cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

17 min
27 La Hermandad de los Abderrahim. Sinapsis
Suspense |
08.10.13
  • 3
  • 5
  • 4603
Sinopsis

La historia sigue.

Sinapsis

    Aicha

    Los micrófonos  de la Hermandad captaban cualquier sonido en un radio de dos kilómetros, así que los assassins no tuvieron que exponerse para grabar la conversación entre Roth Y Konstantino. Primero había que limpiar y después, con una copia del registro de voz de Roth, localizaron sus intervenciones. Comparando los picos próximos dieron con la de Konstantino y el resto lo borraron, quedando una conversación nítida. La repentina marcha al aeropuerto de Posadas les pilló por sorpresa, pero Houari había estado hábil destinando con antelación espías a todos los aeródromos de la provincia. Aún no tenían noticias de Roth pero le tenían localizado en Kuala Lumpur, donde Konstantino tenía la sede de su empresa.  Indagaron a sus accionistas pensando que el grupo económico responsable de la manipulación subliminal tendría una participación mayoritaria pero se llevaron una decepción, aparte de Konstantino solo constaban socios particulares con una baja participación en la empresa, que se dedicaba al transporte de hidrocarburos. De esa información podían deducir que alguna petrolera estaba metida en el ajo, como conspirador principal o formando parte de un grupo. Una suposición que no les servía de mucho, necesitaban algún tipo de conexión informática o económica, alguna prueba documental que demostrase el vínculo entre la mano ejecutora y los dirigentes invisibles. Los científicos de la Hermandad relacionaron enseguida las emisiones subliminales con los buques de Konstantino, la infiltración en las ondas hertzianas se podía llevar a cabo desde ellos y la ocultación mediante una plataforma elevadora era relativamente sencilla y ocuparía un mínimo espacio dentro del volumen total del casco. Pero montar un operativo con referencias tan generalistas resultaba casi imposible, precisaban datos concretos y la misión de Roth era conseguirlos, sino todos al menos alguno para poder tirar del hilo, quería confiar en que el rencor no le nublase el entendimiento durante el desempeño de su misión. No les quedaba otra que esperar a que se comunicara con ellos.

    En cuanto a Aguirreche tenían buenas noticias, Daniel Montes se había mostrado receptivo a la oferta de la Hermandad, la oportunidad de dirigir su propio laboratorio sin restricción de equipamiento le había seducido por completo y quería visitar las instalaciones. Ninguna objeción siempre que la última parte del recorrido la hiciera con una capucha que le imposibilitara la visión. En el caso de que Roth no consiguiera pruebas la opción del ingeniero era la mejor para desentrañar el origen de las emisiones. Los que estuvieran detrás de ellas eran en esos momentos la principal preocupación de la Hermandad, también el mayor peligro. Por un lado no podían permitir el papel manipulador que estaban ejerciendo sobre la sociedad occidental a través de la inducción subliminal, por el otro conocían la existencia de la Hermandad y trataban de penetrar sus defensas, lo que suponía una amenaza directa que tenían que solventar. Tras consultar con los miembros del Cónclave se había valido de su nuevo puesto en el Consejo para detener el traslado a los Cárpatos hasta saber si la ubicación del enclave era conocida por sus nuevos enemigos, si así era tendrían que replantearse todo el proyecto, incluso cambiando la localización del nuevo emplazamiento.

    Ahora caminaba decidida hacia el departamento de neurología acudiendo a una llamada de su padre, que había renunciado a la jubilación y que con setenta años seguía en activo, una decisión por otra parte habitual entre el personal científico de la Hermandad, que continuaban en sus puestos hasta que se veían imposibilitados o fallecían. Conocía las inflexiones en la voz de su padre y parecía que el asunto era serio. La recibió con dos besos y la condujo hasta unas pantallas en las que se mostraban las radiografías de varios cerebros. Su padre señaló uno de ellos.

    —Este es el TAC de Roth. ¿Ves esta pequeña mancha en la región prefrontal? Es una especie de lesión. La imagen que emplean para inducir subliminalmente no es una imagen propiamente dicha, sino un impulso eléctrico que afecta a la sinapsis de quien la contempla, alterándola para crear una decisión artificial en nuestro cerebro. Dependiendo de la cantidad de impulsos eléctricos descargados las órdenes implícitas que generan son en mayor o menor grado perentorias, parece que con Roth se emplearon a fondo para doblegarle. Cuándo le hicimos las pruebas me habló de dolores de cabeza y pérdidas ocasionales de memoria, así que busqué vestigios en sus radiografías. Mira esta otra, es del hipocampo, donde albergamos la memoria. ¿Ves esa especie de pequeñas cicatrices?

    Aicha examinó atentamente la pantalla, apenas eran  visibles, leves señales horizontales por debajo de otra mancha, más clara que la que mostraba la anterior radiografía.

    —Veo otra mancha, las cicatrices que tú dices son casi imperceptibles.

    —Sí, la memoria no llega a perderse del todo, es más una rozadura que una herida y el hipocampo la repara, lo que provoca los dolores de cabeza. Esas cicatrices son otra evidencia del uso de la inducción subliminal. Pero lo que me preocupa es la mancha.

    — ¿Por?

    —No le encontraba sentido. Para averiguar si se trataba de una sombra provocada por el escáner le hice un TAC a una de mis ayudantes. No me sorprendió encontrarme con la misma mancha, confirmaba mis sospechas. Para asegurarme realicé varios TAC al azar entre los miembros de la Hermandad, en todos apareció. Pero me extrañó que no tuviera la misma dimensión en las radiografías, como se supone que sería tratándose de una sombra creada por la máquina. Quería salir de dudas y envié a mi ayudante a una clínica de Buenos Aires para le repitieran el TAC, es este de aquí —señaló otra de las radiografías.

    —Pero la mancha sigue ahí —observó Aicha.

    —En efecto, todos los miembros de la Hermandad nacidos antes de mil novecientos ochenta y cinco a los que les hice la prueba la tienen. Usé un muestreo de veinte al azar y luego lo amplié a cincuenta.

    El rostro preocupado de su padre desató sus alarmas.

    — ¿Y eso qué significa?

    —Pues que a todos nos han borrado una parte de nuestra memoria. No recientemente, sino hace unos años, por eso el tono de la mancha se ve más diluido.

    — ¿Mediante inducción subliminal? —preguntó temiendo la respuesta.

    —No, por eso me preocupé tanto. El sistema no es el mismo, este no deja cicatrices, es limpio. Tan solo borró algunos de nuestros recuerdos, sin provocar lesiones. Y hace bastantes años que ocurrió, en el ochenta y cuatro.

    — ¿Estás seguro de lo que dices, papá?

    —A las pruebas me remito y son incuestionables. Alguien segó sucesos de nuestra memoria ese año. Sé que es grave, por eso te llamé. No sé quién ni por qué, tampoco parece que haya afectado al desenvolvimiento de nuestra actividad, pero ahí está.

    —Hazle un escáner a todos los miembros de la Hermandad nacidos antes de mil novecientos ochenta y cuatro. Prioridad uno, te enviaré la orden.

    — ¿Piensas que el responsable sigue entre nosotros y que su radiografía no mostrará la mancha?

    —No soy tan ingenua, tampoco creo que lo fuera el que hizo esto, pero es mejor descartar todas las posibilidades.

    Aicha abandonó el departamento de neurología visiblemente afectada. ¿Qué significaba aquello? El quién y el por qué con ser importantes no era lo que más la preocupaba en ese momento. Además, dudaba que consiguieran averiguarlo, por algo les habían borrado los recuerdos. Lo que implicaba aquello sí que era de suma gravedad, los hacía vulnerables. ¿Cómo podían confiar en la causa de la Hermandad después de haber sido manipulados? Se dirigió a la selva, necesitaba reflexionar.

  

    Zaza

    Fue un soliloquio alcohólico de su parte, él apenas probó de su vaso, aunque ya le había dado un buen tiento al bourbon quería estar disponible si surgía alguna novedad. Pero se sinceraron el uno con el otro dejando que brotara su pasado, también su dolor. Ella le contó de como Elio había asumido la función de padre, marcándola en todos los sentidos. Aun habiéndola convertido en una asesina a sueldo le ofreció lo mejor que tenía de si, era su manera de entender la vida. Carlas pese a ser el primer amor solo era una bruma de su pasado, un recuerdo sin consistencia. Mientras estuvo bajo la tutela de Elio su peso emocional fue tan fuerte que eclipsaba a todos los hombres que conocía, hubiera sido su amante de no ser por esa manía suya de no mezclar el trabajo con la pasión, le amó como padre y le amó como hombre aunque nunca yacieran juntos. Su muerte le dejó un vacío que no fue capaz de rellenar hasta que conoció a Noe. Noelia, miel y canela, que no solo sació su corazón y su piel, también la hizo comprender el lastre que suponía la herencia de Elio. Ahora había muerto porque ella había roto las cadenas que la ataban a esa herencia, ciertos vínculos solo se rompen con sangre y con la sangre de Noe quebró el suyo. El dolor rellenaba el abismo, el odio lo desbordaba. Habían derramado su sangre, y  con sangre iban a pagarlo.

    Él podía agarrarse a la esperanza, Daniela estaba en coma, aún latía su corazón. Su vida había sido más anodina que la de Zaza, dijo. Su labor de detective por lo general más trivial, casos como aquel constituían una excepción, tenía un divorcio a sus espaldas sembrado de incomunicación. Daniela fue un óleo de color inundando sus grises hasta que llegó aquel monstruo.

    La estructura de la Hermandad había despertado su curiosidad, la otra cara de la moneda si la comparaba con los que estaban detrás de la inducción subliminal, ella hubiera encajado en un cuerpo como el de los assassins. Pactaron un mismo frente para encarar a sus enemigos, hasta pudieron terminar en brazos del otro dándose consuelo, esas cosas pasaban a veces. Pero el móvil deshizo el momento devolviéndolos a la realidad. Por la expresión de su rostro dedujo que era algo serio.

    —Era la policía, han encontrado el cadáver de una chica en un chalet de Torres de la Alameda con signos de tortura. Creen que puede haber sido Bermúdez. Tengo que acercarme a verlo, quizás haya dejado pistas.

    Se dieron los números de teléfonos para estar en contacto, luego él se fue, que cerrara al salir y que la convendría dormir, podía tumbarse en el sofá. El Perro allí no iba a buscarla. Pero ella quería comenzar su caza, se dio una ducha y se tomó una pastilla para bajar el alcohol. Los hábitos adquiridos con Elio aún perduraban, ahora necesitaba alimentos, bajó a la calle.

    Sabía que solo podía fiarse de uno de los Veronesi, Marco y ella habían sido amantes ocasionales a espaldas de Elio y de la familia, la relación, aunque esporádica debido a las distancias, había continuado hasta que conoció a Noe. Después de asentar su estómago con alimentos le llamó, le pilló de juerga en una discoteca.

    —No están muy contentos contigo. ¿Por qué lo hiciste? — le preguntó él después de saludarse.

    —Era un tío baboso, creyó que mi cuerpo iba incluido en el precio. No me gusta que me soben sin mi permiso —era una buena mentira, pensó, y difícil de contrastar.

    —Debiste llamarnos, nosotros te lo enviamos.

    —Ya está hecho, Marco, no tengo vueltas atrás.

    —Hablaré con mi tío. ¿Quieres que concierte una entrevista?

    —De momento tengo otras preocupaciones. ¿Conoces al Perro?

    —Claro. ¿Qué pasa con él?

    —Me anda a la caza. ¿Lo habéis enviado vosotros?

    —No, la operación no era nuestra. Mi tío no haría nada contra ti sin escuchar tu versión. ¿Estás segura de que es él? Lo usamos un par de veces hace tiempo pero lo contrató un magnate y se retiró de la escena.

    —Pues parece que ha vuelto y sabe más de mí que yo de él. Quisiera equilibrar las fuerzas. ¿Tienes algo que pueda servirme?

    — ¿Sigues en Madrid?

    —Sí.

    —Busca en los hoteles que tengan terraza en la azotea, le gusta ver la ciudad desde arriba. Es todo lo que puedo decirte, para averiguar más tendría que hacer preguntas y en estos momentos no sería conveniente. ¿Cuándo te dejarás caer por Milán?

    —No puedo decirte, Marco, quizás me retire. El Perro ha convertido esto en algo personal, mató a Noe. No le digas nada a tu tío, mejor no remover la mierda.

    —Como quieras, nena, soy una tumba. Ten cuidado, Perro es un bicho malo.

    —Yo también lo soy. Cuídate, Marco.

    Sabía que terminaría contándoselo a su tío, que era el padrino, pero no le preocupaba demasiado. La conocían y sabían de lo que era capaz, no siendo asunto directo de la familia a lo más que iban a llegar era a pasar información sobre ella. Mientras se mantuviera fuera de su alcance no se arriesgarían a estar en su punto de mira.

    La información facilitada por Marco podía servirle o no, las costumbres cambiaban con los años. Pero el que estuvieran a últimos de otoño suponía una ventaja, tan solo tendría que buscar en hoteles con terrazas acristaladas. No podía coger la moto porque se arriesgaba a dar positivo en un control de alcoholemia y si bien su documentación pasaba un examen rutinario podía delatarla en uno exhaustivo. Tomó el portátil que llevaba en el maletero y cogió un taxi, le dijo al conductor que la llevara al centro, durante el trayecto buscaría los hoteles que quería visitar.

 

    Roth

    Todavía no había tenido oportunidad de contactar con Aicha, Konstantino era precavido y no le dejaba solo, dos gorilas malayos le acompañaban constantemente. Para cumplir su rol de traidor tenía que ofrecer información fidedigna sobre la Hermandad, aportaba datos pero la mayoría no eran relevantes, sin embargo no todo podía ser carnaza. Aun así esa parte de información sustancial que ofrecía la elegía entre la que no pudiese causar un perjuicio grave a la Hermandad. Pretextaba además frecuentes dolores de cabeza para retrasar sus comparecencias, sabía que entraban en el paquete de efectos secundarios que la inducción subliminal producía cuando su aplicación era intensiva y Konstantino tenía que saberlo, por eso no le presionaban. Pero de nada le servía diferir la entrega de información si por su parte no obtenía resultados, necesitaba acceder a los entresijos de la compañía de transporte o a los personales de Konstantino de alguna manera.

    Los primeros días de su llegada a Kuala Lumpur los había pasado en las oficinas de las Torres Petronas mientras era objeto de una evaluación psicológica, pasada la prueba lo habían trasladado a la residencia de Konstantino para evitar incómodas preguntas sobre su presencia en la sede comercial de la empresa de transportes marítimos. Argumentando que necesitaba de una determinada disposición mental para extraer mejor sus recuerdos sobre la Hermandad recibía la visita de un doctor cada tres días, supuso que un psicólogo o psiquiatra por las preguntas que le hacía, encaminadas, o eso le pareció, a descubrir algún indicio de brote psicótico. En las pruebas que le realizaron en la Hermandad habían apuntado esa posibilidad como consecuencia del uso prolongado de la inducción. Quizás por eso desde su llegada le habían mantenido alejado de cualquier tipo de pantalla, temiendo que su cerebro reaccionase por simpatía. Aparte de los paseos por el jardín japonés que rodeaba la mansión de Konstantino le permitían cualquier tipo de entretenimiento que no implicase dispositivos electrónicos, incluso le habían ofrecido la visita de prostitutas a domicilio. Los desplazamientos para hacer compras le estaban permitidos acompañado de los malayos pero le tenían vetados los centros comerciales, le paseaban en coche mostrándole las diferentes tiendas y le daban a elegir entre ellas. Podía escapar, sí, pero eso serviría para alertar a Konstantino sobre las intenciones de la Hermandad.

