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Comentarios Reales

Culturas Primigénias del Continente Americano

El modelo cultural europeo, denominado occidental, ha sido por largo tiempo considerado sinónimo de civilización. Si bien, no se puede negar que gracias a éste hoy gozamos de grandes adelantos tecnológicos, sociales y culturales, tampoco sesarutlu debe minimizar los beneficios que otras culturas también han aportado al mundo. Por ejemplo, de los árabes hemos heredado el sistema decimal, y qué sería de la humanidad si no contáramos con él, y esto tan sólo por citar un ejemplo.

Tomando en cuenta lo dicho anteriormente, valdría la pena preguntarse, cuáles habrían sido los aportes que las culturas primigenias de América estarían ofreciendo hoy al mundo sino se hubiese interrumpido de forma tan abrupta su proceso de desarrollo, y con esto de desarrollo no se pretende decir que no lo hayan estado plenamente para cuando los europeos llegaron a América, todo lo contrario, pues, como menciona Recinos (1975) “Los pueblos del continente Americano no se encontraban al tiempo del descubrimiento en el estado de atraso que generalmente se cree. En lo material habían alcanzado un notable grado de adelanto, a pesar de su aislamiento del resto del mundo…” (pp. 7).

Ejemplos de los adelantos materiales a los que hace referencia Recinos bien podrían verse reflejados en la arquitectura. Tanto mayas como aztecas e incas dejaron muestra de un gran adelanto en ese campo, pues, las edificaciones que produjeron son todavía un enigma, ya que la precisión, belleza, majestuosidad con que fueron creadas muestran un gran progreso en estudios de geometría, tipos de suelos, manejo de materiales, sin mencionar que muchas de estas edificaciones guardan una estrecha relación con el orden cósmico. Además, como es el caso de los incas, la ubicación de tales edificaciones representaría aun hoy un reto, igualmente, muchas de las construcciones modernas no tienen la capacidad de soportar tanto los desgastes del tiempo.

A pesar de esto, hay quienes podrían replicar que, si bien, las culturas primigenias de América habían alcanzado un gran desarrollo en lo referente a la arquitectura, en lo que concierne al respeto a la vida de sus semejantes distaban mucho de ser una civilización, pues, su régimen de sacrificios era en sumo grado sanguinario.

Ante tal propuesta valdría la pena detenerse un instante en el contexto en el cual dichos sacrificios se ejecutaban, la concepción de vida y muerte que estas culturas poseían y comparar esto con lo que acontecía en Europa con la Santísima Inquisición, por ejemplo, y con ello notar si existían diferencias muy marcadas entre los europeos y los habitantes de América en ese momento en cuanto al derecho a la vida.

Para comenzar con este análisis es preciso mencionar que de las tres culturas primigenias principales (mayas, aztecas e incas), según el inca Garcilaso de la Vega, los incas se diferenciaron “…en que no sacrificaron carne ni sangre humana en muerte” (1991. pp. 77), claro está, hay quienes contradicen esta afirmación, así que mal podría generalizarse en este sentido. Ahora bien, con esto tampoco se está denigrando a las otras dos culturas, pues, al entender las razones por las cuales realizaban sacrificios humanos quedaría en evidencia que estos distaban mucho de ser una simple práctica sanguinaria.

Una de las cosas que se debe tomar en cuenta a la hora de juzgar el ritual de los sacrificios humanos es que en las culturas primigenias de América existía un sentido del deber a la hora de servir a sus dioses. Cualquier manifestación de rebeldía para con los dioses era contraproducente. Esto se deja claro en el caso de Vucub-Caquix y su familia, mencionados en el Popol Vuh y de quien se dice”…se envanecía como si él fuera el sol y la luna…” y por ello tanto él como los de su casa fueron destruidos (Op. cit. pp. 34). Es por ello que si algo tenían claro los habitantes primigenios del continente americano era que los seres humanos, a su entender, habían sido creados con la única finalidad de servir y honrar a los dioses. Por otra parte, se comprendía que la especie humana era superior en muchos sentidos a los animales, por ello, si se debía ofrecer algo a los dioses, tanto por haber sido creados para servirles y por ser la especie humana mayor que la animal, no podía ofrecerse a los dioses algo que no fuera humanos.

