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16 min
28 La Hermandad de los Abderrahim. La marca del monstruo
Suspense |
30.12.13
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Sinopsis

No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

La marca del monstruo

    Peña

    Abandoné la oficina un tanto confundido por la historia de Zaza, pese a que nunca había empatizado con los que eran capaces de quitarle la vida a otros seres humanos su pasado la había conducido casi inexorablemente hacia aquel destino. Mientras conducía en dirección al chalet donde estaba la presunta víctima de Bermúdez me pregunté si con ese mismo rasero podía enjuiciar a los jóvenes sicarios que nutrían los ejércitos de los cárteles, si su destino no estaba también predispuesto de antemano, y aunque no tenía forma de disculpar las atrocidades que cometían con posterioridad trataba de situarlos en esos primeros momentos, confundidos, jóvenes imberbes sin madurar, tentados por el dinero fácil en un mundo duro y sin concesiones que no dudaba en mostrar el lado amable de la vida a través de las tentadoras pantallas de portátiles o televisores allá donde más se cebaba la miseria. Y si bien era cierto que no todos tomaban aquel camino también lo era que tampoco todos tenían los mismos antecedentes, iguales circunstancias o idéntico arrojo. El ser humano bajo determinadas presiones era capaz de las mayores atrocidades, ahí estaban los niños de la guerra en África para demostrarlo, los soldados drogándose antes de las batallas o los intentos de exterminio de unos pueblos hacia otros, personas que antes de eso convivían con sus semejantes con más o menos acierto, forzadas hasta que en un determinado momento el ambiente opresivo, el fanatismo o la atrocidad del entorno les provocaba un “clic” en el cerebro transformándolos en monstruos para sus semejantes. La historia reciente estaba sembrada de ejemplos. En ese contexto, Zaza se había visto abocada a una fatalidad prácticamente ineludible, las circunstancias le marcaron una dura infancia abonando el terreno para la llegada de un maquiavélico asesino que se había presentado como su salvador y que la había ido modelando desde su adolescencia preparándola como discípula. No existía el libre albedrio en la conducta de Zaza, no hasta que se vio libre del influjo de su preceptor. Cierto que aún tenía su huella impresa en la conducta, pero al recuperar su raciocinio decidió dejarlo, tomar otro rumbo. Se había marchado y regresado después para proteger a la mujer que amaba y a un hombre que sabía inocente, demasiado tarde para Noe. Ahora clamaba venganza y el pasado insistía en condicionar sus actos. No había disculpa en la muerte, siempre es execrable arrebatar una vida humana, pero mi corazón era incapaz de considerarla culpable.

    Empezó a llover con ganas. La circulación era escasa entrando la noche y los tramos sin iluminación regados por el aguacero se convertían en un peligro para el tráfico, tuve que reducir la velocidad. Me dejé llevar por el GPS, no conocía la zona. A la vuelta de una curva distinguí los rotativos lumínicos de emergencias señalando el lugar, aparqué y me presenté, tuve que esperar a que Muñoz-Seca autorizase mi entrada. El caso no lo llevaba él pero como inspector jefe de la UDEF tenía ciertas prerrogativas. Me surtió de calzas, bata y guantes, para no contaminar la escena, luego me mostró el cadáver.

    El cuerpo de la joven ofrecía una imagen irreal, como si la muerte le hubiera restado credibilidad. La piel presentaba quemaduras de lo que supuse cigarrillos e incisiones por todo el cuerpo, la mayoría de ellas sin aparente profundidad pero con señales abrasivas alrededor, como si hubiesen vertido sobre ellas algún tipo de ácido. Los pezones estaban mutilados, uno de ellos depositado sobre un ojo y el otro sobre el ombligo, la cuenca del otro ojo era una masa sanguinolenta.

    —Sandra Romero —Muñoz-Seca ya disponía de los datos—. Tenía diecinueve años, secuestrada a la salida del trabajo, en un camino solitario que comunicaba la empresa con la carretera de Humera. Estaba en periodo de prácticas mientras estudiaba la carrera.

    Le habían arrancado varias uñas y adornaban su cuello a modo de cuentas, junto a un hematoma circular. El pelo rubio aparecía con algunos mechones tintados en sangre. Tenía cerradas las piernas, pero el charco rojo acumulado bajo las caderas evidenciaba la carnicería perpetrada en la vagina. No solo la había hecho sufrir, cualquiera de las agresiones tenía además una intención vejatoria. Fue entonces que empecé a asumir que lo que estaba contemplando había sido una persona, una joven llena de vida apenas hacía unas horas, cuando comprendí el alcance que mi vista era incapaz de asimilar. Me vinieron las arcadas y tuve que salir fuera a vomitar.

    Muñoz-Seca salió tras de mí.

    —Muchas de las agresiones parecen post mórtem, como si nos hubiera preparado un espectáculo o nos avisara de lo que es capaz de hacer. Tienen que realizarle la autopsia pero según el forense solo las quemaduras y los cortes en la piel se hicieron estando viva. Cree que murió asfixiada.

    — ¿Qué os hace pensar que ha sido él? —le pregunté cuando logré recuperarme.

    —Las similitudes con la descripción que nos hizo el holandés de las heridas que presentaba la chica que logró escapar y que le denunció en el Congo. Ya sería casualidad que hubiera otro como él en Madrid.

    —Hubiese preferido que se hubiera largado del país, su presencia es una amenaza constante para Daniela.

    — ¿Hasta cuándo vas a poder permitirte el operativo que has montado para protegerla?

    —Pienso atraparle antes de quedarme sin fondos —dije con convicción, no podía descubrir la carta jugada por la Hermandad.

    Muñoz-Seca no tenía un pelo de tonto, siguió lanzando balones a ver si colaba alguno.

    —Tu viaje a la Argentina dio resultados, te trajiste a ese tal Aguirreche contigo. ¿Había algo de cierto en la historia esa que me contaste, existe la famosa Hermandad?

    —No tuve tiempo de investigarlo, los abogados me pusieron en contacto con Aguirreche y estuvo conforme con acompañarme. Y el tiempo que estuve allí no dejaba de pensar en Daniela, no debí irme.

    —Tampoco hubieras podido evitarlo, nadie esperaba una reacción así. Lo que debes hacer es dejar la bebida, te olía el aliento a whisky al llegar, bebiendo no se solucionan los problemas —a su manera era íntegro y tenía ganas de enmendarme la plana—. No basta con ponerle protección a Daniela, los policías que asesinó este cabrón eran bregados y cayeron, hasta que no le atrapemos no estará a salvo. Te necesita lúcido, deja ya de culparte y ayúdame a cazarlo.

    No le faltaba su parte de razón, el alcohol aguaba la culpa pero también el discernimiento, y aunque bebía menos desde que había regresado de Argentina seguía siendo bastante más de lo que habituaba antes del atentado contra Daniela.

    —Le pillaremos —dije, intentando obviar su comentario—. Avísame cuando tengas la autopsia, estoy interesado en su modus operandi. Como dicen por ahí, la información es poder.

    Era tarde, hacía frio y no paraba de llover. Necesitaba dormir y me despedí de Muñoz-Seca.

 

    El Perro

    En el domicilio del ingeniero no encontró a nadie, dedujo que le habían buscado otro lugar para pasar la noche. No podían estar protegiéndole constantemente, era un coste demasiado alto, aquello tenía que obedecer a un plan. ¿Pero a cuál? Esperaba que Santos hubiese conseguido resultados o el ingeniero se les iba a escurrir de las manos.

    Slober era hijo de madre cubana y hablaba español,  por eso le mandó tras los pasos del que parecía dirigir el operativo. Y había regresado pasada la media noche con novedades interesantes. Después de dejar al ingeniero el objetivo fue a inspeccionar un operativo similar pero montado en torno a una clínica privada, un motero le siguió los pasos. A continuación marchó hacia una agencia detectives, el motero subió tras él, era una mujer de pelo negro. Estuvieron como unas tres horas juntos, al cabo de las cuales el tipo bajó solo. Le volvió a seguir, esta vez hasta la escena de un crimen a juzgar por la presencia policial, no pudo indagar más porque era media noche, el lugar estaba a las afueras de un pueblo y no había curiosos alrededor de la escena para preguntarles, tuvo que pasar de lejos y esperar a que el objetivo reemprendiese el camino, esta vez hacia lo que le pareció su domicilio. Según Slober la agencia de detectives  no daba la impresión de tener mucha envergadura, más bien parecía modesta, tampoco tenía mucho trasiego, durante las tres horas que permaneció vigilando nadie presionó su timbre de llamada. El Perro consultó en la guía, no aparecían delegaciones de la agencia de detectives Peña.

    Trató de interpretar la información, el  detective estaría trabajando para alguna empresa de seguridad y le habían encargado que organizara el operativo. A la motera no la había visto en las inmediaciones del pub donde estaba el ingeniero, debió avisarla cuando salió del pub para que se reuniera con él. Lo que no encajaba era la visita nocturna a la escena de un crimen, era la policía española la que se ocupaba de los distintos tipos de homicidios. Quizás fuera un tipo carismático al que consultaban, y en alguna  medida tenía que serlo si una empresa de seguridad lo contrataba por encima de sus propios efectivos,  o puede que conociera a la víctima profesionalmente y por eso la policía había recabado su presencia. En cualquier caso un tipo a tener en cuenta.

    Su cita con Santos era a la una, le llamó para ver si era posible adelantarla, tenían el tiempo en su contra. Accedió en quedar a las once, al parecer ya tenía resultados. Se apresuró con el desayuno y se puso en marcha, a menos diez estaba frente a la puerta de su despacho.

    —Creo que se lo van a llevar a alguna parte —bufó nada más entrar mientras se dejaba caer en una silla.

    —Un detective llamado Darío Peña ha contratado el operativo con una empresa de seguridad —Santos fue directo al grano —. Ya está todo arreglado, en cuanto digas hago que los retiren.

    El Perro se quedó pensando, creía que el detective era el contratado y no al revés. Entonces el operativo de la clínica también era asunto suyo. Que personaje más interesante.

    — ¿Sabemos quién ha contratado al detective?

    —En la documentación presentada al ministerio del Interior consta un despacho de abogados de Buenos Aires.

    En Argentina estaba esa gente de la Hermandad de la que le había hablado Konstantino, estaba formada por científicos o algo así, seguramente que estuvieran ellos detrás de los abogados. Pero eso ahora era secundario, tenía que aprovechar el momento en que retirasen el operativo y el ingeniero se quedara solo.

    —El detective tiene montada otra operación en una clínica privada, si logramos que retiren los dos operativos tendrá que dividir sus fuerzas entre ambos sitios y nos dará una ventaja añadida. Ya sabes, divide y vencerás. ¿Puedes conseguirlo?

    —Si se trata de la misma empresa puedo hacer que entre en el paquete. ¿Para cuándo quieres que desaparezcan?

    Santos había resultado un gestor de conflictos eficaz, bastante mejor que su antecesor.

    —En cuanto localice al ingeniero, anoche durmió fuera de su casa, pero supongo que tendrá que aparecer por allí o por la empresa donde trabaja. Mis hombres están pendientes, te llamaré.

    Salió de las oficinas de la farmacéutica con una sensación agridulce, no podía descartar que se llevaran al ingeniero al aeropuerto y toda la operación se fuera el traste. Una vez en Argentina iba a ser complicado eliminarlo, por si acaso decidió llamar a Konstantino para que los efectivos desplazados allí estuvieran al tanto de su llegada. No hizo falta,  estaba montando en el coche cuando sonó el timbre de llamada en su móvil. Era Slober.

    —Dime.

    —Acaba de llegar a la empresa.

    —Bien, avisa a Dino y conservar las distancias, voy para allá.

    Parecía que el rumbo de la operación se enderezaba. Era el momento de que Santos hiciera su llamada, marcó su número en el móvil.

 

    Peña

    Había pasado mala noche y no conseguí dormirme hasta el filo de la madrugada, la llamada me sacó de un sueño profundo. Era el Jefe.

    —Darío,  te has buscado enemigos poderosos. Me ha llamado un alto cargo del ministerio amenazando con retirarme la licencia y suspender mis contratos con la administración si no retiro a mis hombres de tus dos operaciones. Tengo las manos atadas.

    Era una jugada que no esperaba. Nada podía reprocharle al Jefe, muchas bocas dependían de su empresa. Pero lo de Daniela no lo entendía.

    — ¿De la clínica también? Allí esta Daniela, que no tiene nada que ver con Montes.

    —Han sido específicos.

    — ¿Cuándo? —pregunté.

    —Puedo darte una hora, dos como mucho.

    —Lo que puedas. Gracias por avisarme.

    Quizás Aicha tuviese una explicación para aquello pero no disponía de tiempo, tenía que moverme. Llamé a Zaza y le expliqué la situación, enseguida se hizo cargo.

    —Yo me ocupo de Daniel Montes. Tranquilo, tengo la situación controlada. Vete a proteger a tu chica.

    Recordé que Aicha tenía a tres de sus assassins en Madrid tras las huellas de Bermúdez, podía recurrir a ellos para proteger al ingeniero.

    —Te puedo enviar a tres hombres, aunque no sé en cuanto tiempo.

    Se produjo un silencio al otro lado del teléfono, calibraba el alcance de mi propuesta.

    —Mejor que no, tres puede que no sean suficientes para contener al Perro y estorbarían mi línea de tiro. Prefiero manejarlo sola. Lo que sí me convendría sería un lugar tranquilo y discreto para después, pienso dejar a uno vivo para interrogarlo.

    Posiblemente me estuviese convirtiendo en cómplice de homicidio pero en esos momentos me daba los mismo, el que fuera que estuviese tras aquello había metido a Daniela en el paquete sin tener que ver nada y estaba furioso.

    —El chalet que hemos alquilado para proteger a Montes servirá. Puede que esté allí Aguirreche pero le mandaré a otra parte. Solo veo un fallo en tu estrategia, si todo sale bien y capturas a uno de ellos, ¿quién se va a ocupar de Montes?

    —Vendrá conmigo.

    —Demasiados riesgos en mitad de la calle. Montes podría terminar en una comisaría y ha sido un alto cargo del ministerio el que ha ordenado quitar a los escoltas, correría peligro. Los assassins podrían servirte de apoyo aunque no intervengan, aunque no sé decirte si llegarían a tiempo.

    —Mantendré las prioridades, tranquilo. La seguridad de Daniel estará por encima de todo.

    —Ok. Volveré a llamarte si hay novedades, tu haz lo mismo.

    Miré el reloj, habían pasado quince minutos desde que me llamara el Jefe, tenía que darme prisa. Me vestí y bajé como una exhalación hacía el Golf. Tenía el teléfono de Aicha y pensé que si la llamaba ella solventaría la intervención de los assassins de una manera directa. Hice la llamada y puse el dispositivo de manos libres mientras conducía hacia la clínica, en Argentina eran las ocho y media, interrumpí su desayuno. Escuchó en silencio la cadena de sucesos desde que aterrizamos en Madrid y después sopesó su respuesta.

    —Contamos con una aliada inesperada, hagamos uso de ella —dijo finalmente—. Llámala y dile que sabemos quién es el jefe del Perro, reside en Kuala Lumpur y es propietario de una empresa que se dedica al transporte de crudo. En cuanto cuelgue llamo  a los assassins para que se queden a la espera de sus instrucciones, te paso el número de móvil para que contacte con ellos. Que no corra riesgos innecesarios, y cuando Daniel Montes esté a salvo quiero hablar con ella. Tendrás que apañártelas solo un par de días o tres, mientras llegan efectivos de los assassins para proteger a Daniela, los tres que tengo ahí se pondrán a tu disposición una vez que Montes suba al avión. Atraparemos a ese cabrón de Bermúdez.

    Le di las gracias, le dije que estaríamos en contacto y colgué. Dos o tres días, Bermúdez quizás ni se diera cuenta de que Daniela se quedaba sin protección, acababa de matar y su apetito estaba saciado. Los asesinos en serie pasaban por una época de euforia tras cada crimen que perpetraban, transcurría siempre un lapso de tiempo entre una muerte y la siguiente. Pero su comportamiento no se ceñía al patrón psicológico de los asesinos seriales, él era más camaleónico, menos previsible.

    Una hora y cinco minutos después de la llamada del jefe aparqué en el parking de la clínica, sus hombres aún permanecían en sus puestos. Llamé a Zaza y le puse al corriente de la conversación con Aicha, volvió a decirme que no me preocupara, que era buena en lo que hacía, pero esta vez sí aceptó la ayuda de los assassins. Anotó el número facilitado por Aicha y me dijo que tenía que dejarme. Diez minutos más tarde estaba dando dos besos a Melani junto a la cama donde Daniela yacía en coma, seguía al pie del cañón cuidando de ella.

    Una hora y treinta minutos después de que me llamara el Jefe sus hombres desaparecieron sin dar explicaciones, Melani y yo nos quedamos solos. Se abrió el telón de la muerte.

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER y  http://ee-ender.blogspot.com.es/

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  • Hay que reconocer que Bermúdez es, quizá, el mejor personaje. Es extraordinario, atractivo por asesino y temible por su peculiar idiosincrasia. Feliz año y suerte en tus proyectos. Saludos.
    Llevo algún tiempo desconectado de TR y confieso que necesito actualizarme en la lectura de tu novela, pues tengo pendientes algunos capítulos. No obstante, la obra que tienes entre manos, por su calidad y extensión, merece sin duda una publicación. Ya se que soy un anticuado, pero si pudiera ser en papel, ya puedes ir apuntándome a la lista de pedidos. Si no puede ser, pues me conformaré con un ebook. Un cordial saludo y mis mejores deseos para ti en éste nuevo año.
    Feliz año nuevo, ender. Que el 20014 te traiga inspiración y tiempo. El capítulo no pierde el tono general del relato,de cinco estrellas. A la espera de "acontecimientos". Saludos.
    Bueno, parece que el bueno de Bermúdez se mantiene en plena forma; quién tuvo, retuvo. El "modus operandi" con la pobre chica refleja el catálogo completo de su surtido e ingenioso repertorio torturador. Ahí siguen, Peña y Zaza al quite, y el Perro haciendo perrerías. Lo de Daniela ya va para largo, a ver si despierta de una vez, aunque visto lo visto, con los peligros que acechan, a lo mejor le conviene seguir durmiendo. No demores tanto la continuación, que pierdo el hilo de la trama. No sabes cuanto me alegra verte de nuevo por aquí, amigo Ender, tras tu prolongada ausencia. ¿Qué tal la novela?. Feliz Año 2014 y que las Musas nos sean propicias.
    stavros UN GRAN ABRAZO, COMPAÑERO ENDER, Y UN AÑO 2014 CON PERSPECTIVAS MÁS ESPERANZADORAS PARA TODOS. Y HASTA EL PRÓXIMO 2015. ¡AH, Y FELICES UVAS!... Stavros
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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