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La Intrusa

 

INTRODUCCIÓN

La historia de la humanidad está llena de ejemplos que dividen a la raza humana en dos polos opuestos: ricos-pobres, altos-bajos, jefes-trabajadores, blancos-negros, mujeres-hombres, entre otros. De hecho, antes de que existiera una división entre razas o clases, existió una división entre géneros, el masculino y el femenino. Esta división artificial promueve la creencia de que los hombres y mujeres son diferentes, no sólo desde el punto de vista sexual, sino también, de forma intelectual, emocional, entre otras. El motivo de dividir la sociedad de esta forma es sostener la idea de que los hombres son superiores en comparación con las mujeres, y dado que los hombres son los que han establecido las leyes y reglas en las sociedades, estas precisamente apoyan el que se mantengan las diferencias entre ambos sexos. Además, esta concepción de la superioridad masculina se puede ver implícito en muchos otros campos del quehacer humano, que como mecanismos de reproducción han servido para que se asuma la superioridad del hombre sobre la mujer como algo natural, un ejemplo de esto ha sido la literatura.


Ahora bien, con la finalidad de probar tal afirmación, en el siguiente análisis se plantea identificar en una obra literaria vestigios de la idea que apunta al hecho de que los hombres son superiores a las mujeres. Para ello, primeramente se consultó algunos trabajos pertenecientes a varias autoras que se han venido ocupando en la Teoría de los Géneros. Entre éstas autoras se cuentan María Milagros Rivera, Lucía Guerra, Helène Cixuos y Julia Kristeva. Una vez hecho esto, se procedió a analizar el cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges, a la luz de dicha teoría, aislando fragmentos de la obra en cuestión en los que se viera claro como se manifestaba la idea la superioridad masculina sobre lo femenino. Además, se identificó en el cuento de Borges algunas características que se atribuyen a cada uno de los géneros estudiados, a través de los roles representados por cada uno de los personajes principales.


Por otra parte, con la intención de presentar el análisis del cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges, mediante de la Teoría de los Géneros, en el posterior trabajo la información será tratada en el siguiente orden: (a) Fundamentos de la Teoría de Géneros, (b) El Género en el cuento “La Intrusa”, (c) Características femeninas y masculinas representadas en la obra, (d) proceso de degradación del personaje femenino principal (Juliana Burgos), (e) representación de la mujer como objeto de deseo y de temor, (f) voz silenciada del personaje femenino y (g) conclusiones.

FUNDAMENTOS DE LA TEORÍA DE GÉNEROS


La Teoría de Géneros es aquella en la que se plantea que la diferenciación de los comportamientos femeninos y masculinos no es biológica, sino que ha sido construida socialmente. Es decir, que lo que se suele entender por hombre o por mujer no son conjuntos de datos físicos, sino construcciones sociales y culturales con una apoyatura biológica ambigua e inestable.


Esta distinción entre lo biológico y lo cultural, entre sexo y género, puede ser aplicada por separado a la producción de la vida y a la sexualidad humana. Esta aplicación tiene el interés de no identificar sexualidad humana con sexualidad reproductiva, es decir, de distinguir entre heterosexualidad y otras formas de sexualidad humana. Ahora bien, esta distinción entre datos biológicos y género en la sexualidad no implica negar que existan diferencias anatómicas entre mujeres y hombres, ni que haya diferencias por sexo en la experiencia del placer erótico. Lo que se niega es que, según María Milagros Rivera, “esas diferencias marquen inexorablemente el comportamiento sexual de las personas a lo largo de la vida”. Asimismo, se rechaza que los comportamientos óptimos sean dos, masculinos y femeninos, con un único modelo normal de relación entre ellos que sería el heterosexual.


Por otra parte, se debe tomar en cuenta que la diferenciación entre los géneros en todas las sociedades opera como un principio básico de organización social. Esto se debe a que las diferencias entre los géneros se definen como un sistema simbólico o de significado que está constituido por dos categorías que son complementarias entre sí pero que se excluyen mutuamente, y en las cuales están comprendidos todos los seres humanos. Es decir, la distinción entre los géneros es aquella parte del comportamiento humano que tiene que ver con el sexo a fin de que no queden dudas sociales acerca de cuál es el uno y cuál es el otro.


Sin embargo, se debe aclarar que este principio de organización social no opera de forma neutral, lo que da como resultado dos sociedades paralelas, la masculina y la femenina. Además este principio de organización opera íntimamente con el principio de jerarquía, en el que se universaliza el predominio del género masculino sobre el femenino. Es decir, en todas partes los hombres tienen poder social sobre las mujeres, poder social que en el orden patriarcal; orden social de poder basado en un modo de dominación cuyo paradigma es el hombre, que asegura la supremacía de los hombres y lo masculino sobre la inferiorización previa de las mujeres y lo femenino (y sobre los hombres de menor jerarquía o débiles); suele ser confundido con autoridad.


Por otra parte, se debe mencionar que siendo el género un producto social, el proceso de “engenerar” a los individuos comienza desde muy temprano en su vida. Cuando se nace el único criterio que se emplea para clasificar a quien acaba de nacer en una u otra categoría es su apariencia física. De allí en adelante se comienza a implantar en el individuo las características que socialmente se consideran femeninas o masculinas según sea el caso. Este proceso de formación se lleva a cabo mediante la socialización dentro del seno familiar, en la escuela, en la calle, a través de la literatura, de los medios de comunicación social, entre otros. Además, existen diversos mecanismos que a lo largo de la vida se utilizan para dejar claros los límites y los contenidos de las identidades de género, entre estos sobresale la predicación religiosa, “la cacería de brujas”, etc.


Para finalizar con esta primera parte, se debe mencionar que algunos estudiosos dejan claro que si bien los contenidos para cada género pueden variar de una cultura a otra, el predominio de lo masculino es una constante intracultural que ha garantizado su perpetuación jerárquica entre los géneros.

EL GÉNERO EN EL CUENTO “LA INTRUSA”


Antes de iniciar la lectura del cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges, llama la atención que a manera de epígrafe se cite un texto de la Biblia (2 de Reyes, I, 26). Más notorio aun es que al buscar dicha cita, en las Sagradas Escrituras, la misma no aparece. A simple vista, el lector podría imaginarse que se trata de algún acertijo del autor. Sin embargo, al ahondar un poco en la distribución de los libros bíblicos, considerados canónicos, se logra comprender que en un principio los libros de Samuel (primero y segundo) fueron considerados como el primero y el segundo libro de los Reyes, mientras que los libros que hoy se conocen como primero y segundo de Reyes eran conocidos como los libros tercero y cuarto. Esto es algo que se puede comprobar al leer la Septuaginta Griega o la Vulgata Latina. Pero, tiempo después de la edición de las obras mencionadas, se determinó que los dos primeros libros de Reyes fueron escritos por el profeta Samuel, por tanto, adquirieron el nombre de su autor y los libros que se conocían como el tercero y el cuarto de Reyes pasaron a ser los dos primeros. Tal distinción se ha hecho tangible en las posteriores traducciones bíblicas. Ahora bien, la intención de toda esta explicación no es hablar de la canonicidad de los libros bíblicos, sino entender que, posiblemente, cuando Borges citó el Segundo libro de los Reyes se refería al Segundo libro de Samuel. Al buscar dicha cita bíblica, tomando en cuenta esta aclaratoria, se puede leer lo siguiente: “Estoy angustiado por ti, hermano mío Jonatán, muy agradable me fuiste. Más maravilloso me fue tu amor que el amor procedente de mujeres”. (2 Samuel, I, 26).


