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El Matrimonio del Cielo y el Infierno

LA RELIGIÓN, UN LÍMITE QUIMÉRICO

“La religión es el opio del pueblo” (Löwy, 2006). Sin duda, esta frase pronunciada por Marx, en 1844, es una de las más conocidas en el mundo. No obstante, sería oportuno preguntarse, cuánto se sabe hoy sobre su significado. Para averiguarlo, resulta necesario trasladarse a la época en la que fue proferida, pues, con ello, se podrá captar el valor ilustrativo que el opio ofrecía en el contexto en el que fue utilizado.


De acuerdo con Abrams (1971), “el opio era considerado una medicina importante”, porque fue empleado como analgésico, sedante y anestésico, en especial para tratar el cólera.


Por otra parte, el autor antes citado, menciona que el opio era, en la época de Marx, motivo de grandes conflictos económicos, políticos y militares. Además, este narcótico, fue considerado “un problema de salud público”, puesto que niños y mujeres embarazadas lo consumían libremente.


Ahora bien, tomando en cuenta lo dicho por Abrams, se pueden inferir dos cosas esenciales. Primero, que el opio no fue utilizado en un sentido positivo en la declaración hecha por Marx y segundo, que al comparar a la religión con el mismo, éste gran pensador del siglo XIX estaba haciendo una fortísima declaración.


En vista de esto, muchas personas podrían preguntarse ¿qué motivó a un hombre como Marx a pensar de esta manera? Más aún, si se toma en cuenta que él era de origen judío, religión que ha tenido una gran influencia en la configuración del pensamiento del mundo occidental. Es por eso que, con la finalidad de dar respuesta a la cuestión planteada, sería oportuno realizar un análisis del poema “Las Bodas del Cielo y el Infierno” de William Blake, pues, en dicha obra, que posee un profundo carácter satírico, el autor denuncia como el establecimiento de la religión constituyó el principio de un límite inexistente que coarta el progreso y la felicidad de los seres humanos al adormecer su capacidad de raciocinio y producir conflictos y males innecesarios. A continuación, se ofrecerá un modesto análisis de esta obra y se citarán algunos fragmentos de la misma para respaldar las ideas ofrecidas.


Para Blake, la iglesia se erigía como una fuente de opresión y restricción de las libertades humanas, debido al sin número de cargas que imponía a los feligreses. Prueba de este punto de vista del autor se puede ver, en la obra ya mencionada, cuando señala que “… así como la oruga elige las hojas más hermosas para poner sus huevos; el sacerdote deposita su maldición sobre los mejores goces”. Sin duda, esta ilustración resulta bastante clara, puesto que, para Blake, las prohibiciones creadas e impuestas por los sacerdotes, eran la maldición que impedía al hombre disfrutar de los placeres que ofrecía la vida. Un ejemplo de esto, se puede ver en las limitaciones de índole sexual que la religión imponía; y aun hoy impone; pues, como podría llamarse pecaminoso algo que fue dado por el creador, ya que de acuerdo con Blake, “… la desnudez de la mujer es la obra de Dios”.


Sin duda, estas reflexiones de Blake, tal como ocurrió con Marx, no fueron tomadas con mucha gracia en su tiempo. Es más, éste tuvo que verse forzado a disimular su idealismo y declaraciones. Tal vez por ello, mencionó en su controversial poemario, “está pronto a decir siempre tu opinión, y el ruin te evitará”. Sin embargo, al parecer, Blake prefirió opinar por debajo de cuerdas, que callar, aunque por eso tuviese que enfrentar oposición.


En su poemario “Las Bodas del Cielo y el Infierno”, Blake es bastante elocuente a la hora de denunciar la pacatería impuesta por la religión, él escribió “… la prudencia es una vieja solterona rica y fea cortejada por la incapacidad”. Tal vez, muchos podrían opinar que esto es absurdo, pero podrían entonces preguntarse ¿qué sería del mundo hoy, si los hombres de ciencia, como Galileo, hubiesen sido mucho más prudentes? De seguro, todavía la humanidad estaría en la ignorancia que, para aquel entonces, la iglesia veía a bien fomentar entre los fieles. Cuando se logra meditar en esto, es entonces, cuando el verso que reza “… el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”, enunciado por Blake, cobra mayor sentido.


