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12 min
20 La Hermandad de los Abderrahim. Confesiones 2
Suspense |
23.06.13
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Sinopsis

Pues aqui llega el capítulo 20, ya con decidida vocación de novela. Este capítulo se lo dedico a amets, por haber concluido con indudable acierto ese empeño colectivo llamado el cetro de esmeraldas.

Confesiones 2

    Aguirreche

 

    —Al igual que nosotros los hemos detectado a ellos pensamos que ellos lo han hecho con nosotros, hemos abortado varios intentos de penetración en nuestra seguridad electrónica, de ahí también las prisas por trasladarnos a los Cárpatos. Pero que alguien con el poder político y económico que les suponemos sepa de nosotros constituye una amenaza, tenemos que averiguar más sobre ellos para decidir que hacer al respecto.

    —Puedo entenderlo, aunque no sé que pinto yo en esto —dijo Aguirreche.

    —Hay un ingeniero español, Daniel Montes, que está experimentando con esa tecnología, ha publicado algunos artículos sobre ello. Creemos que de alguna manera tratarán de evitar que  termine de desarrollarla, o al menos que la haga pública. Y lo mismo que nosotros sabemos, ellos saben. Intentarán silenciar esa investigación de algún modo, puede que traten de llevar a Montes a su terreno ofreciéndole una remuneración a la que no se pueda negar o que decidan quitarlo de en medio, eliminarlo. Tendrán que acercarse a él.

    — ¿Es eso lo que hacéis vosotros cuando alguien estorba vuestros planes, eliminarlo?

    Aguirreche desconfiaba del papel redentor de la Hermandad y de los métodos empleados para alcanzar sus metas. No dudaba de que sus intenciones fueran más benignas que las del grupo que ese momento estaba manipulando la opinión pública, pero sujetos como Roth le daban un cariz siniestro a cualquier proyecto y despertaban temores orwellianos. Horacio Almendros apretó el antebrazo derecho de su amigo con su mano izquierda, conciliador.

    —Puede que en algún momento se haya llegado a esos extremos, los errores humanos son imprevisibles, pero para la Hermandad el fin no justifica los medios, nada más lejos de su intención. Como en cualquier proyecto colectivo siempre puede surgir una manzana podrida y como en el caso de Roth, se le aleja del canasto —retiró la mano que tenía posada sobre el brazo de su amigo, dando el tema por zanjado—. Como te decía, tendrán que acercarse a Montes y ahí debemos estar nosotros, para seguir luego los pasos a quien envíen y a través de él llegar a los que desde las sombras están moviendo los hilos. Curiosa coincidencia que Montes resida en Madrid, no terminamos de quitarnos las implicaciones “españolas” de encima. Aunque tiene su lógica, es uno de los lugares donde mas indicios se pueden encontrar del empleo de la inducción subliminal, la están usando para desmantelar el estado de bienestar desde sus cimientos sin encontrar apenas oposición. Montes se encontraría con alguno de esos vestigios y se puso a investigar, eso pensamos.

    Horacio Almendros hizo una pausa para descansar. La medicación tiraba de  la poca energía que le quedaba. Aguirreche volvió a traerle un vaso de agua y esperó pacientemente a que su amigo se repusiera, aunque no terminaba de comprender a donde quería ir a parar con el tema del ingeniero.

    — ¿Te encuentras mejor? —le preguntó.

    —Sí —el anciano señaló un cojín que tenía a los pies de la cama—. Ponlo bajo la almohada, me elevará y podré respirar mejor.

    Aguirreche obedeció solícito.

    — ¿Quieres que eleve la cabecera de la cama también?

    —No, con esto basta —una vez acomodado continuó su discurso—. Lo ideal hubiera sido que se encargaran de esta vigilancia Houari o uno de sus hombres, incluso Aicha por encontrarse en Madrid, pero el traslado y la posible llegada de Bermúdez precisan de su presencia aquí. Si Peña tiene constancia de la llegada del sicario de Roth querrá cazarlo, intentó asesinar a su pareja. Algo que a nosotros no nos interesa, cuanto menos polvareda mejor, ya se encargarán los Assasins de ese tipo siniestro en su momento. A Peña queremos encargarle de la vigilancia de Montes, es un tipo eficiente y Aicha nos ha dado excelentes referencias de su trabajo. Lo emplearon para encontrarte y viene aquí para asegurarse de que sigues con vida y de que tu estancia aquí es voluntaria, te entrevistarás con él y quedará satisfecho. Aprovecharás ese encuentro para contratarle en nombre de la Hermandad para lo de Montes y le acompañarás a España. Allí esperará a que se pongan en contacto con el ingeniero o traten de eliminarlo y seguirá los pasos de quien envíen, que vaya tras el hilo hasta encontrar a los responsables de la conspiración. Suele trabajar solo, pero cuando necesita personal recurre a su antiguo jefe. No hay límite de presupuesto, que recurra a quien necesite para montar la operación sin que nadie salga herido si es posible, sugiérele chalecos antibalas y lo que haga falta. En cuanto sepamos el “quién” ofreceremos la protección de la Hermandad a Montes, mientras hará de cebo, lamentablemente, pero es el único vínculo de que disponemos para llegar a ellos.

    No era Aguirreche persona que evitara los desafíos, pero tanta responsabilidad sobre sus hombros le parecía un despropósito.

    — ¿Y no hay en la Hermandad gente mejor preparada que yo para encargarle esto? —preguntó.

    —Claro que la hay, querido amigo, y como sé que no te gustan las mentiras no voy a mentirte. Por una parte tú conoces el terreno, dispones de datos que a otros se le pasarían por alto, pero no es ese el motivo principal para haberte elegido. Esa gente es peligrosa, lo que están haciendo lo demuestra y cabe la posibilidad de que algo se tuerza, si cayeses en su poder tu nivel de información sobre la Hermandad es generalista en la mayor parte y no pondrías en riesgo su seguridad. Esa gente mejor preparada a la que te refieres posee datos concretos y bajo la presión de la tortura podrían revelarlos. Créeme, nos enfrentamos al enemigo más poderoso que hayamos conocido desde que se fundó la Hermandad.

    Aquellos “nos” que Horacio Almendros pronunciaba con tanta vehemencia incomodaban a Aguirreche, la Hermandad no dejaba de tener cierto matiz de secta que le inquietaba, no compartía la pasión de su amigo. Pero también era consciente del peligro que representaba un grupo de poder que estuviese manipulando la opinión pública para su beneficio haciendo uso de inducción subliminal, un riesgo exponencialmente mucho mayor que el de la Hermandad. Aun así, ¿estaba dispuesto a arriesgar su vida? Las imágenes de una posible tortura le provocaron un escalofrío, un ramalazo de miedo, nunca se había visto obligado a tomar una decisión de aquel calibre. Buscó fuerzas en la mirada comprensiva del viejo arqueólogo, sabía que iba a apoyarle fuera cual fuese su decisión. Luego pensó en lo que podía degenerar aquel maquiavélico plan y su vena rebelde le empujó a decidirse.

    —Está bien, lo haré.

    Horacio Almendros comprendió que no le había sido fácil dar su conformidad.

—En cuanto podamos enviaremos efectivos para apoyar a Peña, pero es un tipo con recursos y sabrá apañarse, Aicha tiene muy concepto de él. Se ocupará tanto de tu protección como de la de Montes, aunque en el caso del ingeniero, como te he dicho antes, lo primordial es utilizarlo para llegar hasta la organización. Si descubren que está custodiado no van a echarse para atrás, estoy convencido, pero asumirían medidas de contraespionaje y destaparían la vigilancia de Peña. Ese es un riesgo que no podemos correr —y miró a los ojos de Aguirreche— ¿Lo entiendes?

    Claro que lo entendía, le estaba diciendo que Montes era el señuelo y que lo que le ocurriese era secundario si servía a sus propósitos, que era un elemento prescindible. Con otras palabras, pero ese era el mensaje.

    —Lo entiendo —dijo tratando de parecer convincente.

    Aunque no esperaba permanecer sentado esperando a que asesinaran al ingeniero, ya encontraría la manera de conseguir sus objetivos sin necesidad de sacrificarlo. Muchos eran los caminos que conducían a Roma, estaba convencido de ello.

    —Aicha y Peña llegarán esta tarde a Buenos Aires acompañados de Houari, los tendremos aquí mañana —continuó Horacio Almendros—. Sé que es mucho lo que te estoy pidiendo, pero la situación es grave y tenemos que arrimar   el hombro. No lo harás por la Hermandad, te conozco, dirigirás la investigación sobre la biblioteca porque te fascinan sus implicaciones, y harás frente a esa organización que anda manipulando las democracias occidentales porque te horroriza pensar en una sociedad controlada mentalmente.

    Aguirreche no contestó, tomó entre sus manos la huesuda de Horacio Almendros y dándole palmaditas asintió con una sonrisa.

 

    Peña

    A mi derecha Aicha dormitaba y Houari miraba al frente perdido en sus pensamientos, aún nos quedaban dos horas de vuelo. Yo también había dormido gran parte del viaje, la tensión acumulada en los días anteriores se había descargado al tomar asiento en el avión. Al espabilarme los problemas volvían a rondarme.

    Sobre todo me preocupaba Daniela, que había salido profundamente afectada de la experiencia y me rehuía, como si me culpara por el terror vivido. Cuando la conocí su comportamiento rozaba la ilegalidad, se dedicaba a enamorar incautos para después desplumarlos y llegó a conocer a tipos peligrosos. De siempre le tuvo pánico a la penuria económica y utilizó sus recursos para evitarla, era algo que podía controlar. Pero el horror que había conocido con Bermúdez sobrepasaba sus capacidades y la hacía sentirse completamente vulnerable, indefensa, comprender eso despertaba en ella miedos primigenios que la llenaban de un temor que nunca antes había sentido. Su mirada me acusaba, me identificaba como el cauce a través del cual el pavor se había instalado en su vida. Mis intentos para hablar con ella se habían topado con un muro, podía ver como el miedo afloraba a su rostro cuando intentaba acercarme, como si mis ojos fueran un puente que la condujese a la mirada del asesino.  Que necesitaba estar sola una temporada, me dijo. Lo entendí pero también me dolió, tenía la impresión de que algo se había roto entre nosotros. Aun así intenté acompañar a la pareja de curtidos policías que Muñoz-Seca puso para protegerla hasta tener noticias del paradero de Bermúdez, encontrándome de nuevo con negativa. Decidí dejarla que lamiera sus heridas y esperar.

    El inspector jefe de la UDEF había puesto el grito en el cielo por haber entrado en casa de Bermúdez sin esperar a la policía y solo se calmó cuando le expliqué que el holandés tenía introducidos sus dedos en la vagina de Daniela cuando llegamos, que de haber esperado se habría consumado la violación. El holandés había cantado lo que sabía, pero lo que sabía era poco para poder conocer la verdadera identidad de Bermúdez, que había vuelto a evaporarse. De las huellas encontradas en la casa ni una sola le pertenecía. Muestras de ADN si que encontraron y después de descartar otras identificaron las que pensaban eran las suyas, pero de poco servían si no le apresaban para cotejarlas. Gracias a los datos proporcionados por Aicha la policía había inmovilizado varias cuentas del fugitivo y alertado a los aeropuertos, puertos y pasos fronterizos sobre los tres pasaportes falsificados proporcionados por Roth. Muñoz-Seca quiso saber de donde había sacado esa información Aicha y ella le dio un teléfono de la policía argentina, alguien al servicio de la Hermandad. En cualquier caso Bermúdez no aparecía por ninguna parte, sin duda tenía recursos desconocidos, o no, por su jefe. Consideré la posibilidad de que volviera a intentar el secuestro de Daniela pero la descarté, una cosa es que tuviera recursos para ocultarse o desaparecer y otra que dispusiera de un segundo lugar donde llevar a cabo su ritual asesino, del que holandés había proporcionado algunos detalles que  ponían los pelos de punta. Además, Daniela era conducida en vehículo desde la pastelería a su domicilio y viceversa por la pareja de veteranos encargados de custodiarla. Aicha recibió información desde el otro lado del charco sobre órdenes de Roth para que Bermúdez viajara hasta Argentina. Yo, pesando que dándole caza podría reconciliarme con Daniela, o al menos que así ella podría superar el miedo que la atenazaba, quería ir para apretarle las clavijas a Roth y que confesara el paradero del psicópata. La propuesta de Aicha, cambiando de opinión por cierto, para que los acompañara y comprobara “in situ” que Aguirreche estaba vivo y que permanecía allí por su voluntad, me vino como anillo al dedo. Mataría dos pájaros de un tiro, a Bermúdez si podía literalmente, y de paso daría satisfacción a Losada, mi cliente, localizando a su amigo Aguirreche.

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  • Interesante historia orwelliana, con acento español. Me preocupan esos negros presagios que tan bien plasmas. La Hermandad inquieta. En cuanto a la redacción te diré que me ha gustado ese "detener" el discurso para llevar el vaso de agua. Es útil parar la secuencia para relajar al lector y reanudar con posterioridad. Muy interesante.
    A medida que leo me admiro de cómo todo el futuro está previsto, las pocas restantes incertidumbres, inevitables, afectan al camino de entre dos o tres que tomará el enemigo, pero no a la meta. HA es un jugador de ajedrez que tiene correctamente visualizadas los próximos cuatro o cinco movimientos (los suyos y los del adversario)¿Será así finalmente? Seguro que no, y no soy adivino. Saludos.
    La Hermandad contra la Banda Subliminal, la lucha promete y con cebo español, casi nada. La trama se complica y enreda por momentos. Ya se echa de menos a Bermúdez porque acelera el ritmo y también las pulsaciones del lector. Me apena la traumatizada Daniela, a ver si se recupera. Valiente y temerario Peña planeando entrar en las fauces del lobo, menos mal que los buenos suelen ganar aunque los malos molan más. Acento de más y menos: escalofrió y explique. Saludos Ender.
    Bueno, tampoco es para tanto. Al fin y al cabo los chalecos antibalas también son salvavidas ¿No? ;.)
    Corregido, amets. Como siempre, gracias por apuntar los gazapos, me estuve riendo con lo del chaleco, menudo despiste.
    A estas alturas estoy convencido de que podría funcionar con el piloto automático y aunque no tuviera tiempo para leer algún capítulo colgarle las cinco estrellas y dejar la lectura para más tarde. Seguro que no erraría en la valoración. Y no voy a aclarar si he hecho esto alguna vez porque los suspicaces también tienen derecho a alimentarse, ejem. y ahora te voy a pinchar un poco que hace mucho que no ejerzo de toca...7º párrafo: "...tiraba de la poca energía que le quedaba, que no era mucha". Final del 12º párrafo. ¿Querías decir chalecos salvavidas o antibalas? Que puede ser que me haya perdido yo ¿Eh?
    Bueno, gracias por la dedicatoria Ender. Este tipo de cosas ayudan a que uno engorde un poquito, a qué negarlo. Supongo que ese último capítulo de nuestra aventura tiene muchas cosas discutibles, comenzando por su extensión, tal vez una demanda de atención excesiva por mi parte. Pero bueno, espero que los demás compis vayan comentando cuando puedan -que hay que disponer de treinta y siete minutos en la vida de uno, no es moco de pavo-. Y ahora el comentario a tu texto, que parece que haya venido aquí "a hablar de mi libro" :). Qué decirte. Sabes que soy uno de los más fieles seguidores de esta novela -para mí ya lo es- que me tiene muy enganchado.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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