Espeluznante, podría afirmar el lector, pero tal vez lo resulte desde nuestra concepción occidental, puesto que desde el punto de vista de las culturas primigenias la muerte no tenía la connotación negativa que para nosotros posee. Morir para los habitantes primigenios de América representaba un paso a otra vida. Por ejemplo, los aztecas consideraban que según la forma en la que se moría se determinaría a donde se iría después de la muerte. Tres eran los lugares seguros, uno de ellos era la casa del sol, que era el lugar a donde iban los guerreros y los que morían en sacrificios, e inclusive allí era el lugar de destino para las mujeres muertas en el primer parto. Otro lugar era el de Tláloc, dios de la lluvia, y a este iban quienes habían muerto de alguna forma relacionada con el agua y, finalmente, las personas que morían de forma natural estaban destinadas a ir al Mictlán, para lo cual debían atravesar nueve escaños, con lo que lograrían regresar al vientre materno (la tierra) de la cual se obtenía la vida.

Esta forma de ver la muerte también la compartían tanto mayas como incas, por tanto a la hora de sacrificar a víctimas humanas no se hacía en perjuicio de ellas (a manera de ensañamiento) pues, se tomaba en cuenta que tendrían la oportunidad de ir a una vida mejor.

Sin embargo, la principal razón para realizar los sacrificios era que la muerte de las víctimas garantizaba que se satisficiera a los dioses y que por ello éstos estuvieran dispuestos a seguir ofreciendo a los pueblos la fertilidad de los suelos. Muerte para garantizar la vida. Vida que surge de la muerte.

Por último, algo que también debería mencionarse es que sacrificar víctimas humanas tampoco representaba un trabajo sencillo, era necesario planear guerras en las cuales conseguir cautivos para el sacrificio, además, también se acostumbraba a preparar a personas para esa finalidad, sin embargo, debió resultar agotador, pues los sacrificios sólo podían detenerse cuando los dioses decidieran dar una señal.

Por otra parte, hablando ahora de la concepción de vida tras la muerte, se debe tomar en cuenta que ésta también está relacionada con la idea dualística del universo, debido a que la muerte es vista como la oportunidad de renacer, pero de una forma perfeccionada. Es debido a esta concepción dualística de vida y muerte que los mayas hablaron tanto de las continuas destrucciones del mundo, y hasta de la destrucción de los hombres (barro y madera) por parte de los dioses para lograr al final crear al hombre perfecto, el hombre de maíz.

También los aztecas hablaban de esto, pues para ellos el mundo había existido ya varias veces. Cada edad o “sol”, como ellos indicaban, había estado regido por un dios, para su tiempo ya habían transcurrido cuatro soles y se estaba en presencia de la época del quinto sol. Este proceso de creación y destrucción tiene un sentido evolutivo, se trata de un proceso en el que cada sol es de alguna manera superior al anterior, por ende todas las criaturas (incluyendo al hombre mismo) son partícipes de este proceso.

Además, los aztecas también poseían una visión dualística del universo, entre las concepciones del bien y el mal. Por ejemplo, tomando el caso del dios Quetzalcóatl, se puede ver que en él se manifiesta la personalización del bien creador, pero a su vez, también representa el mal destructor en la figura de Tezcatlipoca (su humo del espejo). Además, en la misma representación del dios se nota el sentido de la dualidad humana, pues, en sus características de serpiente emplumada se puede ver representada: (a) la serpiente como el cuerpo físico con sus limitaciones y (b) las plumas como los principios espirituales inherentes a la raza humana. En conclusión, para las culturas primigenias al sacrificar víctimas humanas se estaba garantizando también la permanencia de ese equilibrio dual presente en el cosmos.