Por otra parte, si algo no podría decirse de Blake, es que él haya sido un charlatán que hablaba sin base. Su opinión sobre la religión y su teoría acerca de cómo comenzó la humanidad a creer en Dios estaba bien fundamentada, sobre todo por la obra de Milton.


En su poema, Blake, explica coherentemente las razones que introdujeron en la humanidad la fe en un Padre Celestial, él dice “…los poetas de la antigüedad animaron los objetos sensibles con dioses y genios, nombrándolos y dotándolos con las propiedades de los bosques, ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones y todo lo que sus enormes numerosos sentidos podían percibir”. Estas palabras resultan bastante explicativas, pues, sin duda, cuando se estudian las distintas mitologías existentes en el mundo, entre estas la judeo-cristiana, se puede ver claramente como la necesidad de la humanidad por explicar lo inexplicable la llevó a crear todo un sistema de divinidades que les permitiesen acallar todas sus inquietudes. Pero para Blake, esto no es más que un grave error, pues él mismo menciona que “… el hombre se ha recluido hasta no ver las cosas, sino, a través de las aberturas de su caverna”. Es por eso que permitió que:


“… para ventaja de algunos y esclavitud de muchos, se formara un sistema intentando dar realidad a deidades espirituales o abstraerlas de su objeto. Así dio principio el sacerdocio, instituyendo ritos según los relatos poéticos. Y, al fin, declararon que los dioses lo habían querido de este modo. Así olvidaron los hombres que todas las deidades residen en el corazón”.


De esta forma, el hombre se convenció a sí mismo de la existencia de seres superiores, dioses, que controlaban desde los fenómenos naturales, hasta su propia vida, es como Blake escribió, "… para que una cosa exista, basta la firme convicción”. De este nuevo credo surge el gran equívoco, que no es más que la aceptación de los designios de Dios, dictados por una clase sacerdotal, y el abandono de la búsqueda de respuestas a las preguntas que más inquietan a la humanidad, cómo por ejemplo: ¿cómo llegamos a existir? En pocas palabras, la religión, vino a ser ese “opio” que adormeció a los seres humanos, introduciéndolos en un estado “abúlico”, que no es sino una situación de carencia de voluntad o energía para tomar decisiones y ejecutarlas, prefiriendo optar porque “cada quien impusiera al otro su propia fantasía”.


Ahora bien, Blake, no sólo mostró su punto de vista sobre la religión en su poemario “Las Bodas del Cielo y el Infierno”, sino, que atacó también algunas de las doctrinas que a su parecer carecían de fundamento. Por ejemplo, hablando de la separación de alma y cuerpo, que enseña la fe cristiana, Blake alegó que “es mentira que el hombre posea un alma separada del cuerpo”. Pues, según su teoría “… el cuerpo es una porción del alma percibida por los cinco sentidos”, en otras palabras, el hombre es un alma viviente. Esta aclaratoria, sin duda, corta de raíz la doctrina religiosa que señala que el ser humano debe llevar una vida de sacrificios, privándose de todo placer, para poder lograr la redención de su alma. En pocas palabras, quien lleva a cabo tal práctica desperdicia su vida, pues, de acuerdo con Blake “… Como el arado obedece las palabras, así Dios recompensa las plegarias”. Es allí cuando entonces comprendemos porque este pensador sentencia que “… un cuerpo muerto no venga las injurias”, es decir, tras la muerte no existe más nada, por tanto, es necesario aprovechar la vida.


Del mismo modo, Blake, no se limita tan sólo a desmentir algunas de las creencias religiosas más significativas para el hombre, pues, también ofrece una explicación concisa del origen que estas tuvieron. Por ejemplo, hablando de la enseñanza de la división del alma y el cuerpo, señaló que el cuerpo representa los deseos, que a conveniencia de la religión resultan pecaminosos y malos. En contraste con esto, el alma personifica la razón y el bien, pero también, desde un punto de vista religioso. Sin embargo, y para aclarar su desacuerdo con esta doctrina, Blake termina sentenciando que es preferible “asesinar a un niño en su cuna, que nutrir deseos que no sean ejecutados”.


