cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

Vicio propio.

Vicio propio. Thomas Pynchon.

Tusquets editores. Primera ed. marzo 2011.

El saludo de dos viejos amigos.

A aquellos que les gustó “El arco iris de la gravedad”, la novela “Vicio propio” les defraudará si insisten en buscar en ella algo de lo que se guardaba en aquella legendaria catedral de juegos literarios. Mi opinión es que esta breve obra es un ejercicio de estilo, obrita menor, por lo tanto, en el que se propone varios objetivos, como: 1) ridiculizar a las novelas policiacas, tan exitosas en las últimas décadas, burlándose ofreciendo la suya en la que la dificultad estriba en no perder el hilo de la trama deliberadmente hipertrofiada en una ingente población de personajes –misión harto complicada cuando el lector debe ir detrás de los pasos del detective protagonista, Doc Sportello, un tipo de natural despistado, siempre un poco o muy desorientado, sin considerar la posible influencia en su capacidad de atención de su condición de fumador ordinario de marihuana-; salvo lo anterior, es una novela cuya lectura se aborda llanamente, con un nivel de dificultad medio-bajo, por lo que me parece, opinión estrictamente personal, que 2) trata de facilitar reflujos económicos animando al personal a la realización de películas o series –lo que creo aún no ha sucedido- basadas en la novela.    

Pero, en todo caso, es una novela de Thomas Pynchon, un grande de la Literatura, y cualquier obra suya guarda joyas deliciosas, por lo que siempre son lecturas muy recomendables.

Les animo a acompañarme para admirar una de ellas.

A modo de rigurosa sinopsis, el capítulo cuatro (pagina 63 a 67) de “Vicio propio” refiere el traslado de Doc Sportello (detective privado, el protagonista de la novela) a la localidad de Santa Mónica para visitar a su amigo Fritz Drybeam, un antiguo compañero de trabajo, con objeto de suplicarle una clase especial de favor o ayuda para una investigación que le ocupa.

Pero el señor Pynchon nos cuenta lo anterior a su manera, genial. Inicia el capítulo mostrándonos a Doc Sportello montado en su coche en dirección hacia Santa Mónica –no nos informa sobre el objeto del viaje-; mientras conduce, en la radio suena una canción que por el tema de la letra (el lamento de un deudor al que embargan todos sus bienes) le hace recordar sus años jóvenes cuando trabajaba en una empresa de cobro de morosos (llamada “¡Te pillé! Searches and Settlements”), y también le convoca la imagen entrañable de su compañero de trabajo de entonces, el veterano Fritz Drybeam, su amigo. Y sin nada más, en la escena siguiente Doc y Fritz están saludándose y comentan sobre sus respectivos aspectos físicos después de tantos años sin verse –Thomas Pynchon silencia que, durante el tiempo que duran la canción y los recuerdos, Doc ha llegado a Santa Mónica, ha aparcado su coche y se ha personado en el domicilio de Fritz-.

Coexisten aquí dos planos que sólo se interrelacionan al final:

En el primero el autor narra desde una posición omnisciente lo que va sucediendo dentro de la mente del protagonista:

-comentarios sobre lugares pintorescos por los que atraviesa (la finca de la Hugues Company);

-advierte ciertos curiosos fenómenos atmosféricos que complican la circulación y le llevan a concluir que debe aminorar la velocidad (se encontraba en un planeta donde el viento podía soplar en dos direcciones a la vez);

-observa rostros que se desfiguran conforme pasa su vehículo (las caras emergían con la marcada intensidad…);

-escucha música de la radio que le lleva a revisar equivocaciones y remordimientos de su época de juventud (Viene el tipo que embarga brincando por esa ventana);

-revisa recuerdos de sus actuaciones como cobrador de deudas junto con su veterano compañero (¿Se espera que yo le patee el culo a un tío?).

Doc no piensa en para qué hace el viaje, porque ese asunto ya fue objeto de reflexión con anterioridad con motivo de su trabajo como detective, por lo que al no estar incluido dentro de las cavilaciones de Doc, el narrador no lo manifiesta.

El segundo plano, que el señor Pynchon omite absolutamente en su narración, consiste en el desplazamiento de Doc desde A -su domicilio- hasta B –la casa de Fritz en Santa Mónica-, y es coetáneo y contemporáneo al primer plano, hallando su acabamiento al referir que Doc ha encontrado a Fritz dando golpes bajo el capó de un Dodge que estaba preparando para un desfile de choches de colección.

Ambos planos confluyen, finalmente, en un saludo:

"-Qué hay, Doc, tienes una pinta de mierda".  

A su vez, Fritz participa en la narración en forma de dos conceptos distintos, uno como un objeto de recuerdo de juventud de Doc causado por la canción que suena en la radio del coche, y el otro como el amigo al que el detective privado va a visitar en ese momento.

La impresión que le queda al lector es sobre todo la de haber presenciado un impacto visual. Efectivamente, nada más fácil para una cámara cinematográfica que la de filmar el avance de Doc en su coche por la autopista desde que sale de su casa hasta que llega a su destino mientras se van refiriendo, bien directamente o más o menos indirectamente, los pensamientos del protagonista, porque los dos planos pueden mostrarse simultáneamente y ser captados sin dificultad.

Thomas Pynchon logra lo mismo con el fogonazo deslumbrador de una potente imagen visual –el encuentro de los dos amigos, que es el punto culminante del texto reseñado- que se consigue mediante la omisión absoluta de las etapas anteriores de trámite para de esta manera cargar todo el peso del significado en el acto del saludo, que es la brillante joya que nos regala el autor. Cuando el lector “los ve” saludándose, le alcanza a la vez la comprensión instantánea de todos los sucesos anteriores que han sido lógicamente precisos para llegar al encuentro, y que le habían sido escamoteados en la narración.

 

  • 19
  • 4.59
  • 265

SEMPRONIO. ¿Tú no eres cristiano? CALISTO. ¿Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta