cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

10 min
4 La Hermandad de los Abderrahim
Varios |
15.11.12
  • 4
  • 7
  • 2498
Sinopsis

Ayer despartiendo con amigos plumíferos me señalaron la dificultad de escribir una novela fraccionada en relatos y tengo que estar de acuerdo. Igual termina en chapuza todo esto, pero al menos voy a intentarlo. No os corteis de comentar fallos, que pueda corregir sobre la marcha. El número de personajes, Wills, estará en función de como se desarrolle la historia y de esta forma de escribirla, intentaré no excederme.

El juego del ratón y el gato

Aicha

 

    —Ya sé que tu jefe directo es Roth, pero eso no te exime de contestar mis preguntas —Aicha sabia que parte de los Assasin seguían profesando la fe en el Corán y que les resultaba incómodo obedecer las órdenes de una mujer, especialmente si era de ascendencia árabe, como ella, y vestía ropas occidentales. Una de las tantas contradicciones que persistían en el seno de la Hermandad y que sin duda tendría que ser corregida antes de alcanzar la meta.

    Houari Bendjedid clavó una mirada desafiante en los bellos ojos de la Mayor, de brillos azabaches.

    — ¿Qué quieres saber? —era de los pocos fieles a las tradiciones y le costaba aceptar los cambios.

    Aicha sostuvo la mirada cetrina del Assasin devolviendo soberbia por soberbia, un sentimiento que estaba lejos de sentir, obligada por su condición de Mayor.

    —He estado revisando los informes de seguridad y desde que nos mudamos al interior de la selva no se registra ningún incidente con el artilugio de los espejos. ¿Cómo puede ser eso?

    —Supongo que cumplen su función, evitar que nos descubran.

    Era hermoso el Assasin, pero no espabilado.

    —No me refiero a eso. Los espejos crean una simulación, cierto, pero no evitan que los animales o algún furtivo intenten atravesarla. ¿Me quieres hacer creer que en los casi veinticinco años que llevan instalados nada chocó contra ellos? Es totalmente inverosímil.

    —Alá nos protege —sentencio Houari, de nuevo desafiante—. Si no están registrados es que no se han producido.

    Los métodos de Roth habían despertados los recelos de Aicha y había decidido revisar los informes de seguridad por si descubría alguna irregularidad que le permitiera abrir oficialmente una investigación. Pero el Director de Seguridad era hábil y no dejaba rastros, tan solo se encontró aquella contradicción. No era posible que nadie hubiera chocado contra los espejos.

    —Actuar a mis espaldas trae consecuencias —amenazó a Houari—. ¿No será que habéis recibido órdenes ilícitas?

    — ¿Qué insinúas? —el gesto ofendido del Assasin pareció sincero.

    —Es imposible que en veinticinco años no tengamos registrado ningún incidente. La única explicación que se me ocurre es que silenciaran de alguna manera a los que tropezaron con ellos.

    —Si así fuera te lo diría, nosotros solo obedecemos órdenes. Será una virtud de los espejos, repeler a los extraños. Pregunta a los sabios.

    Sin duda su fe no abarcaba solo el Corán, en su ignorancia atribuían poderes ilimitados a los científicos de la Hermandad. Los espejos eran un truco y nada más. Si Houari no sabía nada alguien tenía que saberlo, le preguntaría a Roth directamente.

    —Está bien, te creo, pero necesito que me informes sobre los cometidos de los Assasin con detalle, tanto en la actualidad como antes de que cayeran las torres gemelas. Cenarás conmigo esta noche y responderás a mis preguntas. Y no le comentes a nadie sobre nuestro encuentro, ni siquiera a Roth. Es una orden.

    Una chispa de deseo incendió la mirada del Assasin, intuyendo que la cita fuera propicia para saciar más de un apetito.

    — ¿A qué hora he de presentarme?

    —A las ocho estará bien. Me encontrarás en mis aposentos.

    —Así se hará —dijo, y tras inclinar levemente la cabeza en señal de respeto abandonó el despacho de la Mayor.

    A ella no le había pasado desapercibido el brillo concupiscente de sus iris, No estaria nada mal mezclar el placer con el trabajo, sobre todo si conseguía soltarle la lengua. Tenía buena planta. Pero eso lo decidiría sobre la marcha.

