cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

4 min
43
Terror |
06.04.15
  • 4
  • 3
  • 904
Sinopsis

Y cuando creía que todo había acabado, cuando la tranquilidad abordó su vida, miró para la ventana y vio al maligno en ella.

En una esquina, en una esquina la vida se ha reido en su cara, en una esquina es donde ahora intenta refugiarse, encontrar el calor que arrebata la fortuna, la mala por supuesto, con un cigarrillo en los labios y un vaso de whisky, con la ceniza nadando en él porque su mente no llega a creer lo que ha hecho.

Sus ojos no le dan el gusto de soltar ninguna lágrima, su garganta no suelta el nudo que le asfixia, las manos se mueven cuales banderas ante la brisa, no es capaz de ser un hombre, porque su hombría ha desaparecido y su cuerpo se lo está recriminando.

Su mente ya no responde, ha decidido tomar la senda de la locura, y los ojos le fallan, ante la ausencia de cordura, le muestran imágenes confusas y tan terroríficas como los labios de la parca… Desde el espejo le miran todas esas figuras, todas esas criaturas, todo eso que algún día tuvo una historia, que solo fue una hormiga más y que desde su esquina se dedicaba a eliminar por el bien de un objetivo que él desconocía, hasta que no pudo más.

Sus manos estaban teñidas de un viscoso negro escarlata, haciendo juego a lo que estaba bebiendo, a lo que ahora se deslizaba por sus piernas, que estaba pintando las paredes de su habitación… La sangre estaba tiñendo su vida y su mente.

Después de acostumbrarte a ver ese color a diario, solo al empujar una palanquita, su desintoxicación puede ser horrible… Al ejercito solo entraban dos tipos de perdonas, aquellos que luchaban por su país, y aquellos que querían una excusa para matar y morir…

Siempre creyó estar seguro de que clase de soldado era él, amaba su hogar y lo protegería a toda costa… Se equivocaba… Ver los sesos de un talibán derribado en el suelo y manchando tus zapatos te llevan a muchas sensaciones contradictorias, y la conclusión de que todo aquello no tiene nada que ver con tu país…

Una vez que te acostumbras a la muerte la vida puede ser un asco, algo demasiado monótono, ya que aunque el calor del infierno le quemaba, no hay nada que le hiciese sentir más vivo…

Se dio cuenta poco a poco, cuando esos ingenuos afirmaron que el conflicto había acabado…

Creyó que todo había acabado, que volvería a un apartamento lujoso, encontraría a una buena mujer que le reconociese el valor por sus esfuerzos y que viviría cómodamente y en paz con su pensión militar y no volvería a tocar un gatillo…

La primera semana lo creyó

 La segunda una necesidad brotó en su interior… Cada golpe y ruido era música en sus oídos, la alerta era constante y se divertía viendo despiezar conejos en la carnicería…

Las noticias y películas más duras y sangrientas eran sus dibujos animados, y solo quería más y más…

Solo una más con una más estaría tranquilo, se decía al mes cuando las imágenes, videojuegos, cadáveres de animales y visitas a mataderos ya no le saciaban, y fue entonces, después de 2 meses viviendo en aquel apartamento cuando se fijó que había una guardería en frente de su casa…

“No son vidas en sí, mejor ahora que no tienen recuerdos, su ausencia apenas se notará, sus padres pueden hacer otros” Pensaba con los ojos perdidos en el cargador de su fusil y en el fondo de su mira telescópica.

Lo define como un efecto mym´s, una vez coges uno no puedes resistir coger otro… cogió 43.

Creyó que sentiría paz, pero el tormento aumentó.

Y esos 43 le atormentaron, le acusaron, le lloraron… esos 43 metieron el cargador en su pistola, esos 43, se la pusieron en la mano, esos 43 pequeños niños de apenas 4 años llevaron el cañón a su boca y esos 43 eligieron el momento justo para que cuando apretasen el gatillo el temblor del metro desviase su mano, e hiciese que perdiese las habilidades motoras, un ojo y la mitad de a cara… esos 43 le destinaron a una vida en una silla de ruedas, sin capacidad más que de mover los ojos, sorber y de que su mente conociese nuevos rangos de locura y tortura… Un grito constante.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 83
  • 4.67
  • 164

Soy un gilipollas, pero un gilipollas encantador.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta