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32 min
30 La Hermandad de los Abderrahim. Movimientos
Suspense |
29.01.14
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Sinopsis

Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

Movimientos

Bermúdez

    Con el monstruo satisfecho tuvo otra perspectiva de la situación. Hacía tanto tiempo desde lo de Ituri que fue como si todo el ritual hubiese tenido un aire de nuevo, había gozado intensamente con cada mirada de Sandra, viendo como el horror se instalaba en sus ojos para no abandonarla. A sus gemidos de dolor le respondió con la risa demencial del monstruo, lo que la aterrorizaba aún más, hasta que su cuerpo, incontinente, empezó a expulsarlo todo y junto a la sangre salieron lágrimas y vómitos, orines y excrementos, en una orgía de secreciones que terminó arrastrando incluso a su espíritu. Lo supo después de limpiarla, cuando descubrió su mirada vacía, ida, ajena ya al sufrimiento. Intentó reanimar el terror mientras la ahogaba pero se dejó ir, flácida, sin oponer resistencia alguna. Eso le enfadó, las muchachas de Ituri eran mucho más resistentes, acostumbradas a convivir con espíritus les rezaban para que las salvasen, aguantaban las vejaciones con la esperanza de que todo pasara, levantaban un muro invisible que el monstruo tenía que resquebrajar para llegar a sus miedos. El de Sandra había sido un pavor más breve en el tiempo, pero también más intenso.

    Ahora quería más. Incluso saciado no dejaba de anhelarlo. Reconsideró la selva misionera y la savia joven de la que podría alimentarse, esta vez no se le escaparía ninguna. Llamó a Roth pero le contestó otro, uno que se decía su lugarteniente, supo que era mentira y que trataban de tenderle una trampa, colgó a mitad de la conversación. Volvió su atención hacia España. Solo que aquí era más arriesgado, por muy listo que fuera los sabuesos terminarían por darle caza, era cuestión de tiempo. Aún podría tomar dos, tres víctimas como mucho, más de eso sería jugar con fuego. Necesitaba tomar una decisión antes de que la situación se le fuera de las manos, mientras tanto regresó su mirada hacia Daniela. Sabía que la habían trasladado del hospital a una clínica y que ahora no era la policía quien la custodiaba sino un servicio de seguridad. Más numeroso pero seguramente que también más endeble, tenía que estudiar el terreno y considerar dónde estaba el punto débil para poder penetrarlo. Acabaría lo que había comenzado, si no era capaz de pensar con claridad y definir sus próximos pasos era por culpa de aquella cuenta pendiente, a esa conclusión había llegado. El espíritu del monstruo lo había iluminado con una especie de fogonazo acompañado de una imagen en la que hendía su daga en el pecho de Peña, como si fuera una revelación mística. Peña era el obstáculo y solo lo destruiría cuando acabase con Daniela, después volvería la claridad y sabría qué camino elegir, la dirección correcta.

    Sentía todos los nervios a flor de piel, como si hubiera sentido un orgasmo y cabalgase todavía sobre la última cresta de la ola. Emprendió de nuevo el asedio. La policía no estaba en la clínica pero podían camuflarse por los alrededores, había matado a dos de los suyos y eso era algo que no perdonaban. Aparcó lejos y bajó la bicicleta de la baca del vehículo, había elegido el disfraz de ciclista para hacer una aproximación. Avanzó entre la arboleda buscando un lugar estratégico desde el que pudiera vigilar sin ser descubierto, lo encontró junto a una vieja encina que acariciaba el suelo con sus ramas bajas. Le interesaba la zona de descarga de los proveedores, la entrada por la que accedía el personal y la que usaban los mensajeros, puntos débiles susceptibles de infiltración.

    Le extrañó no encontrar vigilantes custodiando las entradas, y era extraño que todos estuvieran dentro. ¿Podía ser una trampa? Peña era listo, cabía esperar de él cualquier artimaña. Ya sabría lo que le había hecho a Sandra, puede que le hubiese entrado el miedo en el cuerpo y que hubiera colocado todos los efectivos rodeando la habitación de Daniela. Siete u ocho escoltas alrededor de ella serían una barrera solo franqueable con explosivos o mediante un contingente armado. Claro que mientras permaneciera en actitud puramente defensiva nunca le daría caza y la amenaza del monstruo estaría ahí, siempre presente. Era más lógico que ocultase de la vista sus efectivos para atraerle a una emboscada. Pero se había llevado unos bocadillos y estaba dispuesto a aguantar hasta el cambio de turno, quería saber de cuantos hombres se componía el operativo. Pasaron las horas y nada, a Peña sí que lo vio salir en un par de ocasiones a fumar un cigarrillo acompañado de una mujer a la que no conocía, hablaban animadamente y parecía que había confianza entre ellos. Ella tendría veintitantos, enfocándola con los prismáticos apreció que era atractiva. El monstruo se relamió. Si era cercana a Peña no estaba mal como víctima, podía ser un golpe maestro, el detective podía venirse abajo pensando que cualquier persona allegada a él era objetivo del monstruo. Para seguirla necesitaba el vehículo, poco podía hacer con la bicicleta si abandonaba la clínica. Durante todo el tiempo que llevaba allí había examinado los alrededores y se había convencido de que la policía no estaba vigilando, claro que también podían estar dentro. Imaginó toda la clínica como una inmensa trampa preparada para cazarle, no iba a ser tan tonto como para acudir a la miel. Su mente pensaba deprisa, primero acabaría con esa mujer que acompañaba a Peña, eso desmoralizaría al detective y lo volvería vulnerable, después iría directamente a por él. Regresó al vehículo.

