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El hombre sin atributos

Finalmente leí este libro que se me estaba quedando en el tintero hace mucho tiempo. Pertenecía a uno de esos libros importantes e imprescindibles, pero que por un motivo u otro siempre se van quedando en el tintero o postergando su lectura, a veces, por demasiado tiempo, sin duda.

Por fortuna esta lista de los imprescindibles no leídos, los del tintero de mañana, siempre se van reduciendo más, aunque es una especie de ilusión, porque siempre van apareciendo otros, en la medida que más se lee.

Desde un punto de vista “filosófico” literario, debo decir que lo único seguro es que nos vamos de este mundo, cual más cual menos, más solos que Toribio el náufrago, y con una excesiva cantidad de libros importantes no leídos, y tantos también que pudimos haber leído con el tiempo terrenal que nos tocó en gracia, y que no leímos por una u otra razón.

En el fondo es parte de la vida de la lectura esta cantidad de libros infinitos que nos rodean desde una biblioteca inmaterial e infinita a la vez, digamos al estilo de la biblioteca de Borges.

Tornando a este libro de Musil, debo decir que me enfrenté a una lectura no fácil, si bien los argumentos , la temática pudiera ser simple, por modo de decir, la estructura, la forma, el lenguaje y, sobre todo la fuerte carga de ideas, de contenido, la densidad y profundidad de estos aspectos obliga a estar muy atento y concentrado para no dejar pasar relaciones que después es difícil de aferrar y construir la unidad de la historia o pasajes de ella, en esta novela.

En cada ángulo de sus páginas me encontré con un fecundo brotar de ideas, contenidos, novedades. Reflexiones de todo tipo y de los más variados argumentos, donde casa personaje representa o significa, a mi modo de ver, una visión del mundo no banal, diría extraordinaria. Todo aparece en permanente cambio, evolución y sin llegar, aparentemente a conclusiones definitivas de algún tipo.

Seguramente en esta metamorfosis existencial de los personajes, probablemente la más acentuada sea la del protagonista principal, Ulrich, y en esto veo que radica la fuerza y el entusiasmo que la lectura de esta novela me comunicara.

Un libro interminable (1791 páginas) que pareciera que no va para ningún lado, justamente o paradójicamente porque va para tantos, como es la existencia misma, o la realidad misma de la buena literatura, donde, si he interpretado bien a Borges, todos los libros forman parte de uno solo, y cada uno son tentativos, simulacros que van formando ese río infinito de la literatura, cuya fuente brota desde tiempos remotos, desde épocas y lugares lejanos y diversos, cuyas grandes obras van dialogando entre ellas. En forma más fantástica y metafísica se diría, creo, que el río de la literatura ha existido siempre, y desde donde los grandes escritores, de vez en cuando, sacan alguna cucharadita de ese fluir infinito, de esas aguas eternas y así van naciendo las grandes obras, los clásicos que nos cuentas de la natura de ese río fantástico e invisible de la literatura, me viene de decir ideal: una figura platónica, del hiperuranio.

Después de esta digresión, de la cual no estoy seguro de su sentido e imagen, vuelvo al libro concreto de Musil, para decir que en él, y con un cierto grado de alegría o felicidad de lector, descubrí algunos de esos diálogos entre libros, hipertextuales, porque ciertas alusiones o ideas, o parte de ellas la memoria me las trajo desde otros libros que había leído con anterioridad, pero no puedo decir que éstos eran las fuentes originales, o venían desde otras más lejanas, donde Musil las descubrió, y es muy probable que esta segunda hipótesis sea la verdadera. En todo caso no cambia en nada el momento real de alegría, que fue un hecho, una realidad en sí misma nacida desde mi lectura de la novela.

En la novela hay, como decía, muchas historias y muchos personajes, pero todos estos elementos están relacionados entre sí, al parecer. El hecho específico o particular de cada una de ellas me pareció individuarlo en que éstas nunca se concluyen en forma definitiva, y todo queda como abierto a interpretaciones o imaginaciones de cada lector, digo yo.

Lo anterior es contradicho, eso sí, por la historia de Diotima, la hermosa y filósofa prima de Ulrich, la cual lucha y concluye el proyecto de la Acción Paralela, aunque no se hubiese concretado con éxito, debido a toda la decadencia del Imperio austriaco de esos años (inicios del ‘900). A este proyecto político la novela le dedica bastante espacio, seguramente por el valor histórico de él. En todo caso, y en mi caso, no me interesó particularmente, aunque en su elaboración y desarrollo suceden siempre grandes cosas desde el punto de vista estilístico y literario, en mi opinión. El resto, seguramente tiene más interés en particular para los lectores austriacos, alemanes, húngaros, pienso yo. En suma, se trata de la historia del Imperio Austrohúngaro.

En todo encontré interesante la forma en cómo se abordan los diversos argumentos relacionados con este proyecto que busca reunir a diversas personalidades, con un general incluido (una especie de monigote), cuya invitación al proyecto fue una broma de un joven africano, Soliman, y enamorado de la mucama de Diotima.

La historia de estos jóvenes enamorados es bastante simpática, como breve, ya que improviso no se habló más de ellos.

En el segundo tomo de la novela se le dedica amplio espacio a la hermana de Ulrich, Agathe, y la extraña relación entre ellos, la cual al final desemboca en un amor incestuoso, con todos los remordimientos del caso.

Clarisse es otra mujer, o personaje femenino bastante particular como interesante, es la mujer de Walter, Clarisse, ambos son músicos y amigos de Ulrich. Viven en un tranquilo lugar fuera de la ciudad, donde, además, vivió por un tiempo con ellos una especie de gurú, que ejercía una fuerte influencia, digamos mística, sobre Clarisse.

Clarisse es un personaje fascinante, una mujer extraña, inquietante. Se obsesiona, diría, poderosamente con la vida de Moosbrugger, otro personaje “maldito” y muy interesante también. Es un loco internado en un manicomio por haber violado y asesinado a una prostituta; por él Clarisse siente una fuerte atracción por este personaje, al que desea salvar, pero no me parece se trate de una atracción física, sino algo mucho más complejo, diría a nivel mental, ya que Clarisse pareciera poco estable psicológicamente; pero esto es demasiado banalizar el asunto; por esto me viene de decir que es una situación compleja, intensa, desconcertante esta atracción. Al final termina por enloquecer también Clarisse.

Ulrich, el protagonista central de esta novela, es un estudioso de matemática y física. Sin duda una personalidad compleja que ejerce una fuerte influencia y admiración en las personas que lo rodean; sus ideas son apreciadas y escuchadas. Ejerce, además, una fuerte atracción sobre las mujeres y casi todas las mujeres de la novela terminan como amantes; pero con ninguna se siente fuertemente enamorado, no son historias de esas arrolladoras, de fuertes pasiones. Son historias pasajeras y desencantadas. Diría que sólo por su hermana sentía una verdadera pasión, aunque por obvias razones obstaculada por el tormento interior, además de la imposibilidad social de vivir un amor fuera de las normas y convenciones. Una historia tabú, en breve.

También Clarissa se cuenta entre las ocasionales amantes de Ulrich, al cual le resultaba fácil, por presencia física y cualidades intelectuales, quizás filosóficas, de atracción recíproca, por lo que sea, el hecho es que las mujeres caían con gran facilidad en sus brazos.

Ulrich era un desencantado de la vida, uno que buscaba permanentemente caminos nuevos, ya en el saber o en lo social, donde encontrar su propio centro, pero nunca lo logró, porque al final nada encontraba en sus búsquedas. Cualidades muchas, pero gran desadaptación a la vez. Aquí veo un gran valor en Ulrich, porque a las personalidades sensibles y atormentadas, son los tiempos en que vivieron, digamos el espíritu del tiempo, el que los rechaza y ellos lo rechazan a la vez, y en la imposibilidad de cambiar las cosas, la realidad propia y de la sociedad, o los acontecimientos históricos, sufren y son eternos hombres sin cualidades para esos modelos de sociedad que consideran falsos, o que simplemente no logran adaptarse a la corriente de la vida que les tocó en suerte. Algo así, me parece, o le pareció a mi lectura de esta magistral novela.