Por otra parte, es necesario aclarar que el sistema religioso que Blake cuestiona en su poemario es el sistema judeo-cristiano. Sin embargo, este autor no estaba completamente en desacuerdo con la religiosidad, sino, con la imposición de autoridad que ésta se confiere. En este sentido, parece ser más severo a la hora de criticar la religiosidad del Viejo Testamento, judaísmo, que la del Nuevo Testamento, cristianismo. Por ejemplo, hablando del Jehová de la Biblia, Blake muestra un gran recelo, pues considera que es un Dios represivo y vengador, pero cuando habla del Cristo, señala que “… era todo virtud y obraba por impulsos y no por reglas”. Su punto de vista nuevamente no es infundado, pues, al revisar la historia de Israel se puede observar como las leyes de Dios debían ser cumplidas a cabalidad, so pena de muerte para quien las infringiera, y en contra parte, muestra como el Cristo abolió esa ley, convirtiéndose el mismo en un infractor de la misma, enseñando que el amor al prójimo debería ser el principal motivo de culto. Mostrando su total apoyo a esta nueva doctrina, Blake señala que “… el acto más sublime consiste en colocar otro delante de ti” y atacando la ideología del judaísmo asevera que "… todas las naciones reconocen el código judío y veneran al Dios de los judíos [y pregunta] ¿cabe mayor servidumbre?”. Obviamente, Blake rechaza la opresión y el hecho de que una religiosidad manipule la vida de las personas, al punto de limitar la existencia humana al simple cumplimiento de normas inventadas por el mismo hombre, pero atribuidas a Dios. Por eso, a manera de sátira en su poema dice que Isaías, profeta hebreo, respondió a una de sus preguntas de la siguiente manera:


"No he visto ni oído Dios alguno por medio de una percepción orgánica limitada, pero mis sentidos descubrían el infinito en cada cosa, y, desde entonces, estoy convencido y persuadido de que la voz de la indignación sincera es la voz de Dios. No pensé en las consecuencias y escribí”.

Esta declaración podría ponerle los pelos de punta a cualquier occidental creyente, quien no dudaría en tachar a Blake de “satánico”. Sin embargo, lejos de darle culto a diablo, este prolífico autor, está tratando de hacer entender, que es necesario que se ofrezca culto a la razón. Busca que su lector despierte de ese sopor inconsciente llamado religión y comience un nuevo amanecer iluminado con la luz de la conciencia. Sin embargo, plantea que no es necesario que se comprenda todo, no hace falta explicar cada fenómeno que se presente, pues, como el mismo advierte “¿No comprendes que cada pájaro, que hiende el camino del aire, es un mundo inmenso de delicias cerrado para tus cinco sentidos?”


Finalmente, se puede deducir que lo que rechazó Blake fue el abuso de poder perpetrado por la religión y es por ello que en su poemario elogia a quien desde el principio se reveló contra ese sistema de dominación, a saber Satán, y afirma que “si otros no hubiesen sido necios, nosotros lo seríamos” y ratifica que “si el necio persistiera en su necedad se volvería sabio”.


En conclusión, es necesario que se reflexione sobre los beneficios aportados a la humanidad por parte de la religión, pero a la luz de los efectos nocivos que ha tenido este “opio” esclavizante, que ha limitado al ser humano al punto de imponer una barrera quimérica que no le permite aprovechar la corta vida que posee de manera plena.

REFERENCIAS

Abrams, M. (1971). La leche del paraiso: Los efectos del opio. Visión del
trabajo de Quincy, Crabbe, Francis, Thompson y Coleridge. New York:
Octagon.

Blake, W. (2000). El matrimonio del cielo y el infierno. Editado por
elaleph.com

Löwy, M. (2006). Marxismo y religión: ¿opio del pueblo? Buenos Aires:
CLACSO.

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