Ahora bien, tomando en cuenta que la percepción de la muerte que tenían los habitantes primigenios de América era diferente a la occidental y que debido a esto los sacrificios humanos distaban de ser para ellos una práctica sanguinaria ¿qué podríamos decir para defender las causas de tantas muertes, de los que eran acusados como herejes, ante la Santísima Inquisición? De seguro la respuesta sería difícil de comprender también, es más, se nos revelaría que, en cuestión de respeto a la vida humana, el europeo no era para nada un ejemplo de virtud, y si a esto se aúna los pretextos que ofrecían para justificar la esclavitud y los sangrientos genocidios que efectuaron para llevar a cabo la conquista del continente americano, de seguro el civilizado europeo que llegó a América quedaría muy mal parado a la hora de compararse con los mayas, aztecas e incas.

Entendiendo esto, será entonces más sencillo abordar el estudio de las culturas primigenias de una forma menos parcializada y se podrá comprender el gran alcance en cuanto a civilización que los mayas, aztecas e incas lograron.

Para comprender el imaginario cultural de los habitantes primigenios de América es necesario advertir, en primera instancia, que este se fundamenta en la nada. Todo parte desde allí. Desde el silencio, la oscuridad, la quietud. Así lo dice el Popol Vuh en sus palabras de apertura:

Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.

Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. (pp.23).

Sin duda, entender esto es importante, pues es a partir de esa nada cuando los dioses emprenden el proyecto de la creación, y al igual que en otras culturas, todo comienza “…cuando llega entonces la palabra…” (Op. cit. pp.23).

El origen del mundo, para los mayas, aztecas e incas, es atribuido a la voluntad de los dioses, quienes se manifiestan a través de los distintos fenómenos naturales. Es por ello que para entender a sus deidades surge en ellos la necesidad de desarrollar el arte de la contemplación. El observar detenidamente para lograr comprender lo que estos deseaban transmitir (y es de entender que basados en esa contemplación ellos mismos van dando forma a un sin número de dioses a los que hay que servir y honrar para mantenerlos satisfechos y así obtener su favor). En pocas palabras, sus dioses son los fenómenos naturales, de lo que se desprende que una de las principales preocupaciones de los habitantes primigenios es entender el mundo que los rodea y lograr mantener el equilibrio para que se pueda estar bien con él. Es por ello que si se obtiene de la tierra los alimentos, entonces a la tierra también hay que nutrirla. Ella da sus frutos como alimento a los hombres y a cambio hay que alimentarla con la sangre (símbolo de la vida). En resumen, con la naturaleza es necesario mantener una relación casi simbiótica, de beneficio mutuo.

Ahora bien, es necesario entender que tanto mayas como aztecas e incas constituían pueblos completamente distintos y de los cuales no se evidencia que hayan tenido tratos entre sí, por tanto, las coincidencias en cuanto a creencias puede deberse a la casualidad. A continuación, se muestra una breve descripción de los dioses creadores de las tres culturas primigenias que permitirá conocer un poco más su plano teogónico.

Para los aztecas el origen del mundo está completamente relacionado con los dioses. Se le atribuye la creación del hombre, del sol, del cielo, de los animales y de todo lo conocido a Quetzalcóatl (la serpiente emplumada) quien es hijo de la pareja creadora formada por Tonacatecuhtli y Tonacacihualt. Por otra parte, también se concebía a la tierra como una deidad. Este es un caso emblemático, pues, el hombre es creado a partir del sacrificio de Quetzalcóatl, por tanto en imitación de este dios creador era necesario ofrecer sacrificios también (muy a pesar de que este dios estaba en contra de los sacrificios humanos).

Ahora bien, en cuanto a los mayas, se puede tomar en cuenta que de su contemplación deducen que existe un proceso de creación, destrucción, caos y una nueva creación que ha sido perfeccionada a todo nivel (tanto del macro como del microcosmos). La raza humana existe gracias a la pareja creadora Ixpiyacoc e Ixmucané, quienes reciben esta encomienda del Corazón del Cielo, el Formador o también llamado Tepeu Gucumatz.

Por último, hablando ahora de los incas, estos atribuyen la creación del universo, el orden, el mundo y del hombre a Viracocha. Sin embargo, los incas (la clase real), descienden directamente de Inti (el sol) a través de sus hijos Manco Capac y Mama Ocllo Huaco.

