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25 min
31 La Hermandad de los Abderrahim. Cebos y gusanos
Suspense |
09.02.14
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Sinopsis

Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

Zaza

    Se despertó angustiada por una pesadilla en la que una sombra sin rostro la apuñalaba repetidas veces y se preguntó si no sería una imagen premonitoria. No se imaginaba que pudiese sentir ese terror ante su propia muerte, Elio la había preparado para asumirla como parte de su oficio y siempre aceptó la posibilidad con cierta indiferencia. Pero en el sueño el miedo era totalmente aterrador, un pavor que llegaba a doler físicamente. Consultó su reloj, eran las seis de la mañana. Se levantó porque sabía que ya no recuperaría el sueño y practicó veinte minutos de yoga, luego corrió media hora por el cercano Retiro. Desde la muerte de Noe no había vuelto a hacer ejercicio y necesitaba su cuerpo a punto si necesitaba reaccionar ante cualquier situación imprevista. Un arma debe ser una prolongación del propio cuerpo, decía Elio, y para conseguir la mayor eficacia del arma el cuerpo que la controla tiene que estar en las mejores condiciones físicas posibles. Las enseñanzas de su maestro siempre estaban presentes en su conducta, no podía evitarlo, aunque ahora sus sentimientos hacia él eran encontrados, de alguna manera le culpaba por haberla hecho así. La vida segada de Noe, siempre presente, señalándola con su dedo acusador.

    Permaneció veinte minutos bajo el agua caliente y después se vistió. No eran muchos los que podían proporcionar un arma en Madrid y ella conocía a los más importantes. También se podía conseguir artillería sucia de manos de algún delincuente de poca monta, pero en ese mundillo era más fácil toparse con soplones de la policía y dudaba que Bermúdez hubiese corrido ese riesgo, ponía un especial cuidado en preservar su identidad. Tenía pues bastantes probabilidades de que alguno de sus contactos fuera su proveedor, otra cosa es que quisieran reconocer el vínculo y mucho más difícil aún que supieran cómo localizarlo, pero nada se perdía con intentarlo. Tomó un taxi y luego el metro, era necesario tomar precauciones. Llevaba la Gloc escondida bajo su cazadora, por si acaso. Se detuvo en una parada en la que sabía que se bajaba poca gente, así podía controlarlos a todos, de los escasos viajeros que descendieron ninguno se quedó en el andén, esperó al siguiente convoy y lo tomó. Se bajó en la siguiente estación, convencida ya de que nadie la seguía, salió al exterior y volvió a tomar un taxi. La noche anterior había tenido la impresión de que iban tras ella pero no pudo identificar a su perseguidor, hasta era posible que no existiera. En cualquier caso hubiese actuado igual de no haber tenido aquella sensación, extremar las precauciones formaba parte de su rutina. No sabía hasta qué punto la imagen del retrato robot se correspondía con la real pero en el ataque a la pastelería Bermúdez había utilizado probablemente una MK 23, según le habían dicho a Peña los expertos de balística. Solo tenía que preguntar por un tipo parecido al del retrato que se hubiese interesado por una MK 23, o que la hubiese comprado.    Casi todos los vendedores  de armas tenían un negocio de tapadera para poder blanquear el dinero obtenido de las ventas. En ellos llevaban a cabo sus negocios y luego la entrega del material se realizaba en otra parte. Cobraban por adelantado y no enseñaban muestrarios, conocían las características técnicas del material de memoria y las comunicaban oralmente, previa comprobación de que ningún micrófono o aparato susceptible de grabar estuviera presente. El restaurante de Chingo funcionaba bastante bien, lo visitó en tercer lugar porque sabía que se levantaba tarde, no había obtenido ningún resultado de sus dos entrevistas anteriores. Chingo regentaba un local de hostelería enfocado al ámbito de la farándula y el juego, una especie de club de carácter privado que se ponía a tope por las noches, cuando la peña que trabajaba en los bingos y en el mundo del espectáculo terminaban su jornada y acudían allí a cenar informalmente o charlar un rato mientras tomaban una copa. Cuando Zaza llegó eran las dos de la tarde y el local apenas tenía clientela, tras pasar el control pertinente Chingo la invitó a comer con él, se había llevado bien con Elio mientras vivía y además conocía las relaciones que ella mantenía con los Veronesi, la tenía cierto aprecio. Estaba tomando ostras de una fuente bien surtida, la animó a compartirlas. A Zaza le vino al verlas la imagen de su mentor, a Elio le encantaban.  Después de un rato de charla intrascendente le preguntó por la MK 23.

   —No es un arma que se venda mucho por aquí, abulta demasiado. No creo que haya vendido más de tres en el último año —dijo Chingo.

    Zaza siempre le había encontrado un cierto parecido con el tenor Pavorotti, aunque con unos pocos kilos menos. Le mostró la imagen de Bermúdez.

    — ¿Fue este uno de esos compradores?

    —No lo sé, pasan por aquí tantas caras que se me desdibujan. Pero si ha cruzado la puerta de la entrada Alfonso lo conocerá —llamó al camarero—. Dile a Alfonso que venga.

    Zaza no sabía quién era pero cuando apareció lo reconoció, ejercía de relaciones públicas. Tras saludarla examinó detenidamente el dibujo que le tendió Chingo.

    —Se parece al hermano de Rebeca. Sí, se da un aire.

    — ¿Quién es Rebeca? —preguntó Zaza.

    —La novia de Jaime Matas, el actor —contestó Alfonso.

    —Puedes fiarte de su memoria fotográfica, fue una de las cualidades por la que le contraté, necesito estar al tanto de quien se mueve por el local y a quién acompañan los desconocidos —dijo Chingo—. Las cámaras graban, pero no alertan.

    —Cuénteme lo que sepas —le dijo Zaza a Alfonso.

    —Ella es maquilladora, trabaja para una cadena de televisión durante el día, creo que para Tele 5, y por la noche hace suplencias en el teatro Lope de Vega. Su novio siempre cena aquí después de las representaciones, así que se puede decir que es una asidua. Fue Felipe, el hombre del dibujo, quien la trajo por primera vez.

    — ¿Pero él os ha comprado material?

    —No, deja que te explique. Se presentó una vez diciendo que venía de parte del holandés, un cliente ocasional, pero quería ver el género antes de pagar, buscaba una MK 23 o una Glock 21. Nos negamos, por supuesto, ya conoces nuestras condiciones. No hubo acuerdo y cuando iba a marcharse le saludaron en el restaurante, una chica que había sido compañera de su hermana en la televisión. Estuvieron un rato tomando algo y luego él se marchó. Días después se presentó aquí con su hermana, Rebeca, a tomar una copa. Ella conocía a gente de la farándula y siguió viniendo, conoció aquí a Jaime Matas y empezaron a salir juntos, son clientes habituales. Su hermano habrá venido dos o tres veces  acompañándola, pero toma una copa y se va. Según ella es ingeniero de montes y viaja mucho. ¿Aunque para qué iba a querer una MK 23 un ingeniero de montes?

    Zaza ignoró el último comentario.

    —Quisiera saber su nombre completo. Siendo hermanos tendrán los mismos apellidos, si ella ha pagado con tarjeta tendréis su nombre por ahí.

    Alfonso se quedó en silencio, aguardando instrucciones de Chingo. Este asintió con un gesto de la cabeza y le mando a buscarlo con  un movimiento de su mano.

    —No pensarás molestarme a la clientela —dijo cuando se quedaron solos.

    —A ella para nada, descuida. Ni sabrá que existo.

    Chingo mostró una sonrisa torcida.

    — ¿Eso como debo interpretarlo?

    Zaza captó la ironía, se suponía que ninguna de sus víctimas había llegado a saber que existía.

    —Y la seguirás teniendo de clienta —concluyó con una sonrisa.

    Alfonso regresó con el nombre completo de Rebeca y no se volvió a hablar del asunto. El resto de la comida transcurrió en un ambiente distendido, con Chingo comentando alguna anécdota compartida con Elio. En los postres Zaza pagó sin regatear el precio por la información estipulado por Chingo, los negocios eran los negocios, después de todo.

    De regresó a su habitación del hotel tecleó el nombre real de Bermúdez en la página de internet del Registro de la Propiedad. Felipe Morán del Real. Tenía que ser él, sería mucha casualidad que un tipo que se le pareciera hubiese querido comprar una MK 23. Apareció una propiedad en San Agustín de Guadalix, un pueblo situado a las afueras de Madrid, en el km 34 de la A-1, en lo que parecía una pequeña urbanización. Llamó a Peña y quedó con él en la agencia.