 

    Bermudez

 

    El tipo se había asomado a la ventana y lo había localizado. Aun recurriendo al mapa para disimular supo que no le quitaba ojo de encima. Cambió de lugar y quedó al tanto, pensando que se trataba de la policía y que el arquitecto no había dudado en pedir refuerzos. Una posibilidad que no contempló cuando decidió acecharlo para meterle miedo. Pero más tarde había llegado un segundo individuo con inequívoca pinta de guardaespaldas y él se acercó a su coche para atisbar el interior. La pegatina en la guantera de la agencia de detectives le calmó un poco, al menos no se trataba de maderos. Lo cual no significaba que no resultara un contratiempo que añadía nuevas variables a la ecuación, todo lo contrario a lo pretendido por Roth. Consideró la posibilidad de una acción drástica antes de que el asunto se complicase y la desechó, al menos hasta que averiguase con que finalidad habían sido contratados los detectives, si tan solo para preservar la integridad física del arquitecto o si también les había encargado husmear en lo de Aguirreche. Además, no le pagaban para que corriese riesgos innecesarios, ya sabría él si el asunto se complicaba elegir el momento adecuado. Su instinto de cazador seguía ahí.

    Aparcó el coche varias calles más abajo y caminó hasta las proximidades del edificio. El detective reconocería el coche, pero dudaba que pudiera reconocerlo a él, demasiada distancia cuando atisbó por la ventana. No tuvo que esperar mucho, le vio  salir y dirigirse a su coche, tomó algo de su interior, un brillo metálico reveló la pistola, jugaba fuerte. No parecía gran cosa, sobre los cincuenta le calculó y uno ochenta de estatura, alto para su edad, pero poco más apreciaba desde su posición. Peso medio con algún kilo asentado en la tripa aunque eso no significaba nada, había conocido tipos similares expertos en trucos sucios y capaces de tumbar al contrincante en un par de golpes. Caminaba decidido, oteando, buscaba el Focus. Bueno, la documentación del coche estaba muerta, no conseguiría nada por esa parte, aunque se vería obligado a cambiar de vehículo y tendría que dar parte a Roth, que pondría el grito en el cielo en cuanto supiera que un detective le seguía las huellas.

    Torciendo hacia la tercera calle sus miradas se cruzaron. ¿Fue un destello irónico lo que percibió en sus ojos? Pero el detective siguió su camino y finalmente dio con el coche. Anotó la matrícula y estuvo inspeccionando los bajos buscando un número que también apuntó en la libreta, después regresó por donde había llegado. Ahora sería él quien lo seguiría. Esperó a que se alejara y montando en el Focus le siguió a una distancia prudencial, justo hasta que sintió el bamboleo de la rueda. Paró y se bajo del auto esgrimiendo una sonrisa torcida. El cabrón no estuvo apuntando ningún número de los bajos, le había rajado la rueda. Y no podía abandonar el coche, tenía sus huellas. Tendría que cambiársela, bien que se la había jugado el hijo de puta. Pero solo era el primer asalto.

    El monstruo despertó clamando sangre.

 

    Peña

 

    No era del oficio, se le notaba enseguida. Tampoco tenía pinta de sicario. Lo localicé apenas comencé a caminar, escondido tras la columna de un soportal de uno de los edificios cercanos. Cuerpo atlético, en forma. Dos calles más abajo nuestras miradas se cruzaron. Moreno, ojos oscuros y afilados, duros y cínicos, bien parecido. Piel curtida al aire libre, treinta y tantos. Dejé que me siguiera hasta que localicé el Focus. Tomé la matrícula y le rajé una rueda, pretendía ir al domicilio de Aguirreche y no lo quería de moscón. Por otra parte me interesaba seguir sus movimientos y el guardaespaldas enviado por el Jefe cantaba mucho. No me daba tampoco tiempo a pedirle otro hombre al Jefe, terminaría de cambiar la rueda antes de que llegara. Paré un taxi y le enseñé mi identificación de detective. Le pagué doscientos euros y le pedí que siguiera al del Focus de lejos y que tomara nota de todos los lugares en que se detenía,  que habría más dinero si lo hacía bien. Que no jugara a los detectives, nada de acercarse al tipo. En cuanto le perdiera la pista que me llamara y si paraba mucho en el mismo sitio también. Tan contento.

    Después llamé a Melani para que me buscara los datos del Focus, si no estaba denunciado por robo que recurriera a nuestro amigo de la DGT para la información. Luego monté en el Golf y  enfilé hacia el Barrio de las Letras.

 

    Bermudez

 

    Lo de la rueda había sido una maniobra de distracción del detective, sin duda. ¿Qué pretendía? Quizás había sacado al arquitecto del domicilio mientras tanto para llevarlo a un lugar  seguro, lo comprobaría. Llamó al telefonillo y le contestaron, seguía allí. Acaso solo trataba de inquietarle,  un mensaje comunicándole que había entrado en el juego. Tenía que deshacerse del auto pero antes se pasaría por el domicilio de Aguirreche, no fuera a ser que estuviese husmeando por allí. Roth iba a poner el grito en el cielo cuando se enterara.

    Condujo respetando todas las normas de tráfico, no sabía hasta donde llegaba la mano del detective y el tiempo que tardaría en averiguar que los datos registrados del Focus eran falsos. Aquella misma noche se desharía de él. En esta ocasión tomó más precauciones, no quería que le sorprendiera. Se ubicó en el interior de una cafetería y espió tras los cristales. No tuvo que esperar mucho, al poco salió de la tienda de informática situada frente al domicilio de Aguirreche y se me metió en la farmacia de al lado, buscaba información. No quería alertarlo de nuevo, pagó la consumición y regresó al auto. Él no había organizado el viaje de Aguirreche, pero sabía que la empresa de mudanzas guardó los enseres en un guardamuebles y el contenido de su despacho fue  expedido a una dirección de la Hermandad. Si constaba en alguna parte el registro del envío tendría que desaparecer. Llamó a Roth, necesitaba instrucciones.

La Hermandad de los Abderrahim 4

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muy literal el título. Realmente Bermudez y Peña juegan al gato y al ratón y el lector disfrutando de la trama, alternativamente, desde la piel de cada uno. No tenía pensado leer más por hoy, pero la historia se ha puesto muy emocionante y no me resisto a continuar...vamos allá, pues...
    El hilo se va tensando. Estupendo.
    Me ha gustado el escrito y siento que se está mejorando cada vez más, pero lo que me complica un poco es el juego de perspectivas de tantos personajes. Sé que es un recurso extraordinario pero en momentos me pierde.
    El escrito me ha enganchado definitivamente y la historia se está poniendo cada vez más y más interesante. Los personajes están bien caracterizados y uno puede imaginárselos sin problemas. Fenomenal, es una obra de arte es la que estás construyendo, amigo ender.
    Peña jo'puta xD. Al parecer ese Bermudez me está enamorando tanto, desde mi punto de vista es el personaje más interesante, bueno, mi favorito hasta ahorita, no sé que más vendrá, sin embargo esperaré a que nos cuentes. Las tres partes finales fueron las mejores, disfruté leerlas. Sigue tecleando o gastando la tinta de las plumas, ender, está poniendose bueno. Saludos y un abrazo.
    Pues nada.. Aquí sigo atrapado –deliciosamente atrapado- en tu historia. Pero ya que tú mismo has dado carta blanca para ello, me he dicho: vamos a hacerle un poco la puñeta a ender. Bromas aparte. Este capitulo mantiene el alto nivel del resto de la historia pero me gustaría comentarte algunas cosillas. A ver qué opinas tú. Comienzas haciendo una referencia al Corán como causa de que el Assasim no tolere las ordenes de una mujer y… mmm… si el relato fuera mío hubiera achacado tal intolerancia a la lectura radical del “Sagrado libro” por parte de alguna de las ramas radicales del islamismo y no al libro en sí, que por cierto fue bastante aperturista en su época con respecto al papel de la mujer y el respeto hacia ella en la sociedad árabe, mucho más de lo que lo fuera otro “Sagrado libro” más conocido entre nosotros. Aparte de eso comentarte —sé que solo es un despiste, pero te lo comento por si acaso— que en el decimotercer párrafo se produce en solo dos líneas una redundancia del verbo haber en su “Subjuntivo presente” que choca un poco al leerlo. Y por lo demás, y como tú dices: Sigue dándole a la pluma y creando historias tan interesantes.
    sin palabras
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

  • 238
  • 4.56
  • 166

A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta