La explanada era enorme. Todo su conjunto férreo rebosaba complejas formas metálicas que componían su estructura. En su interior, cientos de personas trabajando, incansables, decididas. Las piezas de montaje fluían por las lenguas transportadoras, abasteciendo el suministro a los pétreos trabajadores. -¿Qué tal te ha ido hoy?-preguntó con decisión. -Bien. Como siempre; este trabajo tiene su monotonía… -Ya. Pero no me negarás que está bien pagado-dijo sonriendo. -Sí. Aunque; ¿de qué te sirve el dinero, si no puedes disfrutar de esta vida?-dijo turbado. -No te incomodes. Están mirando…; sabes que esos pensamientos traen consecuencias-dijo erático. -¡Me da igual!-dijo furioso. Una alarma se empieza a azorar en el ambiente, dando vueltas con su color rojizo, chillando incansable. -¡Ves lo qué has hecho! Yo no pienso cubrirte; allá te las apañes… -¡Maldito cobarde; no necesito tu ayuda! …¡Cobarde!-dijo acusador, con su acritud dibujada violentamente en su rostro. -Multitud de hombres de negro comenzaron a salir por todas las puertas de la fábrica. -¡Es ese, el del sector 3G!, ¡atrapadle!-dijo un capataz de la fábrica. Multitud de hombres de negro se juntaron a tropel en el interior de la fábrica. Cada vez eran más, más, más… -Tengo que escapar de aquí-pensó-; pero, ¿hacia dónde voy? Su rostro asustado, y sus piernas temblorosas, se agitaban como ramas de un árbol enjuto ante un vendaval. Finalmente, corrió en dirección a la salida principal, a la luz. -¡Eso es! A la luz; mi salvación, tengo que conseguirlo. Sin más, comenzó una acuciada carrera por escapar de aquel dictatorial lugar. ¡Quería libertad! ¿Por qué no se la daban…? La luz, pura y blanquecina de la salvación, estaba cada vez más cerca. De ella, para su agravio y desesperación, salieron más hombres vestidos de negro. ¡Pero qué demonios!, ¡están por todas partes!-pensó. Los hombres comenzaron a disparar. Multitud de balas, atravesaron su cuerpo, haciendo negros y sanguinolentos agujeros en su vestimenta. Cayó desplomado contra el suelo. Un hilillo de sangre apareció del interior de su ser, muriendo en la comisura de su boca. Los hombres de negro, le cogieron, y con inusitada delicadeza le sujetaron por debajo de los brazos, y le transportaron fuera del recinto. Por la luz; por la puerta que quería escapar. Sin embargo; nadie se alarmó, todos los individuos parecían estar en la misma pose: quietos, parados en los contornos laborales que desempeñaban. -Menos mal que los desactivasteis-dijo una voz ronca. -Para eso está el pulsador-dijo tranquilamente Mike. -¡Ya tenemos otro prófugo cogido!, eh Mike. -Sí. Es que cada vez los hacen más humanos… -Bueno, casi perfectos, de vez en cuando surgen algunos defectuosos: unos que escapan, otros matan, etc. -Tienes toda la razón. Casi, casi perfectos.
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