    La estaba esperando cuando llegó sobre las cinco de la tarde. Quería avisar a su amigo el policía, el tal Muñoz-Seca, pero le convenció de que no lo hiciera todavía. Ya conocían la identidad de Bermúdez, lo mismo daba si esperaban dos o tres días más. Quería visitar la urbanización donde tenía la vivienda y comprobar si vivía allí, o si aparecía de vez en cuando. Bermúdez a ella no la conocía, se haría pasar por mensajera y preguntaría a los vecinos. Si la policía se desplegaba indagando podían alertarlo y huir. Luego, cuando le tuvieran localizado, ya podía avisar a la caballería. Llevaban media hora dándole vueltas al tema.

    — ¿Y qué te hace suponer que tú no despertarás sospechas? —le preguntó Peña.

    —Los polis están acostumbrados a perseguir y atrapar, yo a escabullirme, entiendo mejor la mentalidad de Bermúdez, sabré moverme en su terreno. Créeme, para esto estoy mejor preparada que un policía.

    — ¿Y si mientras comete otro asesinato? No quiero ese peso sobre mi conciencia y siempre se me quedaría la duda por no haber avisado a Muñoz-Seca. Ya me pasó la primera vez que secuestró a Daniela.

    —Peor será si escapa alertado por los movimientos de la policía. ¿A cuantas chicas más matará entonces? Déjame echar un vistazo, si me dicen que no para por allí le pasas su identidad a la policía, pero si utiliza esa vivienda espera a que esté allí para enviar a los perros.

    Ya habían tomado café y Peña volvió a llenar las tazas. En ese momento sonó el teléfono, el detective lo cogió.

    —Diga.

    No sabía lo que le estaban diciendo, pero Zaza pudo apreciar como le cambiaba el color de cara. Se dejó caer sobre el sillón.

    —Salgo para allá —le oyó decir, luego la miró a ella—. Era Melodi, desde la clínica. Daniela ha recuperado la consciencia.

    Se le veía emocionado, sabía que en esos momentos su pensamiento lo ocupaba por entero su compañera. La dijo que de acuerdo, pero que le mantuviera informado de continuo, llamadas cada hora cada vez que fuera a la urbanización. Quedaron en que ella le llamaría más tarde para saber como estaba Daniela.

    Zaza no se entretuvo, la sesión de ejercicio matinal le había producido agujetas y deseaba relajar los músculos, se pasó por un droguería para comprar sales de baño antes de subir a la habitación del hotel. Antes de entrar en la bañera trabajó un poco la elasticidad. Estuvo leyendo hasta las nueve “La dalia negra” de James Ellroy, uno de los tantos que había heredado de la extensa biblioteca de Elio y que amontonaba en cajas en el trastero donde guardaba la artillería, lo había cogido cuando devolvió la Vito al garaje y el Arctic Warfare y el MP 5 a su lugar. Después arrebujó las mantas que había pedido a su llegada al hotel bajo las sábanas de la cama para que parecieran una persona, encajó un artilugio desmontable de madera que llevaba en la maleta sobre el picaporte de la puerta y desplegó la esterilla y el saco sobre el suelo del cuarto de baño. Antes de dormir llamó a Peña interesándose por Daniela, estaba un poco conmocionada pero iba espabilándose a medida que pasaban las horas, los médicos le harían pruebas al día siguiente y si todo estaba en orden iniciaría la recuperación, después de tantos días inmóvil sobre la cama necesitaba recuperar el tono muscular, Zaza volvió a felicitarle y quedaron en volverse a llamar por la mañana. Puso el despertador a las seis y no tardó en pillar el sueño.

    Repitió la rutina matinal del día anterior a base de ejercicio y baño y luego bajó a desayunar unos churros en el Brillante antes de emprender camino hacia Guadalix de la Sierra. No encontró mucho tráfico, la hora punta ya había pasado. Pensaba en Bermúdez. Felipe Morán del Real, un nombre como otro cualquiera, enseguida encontró coincidencias entre ellos. Felipe viajaba a menudo, Bermúdez también, Felipe tenía una hermana que era maquilladora, a Bermúdez se le daba bien cambiar de apariencia, ambos habían buscado una MK 23...demasiadas concurrencias, estaba segura de que era él.  De nuevo sintió esa sensación de que la seguían, puso atención en los siguientes kilómetros sobre los vehículos que iban tras ella pero no encontró pautas ni alguno que la siguiera directamente, no obstante la sensación persistía. Claro que podían ir bastante más atrás y a no ser que parara un par de veces e hiciera la comprobación no podría descubrirlos, pero prefirió seguir en ruta, en Guadalix le sería más fácil descubrir al supuesto perseguidor en caso de que existiera. Al llegar y tomar el camino que conducía a la urbanización rodó quinientos metros y luego paró, puso especial atención a los vehículos que entraron detrás, pero no vio nada anormal en ninguno de ellos ni a nadie sospechoso. Continuó hasta el domicilio de Felipe Morán.