    Aparcó el Sportage lejos de la entrada y con los prismáticos controló el aparcamiento y la entrada a la clínica. Anochecía cuando ella salió acompañada de un individuo moreno. Fueron al encuentro de cinco hombres que esperaban a la entrada, cayó en la cuenta de que compartían un aire, eran todos de rasgos árabes. Dedujo que se trataba de los famosos assassins de los que hablaba Roth, Peña debía haber cambiado el equipo de seguridad. ¿Habría llegado a un acuerdo con Aicha? ¿Y por qué hacerlos venir desde tan lejos? No le encontraba mucho sentido. El holandés había fallado cuando intento ensartar a su jefe, Houari, en parte por el aviso de Peña pero también por los extraordinarios reflejos que demostró el assassin, aquella gente estaba bien preparada. Lo que dificultaba aún más sus opciones respecto a Daniela y le confirmaba el acierto de su nuevo plan. Desaparecieron en el interior de la clínica. Al cabo de quince minutos dos de los assassins se posicionaron en la entrada, un rato después salió ella y se dirigió al aparcamiento, montó en una moto y salió a la carretera. La siguió.

    Peña

    Cuando los hombres del Jefe se fueron solo quedamos Melodi y yo al cuidado de Daniela, conociendo a Bermúdez decidí que era mejor que mi secretaria se fuera a casa hasta nuevo aviso. Se puso cabezota pero terminé convenciéndola, ella nada podía contra el asesino y de quedarse allí yo tendría que estar pendiente de la seguridad de ambas, me subió unos bocadillos antes de marcharse. Yo permanecía parado junto a la puerta de la habitación de Daniela, aparentemente tranquilo pero hecho un manejo de nervios por dentro, se eternizaban los minutos y no dejaba de darle vueltas a la cabeza tratando de buscar una solución que no encontraba. ¿Iba a intentarlo de nuevo Bermúdez o seguiría buscando víctimas inocentes como la pobre Sandra? A media tarde se presentó Zaza acompañada de un assassins y con buenas noticias, cinco más estaban aterrizando en Barajas y no tardarían en llegar. Los otros dos acompañarían a Daniel en su viaje hasta la Hermandad utilizando una ruta alternativa y con otra identidad. El assassins me aconsejó que para cubrirme las espaldas enviara un fax al despacho de abogados argentino, que aparecían como  clientes  en la documentación presentada a Interior para montar el dispositivo de seguridad en torno a Daniel Montes, renunciando al contrato y pasando  nota por las horas facturadas hasta ese momento, Aicha había pensado en todo y se anticipaba a los posibles movimientos del enemigo, capaz de alcanzar las altas esferas del ministerio. Luego Zaza me estuvo contando como habían sacado a Daniel del asedio del Perro y la maniobra que empleó para darle esquinazo, aunque no descartaba volverle a ver, le sabía vengativo. ¿Y por qué no haces los bártulos y te vas lejos?, le pregunté. Me contestó que se quedaría a mi lado hasta que atrapáramos a Bermúdez, acepté agradecido sin pararme a pensar en sus motivos, con el maldito asesino toda ayuda era poca. Me dijo que dedicaría el día siguiente a indagar entre los vendedores de armas a ver si alguno lo conocía, iba a hacer fotocopias con el retrato robot que me había hecho el dibujante de la policía. Luego estuvimos hablando de otros temas, de las cosas que le gustaban a cada uno y de anécdotas que habíamos vivido, de los sitios que habíamos visitado, ella muchos más que yo,  y de cocina y libros, supe que era una gran lectora, no podía decir yo lo mismo, que prefería las historias contadas en el cine.  Salimos un par de veces a fumar afuera, la tensión de las últimas semanas estaba volviendo a engancharme al tabaco. A última hora se presentó Muñoz-Seca, no me lo esperaba. Zaza olió al policía y alegó tareas pendientes, que me llamaría, y se marchó dejándome con el inspector jefe.

    —Ya veo que te has buscado sustitutos —dijo señalando con un gesto de su cabeza a los assassins- ¿No pensabas decirme nada?

    —La orden vino del ministerio, le dijeron al Jefe que si no retiraba a sus hombres peligraba su licencia, me tuve que buscar la vida.

    — ¿Y de dónde has sacado a estos? Parecen árabes, como ese al que apuñalaron. Seguro que ni tienen licencia —comentó con cierta socarronería.

    —Me debían un favor y me lo cobré. Si les preguntas te dirán que están aquí a título personal y yo lo atestiguaré si es preciso, amigos de Daniela.

    —No te pases de listo, Peña. Si intervienen te puede caer un marrón, deja que nos ocupemos nosotros de Bermúdez.

    —No están aquí por Bermúdez, sino por Daniela, para protegerla.

    Muñoz-Seca me arrastró por el brazo hasta el final del pasillo, lejos de los oídos de los assassins.

    —De eso también se encargan mis hombres. No los ves, pero están ahí —me dijo cuando se cercioró de que nadie nos escuchaba.

    — ¿Dónde? —pregunté mientras trataba de localizarlos.

    —Aquí mismo. Ni tú te has percatado.

    Tenían que ser buenos porque, en efecto, pasaban inadvertidos. Buena jugada por parte de Muñoz-Seca, cada día me caía mejor.

    — ¿A ti no te ordenaron retirar los efectivos? —le pregunté.

    —La orden vino de muy arriba, pero solo se refería a los servicios de seguridad contratados por ti. Nadie se atrevería a prohibirme la caza de Bermúdez después de matar a dos policías y hacer esa salvajada con esa chica, Sandra.

    — ¿Qué te dijo el del 607?

    —No les dieron explicaciones, pero ante todo querían desarticular el operativo que montaste en torno a un tal Daniel Montes. Estuve indagando y parece limpio, es un ingeniero. ¿De qué va esto, Peña?

    Conocía a Muñoz-Seca, no iba a creerme si le contaba toda la verdad. Además, prefería que centrase toda su atención en Bermúdez.

    —Pues tampoco yo lo tengo claro, tiene que ver con sus investigaciones, creo. Me encargaron que montase un dispositivo y lo hice. Pero quien ordenara dejarlo sin protección tenía que saber que le estaba poniendo en peligro. ¿No te huele eso a podrido?

 

    Intuyó que solo le mostraba la parte visible del iceberg, no tenía un pelo de tonto, solo que el asunto de Montes quemaba y prefirió no profundizar en el tema. Por otra parte era consciente del significado de la orden dada desde instancias superiores y eso le indignaba, decidió poner su granito de arena.

    —Sé lo que ocurrió esta tarde, en la escena quedaron tres proyectiles y dos vehículos de los que se hicieron cargo inspectores de la Comisaría General de Información. Y con esos no puedo ayudarte, así que mejor salte de esa mierda si no quieres que te salpique. Por cierto, el amigo Montes está en busca y captura como testigo. Y yo no te he dicho nada.

    —A veces hasta pareces buena gente —le guiñe el ojo, agradecido.

    Daniel Montes estaba en manos de los assassins y ya no era mi problema, pero por lo que sabía saldría del país con otra identidad camino de la Hermandad. No dudaba de la capacidad de Aicha para conseguir su objetivo. ¿Y qué habría sido de Aguirreche? ¿Continuaría en el chalet, estaría con Losada o habría regresado ya a la Hermandad? Cuando tuviese un rato tenía que llamarle.

    —Tengo que irme ya —dijo Muñoz-Seca—. No voy a desvelarte quienes son mis inspectores y no podemos arriesgarnos a que si aparece Bermúdez se hieran en un posible fuego cruzado con tus escoltas. Si no quieres desprenderte de ellos que se metan en la habitación de Daniela, así delimitamos los campos de acción. También tengo policías controlando los accesos de la clínica, si viene no escapará.

    — ¿Tienes alguna pista sobre su identidad? —le pregunté antes de que se fuera.

    —Tenemos ADN y huellas, pero no se corresponden con nadie que esté en nuestros archivos.

    —Estuvo en la guerra del Congo, tenéis acceso a las huellas de aquellos que han salido fuera de España.

    —Ya, pero no encontramos coincidencias, tuvo que utilizar un pasaporte falso para salir y entrar del país. Es un individuo minucioso que cuida hasta el último detalle, muy bien abastecido en cuanto a documentación. Cribamos todas las identidades que ha usado y ninguna nos conduce a nada.

    —Quizás si buscáis entre los falsificadores encontréis algo. Quién le presentó, como contactaron…ya sabes —sugerí por si se les había escapado algún detalle, aunque me extrañaba que Muñoz-Seca hubiese dejado algún cabo suelto tratándose de un asesino de policías.

    —Estamos en ello, Peña, tengo a mis mejores hombres volcados en el asunto. Pero no siempre se consiguen resultados aunque se hagan todas las tareas, bien lo sabes, a veces solo queda pillarlos en el transcurso de la acción, cuando están cometiendo el delito.

    —Eso es lo que temo —dije.

    La mera posibilidad de que otra mujer corriera la suerte de Sandra me produjo un escalofrío, teníamos que pillarlo antes de que volviera a ocurrir. Aunque de nada servía seguir dándole vueltas, tenía que dejar que la investigación continuase su curso y confiar en que las pesquisas, ya fueran las de Muñoz-Seca o las de Zaza, dieran algún resultado. No le retuve más, nos despedimos y a continuación informé a los assassins sobre la presencia de policías en la planta, convinimos en que para evitar confusiones seguiríamos el consejo de Muñoz-Seca y custodiarían a Daniela desde el interior de la habitación. Después llamé a Melodi para decirle que iba a pasarme por la agencia, tenía que redactar el fax para la tapadera de la Hermandad, el bufete de abogados argentino, y enviarlo aquella misma noche. Me gruñó por hacerla ir a aquellas horas a la oficina y después de desfogarse quedó conmigo para vernos en una hora. Hacía frio en la calle o me faltaban calorías, los bocadillos que dejara Melodi al marcharse al mediodía seguían intactos en la habitación de Daniela, algo tendría que comer, esperaba encontrar sustento en el frigorífico de la oficina.

    El Perro

    Nada estaba perdido, solo se trataba de un retraso, así se lo explicó a Konstantino. No contaba con que Zaza pudiera intervenir en la operación, la hacía lejos de Madrid. Pero debía haberse encaprichado del ingeniero, no encontraba otra explicación para que actuara por segunda vez para evitar su eliminación. Reuniría un buen equipo y se trasladarían hasta la provincia de Misiones, allí estudiaría el terreno y atacarían cuando menos se lo esperasen, acabaría con Daniel Montes. La gente de la Hermandad también permanecía bajo el anonimato, no le denunciarían ni habría despliegue policial tras el atentado. Aún no tenían localizado su enclave, pero rastrearía la zona palmo a palmo hasta descubrirlo.

    El otro asunto que le ocupaba era Zaza, ya había tenido la ocasión de comprobar que su fama era merecida, cuando durante la persecución se desviaron por el camino de tierra pensó que ya los tenía, pero ella fue hábil metiéndose en aquel bosque de pinos, donde los podía esperar para cazarlos si se adentraban. Cuando las cartas se ponen de contra hay que saber retirarse, hubiera sido un suicidio meterse tras ella conociendo su endiablada puntería. En el polígono industrial ella pudo acabar con ellos en vez de limitarse a herirle en el brazo y disparar a las ruedas, es lo que él hubiese hecho, sobre todo teniendo en cuenta que tenía que saber que había sido él quien había acabado con su compañera de piso. La única explicación que se le ocurría es que no quisiera causar víctimas ante la presencia de testigos, como pauta de seguridad. Sí, seguramente fuera por eso, ella era sola y no tenía detrás a nadie que le cubriera las espaldas, estaba obligada a tomar ciertas precauciones. O eso había pensado hasta entonces, porque no entendía que pintaban los tipos que la acompañaban, ¿pertenecerían a la familia Veronesi? Le costaba creer que hubiesen tomado partido por ella, lo había comentado con Konstantino y este no lo descartó del todo pero lo consideró muy improbable, ella no pertenecía a la familia y no iban a poner en riesgo la tajada que sacaban en los negocios que compartían. Podían ser sicarios a sueldo que la estuvieran ayudando, que se hubiese enamorado del ingeniero y que quisiera protegerle a toda costa. Considerando que el peso de la acción lo había llevado ella no hacía falta que fuesen profesionales, esbirros obedientes hubiesen bastado y de esos se podían encontrar a racimos sabiendo donde buscar. Otra posibilidad era que hubiese sido contratada por la Hermandad para proteger a Montes por una cantidad muy superior a la ofertada por Robles, él en alguna ocasión también se había cambiado de bando por dinero.

    Pero bueno, daba igual el motivo, el caso es que se había interpuesto entre él y su objetivo, que le había chafado la operación y eso no iba perdonárselo. Valiéndose del factor sorpresa había ganado el primer round, pero no la pelea. No sabía dónde se escondía, pero había mostrado a sus hombres una imagen captada durante su entrevista con Robles y Slober la identificó como la motera que subió al despacho del detective, así que pusieron en vigilancia la agencia. Dos días después apareció por allí y al poco llegó también Peña, pasaron como una hora juntos y luego ella se marchó, conducía un Clio azul oscuro, la siguieron hasta su domicilio, un hotel céntrico junto a una estación de trenes. El lugar estaba elegido adrede, tenía la entrada por una calle estrecha que dificultaba la ubicación de un francotirador, Elio fue su maestro y la había enseñado bien. No era buen lugar tampoco para tender una emboscada, la calle solo permitía el paso de un vehículo y tenía pivotes en las aceras, decidió buscar otro lugar para la encerrona. El problema de seguirla era que podía darse cuenta y para nada deseaba alertarla, pero ya habían llegado los refuerzos enviados por Konstantino desde Miami y podía montar un operativo con varios vehículos cuando decidiese dónde y cuándo acabar con ella. Para vigilarla sin que se percibiera decidió alquilar un helicóptero. Sus movimientos no parecían guardar relación con Daniel Montes, por lo que supuso que este estaría ya de camino hacia la Hermandad. Pero si no había ido tras él significaba que no existía una implicación sentimental, cada vez estaba más convencido de que solo se había vendido al mejor postor. Por momentos se planteó olvidarla e ir en busca del ingeniero, pensando en lo que podía decir Konstantino, pero tampoco tenían manera de saber si ella no terminaría presentándose allí también. Esa excusa le serviría con su jefe. Antes que nada acabaría con ella, nadie le hería y se escapaba de rositas.

    Aunque se les había escabullido en el metro en un par de ocasiones la ruta que seguía ahora parecía dirigirla al mismo lugar en el que había estado por la mañana, una urbanización junto a un pueblo llamado Guadalix de la Sierra. Desde allí había circulado por carretera hasta el sur de Madrid y al verla meter el coche en aquel garaje  había movilizado a sus hombres pensando que era un buen lugar para emboscarla, estaban en camino cuando volvió a salir en el Clio desbaratando sus planes, pero al verla tomar el camino por el que había llegado comprendió que si se dirigía a la misma urbanización que visitó por la mañana tenía a su equipo en posición para llegar antes que ella. El sitio era perfecto, poco tránsito de vehículos y una salida rápida por uno de los tres accesos, sin vigilantes de seguridad ni cámaras. Emplearían dos todoterrenos, uno para impactar contra el automóvil de Zaza y otro en el que iría él para acabar con ella mientras estaba bajo los efectos del impacto. Primero dispararían desde el vehículo y después se bajarían para rematarla, todo muy rápido. Slober vigilaría la entrada a la urbanización en otro coche para avisarles de su llegada. No podían minimizar el ruido del impacto pero sí el de los disparos, usarían silenciadores. Le indicó al piloto dónde quería aterrizar.

    Houari

    En contra de lo esperado por Aicha, Sivansankaran aceptó la tarea casi con entusiasmo, como si de un desafío se tratara. El mismo día que ellos emprendían el viaje a Kuala Lumpur llegaba Daniel Montes a la Hermandad, los dos ingenieros tuvieron tiempo de intercambiar criterios y esbozar una especie de plan alternativo en caso de que el español no finalizara con éxito su investigación durante el transcurso de la misión en la ciudad malaya, un plan que incluía el asalto del petrolero que emitía la señal a cargo de un contingente que él debía comandar. No creía en Alá pero le rogó para que aquella circunstancia no llegara a producirse, el mar era un medio que no dominaba y que se le antojaba sumamente hostil.

    Sivasankaran acudía a Kuala Lumpur con la ventaja del idioma, era originario de Tamil Nadu y el diez por ciento de los habitantes de la ciudad eran hindúes, la mayor parte de ellos también tamiles. Mientras Houari se ponía en contacto con Roth él tenía que indagar y hacerse con los planos del cableado de fibra óptica que partía tanto de la residencia como de las oficinas de Konstantino para poder interceptarlos una vez que este fuese eliminado y averiguar así qué grupo se escondía tras la figura del transportista marítimo. Una de las dificultades de la operación era que desconocían los sistemas de seguridad que protegían sus comunicaciones, la otra que en que el caso de las Torres Petronas tenían que burlar además la seguridad del propio edificio. Houari era partidario de recurrir al soborno para acceder a la información que precisaban siempre que fuese seguido de una acción rápida, pues era muy posible que cualquiera de los corruptos intentase jugar a dos barajas y terminara denunciándolos. Sivansankaran veía demasiado arriesgado ese proceder y prefería una penetración en los organismos oficiales valiéndose de su titulación. Telekom era la responsable de los cableados del doble rascacielos y él tenía algunos contactos. Como Houari tenía que estudiar los puntos débiles en la seguridad de la que se rodeaba Konstantino en sus desplazamientos dejó que Sivansankaran probara suerte con sus métodos.

    Tres días después los resultados del jefe de los assassins eran desalentadores, no encontraba resquicios por los que atacar a no ser usando explosivos. Konstantino utilizaba tres coches blindados que movía constantemente y no había forma de saber en cuál de ellos iba, la única forma de averiguarlo era siguiendo a los vehículos y confiando después en que pasase suficientemente tiempo en un lugar como para que le diera tiempo a un tirador para desplazarse al sitio y una vez allí que la fortuna les favoreciese con una posición idónea para el disparo, demasiadas variables en juego como para poder tener éxito. Le envió un mensaje a Roth recabando información que pudiese utilizar para llevar a cabo el plan, quizás él pudiera aportar algún dato importante, aunque por lo que sabía no había vuelto a ver a Konstantino desde que llegaran de Argentina. Aicha tenía intención de contratar a la asesina a sueldo que había salvado ya en dos ocasiones la vida de Daniel Montes, la primera negándose a cumplir el contrato que lo sentenciaba y la segunda salvándolo de las garras de los sicarios que Konstantino había enviado para sustituirla. Pensando en eso había considerado la posibilidad de disparar desde una Torre Petrona a la otra, pero las oficinas del transportista daban al lado contrario. Otra posibilidad era buscar un punto alto que dominara su domicilio y aguardar a que asomara a alguna ventana o bajase a disfrutar del jardín japonés que rodeaba la vivienda, pero los dos assassins que habían venido tras Roth no le habían divisado en todo el tiempo que llevaban vigilando la residencia. De poco servía ubicar a un francotirador si no tenía a quién disparar.

    Mientras se tomaba un té con menta en la cafetería del hotel donde estaban instalados siguió considerando las diferentes alternativas. Se había traído cuatro assassins con él, si le añadía los dos que se vinieron siguiendo a Roth formaban un contingente de siete hombres, hasta podían intentar un ataque frontal, siempre que pudiesen ubicar al objetivo. Si Roth no les ayudaba con lo que hubiese averiguado solo se le ocurría esperar a que Konstantino emprendiera algún viaje, lejos de su feudo las medidas de seguridad sin duda tenían que disminuir. A primera hora le había expuesto la situación a Aicha durante la conversación telefónica que habían mantenido, ella era partidaria de esperar hasta encontrar una pauta en los hábitos de Konstantino, estaba convencida de que era cuestión de tiempo encontrar una rutina en sus movimientos. Una vez descubierta esta quería que fuese Zaza, la asesina a sueldo, la que ejerciese de francotiradora, lo había hablado con ella y aunque en principio se había negado esperaba terminar convenciéndola. Era cierto que entre las filas de los assassins no tenían francotiradores especializados, pero de descubrir una rutina en los movimientos de Konstantino  encontrarían la manera de eliminarlo. Por otra parte entendía el razonamiento de Aicha, un tiro limpio a distancia eliminaba riesgos innecesarios.

    Contempló a través de las cristaleras el bullicio de la calle, más allá de algunas peculiaridades autóctonas el fluir de las grandes ciudades era similar y se encontraban muchas más semejanzas que diferencias, el consumo y la globalización terminaban conformando un ciudadano-tipo. Recordó su experiencia en España, más que el hecho de que le hiriesen lamentaba no haber visitado con Aicha la tierra de sus antepasados, Córdoba y las ruinas de Medina-Azahara. No estaría vivo si Peña no le hubiese advertido del ataque del holandés, más de un momento le había dado vueltas a la cabeza, la frágil línea que separaba la vida de la muerte, pero eran gajes del oficio. El viaje frustrado a Córdoba era algo más íntimo, aunque ya solo fueran ruinas estaba convencido de que sentiría algo muy especial en su presencia. Las circunstancias no lo habían permitido pero pensaba hacerlo en cuanto pudiera, y si era posible en compañía de Aicha. Consultó el reloj, Sivansankaran se retrasaba. Volvió a pensar en Aicha, no le había dicho nada pero los últimos días antes de emprender el viaje a Kuala Lumpur la notó distante, como si algún problema ocupase su mente. Era más bien una impresión, nada en su comportamiento hacia él había cambiado, pero en determinados momentos mientras estaban juntos había tenido la impresión de que una parte de ella estuviese ausente. Pensaba comentárselo, pero la urgencia de los preparativos absorbió su atención y finalmente se despidieron sin que le dijera nada. Quizás solo fuera el estrés de la situación, ahora que tres cargos de responsabilidad pesaban sobre sus hombros.

