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11 min
5 La Hermandad de los Abderrahim
Varios |
20.11.12
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Sinopsis

Gracias por las correcciones. Se que van saliendo muchos personajes pero me lo pide la trama, en la que confluye la investigación de Peña y la existencia de la Hermandad. Trato de no perder el hilo manteniendo el esquema de relato, de forma que en cada uno se finalice la acción que se emprende. Ya veremos si lo consigo.

El regreso del monstruo

Cónclave          

    Albert Neville removió el azúcar con la cucharilla.

    — ¿Crees que seguirá insistiendo? —preguntó a Houari.

    —Es perseverante, no me extrañaría.

    —Está bien, puedes retirarte.

    El capitán de los Assasin hizo una profunda reverencia y abandonó la sala.

    —Roth no se percató en todo el tiempo que ejerció de Mayor —señaló Yuan Chung—. Tampoco ahora, que controla la seguridad.

    — ¿Qué opinas? —la pregunta de Neville iba dirigida a Adriana Barbosa, la tercera de los reunidos en la sala.

     —Tenemos tiempo. Sigamos observándola —contestó ella.

    —No tanto tiempo —objetó Neville—. Mis huesos están cansados y mi hora se acerca. No es inminente, pero debemos decidirnos por un candidato. Aicha me parece perfecta.

    Una sombra de tristeza cruzó la mirada de sus amigos, eran muchos los años compartidos.

    —En cuanto acabe la crisis nos ocuparemos de ella —dijo Chung—. Ahora me preocupan las noticias que llegan de España, tendríamos que hacer algo al respecto.

    —Tú siempre tan efusivo —discrepó Barbosa—. Nuestra misión es preservar, no intervenir.

    Chung buscó con la mirada la opinión de Neville.

    —Tanto Roth como Aicha están capacitados para para solventar el problema, dejemos que hagan su trabajo —sentenció el más veterano del grupo.

    —Pero con los Assasin fuera del juego corremos serio peligro —insistió Chung.

    —La culpa es de Roth, por contratar a ese asesino —Adriana Barbosa corrió su asiento buscando la verticalidad con la rejilla del aire acondicionado para calmar su sofoco, maldiciendo en su interior la secuela menopaúsica—. Más le valdría haber contratado a un buen abogado que blindara el rastro de la Hermandad.

    —No somos quiénes para inmiscuirnos —Neville se mostró tajante—. La Hermandad debe corregir sus propios errores sobre la marcha. Nuestra misión y la de los Assasin es protegerlos de los peligros exteriores, no influenciar en sus decisiones. Es fundamental que desconozcan nuestra existencia para poder llevar a cabo nuestro cometido con éxito. De cara a ellos solo seremos la apariencia que representamos, tanto nosotros como los Assasin.

    —Lo sé, Albert, jamás se me ocurrió lo contrario —Chung no quería malentendidos—. Es que me siento desvalido sin poder recurrir a nuestros amigos, en su versión oficial de cara a la Hermandad siempre han sido valiosos a la hora de resolver conflictos.

    —Y su viaje a España no sería un inconveniente —apuntó Barbosa—. Hay muchos árabes que residen allí, especialmente marroquíes. No para que intervengan, solo para que corten la cadena de información que conduce hasta la Hermandad.

    —Hasta que no estén listos los pasaportes, imposible —concluyó Neville—. No podemos saltarnos la jerarquía de Roth, sobre el papel es el jefe de los Assasin. Si no sale de él enviarlos no podemos utilizarlos, y si tratamos de influenciarlo sospechará. El único camino sería nombrarlo mi sustituto y no pienso hacerlo.

    Tanto Chung como Barbosa reflejaron en su rostro su alarma ante tal posibilidad, Roth era un elemento valioso para la Hermandad pero resultaría funesto como miembro del Cónclave, dada su clara inclinación hacia el intervencionismo.

    —Esperaremos entonces —Chung expresó en voz alta lo que todos pensaban.

    — ¿Levantamos la reunión? —Barbosa estaba deseando meterse bajo el agua fría.

    —Aicha si que podría saltarse a Roth —la atajó Neville—. Ella es la Mayor. Incluso con los viejos pasaportes podrían viajar ella y Houari como pareja, difícil que sospecharan de una mujer árabe que viste ropas occidentales. Sería su prueba de fuego. Pero antes tendríamos que nombrarla mi sustituta.

    Chung y Barbosa intercambiaron una sonrisa inteligente. La edad no había mermado la astucia del viejo zorro, que de nuevo iba a salirse con la suya.

 

    Bermudez

    No había reconocido su cara pero si el muñequito colgado del retrovisor, creyó que estaría de moda entre los taxistas. A la segunda vez que lo vio se fijó en el rostro del taxista y a la tercera lo reconoció, le estaba siguiendo. Estaba a punto de aparcar junto a la empresa de mensajería que habían utilizado para enviar la documentación de Aguirreche y siguió de largo, tendría que despistarlo. Era listo el detective, pensó. Las instrucciones de Roth habían sido claras, romper cualquier vínculo que pudiera conducir hasta la Hermandad. Intentó evadirlo, pero el otro era ducho manejando, era su terreno y tantas horas al volante le daban una clara ventaja. De pronto se le ocurrió pagar con la misma moneda. Paró en un semáforo, bajó del auto armado con su estilete y se dirigió al taxi. Pudo ver su rostro aterrado ante el arma y la precipitación de sus dedos anclando el seguro de las puertas. Un movimiento veloz de su mano que el otro apenas percibió perforando la rueda y cuando quiso reaccionar él ya se alejaba en su auto.

    El tiempo jugaba en su contra. La mensajería estaba ubicada en un extremo de Aravaca, en una calle industrial que albergaba una docena de empresas. Aparcó en una bocacalle y echó un vistazo. Eran casi las ocho y los mensajeros llegaban con los últimos paquetes para concluir la jornada. No había cámaras a la vista pero si un cartel de una empresa de seguridad. No pensaba arriesgarse, esperó. Fueron saliendo empleados hasta que apareció el que cerró la puerta de entrada, supuso que el encargado. Tuvo que seguir esperando porque junto a otro empleado se tomó una cerveza en un bar cercano. Se puso los guantes y lo abordó cuando abría la puerta de su coche. Nunca había utilizado el 357, despreciaba la contundencia de las balas, pero la presencia de un revolver intimidaba más que la de un estilete. No opuso resistencia. La retahíla de siempre, si quieres seguir vivo haz todo lo que te diga.

    Primero desconectar las alarmas y luego explicarle lo que pretendía de él con un discurso pausado. Sus mentiras sonaron a verdades y el tipo colaboró. Los registros utilizaban dos cauces, uno informático y otro físico en forma de recibos y etiquetas. Resultó un encargado eficiente y apenas le llevó diez minutos hacerlos desparecer todos. Pero quedaba el mensajero que había realizado la entrega y su memoria era el último nexo. Tenían que convencerle para que no dijera nada, que le llamará pretextando una entrega urgente con gratificación generosa. En ese momento dejó de creerle, el miedo asomó a su rostro rubicundo y se estancó en sus facciones.

    —Ten... tres hijos...por favor —balbuceaba.

    —No le puedo convencer por teléfono, tienes que hacerle venir —Bermudez intentó ser convincente, pero el monstruo pedía paso y atisbaba en sus gestos— Si no te tranquilizas te lo notará y pensará que ocurre algo. Sé que estás asustado pero para mí todo esto es trabajo, un encargo. Y sé lo que es el miedo y lo que vale una vida, no necesito haceros daño a ninguno de los dos, si alguno abre la boca las consecuencias las pagará su familia. Y la familia de uno es mucho más importante que una puta dirección. Llámalo.

    Su intento de empatizar consiguió hacerle dudar, realizó la llamada y el mensajero dijo que tardaría media hora en llegar. Pero una vez que el monstruo asomaba era difícil ignorarlo, el encargado lo vislumbró en el fondo de su mirada y supo que estaba ahí, aguardando. Una mancha de orín descendió por sus pantalones.

    Nunca pensó Conrad que el horror fomentado por Leopoldo II sería precursor de otro mucho mayor que se desarrollaría en el mismo escenario con más de cuatro millones de muertos. Asesinatos, violaciones y vejaciones como protagonistas entrando el siglo veintiuno, los ojos de las democracias miraban sin ver permitiendo que el horror se expandiera quemando la piel del Congo. Pero fue precisamente eso lo que atrajo al monstruo y le alimentó. Lo intentó primero como FreeLancer, pero los cabecillas militares no deseaban testigos que denunciaran al mundo el genocidio y en medio de la contienda cualquiera podía llevarse un tiro que lo silenciara. Probó entonces como capataz en las minas de coltán, un blanco cabrón de métodos expeditivos tenía hueco en el engranaje. Niños deslizándose por estrechas galerías para recoger el mineral, atrapados a menudo por los constantes derrumbes. Carne fresca, carne joven sin valor añadido, prescindible. El monstruo asomaba. Los señores de la guerra se acercaban para cobrar el canon de las minas. Los fue conociendo, tomando confianza, hasta que convenció a uno de ellos para que le dejara participar en sus razias, deseaba un botín de vida.

    Entraban a los poblados y masacraban a los hombres. Jugaban con ellos, a algunos les permitían un simulacro de huida para luego abatirles como si fueran conejos, zum al negro. Los más eran exterminados a machetazos, para ahorrar munición, una orgia de sangre que salpicaba los rostros y los uniformes de los asaltantes mientras mujeres y niños contemplaban la dantesca escena aterrorizados. Ay de aquel que protestara o intentará hacerles frente, el suplicio para ellos era especial, condenados, condenadas, a una lenta tortura. Era tal el terror que los pobres diablos enajenaban sus mentes para intentar evadirlo. Holocausto. Cuando su sed de sangre se saciaba o les podía el cansancio remataban la faena a tiro limpio, sin más atención que la que se presta a una mosca o a una cucaracha. A continuación les tocaba el turno a las mujeres, violadas sistemáticamente cuando ya no quedaban lágrimas en sus ojos, algunas reventadas después con el cañón de un AK-47, tiro al coño proclamaban, otras empaladas con estacas afiladas. El monstruo escogía, no quería pillar el SIDA, solo tomaba vírgenes. Pero en crueldad pocos lo igualaban, disfrutaba buscando el horror en la mirada y el miedo en la boca del estómago, torturaba y cuando las sucesivas olas de pavor y dolor acababan con el espíritu de la pobre víctima, abocada a la vacuidad, perdía el interés. El Diablo Blanco le llamaron.

    Los niños eran reclutados para el ejército del señor de la guerra, no le interesaban, pero cuando ya solo quedaba atrás el fuego envolviendo los cadáveres se entretenía buscando el pánico en sus caritas espantadas. Viejas rencillas tribales azuzaban las tropas, lodos con ecos de barros del rey belga. No se trataba de vencer, sino de exterminar. El monstruo gozó en cada incursión pero no quedaba satisfecho, aquello solo era un simulacro de lo que pretendía. No encontraría su apoteosis hasta pisar el bosque de Ituri.

    No podía dejarle vivo, alertaría al  mensajero en cuanto llegara. Masticaba el temor que lo atenazaba, tenía que atajarlo antes de que cometiese cualquier tontería. Ni se enteró, un fulgor plateado atravesando su miedo y el estilete quedó clavado en su corazón, el monstruo conocía a la perfección el emplazamiento de los órganos humanos. Se derrumbó con un suspiro. Ocultó el cuerpo tras el mostrador y esperó a que llegara el mensajero. En menos tiempo del que pensaba. El monstruo quería jugar pero no se lo permitió, no era el momento, le prometió al detective para calmarlo. El mensajero entró confiado y recibió el estilete en la nuca, apuntillado.

    Salió a la calle y se quitó los guantes, exultante. Acababa de romper el vínculo, Roth estaría satisfecho. Pero al monstruo no se le podía engañar, tendría que cumplir su promesa. Una vez despierto necesitaba alimento, una víctima. Gustaba sobre todo de las mujeres, pero el detective le convenía a él y serviría para calmarlo. Momentáneamente.

La hermandad de los Abderrahim 5

 

 

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  • Amigo Ender, ahora mismo me siento un privilegiado por poder leer la continuación de cada capítulo sin tener que esperar una semana. Me imagino sumergido en alguna de las apasionantes novelas que he leído y tener que esperar una semana para continuar: la historia se enfría y se pierde el hilo. Lo dicho, un privilegiado. Así que si no entendí mal el Cónclave y los Assasin colaboran para proteger la Hermandad. Y el sicario de Bermudez , menudo personaje, un tipo odioso y brutal para el olimpo de los villanos.Vaya , ya está aquí otro capítulo, hay que ver como vuela el tiempo...
    Simplemente, estupendo. :-)
    Bien cuidada tanto la prosa, la trama, los dialogos. Disfruté esa parte en la que el sujeto se hace en sus pantalones. Pero después de ello, la otra parte me pareció muy violenta y cruda,en fin, ese, El diablo Blanco ya me intrigó. Esperaré el siguiente capítulo ender. Saludos.
    Creo que te han comentado y muy bien tu relato. Como siempre buena pluma.Besotes
    Pues nada, oye. Que es sentarme a disfrutar "mi momento ender" y sentir la apremiante necesidad de encenderme un pitillo. A ver cuando le hecho un par y lo dejo. Lo de los pitillos digo, no lo de leer tus relatos, que de eso no tengo ganas de quitarme. ¿Qué decirte a estas alturas que ya no te haya dicho?Genial, eso lo resume todo. Y brutal -en todos los sentidos- la parte en cursiva. Genial, sí.
    Siempre que publicas un relato me deshago en elogios que no hay quien me detenga, no obstante esta vez te diré lo que me ha gustado con todas sus letras: Lo primero es tu estilo de escritor que es límpido y fácil de seguir. Me ha gustado que elaboras tu escrito desde varias perspectivas. Me ha enganchado la historia, llena de suspense, y la descripción despiadada del "monstruo" es magistral y terrorífica. Lo que me parece raro es ver la lucha intestina de la Hermandad, veo intereses que se mueven por debajo y eso le quita el aire siniestro que tenía en los primeros relatos. Supongo que se debe a que hay intereses de poder de por medio que pronto nos mostrarás, aunque me parece que los malos no son tan malos después de todo. Creo que estoy divagando, mejor me espero la continuación... Cinco estrellas y felicidades
    Esa manera tan destacada que tenés de ir desasiendo la historia parrafo por parrafo; dialogo por dialogo. es verdaderamente admirable
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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