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Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela

OVIEDO Y BAÑOS, LEGITIMADOR DE LA HISTORIA 

 

 

Algunas naciones cuentan que para su fundación fue necesaria la intervención de héroes que valerosamente, luchando contra grandes adversidades, lograron establecer a sus pueblos en una determinada región, mientras que otras naciones, primigenias, manifiestan que fueron los dioses quienes establecieron el dónde y el cuándo debían surgir sus ciudades. Ejemplo de ello los tenemos en la fundación de Roma, que entre sus leyendas fundacionales se cuenta que Eneas, tras ser derrotado, condujo a los troyanos sobrevivientes a las costas mediterráneas del Lacio, en donde (aliado con el rey Latino) contribuyó al establecimiento de esta ciudad. Por otra parte, los aztecas refieren que en la fundación de Tenochtitlán intervino el dios Huitzilopochtli, quien fue el que mostró dónde debía ser establecida la ciudad de los mexicas a través de una señal divina.

Ahora bien, se debe tomar en cuenta que estas leyendas fundacionales no son simples cuentos para entretener, sino que su principal motivo es el legitimar el comienzo de un determinado pueblo, sea por medio de la lucha de un héroe o por la intervención de una deidad lo que se está tratando de decir es que su inicio fue, en efecto, ilustre y no simplemente un acto azaroso o impropio. Además, es necesario notar que esta costumbre de situar los comienzos de una determinada nación en el campo de las leyendas no es para nada novedosa, puesto que egipcios, babilonios, hebreos, británicos, griegos, entre otros (por no decir entre todos los demás) así lo hicieron. Ahora bien, ante tal realidad cabría preguntar: ¿Se hizo lo mismo con la fundación de los pueblos de la América hispánica?

El descubrimiento del continente americano por parte de los europeos fue sin duda un hecho azaroso, y quienes estuvieron a cargo de semejante empresa, en sus inicios, no eran personas que gozaran de un buen estatus social ni mucho menos eran héroes. Además, cabe decir que no era intención de los descubridores, sobre todo de los españoles, empezar a fundar pueblos, sino más bien era el explotar las riquezas que el continente americano ofrecía. Sin embargo, con el tiempo fue necesario establecer asentamientos que permitieran a los encargados de enviar los productos de América a Europa hacerlo de una forma más cómoda. Luego, con el paso de los años, estas personas fueron fundando familias y la actividad de comercio les fue confiriendo una mejor calidad de vida, es entonces cuando surge una nueva “casta”, la de los europeos criollos.

Estos blancos americanos, si bien ostentaban el poder económico, no podían acceder al poder político que era exclusivo de los blancos peninsulares, es decir, españoles de Europa. Obviamente, esto trajo consigo una gran inconformidad por parte de los criollos y una gran necesidad de definir quiénes eran.

Ahora bien, es preciso recalcar que para los blancos peninsulares los criollos eran una especie de sub-europeos. No se trataba propiamente de españoles y fueron objeto de un gran menosprecio por parte de ellos, y es precisamente ese menosprecio que los europeos sentían hacía los criollos lo que les impidió darse cuenta de la vasta empresa que significaba el haber llegado tan lejos en el descubrimiento de un continente. Es como dice Martínez “…ni el rey ni los hombres supieron evaluar las consecuencias de la conquista.” (2004). Tanta era su ceguera en cuanto a esto que en lugar de alabar en su literatura el gran hallazgo de descubrir otro continente, los españoles seguían, como dice Martínez “…erigiendo poemas épicos a las glorias de sus soldados en Italia y África.” (Op. Cit.).

No obstante, si bien es cierto que a los europeos no les resultaba interesante el tema del descubrimiento como para escribir sobre este, a los criollos les resultaba imperioso establecer su identidad, su realidad, su importancia en el panorama de la época, y de que otra forma podría hacerse eso eficazmente, sino se lo hacía mediante la literatura.

¿Literatura? -Tal vez podría preguntar el lector- y ante tal pregunta es necesario explicar la razón por la cual esto se afirma.

Si bien es cierto que los primeros escritos sobre la realidad de la América hispánica eran crónicas, es justo detenerse un poco en éstas y preguntarse si eran en realidad producto de la objetividad del escritor, y para responder a esta interrogante que mejor que recurrir a las palabras de Martínez (Op. Cit.), cuando dice que:

 

“No cabe duda que [las crónicas del Descubrimiento y la Conquista], pese a su a veces notoria parcialidad, son documentos históricos, como tampoco se puede negar que estén llenos de situaciones que en sí mismas son novelescas y que ulteriormente pudieron ser elaboradas literariamente…”(2004).

 

Con esto se quiere decir que, si bien las crónicas poseen un gran peso histórico, es innegable que los cronistas muchas veces recurrieron a la ficción para lograr que sus relatos resultaran más interesantes, y sobre todo, aceptables desde el punto de vista histórico y de la tradición (con esto se respondería la interrogante sobre si se recurrió a la ficción para legitimar la fundación de los pueblos de Hispanoamérica).

En las crónicas muchas veces se exageraban las maravillas que el nuevo continente ofrecía, así como las características de los pobladores que en ella habitaban (a quienes describían como si se tratasen de dioses olímpicos).Sin embargo, y tal vez este hecho sea el más relevante, mediante las crónicas se buscaba legitimar a los nuevos habitantes de América, a esos blancos criollos que tanto se había menospreciado, y uno de los cronistas que sin lugar a dudas deseaba legitimar a su estirpe era José de Oviedo y Baños.

José Oviedo y Baños deseaba ser Caballero de la Orden de Santiago, merito que resultaba sumamente valiosos en su época. Sin embargo, y tal vez por ser un español de América, dicho ordenamiento no se le concedió. Este ejemplo ilustra lo que debió ser el sentir de un criollo. De una u otra forma los blancos nacidos en América debían sentirse como españoles, pero a la vez tenían que resignarse a no ser tratados como tales. Pese a ello, los criollos siguieron pensando como españoles, siguieron siendo educados como españoles y siguieron escribiendo como españoles. Es por esto que al leer muchas de las crónicas es posible considerar que se está leyendo una obra de la literatura clásica española (como por ejemplo: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha).

Las crónicas eran sin duda documentos que de una u otra forma intentaban dibujar a los europeos una América más entendible para ellos. Es por eso que muchos cronistas empleaban imágenes que no eran propias del continente americano, sino del europeo, en sus descripciones.

Por otro lado, estaba la necesidad de explicar a una Europa que no estaba muy abierta a comprender que existían otras formas de vivir, pensar y actuar distintas a las de ellos en el mundo, y por ende no estaba muy dispuesta a comprender la “otredad”, que existía un mundo diferente. Es como dice Martínez, autor del prólogo del libro de Oviedo y Baños (motivo de este análisis) “Las ordenadas jerarquías del Medioevo no habían preparado a los hombres para enfrentarse con culturas inimaginadas y en las que, sobre todo, había otros dioses y formas de relacionarse con ellos”. (2004).

Sin embargo, a la mayoría de los europeos seguía sin interesarle lo que ocurría en América. Así que los cronistas, al sentir tal desdén, comenzaron a fundar en sus escritos “…sus propios linajes, historias y a falta de poder, memoriales hazañas…” en pocas palabras, empezaron a crear todo aquello que fuera necesario para legitimar su estirpe. La nueva estirpe, la americana, no buscando ya más la aceptación de los europeos.

Estos cambios también se pueden palpar en la estética de sus escritos, por ejemplo, Oviedo y Baños crea una nueva estética en sus textos, la estética de la lentitud, volviendo a repetir una y otra vez lo mismo a lo largo del texto. Por otro lado, es impreciso a la hora de registrar fechas y proporciona a cada acontecimiento un valor dual. Estética que resultaba más entendible a un americano que a un europeo.

Es notorio además que, haciendo alusión a Oviedo y Baños, Bernal (citado por Martínez (Op. Cit.) ) diga que “Oviedo y Baños […] mistifica la historia […] e inaugura una fórmula en América que necesitó del romanticismo europeo para tener conciencia de su poder”. (2004).

Por último, y para finalizar este corto comentario sobre la Obra de Oviedo y Baños, se puede decir que este deja clara su intención de dirigir su obra a un receptor americano, uno que en realidad aprecie a América, cuando al finalizar su obra la dedica a otro latinoamericano y no a un europeo influyente.

 

REFERENCIA

Oviedo y Baños, J. (2004). Historia de la conquista y población de la

provincia de Venezuela. 2ª ed. Fundación Biblioteca Ayacucho:

Caracas.

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