    Sivansankaran se sentó frente a él, no le había visto llegar.

    —Traigo buenas noticias —le anunció con una sonrisa.

    —Me alegro, porque por mi parte seguimos a la espera de resultados, Konstantino es escurridizo como una anguila. ¿Qué quieres tomar?

    —Nada, prefiero salir a la calle y fumarme un cigarrillo mientras paseamos.

    Houari observó el cielo plomizo pero no hizo ningún comentario, el clima allí no era muy diferente al de la provincia de Misiones, con elevadas temperaturas y mucha lluvia. Pagó la cuenta y pidió dos paraguas en la recepción del hotel, pero aunque los cargaban en cuenta llevaban impresa la publicidad y desistió, no quería ir anunciando por la calle que eran turistas, ya los comprarían si los necesitaban. Salieron al exterior.

    — ¿Y bien? ¿Cuáles son esas noticias? —preguntó a Sivansankaran mientras caminaban.

    —He contactado con la red de alumnos de Massachusetts y encontré a uno que trabaja para Telekom de Kuala Lumpur, me puse en contacto con él. Telekom lleva las Torres Petronas, me mostré interesado por las instalaciones y accedió a mostrármelas. Existe una canalización común para todas las transmisiones de datos, estuve viendo los planos. Konstantino también las usa, pero además insistió en instalar una privada para él. Había sitio de sobra, así que se lo concedieron. Supongo que será esa la que utilice para comunicarse con sus jefes.

    — ¿Y puedes pincharla?

    —Bueno, una cosa es que te muestren las instalaciones y otra acceder a ellas por nuestra cuenta, las medidas de seguridad son excepcionales, incluso para los técnicos que las atienden. Y cuando reciben ayuda del exterior en las labores de mantenimiento las visitas son comprobadas telefónicamente. Tendríamos que hacerlo desde los túneles exteriores, que también son custodiados por vigilantes apoyados por perros. Pero aquí la seguridad es menos intensiva, hacen rondas y podríamos aprovechar el lapso que transcurre entre una y otra. Los túneles albergan las conducciones de gas, las eléctricas, las telefónicas y las de transmisiones de datos. Terminan desapareciendo una vez traspasado el centro de la ciudad en canalizaciones individuales a las que solo se puede acceder a través de registros ubicados en puntos concretos.

    — ¿Y qué tal si interceptáramos uno de esos registros? El riesgo sería mínimo.

    —Los planos de la línea privada de Konstantino están en su poder, los técnicos solo pueden consultarlos en caso de avería. La intervención sería efectivamente mucho más sencilla pero la dificultad para conseguirlos es mucho mayor, prefiero la opción de los túneles. Las rondas las hacen cada dos horas, la presencia de los vigilantes no es constante porque están apoyados por cámaras que abarcan todo el recorrido. Intervenir las imágenes de las cámaras es la opción más sencilla, uno de mis ayudantes es un especialista y puede hackearlas mientras pinchamos la línea de Konstantino.

    Comenzó a llover. Compraron dos paraguas en una tienda de chinos y continuaron el paseo, la lluvia era una rutina más inherente a la ciudad, como el calor húmedo y pegajoso.

    — ¿Y el acceso a los túneles es sencillo? —preguntó Houari.

    —Lo es utilizando una de las salidas de emergencia, solo se abren desde el interior pero las puertas son de chapa sencilla, podemos perforarlas y presionar las barras de apertura desde fuera.

    Sivansankaran se había movido rápido y con eficiencia, un mérito para un científico tratándose de un trabajo sobre el terreno, fuera de su laboratorio. Aicha había sabido elegir.

    —Pues manos a la obra entonces —dijo Houari—, cuanto antes esté listo mejor. Dada la habilidad de Konstantino para permanecer fuera de nuestro alcance tendremos que aprovechar la primera oportunidad que se nos presente, para entonces deben estar ya pinchadas las líneas.

    —Necesitaré a dos tus hombres para cubrirnos las espaldas y uniformes de trabajo de alguna de las empresas que tienen acceso al túnel. Dos para los assassins, dos para mis ayudantes y otro para mí, en total cinco. A través de la cuenta de mi amigo puedo introducirme en la de Telekom y averiguar la empresa que los suministra, ese tipo de información es fácil de conseguir y apenas tiene protección.

    —Tú dinos la empresa y nosotros nos encargaremos de conseguirlos.

    La lluvia ganaba en intensidad, se refugiaron bajo unos soportales que albergaban un par de tiendas de ropa y un restaurante chino. Houari se había informado antes de viajar a Kuala Lumpur y casi la mitad de la población era de origen chino.

