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El niño con el pijama de rayas

Cada año llegan y llegan más obras sacacuartos sobre el holocausto y los nazis como si de irlandeses en la Norteamérica del siglo XIX se tratara. Muchas de ellas de dudosa calidad, como Monuments Men o Malditos Bastardos (oooh, dios, que rabia me da esa pelicula).
Si a esto le sumamos que al público general se le dice que una obra es, sencillamente buena, el público va como moscas a la mierda, nos da como resultado obras supuestamente emocionales que nadie discute y que todo el mundo exalta por doquier.
De entre todas ellas, una tuvo un éxito especialmente absurdo: El Niño con el Pijama de Rayas. Esta obra de John Boyne. Se rodó una película sobre la obra de Boyne, de una calidad parecida entre ellas: mediocre cuanto mucho. 
Soy de la quinta que tenía quince años cuando salió el libro, y a esa edad, en el instituto me hubieran hecho leer el Diario de Anna Frank, pero todo el mundo se volvió loco con el libro, y yo tuve que leerlo. No una vez, sino dos. La florista de debajo de mi casa me pidió que lo leyera, y a los pocos meses me lo volvieron a hacer leer en clase. 
Ambas veces tuve el mismo problema: una suerte de conflicto conmigo mismo -llamemosle emocional- porque no supe como afrontar el libro. Y esto, no en el mejor sentido de la expresión. Me explico: El libro narra la vida de un niño alemán en el Tercer Reich cuyo padre es destinado a dirigir el campo de exterminio de Auscwich. Así que el libro intenta mostrar el nazismo desde los ojos de un niño (que no lo hace porque enseguida se van a un lugar con menos contacto que Internet Explorer) y la relación entre un niño alemán y otro judío, pero de esto hablaré más adelante. No supe si afrontar el libro como si supiera de que estaba hablando o intentar meterme en los ojos del crío que lo desconoce todo. El libro machaca esas dos fronteras hasta que la abstracción resulta imposible.
Los nazis venden, sea la obra que sea. Sino, solo hace falta mirar la mitad de la filmografía de Bradd Pit o la ingente cantidad de videojuegos en los que matas nazis a mansalva. Y en el niño con el pijama de rayas apenas se observa el nazismo como poder... excepto en la absurda e innecesaria escena en la que aparece Hitler. Os lo juro. Es una escena innecesaria en la que sin previo aviso, Hitler llega a cenar a la casa de la familia, sin decir nada, poniéndolo como un señor muy cabreado... y fin. Eso vende.... supongo. 
Más: el protagonista. El niñito alemán es casi un narrador camera cuyo único conflicto interno es ¡EL ABURRIMIENTO! Pasa de vivir en una casa enorme donde se escondía donde fuera a una casa lóbrega donde no sabe que hacer. A través de sus ojos exploramos una vida apática e insulsa, muy insulsa.¿Y cual resulta ser su vía de escape? un niño judío al otro lado de la verja... ¿En serio ningún guardia le dijo a ese niño que se apartara de la verja?
Como fuera... el libro, imagino, intenta transmitir el mensaje de convivencia entre personas y culturas. Pero la relación entre esos dos niños es forzosa e irónicamente tóxica (ajajaja ¿lo pilláis?, tóxica... eso es humor negro). Más que decir que debemos convivir, el libro recuerda a una madre regañandonos y diciendo "¿ves lo que te pasa cuando te juntas con quién no debes?, ¡que mueres!".
Por otro lado he de decir que veo unos recursos que están allí pero que se desperdician como si un multimillonario lanzara billetes. El personaje principal es más plano que una tabla de planchar, mientras que en diminutisimas y escasas secuencias, vemos como la hermana del protagonista sufre un conflicto interno de la hostia, porque la han adoctrinado en el nazismo, pero no lo acaba de encontrar correcto y su cabeza va a estallar de un momento a otro buscando los límites del bien y el mal. Y por otro lado esta el padre, que está allí, como si fuera un nazi muy pero que muy malo, pero deseando salir por patas de aquel sitio. No llegan a ser personajes redondos, porque apenas sabemos de ellos, pero están allí, con conflictos internos de verdad. Lo más parecido a algo redondo en esta historia son las ganancias de Boyne.
Realmente me indigna mucho que los personajes secundarios tengan más carisma que el protagonista más insulso que las lechugas. 
Hey, pero el libro va sobre los nazis. Eso siempre mola. Maldita sea. Si queréis buenas obras leed El diario de Anna Frank o Maus, o vez La Lista de Shinler o La vida es bella. Con estas obras llenáis un espectro amplisimo. Niños judíos durante el holocausto, la relación desigual alemanes-judíos, la vida dentro de los campos y la lucha por vivir... Con ello ya tenéis más que un niño alemán que no sabe que pasa a su alrededor y que prácticamente no muestra otro sentimiento que el aburrimiento. 
En definitiva, a cada página que pasa se puede oír una caja registradora abriéndose y cerrándose dando ganancias a Boyne por una obra sobrevalorada hasta el infinito.

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Con calma y tras los años he hecho arder el mundo.

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