El viento. Incansable y feroz. Una demostración poderosa de la fuerza de
la naturaleza, es la vida y a la vez la muerte.
Arrastra consigo deseos y derrotas.
Cabalga sobre los mares y montañas, vuela siempre libre y, aunque solo,
siente la compañía de la noche.
Las olas alaban su presencia, y a las flores más bellas las concede un
único baile, y ellas, deseosas de complacer su capricho, bailan durante
toda la noche agitando sus pétalos y olvidando por un momento su mísera
existencia.
Pero aquella velada fue distinta.
Las pútridas y ya cansadas hojas partidas fueron desplazadas de un lugar
a otro a merced del viento.
Las rosas malditas perdieron por primera vez sus pétalos, que fueron aniquilados
lentamente por esta silenciosa bestia invisible.
Tras los cristales húmedos de una estancia completamente oscura, yacía
inmóvil e inerte y a la vez tan viva, una sombra maldita y desdichada
por el resto del mundo.
Sus ojos, perdidos en algún lugar desconocido, tal vez incluso inexistente,
lloraban en silencio mientras las horas pasaban despacio.
“Perdido y solo en la cúpula del llanto”
Tantas noches llorando a escondidas que la luna ya conoce su desgracia, tantas
horas maldiciendo su existencia, y aun sabiendo que nada se lo permitiría,
deseando empezar de nuevo.
“Los recuerdos hacen de él un hombre inmortal, los momentos, su
muerte no fue real.”
Y mientras las personas que habitan el planeta, mantengan el odio y el rencor
por los actos ya desvanecidos, el se mantendrá vivo, y seguirá
asesinándose cada noche, mientras el viento se lleva los restos del mundo
que nunca existió.