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Cómo se cuenta un cuento

CÓMO SE CUENTA UN CUENTO

Taller de guión de Gabriel García Márquez.

E.I.C.T.V. Ollero & Ramos, Editores, S.L. Tercera reimpresión de abril de 1997.

El título del libro puede llevar a confusión. En él no se analiza ni se expone el arte de contar cuentos o relatos literarios; trata de la actividad creadora aplicada a la confección de historias que sirvan luego para escribir guiones para películas de treinta minutos de duración a través de la actividad de un taller de guiones conformado por varios guionistas (entre cinco y diez), y guiados por Gabriel García Márquez (Gabo). El libro está escrito en forma de diálogo, sin narrador ni referencias, a modo de una mera transcripción de las palabras pronunciadas durante la sesión, y avanza con las sucesivas intervenciones, sin orden prefijado, de los distintos miembros del equipo. Cada capítulo comienza con la exposición de una historia inédita medianamente articulada ofrecida por uno de los guionistas, que será la sometida a análisis. En las sucesivas sesiones los guionistas aportan sus comentarios, ideas, imágenes, desarrollan y critican las de los otros, seleccionan, repasan, recuperan, piensan en voz alta; sus intervenciones son siempre espontáneas, concisas y dirigidas a la culminación de la historia estudiada.

Gabo interviene como un miembro más del equipo y además va destilando comentarios más generales y reflexiones fruto de su experiencia, tratando de encauzar la construcción que van levantando con los argumentos que aportan al debate, y su criterio es el que determina cuándo la historia se ha redondeado y está madura para ser objeto de un guión cinematográfico. En ese punto se pasa a analizar una nueva historia aportada por otro compañero.

He seleccionado algunas de las reflexiones y enseñanzas sobre el proceso creativo que Gabo brinda a su equipo y que van apareciendo a lo largo de la obra de manera tan caótica y desordenada como todo lo demás en este libro.

EL TALLER DE GUIONES. El Taller es un juego en el que estudiamos la dinámica de grupo aplicada a la producción artística. Es una operación de brain-storming aplicada a una historia, una idea, una imagen, a cualquier cosa que pueda llegar a convertirse en un film. Aquí nos conocemos mutuamente, sabemos cómo piensa cada uno, en qué cuerda vibra, y entonces vemos cómo a través del debate todos esos elementos van encajando y completándose. Cualquier sugerencia vale, conviene que aquí digamos todo lo que nos pasa por la cabeza, que nos acostumbremos a pensar en voz alta. Alguien fue que el que llamó a la imaginación “la loca de la casa”. Aquí hemos aprendido a lidiar con ella, le hemos permitido corretear a sus anchas pero sin dejar que se exceda. Pero la inventiva de la realidad no tiene límites; en cambio, las situaciones dramáticas se agotan rápidamente, no hay treinta y seis, sino tres grandes situaciones dramáticas: la Vida, el Amor y la Muerte. Todas las demás caben ahí.

Los guionistas deberían aprender a manejar la moviola. Sin conocer las leyes del montaje, que es como conocer la gramática del cine, los guionistas no pueden escribir correctamente una sola secuencia. Es necesario estudiar el fenómeno de la continuidad en el relato fílmico. Se trata de aprender a pasar de una escena a otra, algo que parece tan sencillo puede resultar muy difícil para quien no sepa ver esa operación como un problema dramático y visual. Si el guionista no logra visualizar lo que escribe como un flujo continuo situado siempre entre un antes y un después no va a resolver problemas, sino a crearlos, y el sentido de la continuidad lo da el trabajo en moviola.

Vamos a hacer una escaleta para medir el tiempo, empecemos por el verdadero principio, ¿no están llevando notas? Ya sé que es un sacrificio, el que se ocupa de las notas no tiene tiempo para nada más, apenas puede participar, se convierte en el escribano del taller, pero alguien tiene que hacerlo. Tenemos que establecer el orden visual, en esto consiste la gracia del Taller: uno ve cómo se desarrolla y entonces se apropia del método y puede hacerlo solo. Necesitamos armar una buena estructura para después rellenarla con calma.

EL PROCESO CREATIVO. Lo que más me importa en este mundo es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella, morir de hambre, frío o lo que sea con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar, que al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada? Alguna vez tuve la ilusión de creer que iba a descubrir de pronto el misterio de la creación, el momento preciso en que surge una idea, pero cada vez me parece más difícil que ocurra eso.

Aquí estamos tratando de encontrar situaciones, todas las que se puedan, después las organizamos y las que sirvan, sirven, y las que no, no, lo que no se puede hacer es frenar la búsqueda. El cuestionamiento es insoslayable, forma parte de la búsqueda, es una premisa del trabajo creado. Las propuestas creativas con aquellas soluciones que no sean simplemente técnicas. Las ideas fundamentales, las que hacen avanzar la historia pertenecen al campo de la creación. Nuestra tarea no consiste tanto en armar una historia, que a fin de cuentas puede servir o no servir, como en ser capaces de examinar el proceso mediante el cual se hace una historia. Lo que siempre sirve es la búsqueda, es buscando la historia como se encuentra el método, lo que hay que estudiar es el mecanismo de la búsqueda. Uno nunca está completamente seguro de lo que quiere hasta que lo hace, y nunca está seguro de lo que hace hasta que lo ve montado. Esto es parte inseparable del proceso creador. No hay verdadera creación sin riesgo, sin una cuota de incertidumbre. Esa dosis de inseguridad es terrible pero al mismo tiempo necesaria para hacer algo que valga la pena. Los arrogantes que lo saben todo, que nunca tienen dudas se dan unos frentazos, mueren de eso. Yo nunca vuelvo a mis libros, me da miedo descubrir que todos están equivocados (críticos y lectores) y que el libro en realidad es una mierda. Es más, cuando me enteré de que me habían dado el Premio Nobel mi primera reacción fue pensar: “¡Coño, se lo creyeron! ¡Se tragaron el cuento!”. Mientras haya que escribir un guión para rodar una película el cine de ficción estará sometido a la literatura. Hoy la gran falla del cine, a escala universal está en la falta de ideas originales.

EL CRITERIO. Hay que aprender a desechar. Un buen escritor no se conoce tanto por lo que publica como por lo que echa al cesto de la basura. Si desecha es que va por buen camino. Para escribir uno tiene que estar convencido de que es mejor que Cervantes, si no, uno acaba siendo peor de lo que en realidad es. Hay que apuntar alto y tratar de llegar lejos. Y hay que tener criterio y valor para tachar lo que haya que tachar y para oír opiniones y reflexionar seriamente sobre ellas. Un paso más y ya estamos en condiciones de poner en duda y someter a prueba incluso aquellas cosas que nos parecen buenas. Es más, aunque a todo el mundo le parezcan buenas uno debe ser capaz de ponerlo en duda, y no es fácil, la primera reacción que uno tiene cuando empieza a sospechar que debe romper algo es defensiva. Esto es tener sentido autocrítico.

LA ESTRUCTURA. Cuando uno está trabajando en la estructura puede olvidarse del género momentáneamente, el tono se ajusta después, cuando tengamos una buena estructura con principio y final ajustaremos los tiempos, después vendrán todas las escenas que se quiera pero primero tenemos que hacer el corral para que no se nos salga el ganado. Si hemos logrado dar con una buena estructura lo demás se resuelve fácilmente; con una estructura perfecta, sin grietas ni altibajos, adentro le pueden meter todo lo que quieran. La estructura no es la historia pero es lo que impide que la historia se desagüe o desquicie.

LA HISTORIA. Cuando uno tiene una historia entre manos no puede dejarse arrastrar por ideas que la contradigan, hay que defender nuestra historia, hay que mejorarla, no cambiarla por otra distinta, cuando tengas una gran idea no la abandones nunca, hay que tener fe en cualquier imagen original que le diga algo a uno, si dice algo, casi siempre es porque encierra algo. Mi convicción es que si no puedes contar la historia en una cuartilla, resumirla en una cuartilla, entonces da por seguro que a esa historia le sobra o le falta algo. Si uno tiene una buena historia que puede ser contada de manera clara y sencilla debe evitar la tentación de complicarla. Lo que sí debemos tener en cuenta es que los distintos niveles de la historia –dramatúrgicos, técnicos, estilísticos, de tono…- tienen que ser coherentes entre sí. No es suficiente con tener una historia, hay que acertar también con el tono y el estilo, cada historia trae consigo su propia técnica. Resulta muy difícil encontrar una historia que de algún modo no se parezca a muchas otras, la realidad a veces juega malas pasadas y desbarata escenas o cuentos. Si una escena no funciona o se cae, hay que buscar otra, no debiera preocupar demasiado. No debemos dejar que las semejanzas con otras historias o con la realidad nos asusten siempre que no se relacionen con aspectos esenciales de la historia, porque lo cierto es que hay historias muy distintas que sin embargo tienen muchas cosas en común. Casi nunca conviene poner el título antes de la historia porque los buenos títulos los da la misma historia, a medida que se desarrolla la historia crece la posibilidad de encontrar mejores títulos.

LO VEROSÍMIL Y LAS CONVENCIONES. Para buscar los límites de lo verosímil hay que tratar de ver hasta dónde se puede forzar la realidad, y estos límites son muy amplios. El autor establece con el lector las reglas del juego, desde el momento que se aceptan, esas reglas pasan a ser inviolables, si uno trata de cambiarlas en el camino el otro no lo acepta. La clave está en la historia misma. Si te la creen estás salvado, puedes seguir jugando sin problema. No importa que la historia sea increíble, lo importante es que creamos en ella. (En esta historia) yo lo único que creo es lo más increíble de todo, la transformación de Joao en un hombre cuarenta años más joven. Es una convención, se toma o se deja, y yo la tomo. Y a partir de ahí sólo se puede hacer dentro de la lógica autoimpuesta. Es como el ajedrez ¿por qué el alfil se mueve de costado? Porque lo hemos convenido y aceptado previamente, a partir de ahí la pieza ya no puede moverse de otra forma.

EL GÉNERO. Uno no puede equivocarse nunca al insinuar el género, pero nada impide que ese tono se marque después. El género es una cosa que hay que definir desde el principio, no hay nada peor que una comedia involuntaria, eso de que uno crea estar haciendo un drama y le esté saliendo una comedia.

EL PERSONAJE. Mientras no hayamos construido al personaje tenemos que buscar imágenes. “Psicoanalista argentina” es un lugar común, pero si es argentina tiene que ser psicoanalista y la historia se la hizo soñar su paciente en el diván, es una comedia de equivocaciones. El personaje debe ser un personaje, no una caricatura. Por más que uno lo disfrace todo personaje protagónico, en mayor o menor medida es siempre uno mismo.

 

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