Tomando en cuenta las descripciones de las deidades antes mencionadas, se puede concluir lo siguiente: Si bien se puede observar que hay puntos donde convergen (por ejemplo las parejas creadoras) también se puede notar que la constitución de los dioses de una y otra cultura son completamente distintas. Sin embargo, un punto en común los hermana y es que el hombre ha sido creado por la voluntad de ellos.

Ahora bien, entre las culturas primigenias existe una gran necesidad de comprender la voluntad de los dioses para con los hombres, esto los fue haciendo cada vez más conocedores del mundo que los rodeaba a través de la observación, es más, surge la necesidad de crear una especialización en ese arte, de allí que con el tiempo sólo un grupo de personas son las que se encargan de hacer esto de manera exclusiva. Además, esta observación no se limitará tan solo a los fenómenos terrestres, sino que el hombre de las culturas primigenias también alzará la vista para contemplar el firmamento y leer en él lo que los dioses escriben para ser interpretado en los astros. Es así como entonces las culturas primigenias desarrollarán un excelente trabajo calendárico, basado en sus estudios de astronomía, pero también aprenderán a predecir acontecimientos futuros a través de la astrología. Asimismo, como ya se mencionó al principio de este trabajo, los monumentos arquitectónicos creados por mayas, incas y aztecas muchas veces seguían un patrón astronómico. Eran una representación terrestre de los patrones celestes que ellos interpretaron.

De esto podemos concluir muchas cosas, sin embargo, una es necesario que se resalte, y es que entre los habitantes primigenios del continente americano existía la imperiosa necesidad de controlarlo todo y eso sólo se lograría al poder dominar tanto el tiempo como el espacio (cosas que queda claro lograron hacer). Para poder ver que esto es así se puede hacer un breve repaso de las construcciones de ciudades, sobre sus calendarios y su organización social.

Un ejemplo impresionante del control del espacio que lograron los habitantes primigenios de América lo representa sin duda la construcción de la ciudad de Tenochtitlán, por parte de los aztecas, sobre un islote en el lago Texcoco. Al parecer el lugar fue elegido por el mismo dios Huitzilopochtli, principal deidad de los mexicas, quien hizo que este pueblo de origen náhuatl se trasladara desde Aztlán al lugar que él les señalaría. Así llegaron al lago Texcoco después de una larga travesía y el dios les mostró que el lugar donde deberían construir su ciudad sería donde viesen a un águila sobre un nopal con una serpiente entre sus garras. Aconteció pues, que el lugar donde vieron la señal divina fue precisamente sobre el lago Texcoco. De esta forma se atribuye un origen divino a la fundación de la ciudad. Ahora bien, si es cierto que la selección del lugar se la atribuyen a su dios, no hacen lo mismo con la construcción de ésta. Sin duda, esto debió representar un reto titánico significativo para los mexicas, quienes obviamente no contaban con la tecnología y los avances en la construcción con los que hoy se cuentan. Sin embargo, y a pesar de las limitaciones, la ciudad se construyó, y se evidenció en esta un gran conocimiento sobre ingeniería, muy avanzados para su época.

Por otra parte, es de resaltar el hecho que se atribuya a un dios el origen de una ciudad que representó una ardua tarea, pues con ello se legitima el origen de una nueva civilización y un nuevo sistema ideológico. En vista de ello, resulta más que imperativo señalar que Tenochtitlán no sólo resultó importante por lo imponente que fueron sus edificios, como por ejemplo el Templo Mayor, sino porque en ella se halla un punto de intersección entre lo divino y lo épico.

Por otra parte, no se debe perder de vista que esta ciudad tuvo una gran relevancia en la zona, pues, además de ser la capital de los mexicas se convirtió en una de las mayores ciudades de su época, en todo el mundo, y fue la cabeza de un poderoso Estado que dominó una gran parte de América Central, pues, el florecimiento de la ciudad se realizó a costa del tributo pagado por los pueblos sometidos a su poder.

Ahora bien, no podría cerrarse esta breve reseña sobre Tenochtitlán sin antes mencionar la importancia que poseen como símbolos el águila, la serpiente y el nopal.

Para comenzar, se podría decir que el águila fue utilizada por los mexicas como símbolo de su dios Huitzilopochtli, mientras que la serpiente fue utilizada para representar al dios Quetzalcóatl. Sin embargo, la dualidad del águila y la serpiente, que se encuentra en múltiples culturas, representa la dualidad del cielo y la tierra. Ambos son animales poderosos que representan la fuerza y la penetración, por la agudeza de su visión. Unidos, simbolizan los poderes cósmicos sagrados entre los cuales habita el hombre.

Por otra parte, el nopal es una viva representación del eje de la tierra y es de mencionar que es de gran relevancia el que se considere el nopal como centro, pues, si se toma en cuenta que esta nopal produce unos frutos de color rojo llamados tunas, tal como los corazones ofrecidos a los dioses, muy bien se puede concluir gracias a este símbolo que la ciudad de Tenochtitlán se cimentó en el sacrificio humano como ofrenda a los dioses.

Por otra parte, y siguiendo con la explicación de cómo los habitantes primigenios del continente americano buscaban controlarlo todo, sería apropiado hablar ahora de su saber calendárico, y para ello hablaremos de los mayas.

Una de las cosas que se debe tomar en cuenta a la hora de hablar sobre cómo los mayas crearon su calendario, es sin duda, su visión cíclica del tiempo. De esta manera era que según ellos lograban profetizar eventos futuros, debido a que los ciclos se relacionaban con los diferentes dioses y eventos cósmicos. Es así como el quinto sol representa el final del ciclo estelar asociado con la luna y el inicio del período conocido como el sexto sol. Es sorprendente como el calendario maya muestra una increíble precisión a la hora de llevar el computo de meses, días y años, y si bien es cierto que relacionaban este con sus dioses, no por ello se debe dejar por sentado que no era producto de un estudio concienzudo, puesto que como ya se ha explicado anteriormente tanto mayas como aztecas e incas eran consumados observadores, y obviamente, el movimiento de los astros, visibles para ellos, no escaparon de dicha costumbre, por ello su forma de calcular la fundamentaron en la posición de los astros y en los fenómenos astronómicos. Un ejemplo de cómo relacionaban su trabajo de observación de los astros con su devoción a los dioses se puede notar en la forma de medir los tiempos mediante los ciclos venusianos que dan seguimiento a las apariciones del planeta Venus al inicio de la mañana y la noche. Muchos eventos en este ciclo eran considerados adversos y malignos, y ocasionalmente se coordinaban las guerras para que coincidieran con fases de este ciclo. Por último es necesario recalcar que para desarrollar su sistema calendárico fue necesario contar con conocimientos de geometría, matemáticas y, obviamente, de astronomía.

Ahora bien, pasando ahora al plano de la organización social, tanto mayas, aztecas e incas contaban con un estricto orden de jerarquías. Tomando como referencia a los incas podemos observar que existía en primer lugar una separación abismal entre los que eran de la clase real y los que no. Sólo los descendientes del dios Inti mediante sus hijos Manco Capac y Mama Ocllo Huaco eran considerados incas (a las mujeres se les denominaba coyas). Nadie podía aspirar a cambiar de estrato, ni mucho menos a querer unirse en matrimonio con un miembro de la familia real. Los incas y coyas se casaban solo entre ellos, lo que servía para mantener pura la descendencia del sol. Además de estos, existían otras clases sociales que también gozaban de prestigio, entre ellos se contaban los sacerdotes y los guerreros.

Un ejemplo de cómo era castigado el hecho de querer acceder a un rango social que no le corresponde es sin duda el drama del guerrero Ollanta y la princesa Cusi Ccoyllor.

Ollanta, valeroso general de los ejércitos imperiales de origen plebeyo, se destacó como guerrero en el reinado del Inca Pachacútec, sin embargo, se enamoró de la hija del Emperador. Debido a esto al general Ollanta se le busca para castigarlo y se encomienda al general Rumi Ñahui que se encargue de su captura.

Por otro lado, si bien es cierto que este drama (Ollantay) fue escrito por el padre Antonio Valdez, de origen español, no por ello podría negarse que refleja de manera adecuada el estricto orden jerarquico del Imperio Inca, el cual resultaba inamovible. Nadie podía intentar romper el orden social, pues de cierta manera estaría actuando en contra de los estatutos del mismo dios sol. Los castigos eran severos para quienes lo intentaban y, como ejemplo, bien pueden citarse las palabras de Piqui-Chaqui (Criado de Ollanta) cuando dice a su amo: “¡Creo que el demonio te ha hechizado! Estás delirando, pues hay muchas doncellas a quienes puedes amar, antes que llegues a viejo. El día que el Inca descubra tu pensamiento, te ha de cortar el cuello y también serás asado como carne” (pp. 22).

Ahora bien, para concluir esta parte, resulta conveniente señalar que con esta breve explicación sobre la construcción de ciudades, creación de calendarios y rígidos sistemas sociales se puede deducir que para las culturas primigenias el orden y el control eran parte intrínseca de sus vidas. Existía pues, un escrupuloso control del tiempo y del espacio, para lo cual, es más que seguro, debió ser necesario invertir una gran cantidad de fuerza de trabajo. Esto sin duda echa por tierra la creencia de que los habitantes primigenios de América eran personas dadas al ocio, y se deja claramente expuesto que para el tiempo en que llegaron los conquistadores a América ya existían sociedades, que si bien se encontraban un tanto atrasadas en comparación con el desarrollo de Europa, florecían culturalmente.

Ahora bien, resultaría imposible dar por concluido este análisis sobre el florecimiento de las sociedades primigenias de América sin hablar un poco sobre su patrón épico, en el cual insertaremos la significación que el juego de la pelota tuvo para la cultura maya.

Para comenzar con esta parte es preciso recordar que uno de los puntos en común que poseen las culturas primigenias de América (mayas, aztecas e incas) es su concepción dualística del mundo, que representan de forma clara a través de la concepción de las parejas creadoras. Así, se tiene por ejemplo, en el caso de los aztecas que Tonacatecuhtli y Tonacaciualtl engendran a los dioses para crear el mundo y estos dioses a quienes dan vida son Tezcatlipoca Rojo, Tezcatlipoca Negro, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli, quienes representan cada uno de los puntos cardinales.

Estos dioses son protagonistas de distintos episodios de guerras y con estas se posicionan para ser adorados por los aztecas. Entre todos destaca Huitzilopochtli de quien se cuenta que al nacer se pone en batalla con la luna y las estrellas (él mismo es el sol) para dar comienzo a un nuevo día. El propósito de los sacrificios a Huitzilopochtli era darle vigor para que pudiera subsistir en su batalla diaria, y lograr así que el sol volviera a salir en el siguiente ciclo de 52 años.

Por otra parte, estaba Quetzalcóatl quien era prefigurado por la estrella matutina (Venus) mientras que Huitzilopochtli era representado por la vespertina (el mismo planeta Venus). De esta manera se asumían las dos caras de los dioses, la de creador y la de destructor.

Por otra parte, es digno de mención que para los aztecas existían trece cielos y nueve infiernos. Estudios acerca de esta cultura originaria dan testimonio de que estos estratos divinos e infernales eran representados en las pirámides que muchas veces tenían trece niveles o pisos y otras nueve.

Ahora bien, hablando de los mayas, se tiene que la pareja creadora resulta ser Ixpiyacoc e Ixmucané, los cuales son referidos en el Popol Vuh como los abuelos y fabricantes del mundo, y se dice que eran los seres más sabios y antiguos de la tierra. Además de esto, son los primeros en la genealogía de semidioses que termina con Hunahpú e Ixbalanqué. Los primeros hijos de esta pareja: Vucub Hunahpú y Hun Hunahpú parecen conformar este principio dualístico presente en las demás culturas primigenias. Dentro de la historia que nos presenta el Popol Vuh, tenemos que estos hermanos siempre están juntos pero uno es muchos más ágil que el otro, es el que se casa y continua con la genealogía, Hun Hunahpú, mientras que su hermano lo complementa en las acciones que se van desarrollando, Vucub Hunahpú.

La historia de Vucub Hunahpú y Hun Hunahpú es importante referirla ya que complementa la idea del proceso de creación evolutivo y a su vez ilustra el sentido binario con que estas comunidades concebían el mundo. Estos hermanos son puestos a prueba por los dioses del Xibalbá (inframundo) y resultan vencidos. Hun Hunahpú y su esposa tienen dos hijos: Hun Batz y Hun Chouen, además, Hun Hunahpú embaraza después de muerto a través de la saliva a Ixquic, quien también engendra a Hunaphú e Ixbalanqué, quienes al final, superan a sus padres y hermanos con tretas, y con razonamientos a los de Xibalbá, por ello terminan siendo catasterizados, pues logran trascender. En ellos también se observa este principio binario de complementación, representan a su vez dos visiones de un mismo ser.

Para finalizar con esta parte, y hablando ahora de los incas, se puede tomar en cuenta lo siguiente: el imperio incaico también se fundamenta a partir de una pareja creadora, como principio de dualidad. Son Manco Capac y Mama Ocllo Huaco los responsables de la producción y fundación de esta civilización.

Se dice que el dios Inti (el Sol) tuvo por hijos a Manco Capac y la Pachamama (la Tierra) por hija a Mama Ocllo Huaco, ellos se casaron y la diosa de la Tierra y la fecundidad Pachamama les regaló a ambos las tierras de su dominio, ellos bajaron por órdenes del dios Inti para que Manco Capac enseñara a los hombres a labrar mejor la tierra y trabajar la piedra y Mama Ocllo Huaco enseñara a las mujeres a cocinar, fabricar prendas de vestir y a domesticar a los animales en el lugar donde se hundiese la barra de oro de Manco Capac. Ambos hijos del dios llegan a las orillas del lago Titicaca y es en el Cuzco donde la barra de oro de Manco Capac se hundió, comenzando desde allí la historia de este vasto imperio.

Como se puede notar, los héroes de las culturas primigenias son dioses y semidioses, sin tener nada que envidiar en este sentido a los griegos o a los romanos. Algo que entonces se debe tomar en cuenta antes de concluir este trabajo es que las culturas primigenias de América todo lo conciben a través de sus dioses y es por ello que necesitan estar en armonía con ellos. Por otra parte, poseen la necesidad de tomarlos en cuenta en todo aspecto de sus vidas, incluso a la hora de tomar decisiones. Un ejemplo de esto último se ve claramente en el juego de la pelota desarrollado por los mayas.

Se trataba de un juego sumamente complicado en el que los jugadores debían hacer entrar por unos aros una pelota de goma impulsándola con las caderas. Además, por la disposición de la cancha era en sumo grado difícil lograr tal objetivo. Este juego no era para nada una diversión, sino que a él se acudía cuando se requería que la voluntad de los dioses se inclinara hacia una causa u otra. El destino de los perdedores era la muerte, pues, así se cumplía la voluntad de los dioses.

Hasta aquí se ha hecho un amplio recorrido por el imaginario cultural de las civilizaciones primigenias que florecían en América antes de la llegada de los conquistadores europeos. Como se ha podido constatar, si bien poseían una visión distinta en cuanto a la vida y la muerte, eran pueblos que se encontraban en un estado de civilización y progresos arquitectónicos, culturales, sociales y científicos avanzados. Por ello, mal se podría decir que la civilización llegó con los europeos. Ahora bien, si algo es cierto no se está mal poniendo al europeo, pues a fin de cuentas el proceso de conquista tuvo en su época intereses que lo justificaron, pero lo que si se quiere dejar claro es que con la desaparición de estas culturas se privó al mundo de conocimientos que ellos se llevaron consigo. Hoy, de existir, seguramente estarían brindando al mundo grandes aportes y resulta lamentable que la ambición haya sido el móvil que arrasó de forma radical una riqueza que aun hoy estaría nutriéndonos. Hoy sólo nos queda el recuerdo de estas culturas que fueron un ayer prospero, un ayer que florecía.

REFERENCIAS

De La Vega, G. (1991). Comentarios Reales. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Fondo de Cultura Económica. (1975). Popol Vuh. México: Fondo de Cultura Económica.

Valdez, A. (1966). Ollantay. Lima: Ediciones Nuevo Mundo.

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