    Todas las puertas y ventanas que conectaban con el exterior tenían dispositivos de alarmas, muchas de las interiores también. Las numerosas cámaras instaladas seguían sus movimientos a través de la mansión, aunque respetaban la intimidad de su habitación y el cuarto de baño adyacente, un examen exhaustivo le había convencido de ello. Instalado en aquella rutina poco podía conseguir. Consideró la posibilidad de simular un brote psicótico para salir de allí, pero si le suministraban medicación las consecuencias eran imprevisibles, y aun cuando conservase el raciocinio no le permitirían deambular por la casa por mucha locura que aparentase, en todo caso le sedarían. Solo vislumbraba dos posibilidades, una incursión rápida por parte de los assassins para obtener los datos que buscaban o la eliminación de Konstantino. Con él muerto  su substituto tendría que ponerse en contacto forzosamente con quien estuviera detrás de todo aquello. El atentado apuntaría directamente hacia la Hermandad, pero a aquellas alturas que más daba, se sabían enemigos, quizás fuera el momento de medir sus fuerzas. Pero para ello tenía que ponerse en contacto con Aicha y sabía cómo, les pediría un libro. Un recurso disponible para cualquier miembro de la Hermandad que había instaurado siendo Director de Seguridad. El libro no contenía clave alguna, pero al pedirlo a través de Internet se disparaba un aviso en la Hermandad, una especie de petición de auxilio. Suponía que pese a la rapidez de Konstantino para sacarlo de Posadas los assassins habrían podido seguirlos ahora que disponían de los nuevos pasaportes y que Aicha sabría interpretar el pedido  como una petición de contacto. Ella sabría cómo organizar un encuentro sin despertar sospechas.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y  http://ee-ender.blogspot.com.es/

   

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Como siempre atrapando lectores en las trampas de tus palabras. Muchos buenos deseos desde Chascomús.
    Con el poco tiempo de que últimamente dispongo para pasearme por aquí, supongo que estoy perdiéndome grandes cosas, pero esta no podía dejarla pasar. En cuatro "tandas" he tenido que leer el capítulo en los ratos que consigo "tiempo extra", pero sabía que merecía la pena. A estas alturas no voy a desgranar tus cualidades de escritor, pues ya sabes de sobra mi opinión al respecto. En cuanto al capítulo, resulta sumamente estimulante la compleja maraña de expectativas en la que nos "enredas". La subyugante e incitante incertidumbre del "qué pasará aquí, donde puede pasar de todo" que nos mantiene enganchados a esta saga tuya. Un placer de lectura este capítulo, si señor. Saludos.
    Ender, la Hermandad es toda una obra maestra y cada capi, en lugar de aburrir, levanta el ánimo y provoca deseos de seguir leyendo. Eres un escritor magistral y esta saga es definitivamente espectacular.
    Parece que el asunto de la influencia subliminal toma dimensiones insospechadas en el espacio y en el tiempo y sus efectos secundarios son realmente preocupantes, y encima sin receta que te advierta de los mismos. Sería bueno poder utilizar el arma del control mental para eliminar cierto tipo de recuerdos y cortar la raíz de algunos desequilibrios mentales. La tensión crece y la acción se despliega en varios frentes. El topo infiltrado y el prometedor encuentro entre Zaza y el Perro auguran fuertes emociones en capítulos venideros. Saludos.
    Qué gusto reencontrarse con la Hermandad, pero va tan espaciada que cada personaje es un examen, y no sé si los paso todos; si la sospecha sobre la misteriosa mancha cerebral en todos los nacidos antes de 1985 se confirma, nos hallamos ante un crecimiento exponencial de la conspiración de enormes dimensiones. En el apartado de Aicha las referencias son, sin embargo, casi siempre en tercera del plural, sobreentendiéndose supongo a todos los científicos, o quizá a la Hermandad en general como entidad, no lo tengo claro; y al final del primer párrafo hay un "...quería confiar en que el rencor..." no sé a quién se refiere, a lo mejor a los científicos de la Hermandad que están lejos por la mitad del párrafo. Nada que no tenga arreglo. Saludos.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

  • 238
  • 4.6
  • 20

A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta