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10 min
16 La Hermandad de los Abderrahim. Ataque de reina
Suspense |
05.05.13
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Sinopsis

Bueno, que no me había olvidado, que la historia sigue.

Ataque de reina

Peña

    Apenas intercambiamos palabras mientras conducía hasta la agencia, preferí esperar a tenerla en mi terreno, sin duda me iba a costar que se sincerara pero tenía a mi favor el impacto que el ataque contra Houari había producido en su ánimo. Melani nos recibió con su habitual sonrisa, ataviada con un vestido negro salpicado de lunares blancos, generoso de escote y corto y de vuelo por abajo, fresquita como siempre. Nos acomodamos en el despacho, el sillón de los afligidos le vino al pelo, serví dos Jim Bean y me senté frente a ella, a pesar de la conmoción sufrida aprecié determinación en sus grandes ojos oscuros. Ataqué.

    —Antes de nada pondré las cartas sobre la mesa. No me interesa ni la Hermandad ni sus fines, pero tengo que hablar con Aguirreche en persona para dar satisfacción a mi cliente. En cuanto a ese asesino es preciso pararle los pies si no queremos que vaya dejando un reguero de cadáveres por la ciudad. Ignoro a que os dedicáis tanto tú como Houari pero no hace falta ser un lince para deducir que vuestra ocupación no es el derecho.

    Se me quedó mirando fijamente mientras sopesaba la respuesta, la mención a la Hermandad había despertado la alerta en su mirada, tragó del vaso ganando tiempo. Tenía una de esas serenas bellezas árabes de rasgos equilibrados, ojos grandes y profundos y boca de labios carnosos y sensuales, la nariz pequeña y ligeramente respingona como contrapunto, el rostro enmarcado por una ondulada melena azabache.

    — ¿Qué sabes de la Hermandad? —preguntó. Parecía que eso le interesase por encima de cualquier otra cosa.

    —Pues lo mismo que del país de nunca jamás, las fantasías no son mi fuerte. Háblame del asesino y para qué lo contrataron.

    —Se llama Bermudez y es español. Participó en la guerra del Congo, primero fue FreeLancer, luego capataz en unas minas y más tarde se unió a las guerrillas. Tenía fama de sanguinario, también de que secuestraba mujeres para violarlas y asesinarlas, el Diablo Blanco le llamaban. Pero de todo eso nos enteramos después.

    — ¿Y para qué fue contratado? —el quid de la cuestión, pensé.

    —Alguien lo hizo sin consultarnos, sin saber tampoco que era un psicópata. Le encomendó que borrara unos rastros, eso fue todo. O eso fue lo que nos dio a entender cuando le preguntamos —durante unos momentos perdió su mirada en el líquido ambarino—. Pero parece que elaboró sus propios planes, además del intento de eliminar a Houari ayer apareció el cadáver de un miembro importante de nuestra comunidad. Todo apunta hacia él.

    — ¿Le han detenido ya? La información que obre en su poder puede llevarnos hasta Bermúdez.

    Un gesto sarcástico en su rostro, me dio mala espina.

    —No es tan sencillo, digamos que es una especie de jefe de policía.

    Empecé a cabrearme, temía por Daniela  y no obtenía la colaboración que necesitaba, los antecedentes del tal Bermúdez me habían preocupado. En esos momentos sonó su teléfono, atendió la llamada. Apuré el último trago y fui a servirme otro, a ella aún le quedaba whisky.  Me recibió con una sonrisa que resaltó su belleza, era una mujer muy guapa.

    —Buenas noticias, en breve será difundida una grabación en la que Roth ordena a Bermúdez asesinar a Houari, está acabado. Podremos presionarlo para que nos cuente todo lo que sabe.

    Eran buenas noticias pero me interesaba la inmediatez.