    —Lo que más me preocupa de todo esto es lo que podamos encontrarnos cuando pinchemos la línea —Sivasankaran se mostraba por primera vez preocupado en el transcurso de la conversación—. No sabemos que detectores de intrusión pueden tener colocados, podemos disparar algún tipo de alarma. Los que usan la mayoría de sistemas no podrán detectarnos, pero no sabemos hasta qué punto tienen desarrollado el software. En el caso de que dispongan de uno capaz de detectarnos en el momento de que esté actuando podemos copiarlo para evitarlo en un segundo pinchazo, pero ya estarán sobre aviso y utilizaran otros canales de comunicación. Pueden hacer una llamada telefónica desde una cabina pública o un teléfono móvil, es imposible controlarlo todo. Si no hemos localizado a la gente que está detrás de Konstantino en el primer pinchazo estaremos jodidos.

    Houari estaba acostumbrado a encarar las dificultades con una mentalidad estrictamente lógica, afrontando los problemas por orden de llegada.

    —Haremos lo que podamos. Si no da resultado ya nos plantearemos después la estrategia a seguir, pero de momento trabajaremos con los elementos a nuestro alcance. Como dice Aicha ninguna organización trabaja sin pautas, si no conseguimos interceptarlos en esta misión lo haremos en otra. Centrémonos ahora en lo sí podemos hacer.

    A Sivanakaran le gustó la respuesta de Houari, asintió con la cabeza sin decir nada. Se quedaron contemplando la lluvia hasta que pasó el aguacero.

   

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    Hola ender: en esta novela que te traes entre manos se aprecia un buen hacer, con un estilo narrativo muy claro y un gran trabajo de ingeniería. A mí me cuesta mucho seguir el desarrollo de la trama en estas condiciones de capítulos por entregas puesto que leer textos largos en la pantalla del ordenador no es mi fuerte, pero creo entender algo al respecto y aprecio lo bien que lo llevas.- El día que la des por finalizada y tenga oportunidad de leerla del tirón... ahí estaré.- Lamento no poder decirte más.- Un saludo
    Quedé diciéndome: « Ahora quería más. Incluso saciado no dejaba de anhelarlo ». Diferentes apetitos coinciden a medida que se traza la historia: el del lector y el de los personajes. El primero es primitivo, se es curioso como un gato, el segundo se materializa con la cartografía de tus palabras con las que se despliegan tus conocimientos psicológicos, políticos, del genero policíaco, etc. Mientras atrapas al lector (con el ritmo que da el suspenso, con las emociones, con la poesía) le muestras lo que tal vez no vería sin las letras. Esa es una misión del novelista, pienso yo. La misión se sigue cumpliendo. Y muy seguramente se seguirá cumpliendo siempre y cuando tengas lentejas
    Si no recuerdo mal, este es el capítulo más largo hasta la fecha, pero de lectura rápida gracias a la intriga que impele a leer con avidez. Veremos que pasa con el "pinchazo". Muy sugestiva también la espectstiva ante un posible duelo entre el perro y Zaza. Suerte con lo del ERE. Saludos.
    El capítulo arranca con brío, como sucede siempre que aparece Bermúdez. El monstruo acecha a Daniela. Peña vigila y protege; el Perro conspira para liquidar a Zaza; la Hermandad trata de neutralizar al griego. Todas las piezas en movimiento estudiando al detalle a su adversario. La partida sigue apasionante e incierta. Por cierto, amigo Ender, no dejan de asombrarme y maravillarme tus conocimientos de logística, tu magistral ingeniería en la construcción de la compleja trama de ataque al griego, entre otras. Si al final se confirma lo del ERE, no te resultará difícil atracar alguna sucursal, de esas que timaron con las preferentes. " Quién roba a un ladrón..."Saludos. Suerte con el trabajo.
    Por cierto, ese ERE, ¿no llevará en sí algún mensaje subliminal? ¿el título de tu próxima novela, quizá? Que lo torees bien; por lo menos, que no te pille, y si te coge, que sea no más que la taleguilla. Saludos.
    Estos capítulos en los que se suceden distintos enfoques sobre un mismo asunto, o unos pocos, me gustan particularmente. Las conexiones se extienden así en varias dimensiones, como un edificio.En éste, algunos no solo comparten el objetivo, sino la comida. Relato minucioso en el que no falta detalle, ¡ni publicidad en el paraguas! He visto una errata en "Dado la habilidad de Konstantino...", y otra en "Pueden hacer una llamada de telefónica". Otra más en "en el primer pinchazo esteremos jodidos". Me han gustado mucho las dos frases del final. Saludos.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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