemos visto los celos que el protagonista siente de Swann cuando su presencia impide que su madre suba a darle las buenas noches. Pues bien, el narrador traza un paralelo entre ese momento y otros que sufre Swann cuando, en público, ve a Odette y no puede hablar con ella: La veía pero no se atrevía a quedarse por miedo a irritarla... volvía a casa solo, se acostaba tan ansioso como lo estaría yo mismo algunos años después las noches en que él vendría a cenar a casa (413-414).
  2. También en otro de los momentos clave del texto se acercan el protagonista y Swann. Veíamos el consabido episodio de la magdalena mojada en té. Pues también Swann aprecia el té: Odette preparó a Swann "su" thé y le preguntó: "¿Limón o crema?"; y como respondió "crema", le dijo riendo: "¡Una nube!" y como él lo encontraba bueno: "¿Ve usted cómo yo sé lo que le gusta?". Ese té, en efecto, le había parecido a Swann algo precioso... (321).

Nota 1.- Nos llevaría muy lejos analizar el paralelo con el Fiat lux bíblico pero básicamente el proceso es el mismo: Yahveh pronuncia el nombre de la luz antes de que ésta exista y el protagonista oye el nombre de Gilberte antes de verla en persona.)

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