    — ¿De cuánto tiempo estamos hablando? El asesino sigue suelto y no sabemos lo que trama. Aparte de vuestras historias ha estado siguiendo a una amiga, después de lo que me has contado comprenderás que me corra prisa echarle el guante lo antes posible.

    No me pasó desapercibida la reacción de contrariedad que asomó brevemente a su mirada.

    —Me temo que llevará un tiempo, no se puede detener a Roth solamente por una grabación, tendrán que comprobar primero su autenticidad. Pueden ser horas, pero también días.

    —De los que no disponemos, ya viste que Bermúdez no está solo. ¿Sabéis algo del tipo que atacó a Houari? ¿También lo contrató vuestro jefe de policía?

    —No, de ese no tenemos información.

    En ese momento sonó mi móvil, reconocí en la pantalla el número de Paco. Alguna ocurrencia de Daniela, supuse.

    — ¿Qué pasa?

    —Se la han llevado, jefe —me contestó con voz compungida—. No nos dio tiempo a reaccionar, ni a mí ni a la policía. Paró a su lado una furgoneta y salió de la puerta lateral un negro grandote que la metió dentro. Todo pasó muy rápido, salieron zumbando antes de que llegáramos. El coche de los maderos salió en su persecución.

    Sentí como la rabia se apoderaba de mí y estrellé el vaso contra la pared. Aicha dio un respingo.

    — ¡Maldito cabrón! —exclamé enfurecido.

    — ¿Jefe? —sonó la voz alarmada de Paco.

    No era momento de exabruptos, si existía alguna posibilidad de salvar a Daniela necesitaba la cabeza fría. Pero que difícil en momentos así.

    —Quédate por ahí hasta que te dé instrucciones. Si hay alguna novedad me llamas. Y no se te ocurra beber, te necesito sobrio —y corté la llamada.

    — ¿Qué es lo que ocurre? —Aicha presumió un nuevo ataque contra Houari, me lo dijeron sus ojos asustados.

    —Han secuestrado a mi amiga, Bermúdez y el tipo que apuñaló a Houari. Ignoro con qué propósito, pero después de lo que me has contado me temo lo peor. Tienes que llamar a tu gente para que hagan cantar al jefe de policía como sea, Bermúdez se las sabe todas y ya se nos ha escapado varias veces, nuestra única posibilidad pasa por ubicarle rápidamente y para eso necesitamos la colaboración de la persona que lo contrató —me quedé mirándola, desafiante.

    No se amilanó, estaba acostumbrada a tomar decisiones. Sacó su móvil del bolso.

    —Creo que hay una manera. ¿Te importa dejarme sola unos minutos?

    También empezaba a cansarme de secretismos, pero tenía que decirle a Melani lo que había ocurrido y ponerme en contacto con Muñoz-Seca. Salí del despacho.

 

    Cónclave

    Sonó el teléfono, era Aicha.

    —Dime

    — ¿Habéis difundido ya la conversación del pendrive? —preguntó la Mayor.

    —A ello íbamos.

    —Pues no lo hagas, tenemos que negociar con su contenido.

    — ¿Y eso?

    Aicha le explicó su plan con detalle durante los siguientes minutos, Barbosa puso alguna objeción pero finalmente se mostró de acuerdo, cuando terminó la conversación le tocó a ella el turno de explicárselo al resto del grupo.

    —Si le permitimos continuar en el puesto intentará llevar a cabo alguna acción desesperada —objetó Horacio Almendros—. Puede que incluso intente utilizar a los Assasins para militarizar la Hermandad.

    —No mientras tengamos en nuestro poder varias copias del pendrive. Fuera del alcance de sus manos, por supuesto. Si los Assasins se enteran de que ha intentado matar a su jefe son capaces de ejecutarlo, no correrá ese riesgo.

    —A mí me parece bien el plan de Aicha —dijo Aguirreche—. Hay que salvar a la chica de las garras de ese monstruo.

    El silenció que siguió a sus palabras se interpretó como conformidad por parte de todos. Chung decidió ir al terreno práctico.

    — ¿Quién le pone el cascabel al gato? —preguntó.

    —Iré yo —sentenció Barbosa.

    La reunión se disolvió, no había tiempo que perder. Barbosa concertó una cita inmediata con Roth y el resto se dirigió a guardar las copias en los lugares acordados, una de ellas en la Cámara de Proyectos de la Hermandad, un lugar al ni siquiera el Jefe de Seguridad podía acceder a no ser que fuera acompañado del depositario y dos empleados de la Cámara como testigos. Horacio Almendros enviaría otra copia a una caja de seguridad propiedad de su familia.

    El dolor por la muerte de Neville acompañó a Barbosa mientras caminaba hacia el despacho de Roth. Deseaba hacérselo pagar, pero antes era preciso neutralizar a Bermúdez. Si caía en manos de la policía española y hablaba las consecuencias podían ser desastrosas. Aicha le había prometido que moriría durante la captura. Llamó a la puerta del Director de Seguridad.

    Roth la recibió con su falsa sonrisa y la invitó a tomar asiento. Se sentía pesada, llevaba varias horas en tensión y miró codiciosa el sillón, pero declinó la oferta. Puso el pendrive sobre la mesa.

    —Ya sabes lo que es, mataste a Neville pensando que lo tenía. Íbamos a  difundirlo por la red interior pero tu sicario se ha desmadrado y ha secuestrado a una mujer en Madrid. Y ya sabes lo que le hacía a las mujeres en la selva. Hay más copias en nuestro poder, por supuesto.

    Roth escuchaba en silencio, Barbosa continuó.

    —Te proponemos un trato. Nos entregas todos los datos que tengas sobre Bermúdez, queremos llegar hasta él antes que la policía. Es un psicópata peligroso, una amenaza para la Hermandad, debemos eliminarlo. A cambio conservaras tu puesto hasta que regrese Aicha, después dimitirás. Nadie sabrá que fuiste tú el que asesinó a Neville, podrás retirarte con dignidad, aunque sea simulada.

    Roth tamborileó la mesa con los dedos de su mano derecha.

    — ¿Y cómo sé que cumpliréis vuestra palabra? Me la podéis jugar después.

    Barbosa le clavó una mirada  cargada de rencor.

    —Porque al contrario que tú, tenemos honor. Y porque hacer públicas tus felonías crearía una sensación de inseguridad en la Hermandad, es algo que preferimos silenciar.

    Roth cruzó los brazos y miró hacia el techo, sopesando la situación.

    —De acuerdo —dijo finalmente.

    Se levantó y abrió la caja fuerte ubicada en la pared, sacó una carpeta y se la entregó a Barbosa.

    — ¿Qué hay aquí que pueda servirnos? —preguntó ella.

    —Números de cuentas, fotocopias de documentación, apartado de correos y copia del contrato de alquiler del chalet que ocupa. Lo único que desconozco es el vehículo que usa.

    “Y alguna cosa más que te dejarás en el tintero”, pensó Barbosa. Pero con aquella información podrían llegar hasta el sicario. Se volvió antes de abandonar el despacho.

    —Ah, otra cosa, tu esbirro fracasó, Houari sigue vivo. Yo que tú me mantendría lejos de él cuando regrese —y cerró la puerta antes de que Roth reaccionara.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y http://ee-ender.blogspot.com.es/

 

   

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  • Bien. Bien Ender. Ya echaba de menos mi "dosis" de de esta historia. Pero ahora con Daniela en manos del tarado ese voy a tener serias dificultades para concentrarme en mis quehaceres diarios. Va a ser dura la espera. Con decirte que ha sonado el teléfono nada más terminar de leerte y me he sobresaltado... Buen capítulo. Espero acontecimientos...
    La cosa se pone interesante, con Daniela en manos de Bermúdez y la Hermandad que ha puesto precio a su cabeza.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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