cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

13 min
24 La Hermandad de los Abderrahim. Sicarios y detectives
Suspense |
04.07.13
  • 3
  • 5
  • 4212
Sinopsis

Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

Sicarios y detectives

 

    Zaza

    Había tomado una habitación maloliente en el Raval y ahora tomaba una cerveza en el Manchester, un garito largo y estrecho precariamente iluminado por luces rojas y amarillas, su ambiente oscuro permitía que se relajara en una de las mesas de vidrio que ocupaban la sala que se ubicaba a la derecha de la entrada, decoradas con fotocopias de carnets de identidad, entradas de conciertos celebrados en diferentes países y artículos de prensa sobre grupos de rock. Sonaba The Cure y el sitio estaba concurrido, de casualidad se había topado con la mesa que vaciaba una pareja de chicas al entrar al local. Los cinco días que había descansado en una casa rural a orillas del Ebro le habían ayudado a relajar la tensión, pero no a decidir sobre su futuro inminente. Ignoraba cuál podía ser la reacción de los Veronesi, no irían tras ella porque el asunto del gordo no entraba dentro del ámbito del negocio familiar, pero si se presentaba ante ellos tenía muchas posibilidades de que la entregaran a quien fuera que estuviese moviendo los hilos por encima del gordo. Con el cincuenta por ciento cobrado tenía para una buena temporada sin tirar de sus ahorros, debidamente guardados en paraísos fiscales, no era el tema económico el que la preocupaba.

    En su precipitada huida había dado por válidas dos conclusiones que ahora ya no tenía tan claras. Daniel aún no podía demostrar su teoría con pruebas fehacientes, investigaba a partir de indicios y  que andaba encaminado lo supo solo porque habían intentado eliminarlo antes de que las encontrara. Por mucho que le apreciará su amigo no iba a arriesgar su carrera publicando algo que no pudiera demostrarse, si acaso lo desviaría a una de esas publicaciones proclives a los charlatanes. Lo que significaba que estaba expuesto a un nuevo ataque por parte de la gente del gordo. Noe también corría peligro, dejándola sola la estaba exponiendo a una posible venganza, y si pensaban que sabía dónde se encontraba su compañera de piso no dudarían en hacerle daño para tratar de obtener información. Ya debería haber llegado de su viaje a París, la llamó para decirle que se ausentara de casa unos días, mientras pensaba en una solución. No contestó, ni al móvil ni al fijo. Llamó al trabajo y le dijeron que nada sabían de ella, que aún le quedaban unos días de vacaciones. Se puso en pie como accionada por un resorte, empezaba a preocuparse. En la maleta tenía el número de teléfono del amigo de París, le llamaría por si había decidido alargar su estancia. Abandonó las penumbras del Manchester.

    Hasta las diez de noche no consiguió contactar con el amigo de Noe, le dijo que había regresado a Madrid en la fecha prevista, dos días atrás. Volvió a llamarla, no contestó. Trató de calmarse, quizás se sentía herida y no quería responder a sus llamadas, posiblemente las explicaciones que le había dejado en su nota de despedida no le parecieron suficientes. Si, seguro que se sentía despechada y por eso no contestaba al teléfono. Paseó de un lado a otro de la habitación, la tensión apoderándose de sus músculos, la adrenalina bombeando su cerebro, de nada le servía esa explicación, necesitaba saber que estaba a salvo. Decidió regresar, consciente de que quizás estuviera metiéndose en la boca del lobo. Guardó sus cosas en la maleta de cualquier manera, estaba al tanto del pago y le dijo al chico de la recepción, el hijo de la dueña de la pensión, que le había surgido un imprevisto y que tenía que marcharse.