    No encontró a nadie, pero tenía que averiguar si vivía allí preguntando a los vecinos sin que estos recelaran. El uniforme de la empresa de mensajería estaba en la Vito, tendría que ir a por él. Durante el trayecto recordó que tenía que llamar a Peña. Estuvo atenta a los vehículos de atrás pero no encontró coincidencias, se relajó. ¿Por qué ese empeño en cazar a Bermúdez? Ya sabían su identidad, quizás fuera mejor que la policía se encargara de todo. Y sin embargo estaba decidida. Era así como se sentía viva, dejando que la cazadora que llevaba dentro rastreara la presa, lo que le había inculcado Elio tan adentro. El disparo en sí siempre había sido intrascendente, tan solo el requisito necesario para cobrar la cantidad estipulada, lo emocionante era todo el proceso anterior. El seguimiento, la planificación del momento adecuado, los detalles con la seguridad para no dejar rastros. Eso era lo que hacía que bullera su sangre y por eso estaba tras Bermúdez. ¿Y luego qué? Con Noe había aprendido la dimensión moral de sus actos, jamás volvería a matar por dinero. Pero no podía echar por la borda todo lo que había aprendido, el esfuerzo realizado durante aquellos años, tendría que buscar una salida, un camino intermedio. Elio la había obligado a cursar la carrera de derecho y criminología, decía que era necesario conocer al enemigo. No podía cambiar el pasado pero sí moldear el futuro, hasta ahora había quitado vidas, en adelante las salvaría. ¿Haciéndose policía? ¡Que estupidez estaba pensando! No encajaría, ella era loba solitaria. Quizás encontrara un hueco entre la gente de la Hermandad, hablaría con Aicha. O junto a Peña si la aceptaba. Lo que no se imaginaba era tumbada en una playa, ociosa y viviendo de las rentas acumuladas, no aguantaría más allá de un par de meses, si no se cansaba antes. Tomó el desvió que conducía al garaje donde guardaba la Vito. De nuevo aquella sensación de que la estaban siguiendo, volvió la cabeza al realizar el giro. El vehículo estaba tras un camión, divisó el lateral pero no al conductor, ya había visto aquel Sportaje tras ella, estaba segura de que era el mismo. Continuó por la avenida hasta la calle en la que estaba el garaje y al virar a la derecha mantuvo la vista al frente, no quería despertar la alarma en su perseguidor. Al llegar a las barreras del garaje saludó al guarda y accionó el mando que las abría. Aparcó el Clio junto a la Vito, en su otra plaza. El garaje estaba elegido a conciencia, aparte del acceso de vehículos contaba con dos salidas peatonales y una escalera en la parte opuesta de la entrada que conducía a un cuarto en el que había productos de limpieza y que utilizaban los guardas del garaje para cambiarse. El cuarto tenía una puerta metálica que comunicaba con la calle y ella tenía una copia de la llave, que había obtenido tomando prestada la original de la taquilla del guarda. Tomó los prismáticos de la Vito y subió las escaleras que conducían al cuarto, abrió la puerta que daba a la calle y asomó la cabeza, si el conductor del Sportaje estaba vigilando las salidas peatonales y la entrada de vehículos no estaría muy lejos. Acertó, estaba aparcado como a treinta metros pero sin conductor, buscó un individuo estático en las proximidades y lo encontró atisbando tras los cristales de una cafetería, con la mirada puesta en la dirección contraria de donde se encontraba ella. No necesitó prismáticos para reconocerlo, era Bermúdez. Retrocedió ocultándose, no fuera a descubrirla. La estaba esperando, así que no podía retrasarse mucho sin despertar sospechas, le quería tras ella para poder tenderle una trampa. ¿Pero por qué la estaba siguiendo? Debía haberla visto en compañía de Peña, no se le ocurría otra explicación. O la había visto llamar a su puerta. Quedaba por saber si la seguía para averiguar quién era o si había decidido convertirla en su próxima víctima. Abandonó el cuarto y descendió al garaje, con Bermúdez tras sus pasos ya no necesitaba el mono de mensajera, montó en el Clio. Antes de arrancar se planteó la conveniencia de avisar a Peña, estaba segura de que en cuanto supiera de la presencia de Bermúdez querría avisar a la Muñoz-Seca y temía que la presencia de un dispositivo policial pusiera en fuga al depredador. Ella no era una de aquellas indefensas víctimas con las que estaba acostumbrado a lidiar, se llevaría una sorpresa cuando intentara reducirla. Y hasta Noe aprobaría que acabase con semejante monstruo. Comprobó el ajuste de la sobaquera que portaba la Gloc y de debajo del asiento tomó el fino estilete anclado al fondo, adosándolo por encima del tobillo, el pantalón vaquero negro era suficientemente holgado bajo las rodillas como para ocultar su presencia. Puso en marcha el motor y salió del garaje, le conduciría de nuevo hasta Guadalix de la Sierra y allí se enfrentaría con él.

   Roth

    Le había llegado contestación de la Hermandad, Sivasankara estaba en Kuala Lumpur con un equipo para interceptar las comunicaciones cuando Konstantino muriese, pero los assassins al mando de Houari tenían problemas para atravesar las medidas de seguridad que le protegían, querían saber si les podía aportar algún tipo de información que les fuese de utilidad. Había roto el mensaje en trozos pequeños y se lo había tragado para asegurarse de que no cayese en manos de los hombres de Konstantino. Desde que llegaron a Kuala Lumpur no había vuelto a verle, el interrogatorio sobre la Hermandad lo llevaba un tipo de carácter cetrino e incisivo, un especialista que le hacía permanecer todo el rato en tensión para evitar desvelar información relevante. Konstantino no estaba contento con los resultados y había decidido hacerle una visita aquella misma tarde, así se lo había anunciado uno de los malayos que le hacían de sombra. Le habían conducido a una sala de reuniones en la que colgaba un enorme monitor de la pared con los mandos incrustados en el centro de la mesa. Al verla pensó en la posibilidad de que volvieran a las andadas y tratasen de sacarle todo lo que sabía de la Hermandad valiéndose de la inducción subliminal, la mera posibilidad le soliviantó y una rabia sorda fue apoderándose de él. Contempló la posibilidad de escapar por la ventana, pero tenía rejas, afuera los malayos impedían que pudiera salir, habían sido específicos en cuantos a las órdenes, incluso le recomendaron ir al servicio antes de entrar en la sala, que una vez dentro no iba a poder salir de ella hasta que Konstantino la abandonara. Ya llevaba media hora esperando, sin duda trataban de ponerle nervioso. Estaba contra las cuerdas y consideró la posibilidad del suicidio, pero por más que miraba no encontraba nada para llevarlo a cabo de una manera efectiva y rápida. Hasta que se fijó en las libretas de notas y los bolígrafos colocados junto a los mandos del monitor. Le vinieron a la memoria las últimas palabras de Neville, haciendo referencia a la escena de la Guerra de las Galaxias en la que Obi-Wan Kenobi se deja matar por Darth Vader, la muerte del viejo consejero pesaba en su conciencia a pesar de haber sido inducida y de estar manipulado mentalmente cuando lo apuñaló. No era aficionado a las películas de ciencia ficción, pero tras la muerte de Neville se había obligado a contemplar una y otra vez aquella escena, esperando una oportunidad para redimirse tal como hiciese Darth Vader al final de la saga. Sí que era aficionado a las películas sobre la mafia, las tres del Padrino las había visto, estaba seguro, más de diez veces, y en la tercera uno de los esbirros del Padrino mata a su objetivo utilizando la patilla de unas gafas. Había recordado la escena al contemplar los bolígrafos, si aplicaba la suficiente fuerza podía clavar uno de aquellos bolígrafos en su globo ocular hasta atravesar la masa encefálica. Un estallido de dolor y luego la nada, rápido y eficaz, se suicidaría sin intentaban de nuevo manipularle utilizando la inducción subliminal.

    Había una cámara en la sala, alguien le estaba observando, tenía que comportarse con naturalidad, de tal manera que no dejase traslucir ni su enojo ni sus intenciones en caso de que las cosas se pusieran feas para él. Tomó asiento en la mesa y se puso a garabatear con gesto distraído sobre uno de los blocs. Se armó de paciencia hasta que llegó Konstantino acompañado de su mole asiática. Ni siquiera le saludó, fue directo a sentarse a un extremo de la mesa, el rostro congestionado por el disgusto, muy lejos de la amabilidad mostrada en Posadas.

    —Me dicen mis colaboradores que toda la información que nos está suministrando es paja. No es eso lo que habíamos acordado —le espetó nada más sentarse.

    —Ya le dije en Posadas si quería que infiltrara la red informática de la Hermandad y usted optó por un tipo de información más generalista.

    Konstantino esgrimió una sonrisa suficiente.

    —Pero eso es una cosa y otra que todo lo que nos proporciona carezca de interés, nos habla de proyectos obsoletos y de personas de segundo rango dentro de la Hermandad, nada sustancioso. Quiero creer que es un ardid por su parte para conseguir una situación más ventajosa o incluso un aumento de emolumentos, porque si pensara que intenta engañarnos le mataría. Pero ahí me tiene, con toda mi buena fe y confianza depositada en usted, mister Roth.

    De alguna manera tenía que excusarse.

    —En ningún momento he intentado escamotear información, empecé por la de menor interés para establecer un contexto, pero puedo invertir las prioridades y empezar por el extremo superior de la pirámide si lo desea —dijo tratando de sonar convincente.

    —Y le creo, mister Roth, ahora mismo me está dando una explicación a este malentendido y me doy por satisfecho, no dudo de su palabra. Pero mis empleados son más quisquillosos e insisten en que debemos asegurarnos, y también tengo que escucharlos. Una pequeña sesión frente a la pantalla bastará para que todos quedemos contentos.

    No pensaba pasar por la experiencia otra vez, empezó a juguetear con el bolígrafo para colocarlo en posición de tal manera que con un solo movimiento completara la acción. Pero su mente analítica le relevó el inconveniente, su muerte podía otorgarle una clara ventaja a Konstantino, desconfiaría, reforzaría la seguridad y se haría menos visible físicamente hasta saber el alcance de la jugada que representaba Roth. Los assassins tendrían muy difícil el eliminarlo. Decidió probar con carnada fresca.

    —Preferiría no tener que volver a pasar por la experiencia. ¿Quiere información valiosa? La Hermandad se está trasladando a los Cárpatos, si quiere intervenir sus comunicaciones o colocar espías ahora es el momento, antes de que se implanten todas las medidas de seguridad.

    Konstantino se levantó de la mesa y comenzó a pasear por la sala.

    — ¡Vaya! Eso sí que parece un plato fuerte, ya sabía yo que su disposición hacia nosotros era sincera. Estoy seguro de que cuando le pase los detalles a mis colaboradores se darán por satisfechos —se detuvo junto a él y le colocó la mano sobre el hombro—. Sin embargo, quedaríamos mucho más convencidos si nos permite usar el programa, solo será un momento, unos minutos para asegurarnos de sus intenciones, mister Roth.

    Supo que Konstantino no iba a ceder y apretó con fuerza un extremo del bolígrafo, nadie iba a obligarle de nuevo, prefería morir antes que perder la voluntad otra vez. La escena del Padrino con la patilla de las gafas atravesando la carne ocupó su memoria y entonces comprendió que existía otra alternativa, una que favorecería los intereses de la Hermandad. Su fin era ya inevitable, pero prestaría un último servicio para compensar las muertes que había ocasionado. Giró el cuerpo hacia Konstantino y elevó su brazo con toda la fuerza y velocidad de la que fue capaz, su mano volando hacia el rostro de su enemigo, de alguna manera sintió como el extremo del bolígrafo, convertido en  una prolongación de su voluntad, atravesaba primero el ojo y luego el cerebro. Cuando la mole asiática quiso reaccionar era demasiado tarde, Konstantino se derrumbaba sobre el suelo, muerto. El guardaespaldas descargó su furia disparando sobre Roth, que se convulsionó bajo el impacto de las balas y fue a estrellarse contra el monitor en un estruendo de cristales rotos empapados de sangre. La muerte engulló su realidad mientras perfilaba como último pensamiento una sonrisa triunfadora que no llegó a esbozar.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

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  • Jefe, de vez en cuando pásate por la web :)
    ..y creo que sigue reuniendo todos, o gran parte de los ingredientes que uno desea en una novela del género: El suspense, el recorrido por los entramados psicológicos de los personajes, el amor, a pesar de todo, en medio de la sordidez, y por supuesto, la acción, ingredientes cuyo manejo tan bien se te da. De modo que nada, "que siga el espectáculo".Por último, para no perder mi costumbre de encontrar pajas en ojo ajeno, no puedo dejar de comentar también yo alguna "rata": en la conversación Zaza-Chingo, la hermana de Bermudez pasa en pocos párrafos de ser Rebeca a ser Sandra. Deslices de escritor...
    Una vez más, y como ya viene siendo habitual en mí, llego tarde. Aunque veo que aún no has publicado el 32, de modo que tal vez no es tarde... Es verdad que se hace bastante difícil mantener la fidelidad a una historia que se va a alargando tanto -lógico por otro lado, si se trata de una novela-. Mucho más accesible, desde luego "picotear" en ratos sueltos entre relatos ínfimos, aunque luego nos guste dárnoslas de "amantes de la lectura" jeje..Por mi parte no recuerdo la clausula de inscripción a esta web donde se dice algo parecido a relatos de una duración determinada, que alguien me corrija, por favor, si existe tal requisito. Por lo demás me ha gustado mucho el capítulo...
    31 capitulos ya cansan un poco y mas para una web de relatos de una duracion mas o menos determinada, la trama se eterniza y pierde brillantez
    Muchas gracias, Boy. Ya te comenté que llevo corregido hasta el 15. Es lo que tiene la falta de tiempo, cuando dejo el capítulo y luego sigo se me escapan estos detalles que más tarde tendré que repasar. Todo lo que tu me anticipas, como te comenté, es trabajo que me ahorro.
    (Como dice aquél, ahí va una de 'fe de ratas': 'Llevaba la Gloc escondida...' y más abajo otra vez: '... Colocó la Gloc 19 en la sobaquera'. 'Se bajó en al siguiente estación'. 'No sabía hasta que punto'. '...un rato tomando algo y luego él se marcho'. '...más allá de un par de meses, sino se cansaba antes'). Me has recordado la memorable balacera de la panadería. A mí también me pasa lo que a Bermúdez; últimamente se presenta por mi casa una vendedora de una empresa de electricidad, o de gas, o de las dos cosas... es tan complicado lo que quiere decirme. Muy apropiada la lectura; yo tengo pendiente, esperándome en la estantería, 'La sangre vagabunda', una de las últimas. Qué buenos detalles tiene este capítulo también: Zaza duerme en el baño ¿qué clase de persona es que dormida permanece alerta? ¿cuándo descansa de verdad? Hay un bar El Brillante en la Plaza de Atocha, donde Zaza se puede desayunar un bocadillo de calamares, muy celebrados allí. '...enseguida encontró coincidencias con los datos que le había ido pasando Peña': yo diría que en este capítulo Peña no le pasó ningún dato a Zaza, más bien fueron Chingo y Alfonso. La idea de Zaza era la de preguntar a los vecinos haciéndose pasar por vendedora de una empresa eléctrica o de gas, nada se dijo de una mensajería. Qué astuta es: ella quiere que su presa la persiga, eso está muy bien. El final es genial, y el guardaespaldas, un perfecto idiota, porque ahora Roth sí que valía mucho más vivo que muerto. He pasado un muy buen rato, saludos.
    Cebos y gusanos, cazadores y presas, pero ocurre que ambos tratan de pescarse y cazarse mutuamente. Ya veremos quien da primero. Sustancioso y trepidante el largo episodio protagonizado por Zaza. Por fin, conocemos la identidad del monstruo, un nombre de lo más normal y, encima, la hermanita trabajando en Tele 5. Visto así, ya no asusta tanto y ya me lo imagino vendiendo a AR la exclusiva de sus fechorías. Y los de "Sálvame" comentando sus andanzas. El combate con Zaza promete. Son dos fieras salvajes luchando en la jungla y ambos conocen la valía de su oponente. Bienvenida sea la vuelta de Daniela a la consciencia. Espeluznante el método de suicidio imaginado por Roth. K. RIP. Saludos.
    Hola ender. A mediodía empecé a leerlo y ahora he acabado (después de comer). Se nota que dominas el genero, me ha gustado. Saludos
    Muy buen capítulo. Saludos.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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