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El Primer Tercio

Neal Cassady. El primer tercio y otros escritos. Barcelona. Editorial Anagrama. 2006. Traducido por Fernando González Coregudo. 270 páginas.

 

El libro El primer tercio consiste, como pilar maestro en la autobiografía de Neal Cassady, figura fundamental de la generación Beat. Aun consistir principalmente en una autobiografía, el texto no abarca la vida completa del autor. Ésta, solo llega a cubrir la infancia del autor. Por otro lado, el libro lo completan una narración sobre los antepasados del autor, media docena de microgramas que el autor fue escribiendo sin ánimo de ser publicados y una serie de cartas destinadas a el autor fundamental del movimiento literario americano de los años cincuenta, Jack Kerouac.

            En el prólogo sobre sus antepasados, Cassady explica cómo llegaron al nuevo mundo sus bisabuelos y como estos se conocieron y se relacionaron hasta la llegada de Cassady. Aquí empieza su historia en primera persona, contándonos sus vicisitudes durante sus primeros años en los años veinte, viviendo con su padre alcohólico y vagabundo por las calles de Denver y Salt Lake City durante la Gran Depresión y como al fin, va el joven Cassady con su padre por los campamentos de vagabundos de todo Estados Unidos, saltando de tren en tren.

            Al morir el autor durante la redacción del texto, éste quedó incompleto y por ello, no va más allá de los quince años.

            A pesar de la idea que se pueda tener de que aquí acabaría las observaciones sobre su vida, en el libro se incluyen una docena de fragmentos inconexos, algunos en verso y otros en prosa de naturaleza y estilo muy diferentes. Con ellos, el lector puede comprender desde un punto de vista muy diferente al del obtenido en la autobiografía la vida y el personaje de Neal Cassady. Así, se nos muestra a un nuevo personaje que pasaba cada noche con una mujer diferente o que pasaba media vida entre estaciones de tren añorando su Denver natal.

            Por último, en este libro se incluyen las cartas que el autor le escribió al escritor Jack Kerouac a lo largo de su amistad. En ellas, podemos apreciar el lado más vivo y espontaneo del autor, ladrón de coches y asiduo de las peleas de bares.

 

            El libro, a nivel de crítica, muestra unos registros y unas estructuras muy diferentes a lo largo de toda la obra. Así, como el mismo autor comenta, el prólogo muestra un estilo directo y conciso, con una fuerte influencia del escritor Jack London. Seguidamente, escrita en una etapa donde el autor se vio ampliamente influenciado por la obra de Marcel Proust, el estilo se vuelve mucho más denso y retorcido, intentando que cada frase se volviera laberíntica hasta llegar al siguiente punto.

            Por otro lado, las secciones tituladas como “Fragmentos” y “Cartas”, resultan mucho más directas de lo que pudiera ser el prólogo. El autor utiliza abreviaturas y registros informales típicos de los años 50 y 60. Las frases aquí son rápidas y atropelladas, mostrando una instantaneidad de la escritura, que queda confirmada en prácticamente todas las cartas, que empiezan con una referencia al estado ebrio del autor en el momento de redactarlas.

            Se nota pues, con mucha firmeza la diferencia de estilos y el estado contemplativo del autor o el estilo espontaneo, mostrando casi la tarea de la escritura como un juego.

            Uno de los puntos más relevantes de la obra, en cuanto al estilo, es el tratamiento de los sentimientos y sensaciones, que a lo largo de toda la obra, independientemente de la sección, parecen preocupar especialmente al autor, pues le dedica una importancia en su tratamiento y en su definición no comparables a ningún otro factor o aspecto que sea tratado en la obra.

            Puede llegar, sobretodo en la autobiografía, a resultar un texto pesado por el juego que mantiene el autor con las palabras, intentando alargar las frases lo máximo posible, tanto con un intento por dilucidar el sentido exacto de lo que quiere transmitir como por un intento de asemejar su estilo con el del escritor francés Proust.

            Cabe decir, que aunque el autor retrata con total claridad su infancia y los grandes eventos de sus antepasados, probablemente el lector busque otra imagen de Neal Cassady, pues el personaje se hizo conocido por su relevancia en las novelas de Tom Wolfe, Jack Kerouac o en los poemas de Allen Ginsberg. En todos ellos, se da una imagen de Cassady de experto ladrón de coches, amante del sexo, amén de consumidor esporádico de drogas y amante del jazz bop. Esta figura frenética e imparable, queda si no poco visible, escondida en su autobiografía, y si acaso aparece este Cassady en el libro, es gracias a sus cartas a Kerouac. Puede entonces, quedar el lector un tanto decepcionado al no encontrar los eventos en su biografía que le vinculen a los grandes escritores norteamericanos de su época y a su figura de líder de la generación Beat, radical, cortante y rompedora con los modelos sociales establecidos hasta el momento.

 

            A modo de conclusión, podríamos decir que El primer tercio, a modo de autobiografía queda incompleta, aunque este inconveniente lo suplen, en cierta medida, las partes siguientes de la obra, con las cuales, por añadido, no se explican los acontecimientos de la vida del autor de manera directa, pero si muestran y desarrollan una visión más polifacética del autor, la cual, quedaría muy reducida o invisible con la única mención de la biografía a los ojos del lector. Por otro lado, la pieza central de la obra, la biografía ya mencionada, nos puede servir para mostrar una visión de los años de la Gran Depresión americana desde su punto más bajo, la de un vagabundo de escasos años que ha de sobrevivir con su padre alcohólico dando tumbos por las grandes ciudades del centro de Estados Unidos.

            Así pues, concluyo con la opinión de que aunque incompleta, la obra El primer tercio muestra a un Neal Cassady más polifacético de lo que podrían mostrarlo los grandes autores que lo inmortalizaron en su obra.

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