Es singular el hecho que  su autor, Robert Musil, no lograra terminar su gran novela porque lo sorprendió la muerte, dejándola inconclusa.

Los últimos capítulos aparecen como esbozos, y este hecho me pareció de extrema importancia, porque aparece la lucha, el proceso de escritura de un gran escritor que no logró terminar su libro, pero dejándolo, de igual modo, entre los clásicos, junto al Ulises; La búsqueda del tiempo perdido, y otras cumbres.

En el segundo volumen de este novelón los personajes, esencialmente, son los mismos como también los argumentos, en línea de máxima. Con la excepción de Agathe, la hermana de Ulrich que, poco a poco va tomando una importancia mayor, sobretodo por su extraña relación con Ulrich.

Se trata, sin duda alguna, de un libro muy interesante, muy contundente, muy novedoso, aunque debo señalar que por momentos el ritmo se hace lento, lo que me obligó a un mayor esfuerzo de concentración, porque cada frase está cargada de profundos significados, nuevos e interesantes. Aunque los temas, aparentemente sean los mismos, la visión con que se abordan es múltiple y siempre sorprendente.

Algunos críticos sostienen que esta novela, por el modo en que está estructura, o algo así, no podría haber tenido un fin, independiente de la muerte de su autor, y debería haber quedado sin un final, o mejor dicho con un final abierto a múltiples posibilidades de evolución. Quizás por esto Musil no la terminó; pero esto ya es una especulación.

Por otra parte, debo decir que me encuentro sólo en parte de acuerdo con los que sostienen que en muchos momentos en la novela, pareciera que va a suceder o que se producirá algo grande, una revelación desconcertante, pero justo antes de llegar a ese climax a ese punto explosivo, el ritmo, la tensión de los acontecimientos como que se apaga y todo se vuelve plano, monótono, para de nuevo reiniciar, en una especie de vaivén narrativo, a subir la tensión de los acontecimientos.

Personalmente no me parece que sea así, pero cada lector tiene su propia y particular lectura, como es sabido y lógico que así sea.

No sé si algo de verdad pueda haber en ese tipo de interpretaciones, claro para los que la ven así, es una interpretación correcta; pero a mí no me parece sea así, aunque uno puede cambiar de opinión cuando otros elementos entren en juego a favor de una u otra tesis, o mejor dicho opinión.

Por ejemplo, pienso que en la relación u obsesión de Clarisse con el criminal Moosbrugger hay un clímax y un desenlace potente: el ulterior suicidio de Clarisse, también, como el criminal en cuestión, prisionera de la demencia.

En esta extraña relación, más bien dicho de esta particular y misteriosa obsesión de Clarisse por el criminal y loco internado en un manicomio, hay una carga de tensión narrativa, a mi modo de ver, realmente impresionante y que celan, ocultan tempestades de la mente y del alma que sin expresarse en forma concreta, son auténticos clímax, auténticas revelaciones de algo grande, poderoso, en esos silencios, en esos vacíos está esa revelación, sin necesitar de excesos, como las circunstancias y esa extraña realidad pudieran necesitar y que para esos críticos sería lo que esperan. No sé.

De igual modo en otro episodio, como en tantos, yo siento esa tensión, ese clímax, esa revelación, sin necesidad de que se manifieste en forma palmaria, evidente. Me refiero a un criminal escondido dentro a un matorral a la orilla de un camino aislado. Toda esa espera, esas descripciones del ambiente, etc., esa víctima que no aparece, etc., ya crean, en la pluma de Musil una verdadera revelación múltiple, porque las posibilidades se amplían a desmesura. A mi modo de ver.

En resumen, se trata de una novela donde se mezclan géneros diversos, porque muchas ideas y reflexiones me parecieron verdaderos ensayos.

Mi lectura fue lenta, porque además de ser un libro muy extenso, es muy rico de contenidos diversos y novedosos, que no permiten distracciones y bajas en la tensión de la lectura. Se corre el riesgo de terminar fuera del sendero y tener que volver atrás para retomarlo.

Se lee más como un ensayo que como una novela tradicional. A ratos tenía esa impresión, debido los  contundentes análisis acerca de los más diversos aspectos del vivir y del mundo en general.

 

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