    Tardó seis horas y cuarenta minutos en recorrer la distancia que separaba la pensión de las inmediaciones de la casa de Noe. Se aseguró de que nadie vigilaba el portal y se descalzó para subir las escaleras, la puerta no presentaba señales de haber sido forzada, tenía cerradura de seguridad, pero eso no significaba que no la estuviesen esperando. Abrió tratando de hacer el menor ruido posible y apartando el cuerpo de la línea de tiro, después empujó la puerta. Nada, ninguna respuesta, a ras del suelo asomó la cabeza, la pistola preparada en su mano derecha. Silencio absoluto. Se incorporó, avanzó con precaución y cerró la puerta a sus espaldas.

    Cajones abiertos con su contenido por el suelo le hizo presagiar lo peor. Encontró a Noe sobre la cama de su habitación, sus hermosos ojos azabaches abiertos y sin vida. Si no fuera por el detalle de los ojos se diría que estaba descansando, como única prenda un culote de encaje negro. Buscó en la cocina un paño para poder manipular el cuerpo sin dejar rastros y regresó a la habitación, al aproximarse descubrió algunas rojeces sobre su piel lechosa, señales de golpes, huellas de quemaduras en el pecho izquierdo y hematomas en el lado del rostro que tenía girado hacia la sábana. Las lágrimas habían dejado en sus mejillas huellas del rímel corrido. No presentaba signos de violación, simplemente le habían infligido daño para que contase lo que sabía y cuando descubrieron que su información de poco podía servirles le habían fracturado el cuello. Buscó el móvil en el bolso de Noe, se lo habían llevado tal como esperaba, aunque de poco iba a servirles. Abandonó la vivienda con el mismo sigilo con que había entrado, el rostro transformado en una máscara que no reflejaba sentimiento alguno. Comprobó que nadie vigilaba sus movimientos y antes de montar en el coche avisó a la policía, a continuación destruyó la tarjeta y reventó las tripas del móvil que había utilizado. Condujo hacia las afueras buscando un lugar solitario, fue tomando desviaciones hasta dar con un terreno pelado en el que no había nadie. Detuvo el vehículo y se quedó pensativa mientras encendía un cigarrillo. A la tercera calada ya no pudo más y un grito desgarrador surgió de su garganta, luego otro y finalmente salió el llanto, al principio compulsivo y finalmente callado. Así estuvo durante un buen rato hasta que termino calmándose entre hipidos lastimeros. Volvió a encender otro cigarrillo y se planteó sus siguientes pasos. No iba a dejar la muerte de Noe sin vengar, el que hubiera hecho aquello lo iba a pagar con su vida, el que lo hubiera ordenado también. Quizás aún llegara a tiempo de salvar a Daniel.

 

    Peña

    Desde Argentina había llamado al Jefe para que desplegara un cordón de seguridad con sus escoltas más experimentados en torno a Daniela y a Daniel Montes. Curiosa la similitud de los nombres, pensé, unidos por un mismo destino de amenazas. Tenía fondos ilimitados, así que en cuanto aterrizamos en Madrid dispuse el traslado de Daniela a una clínica privada en las cercanías de Pozuelo. Los hombres de Houari nos esperaban en el aeropuerto, sin nada sustancial que comunicarnos sobre Bermúdez, les encasqueté a Aguirreche para que lo llevaran primero al hotel y que se adecentara y luego al domicilio de Raúl Losada, los viejos amigos tendrían cosas que contarse. Me pasé por el hospital para firmar los papeles del traslado a la clínica y me encontré a Melani en la habitación de Daniela, impedí que viera mis lágrimas culpables mientras se desahogaba entre mis brazos. Que cerrara el despacho hasta nuevo aviso y que empleara todas sus horas de trabajo en acompañar a Daniela, le dije, quería que tuviese al lado a alguien que la apreciara. Un ramalazo de angustia me atravesó al contemplarla sobre el lecho sumida en un plácido sueño del que no sabía si despertaría, luego la rabia me fue invadiendo. Bajé a la calle y en un bar cercano me tome un lingotazo de bourbon, eran las doce de la mañana y el camarero me regalo esa mirada entre condescendiente y recriminatoria  que se les regala a los borrachos. Tenía que entrevistarme con Daniel Montes para explicarle la situación, el jefe del operativo que lo protegía me puso al corriente, a las seis de la tarde salía de la empresa de videojuegos en la que trabajaba, hasta ese momento la vigilancia había sido discreta para que no se percatara pero necesitaba al ingeniero implicado en su protección. No nos convenía su actual domicilio, en un hipotético tiroteo el fuego cruzado podía lastimar a inocentes, pasé las siguientes cuatro horas buscando un chalecito donde ubicarlo, por la zona de Pozuelo para que me pillase cerca de la clínica donde estaba Daniela. Cuando encontré uno aislado del núcleo urbano llamé a Aguirreche para que se hiciera cargo del papeleo con la agencia inmobiliaria, lo quería disponible para aquella misma noche, me dijo que uno de los assassins me acercaría las llaves y le dejé conversando al teléfono con el empleado que me había atendido.