La interpretación dada a este versículo bíblico, tomando en cuenta el contexto, es que durante el reinado del Rey Saúl de Israel, David (que posteriormente sería el rey) estaba unido a Jonatán, hijo de Saúl, por una gran amistad. La misma estaba fundamentada en el temor y respeto que ambos sentían hacia su Dios Jehová o Yahvé. El rey Saúl se había vuelto presuntuoso, por tal motivo Dios determinó sustituirlo por David. A pesar de esto, Jonatán siguió siendo amigo de David, anteponiendo así su lealtad a Dios antes que a su padre. Sin embargo, durante una guerra que se dio al final del reinado de Saúl, Jonatán murió. Tal muerte fue motivo de duelo por parte de su amigo David, y fue entonces cuando mencionó las palabras registradas en el texto citado por Borges.


Tal cita bíblica sirve de antesala al contenido del cuento. Con esta se refleja la clase de amor existente entre los hermanos Nilsen, personajes masculinos principales del cuento de Borges, obviamente, no se trataba de un amor homosexual, como algunos han tratado de explicar sin bases, sino de amor filial. Estos hermanos estaban sumamente unidos por lazos de afecto, que en el mismo cuento se aclara cuando se dice “...pero el cariño entre los Nilsen era muy grande- ¡quién sabe qué rigores y qué peligros habían compartido!...”


Por otra parte, es necesario recordar que en el proceso comunicativo no se dice nada a la ligera, sino que todo tiene una intencionalidad, por tanto, es lógico pensar que el que se cite dicho texto bíblico tiene una función específica, y esta es resaltar por sobre todo la importancia que los hermanos Nilsen daban a su relación. Ahora bien, si además de todo lo dicho añadimos a esta situación que ambos hermanos por ser hombres pertenecen, según la división de géneros, a la clase jerárquica, dicha relación adquiere un carácter de nobleza, por lo que bien puede compararse con la existente entre los héroes de la Biblia.


Ahora bien, esta no es la única parte del cuento donde se puede distinguir la importancia que se da, según la división de géneros, a la actividad de los hombres, pues una de las anécdotas que quizá acentúe con mayor peso el carácter de la supremacía masculina en el cuento, es sin lugar a dudas la que relata como eran los encuentros amorosos de los hermanos Nilsen. En esta se cuenta que “...sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala...” Obviamente, en las relaciones amorosas de los hermanos Nilsen lo que más faltaba era el amor. Se trataban de encuentros sexuales fortuitos o con prostitutas. No se traban de relaciones en donde se involucraran dos sujetos, sino un sujeto (el Nilsen) y un objeto (la mujer de turno). De esta forma queda clara la visión que estos hombres tenían de las mujeres, eran objetos cuya función era satisfacer sus deseos sexuales. No existía lugar para el amor en dichas relaciones, pues socialmente era inaceptable, como se dice en el cuento “En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión”. Otro suceso que sin duda deja claro que la mujer no era más que un objeto de satisfacción para el deseo sexual, desde el punto de vista social propio de los Nilsen, se puede ver cuando Cristián autoriza a su hermano Eduardo para que tuviera relaciones sexuales con Juliana Burgos “... yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, usala” Queda claro que la mujer que este había llevado a su casa no era desde ningún punto de vista la mujer a la que amaba, sino “una cosa” que podía compartirse.


Por otro lado, y siguiendo con el tema de la supremacía del género masculino en el cuento “La Intrusa”, se puede notar la forma en la que Juliana Burgos servía a los Nilsen “La mujer atendía a los dos con sumisión bestial...” Es obvio pues que la mujer también había sido criada en el mismo ambiente que los Nilsen, en el que el género masculino es el dominante, y esto se ve en el modo en el que ella acepta que debe ser su vida. Como mujer, miembra del género femenino inferiorizado, Juliana Burgos efectúa las labores serviles de forma bestial, irrazonablemente. No se plantea por lo visto el revelarse ante tal situación, sino que lo máximo a lo que se atreve es a mostrar “...alguna preferencia por [el hermano] menor...”. Como el sirviente que muestra favoritismo a la hora de atender a uno de sus amos.


Ahora bien, para finalizar esta parte del análisis es necesario volver al principio del cuento. En este se habla de lo unidos que eran los hermanos Nilsen y del punto de vista que estos tenían de las mujeres, según lo establecido por su entorno social. Sin embargo, a la llegada de Juliana Burgos, este orden establecido comienza a tambalear, pues aunque no lo admitían, ambos hermanos estaban enamorados de ella. No se trataba únicamente de no admitir que estaban enamorados de Juliana Burgos, sino que simplemente ellos no entendían que era lo que les estaba ocurriendo, pues si bien, el hecho de compartir a la mujer no tendría por que afectarlos, en el cuento se deja claro que ambos sentían celos el uno del otro “... no pronunciaban el nombre de Juliana, ni siquiera para llamarla, pero buscaban, y encontraban, razones para no estar de acuerdo [...] Sin saberlo estaban celándose...” Esta situación obviamente no les resultaba cómoda y por ello Cristián como hermano mayor tomó la iniciativa en poner fin al conflicto que esta “Intrusa” había iniciado entre ellos, primero con el fallido intento de deshacerse de Juliana vendiéndola al prostíbulo y luego, más radicalmente, dándole muerte. Queda claro que aquí lo importante era salvar los lazos afectivos que los unían como hermanos sin importar lo que tuviesen que hacer con la mujer que al fin de cuentas no contaba como ser humano. Esto se ve en las palabras finales de Cristián, cuando dice “Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas. Ya no hará más prejuicio”. Y como símbolo de felicidad por haber salvado su preciada hermandad, ambos hermanos “Se abrazaron, casi llorando”.


Queda claro con esto, que en el cuento “La Intrusa”, de Jorge Luis Borges, la supremacía del género masculino es el tema de primer orden. Y cuando algo intenta desequilibrar este sistema establecido, no importan lo radicales que sean las medidas que se tomen con tal de preservarlo.

CARACTERÍSTICAS DE LO FEMENINO Y LO MASCULINO REPRESENTADAS EN EL CUENTO

 

El sistema de géneros necesita la existencia de las identidades femeninas y masculinas bien definidas, ya que sin ellas no podría mantenerse. De ahí su insistencia en definirlas y en mantenerlas bien controladas a lo largo de la vida de la gente. Mediante el proceso de “engeneración” se van inculcando en los individuos las características que, de acuerdo con la sociedad en la que se hallen inmersos, los diferenciarán como hombres o como mujeres, es decir, se graba en las personas lo que es ser masculino y lo que es ser femenino. Ahora bien, como ya se mencionó anteriormente, los hombres han sido quienes se han encargado de redactar las leyes y reglas que rigen las sociedades, obviamente esto incluye el determinar que rasgos deben ser considerados masculinos y que otros deben ser considerados femeninos, razón por la cual no es difícil entender por que la mayoría de las características atribuidas a los hombres, rasgos masculinos, suelen tener un valor positivo en relación con las características atribuidas al género femenino, que por lo general tienen una connotación negativa.


En el cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges se puede notar varios de los rasgos considerados masculinos o femeninos en la sociedad en la que se encontraban inmersos los hermanos Nilsen y Juliana Burgos. Se trataba de personas que vivían al margen de la ciudad, eran orilleros, entre los cuales prevalecía la ley del más fuerte. En la descripción que se da en el cuento de los hermanos Nilsen se dice que estos eran temidos por las personas del barrio, pues, “Fueron troperos, cuarteadores, cuatreros y alguna vez tahures. Tenían fama de avaros, salvo cuando la bebida y el juego los volvían generosos”. Sin lugar a dudas se conjugan en ellos, los Nilsen, todas las características de “macho” necesarias para sobrevivir y sobresalir en su sociedad. Por otra parte, tal actitud no se circunscribía al ámbito social, sino que incluso en su “hogar” prevalecían las mismas normas, ellos eran los amos de la casa a quienes debía servirse, esto se deja ver por ejemplo cuando “...le mandaron a la Juliana que sacara dos sillas al primer patio y que no se apareciera por ahí, porque tenían que hablar”. Sin duda ese pequeño fragmento deja ver la supremacía de su género, el masculino sobre el de Juliana Burgos, ellos mandaban, ella obedecía. Por otro lado, se menciona en el cuento que aunque ambos estaban enamorados de Juliana, como se indicó en el subtítulo anterior, ninguno de ellos estaba dispuesto a admitirlo, pues esto iría en contra de lo establecido en su sociedad como propio de lo masculino.


Ahora bien, esta división de los géneros no sirve sólo para mantener en un estado de sumisión al género femenino, sino que también es un principio de jerarquía entre los mismos hombres. En el cuento, motivo de este análisis, se ve como Eduardo, el hermano menor, mantiene una conducta de subalterno ante su hermano Cristián, el hermano mayor. “Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba”, “El tono era entre mandón y cordial [el de Cristián]. Eduardo se quedó un tiempo mirándolo; no sabía que hacer...”, “La Juliana iba con Cristián; Eduardo espoleó al overo [al caballo] para no verlos”. De todo esto se puede señalar que las características propias del género masculino en la sociedad de los Nilsen se cuentan: (a) una personalidad dominante, (b) el ser violento y pendenciero, (c) el admitir estar enamorado sería señal de debilidad, impropio para un hombre y (d) los hombres de menor rango (Eduardo) deben permanecer sumisos a los de mayor rango (Cristián).


Por otro lado, ahora hablando de los rasgos que en dicha sociedad se consideraban femeninos, se puede observar las características que definían la personalidad de Juliana Burgos. Por un lado, se puede prestar atención a su aceptación del sistema patriarcal, término explicado anteriormente, en el que se encontraba inmersa, mediante la sumisión que manifestaba ante los Nilsen “La mujer atendía a los dos con sumisión bestial”, con esto de sumisión bestial bien se puede decir que su proceder era casi instintivo, no había en Juliana un vestigio de razonamiento que le hiciera cuestionar su suerte en la vida. Obviamente, este es el modelo de mujer que se requería para que la sociedad de los Nilsen se mantuviera en pie, a saber una mujer con la cual se ganara “una sirvienta”, que como se menciona en el cuento “... [debía ser una] mujer [que fuera] y [viniera] con el mate en la mano”. Además de lo antes dicho, Juliana también era considerada un objeto para ostentar, pues se dice que “no era mal parecida”, por tanto Cristián la “lucía en las fiestas” cual trofeo. Y sin lugar a dudas, lo que más llama la atención es como Juliana Burgos acepta formar parte de “...esa sórdida unión, que ultrajaba las decencias del arrabal”, pues con esta cita del cuento, bien puede establecerse que el hecho de que Cristián y Eduardo compartieran a Juliana Burgos para satisfacer su apetito sexual no era un acto que, por muy vil que fuera su sociedad, se aceptara como normal. De esto se puede discernir que los rasgos característicos de la mujer, es decir, femeninos en la sociedad de los Nilsen, serían: (a) completa sumisión a los hombres, (b) la mujer se desenvuelve en el ámbito doméstico, (c) poseen un carácter exhibitivo y (d) la mujer es considerada un objeto propio para la satisfacción de los impulsos sexuales, algo parecido a un juguete sexual para masturbarse.

PROCESO DE DEGRADACIÓN DEL PERSONAJE FEMENINO PRINCIPAL (JULIANA BURGOS)


En el cuento “la Intrusa” de Jorge Luis Borges, se puede notar como se somete al personaje femenino principal a un proceso de degradación en el que poco a poco se le priva de la dignidad propia de un ser humano. A Juliana Burgos se le humilla, rebaja y envilece al grado de cosificarla, llegando al punto que su muerte muy poco importa.


Este proceso de degradación al que se somete a Juliana Burgos comienza cuando es llevada por Cristián a su casa. No se trata de la historia de amor en la que el hombre lleva a su casa a la mujer que ama y con la que quiere compartir su vida, sino de la adquisición de “una sirvienta”, que además satisfará los deseos sexuales de su dueño. Por otra parte, Juliana Burgos se convierte en una especie de trofeo que debe exhibirse, por tal motivo Cristián la colma de adornos y la lleva a las fiestas de la comunidad.


Ahora bien, el punto crucial en el que el proceso de degradación de Juliana Burgos se acelera, es cuando Cristián decide compartirla, sexualmente, con su hermano menor, Eduardo. Es allí cuando pierde su condición de humana de forma más abrupta para convertirse en un objeto de explotación sexual. Sin embargo, durante este primer momento ella sólo servirá de esta forma a Cristián y a Eduardo. Es propio mencionar que si bien, en la obra se menciona que “Eduardo estaba enamorado de Juliana”, no por esto se debe pensar que se trataba de la clase de amor que une a dos personas (sujeto/ sujeto) sino, que se trataba de mera atracción sexual, pues en esta relación Juliana no es considerada una persona, un semejante, sino una cosa (sujeto/ objeto).


Al pasar el tiempo, los hermanos Nilsen comienzan a notar que el trato que mantienen con Juliana Burgos pone en peligro la relación existente entre ellos, pues ambos sienten celos el uno del otro, por tanto, para poner fin al problema acuerdan venderla a un prostíbulo. En este momento Juliana deja de ser la “mujer” de Cristián y Eduardo para pasar a ser una prostituta, perdiendo mucho más su condición humana. Ahora es un objeto de explotación sexual público.


Tiempo después, al darse cuenta ambos hermanos que necesitaban los favores sexuales de Juliana, la compran al prostíbulo y la llevan nuevamente a su casa, continuando con la misma “sórdida unión”, sin embargo, también con esto continúan los problemas entre los Nilsen, por ello, para poner un fin definitivo a esta situación que atenta contra la relación de los hermanos, Cristián decide darle muerte a la “intrusa” que les ha traído perjuicio. Es notorio que la muerte de Juliana Burgos sólo importa en esta historia por el hecho de que con esta los hermanos Nilsen salvan su relación, y no por el hecho de que un ser humano fuera asesinado de la forma más vil. Ella no importa, pues de manera gradual dejó de ser considerada como un humano, pasó a ser una cosa, un objeto que debía eliminarse.

REPRESENTACIÓN DE LA MUJER COMO OBJETO

DE DESEO Y DE TEMOR


Juliana Burgos en la obra representa dos roles principales, no por cuenta propia, sino por que los Nilsen se los atribuyeron. En primer lugar, Juliana Burgos representa un objeto de deseo “Eduardo [...] estaba enamorado de la mujer de Cristián...” Como se señaló anteriormente este “enamoramiento” no se trataba del amor que un hombre siente por la mujer de sus sueños, sino que se trataba de mero deseo sexual. La joven “...no era mal parecida...” Por tanto, es comprensible que el joven Eduardo se sintiera atraído por ella. Ahora bien, no sólo Eduardo deseaba a Juliana, es lógico pensar que Cristián también, esto se puede deducir al repasar el episodio en el que ambos hermanos se encuentran en el burdel donde habían dejado a Juliana tiempo antes con la finalidad de deshacerse de ella “Cristián se fue a Morón; en el palenque de la casa que sabemos [el prostíbulo] reconoció al overo de Eduardo...” Si Cristián no hubiese deseado a Juliana Burgos de la misma forma que su hermano menor, pues, simplemente no habría ido a aquel lugar en busca de “la Juliana”.


Por otra parte, luego que ambos hermanos “...la compartieron...” comenzó a provocarse entre ellos una serie de problemas, que al parecer no ocurrían antes “Discutían la venta de unos cueros, pero lo que discutían era otra cosa [...] Sin saberlo, ambos estaban celándose...” Es precisamente en este momento cuando Juliana pasa de ser el objeto de deseo, a ser un objeto de temor. De temor, pues por ella ambos hermanos comenzaron a retarse, sacudiendo con esto la estrecha relación que existía entre ellos. La intrusión de Juliana Burgos en la relación de los hermanos Nilsen ponía en jaque el futuro de los hermanos, por tanto, la decisión salomónica de deshacerse de ella, por mucho que les pesara prescindir de su cuerpo, era la más sensata si querían salvar su hermandad.


De esta forma Juliana Burgos en el cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges representa dos roles atribuidos a la mujer, los mismos son: (a) ser un objeto de deseo y (b) ser un objeto de temor.

 

LA VOZ SILENCIADA DEL PERSONAJE FEMENINO


Al leer de principio a fin el cuento en cuestión, es posible que el lector se pregunte ¿qué pensaba Juliana Burgos de mantener relaciones sexuales con los dos hermanos Nilsen?, ¿qué sentía Juliana por los Nilsen?, ¿qué la hizo tomar la decisión de irse a vivir con Cristián?, ¿deseaba o no estar allí?, ¿qué hizo por su vida cuando Cristián la iba a asesinar?, ¿aceptó la muerte en manos de sus agresor con la misma sumisión con que lo atendía? Éstas, como cualquier otra pregunta que el lector se plantee, quedarán simplemente sin respuesta ya que en la obra en ningún momento se hace alusión al hecho de que Juliana Burgos por lo menos pensara. Desde el principio hasta el final, en el cuento de Borges, los únicos que hablan, que opinan o razonan son los hombres, pues, ni siquiera las otras mujeres a las que se hace alusión dicen algo. Por ejemplo, en ningún momento la mujer que trajo Eduardo de Arrecifes se manifestó, mucho menos la patrona del burdel, lo único que se supo de ella fue que compró a Juliana y luego la volvió a vender. Al parecer no era importante saber nada de lo que estas mujeres opinaran, al fin de cuentas todas eran “cosas” que no tenían nada que decir. A este fenómeno es al que se denomina “La Voz Silenciada”, pues, no es que estas mujeres creadas en esta obra de ficción fueran mudas, sino que lo que dijeran, pensaran u opinaran no era relevante, pues, quienes desde el punto de vista de la división de géneros se encargan de hablar, pensar u opinar son los hombres, que desde esta perspectiva representan la razón.

CONCLUSIONES

1.- Las diferencias de géneros no obedecen a un patrón biológico establecido, sino que son producto del entorno social.


2,- La Teoría de Géneros no busca el que ambos géneros tengan los mismos derechos u oportunidades, como es el caso de los movimientos feministas, antes bien, su meta es que se eliminen las diferencias de género.


3.- Al analizar una obra literaria, a la luz de la Teoría de Géneros, se puede identificar en la misma, los distintos patrones establecidos con la finalidad de mantener el orden jerárquico entre los géneros.


4.- En el cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges se puede notar que la supremacía del género masculino, y todo lo que pueda ocurrirle a los hombres, posee mayor relevancia en comparación con lo que pueda ocurrirle a las mujeres.


5.- El orden jerárquico que se establece con la diferenciación de los géneros no sólo sirve para garantizar la supremacía del hombre sobre la mujer, sino que también sirve para establecer un orden jerárquico entre los mismos hombres.


6.- Una de los frutos más nocivos de la distinción de géneros ha sido sin lugar a dudas la cosificación de la mujer.


7.- Una sociedad en la que se garantice la supremacía del género masculino, procura dejar claro en las mujeres que estas deben aceptar tal distinción como algo natural. Al punto que ellas mismas se conviertan en reproductoras de dicha diferenciación y se sometan de manera sumisa a la función servil que se les asigna.


8.- La teoría de Géneros busca que la mujer se represente a sí misma en la literatura con la finalidad de que estas ofrezcan su punto de vista en cuanto a lo que es ser mujer

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