    Daniel Montes solía tomar una cerveza un pub cercano a su domicilio al término de su jornada laboral, me pareció un buen lugar para entrarle. Los hombres del Jefe custodiaban la entrada cuando llegué. Durante el vuelo Aguirreche me había puesto al tanto de todo aquel lio de la inducción subliminal, no terminaba de comprender muy bien a que leches se dedicaba la Hermandad pero que alguien quisiera beneficiarse económicamente influyendo a la opinión pública sí que lo entendía, el dinero conjuntamente con la riqueza generaba podredumbre. Me senté frente a él y le mostré mi carnet de detective.

    — ¿Sabe que corre peligro? —le espeté sin más.

    Su primera reacción fue un respingo de alarma, luego examinó mi carnet y finalmente me dedicó una sonrisa resignada.

    — ¿Es usted el nuevo verdugo?

    No entendí lo que quería decir.

    —He venido a protegerle, de parte de una comunidad de científicos.  

    — ¿Tiene usted algo que ver con los hombres que me vigilan?

    Recordé que era un tipo listo con una mente brillante.

    —Sí, me contrataron estando por un caso en Argentina y los envié como avanzadilla. Pero así la protección es deficiente, necesitamos que usted lo sepa y colabore. Le hemos un buscado un chalet a las afueras de Pozuelo para que resida allí mientras buscamos una solución, en aquel entorno podremos protegerle mejor, y partir de ahora los escoltas se le pegarán al cuerpo. Aguirreche se entrevistará con usted y le dará todo tipo de explicaciones. ¿A qué se refería cuando dijo “nuevo verdugo”?

    Montes se mesó la descuidada barba, sus limpios ojos azules indagaban tratando de averiguar que había y de verdad y que de mentira en lo que acababa de decirle, pero consciente de que si hubiésemos querido acabar con él ya lo habríamos hecho. Me largó una historia sobre una asesina a sueldo con el pelo azul y los morritos de fresa, me trasegué un Four Rouses mientras me lo contaba.

    — ¿Y qué le dijo su amigo del País? —le pregunté cuando concluyó.

    —Que sin pruebas no podía ayudarme.

    —Bien, le protegeremos hasta que las encuentre.

    Recelaba.

    — ¿Y quién paga todo lo que va costar esa protección? ¿Quién son, la competencia del grupo de poder que está utilizando la inducción subliminal? ¿Qué quieren, apoderarse de la tecnología cuando termine mi investigación para usarla en su beneficio?

    Todas preguntas sensatas y lógicas que le correspondería a Aguirreche contestar. Según se mirase, Montes no andaba muy descaminado en sus suposiciones.

    —Lo mío es su seguridad, del resto que le dé explicaciones Aguirreche. Si no desea nuestra protección se la retiraremos, nuestro marco de actuación es perfectamente legal y no podemos obligarle, pero piense que el próximo sicario que envíen no tendrá los mismos escrúpulos que esa chica del pelo azul. Ya es sumamente extraño que los tuviera ella.

    Pareció sopesar los pros y los contras.

    —Mientras no decida otra cosa por mí de acuerdo, no tengo ningún interés en morir, pero estoy deseando escuchar lo que tenga que decirme ese tal Aguirreche.

    —Pues no retrasemos el momento —saqué el móvil y le llamé por teléfono, quedó en presentarse  con las llaves en vez de enviar al assassin—. Espérele aquí mismo, se pasará a recogerle y le acompañara a su nuevo domicilio, contestará a sus preguntas. Creo que se llevarán bien, es de los suyos.

    Dejé a Daniel Montes con la duda de si mis últimas palabras habían sido un halago o un insulto, mi coeficiente podía no estar a la altura del suyo pero tenía su pizca de “chispa”. En la misma barra del pub le di instrucciones al escolta al mando para que reforzara el operativo y estrechase el cerco protector en torno al ingeniero, también le proporcioné la descripción de Aguirreche. En el exterior uno de los escoltas me señaló a un tipo con cara de perro que oteaba desde una esquina dos manzanas más allá. Podía o no podía ser, les dije que quitaran el seguro de las pistolas por si acaso y que lo hicieran de tal forma que el fisgón se diera cuenta. Cuando me acercaba se subió a un Porsche que conducía otro tipo y se alejaron quemando rueda. La partida acababa de comenzar.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y http://ee-ender.blogspot.com.es/

   

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Cómo brilla la literatura de género cuando está en buenas manos.
    Realmente escalofriante y conmovedora el comportamiento de Zaza ante el cadáver de Noe. Impresiona su sangre fría y su dominio de las emociones. Su posterior estallido emocional revaloriza su reacción inicial. Sin duda, un duro rival para Peña, Aguirreche y compañía. Por lo demás, Daniela sigue ausente y Daniel se acoge al amparo de la Hermandad y se convierte en un posible e imprevisto cebo para atraer a Zaza. Revísalo, hay algún acento de más y alguno que falta, así como alguna preposición que otra.
    Hmmm... mira que barruntaba yo que la "zorrita" del pelo azul iba a dar juego.. No quisiera yo como enemiga a una tipa así ,y cabreada. Una lástima lo de la pobre Noe. Pues nada Ender, a la espera de acontecimientos. Y gracias por darme las gracias, por mi encantado si te sirven de alguna ayuda mis observaciones. Algún pequeño despiste también he notado en este texto, pero sucede que a veces me da un poco de miedo convertirme en el tocapelotas puntilloso del lugar y en todo caso es pecata minuta que supongo, a la hora de llevar tu historia a un libro sabrán solventar los editores. Digo yo.. Saludos.
    De este capitulo lo que mas me ha gustado ha sido la parte de Zaza. Parece que todos los lectores le tenemos un especial aprecio a esa mujer de pelo azul. Merito tuyo. Creo que sus sentimientos y su sed de venganza va a traerle más que un problema. En cuanto al resto del capitulo, mantiene el hilo y la tensión. Saludos y a seguir.
    Pobre Zaza, la venganza no aliviará su remordimiento y su sentimiento de culpa. Dinero y riqueza conjuntados generan podredumbre, a eso se le llama robar. Mientras leía me vino a la cabeza (sin ton) la película "El resplandor" de S.K., la escena de las dos niñas hermanas gemelas, las dos fantasmas que sonreían en una habitación... cuya unión de techo y pared se ha dibujado con líneas imposibles; discretas, sutiles, disimuladas, pero irreales; una rara ilusión óptica. El espectador seguramente no se percata, pero su subconsciente queda descolocado por el engendro espacial y a través de aquél hueco ingeniosamente abierto se cuela el terror. Eso es inducción subliminal de la buena. Saludos.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

  • 238
  • 4.6
  • 15

A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

Tienda

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta