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11 min
7 El desamor I
Amor |
23.04.12
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Sinopsis

(...) Ahí igual, o igual en nuestra habitación la noche anterior con el móvil en una mano y la otra en la boca intentando agarrar un nombre que ya se había escapado. (...) Séptimo capítulo de "Asco de todo".

Los ocho años siguientes, y digo bien ocho y no nueve porque los problemas gordos empezaron casi un año antes, se puede decir que fueron tiempos felices. Nuestra relación nunca fue una balsa de aceite, discutíamos un día sí y uno no, aunque nuestras formas de ser no nos permitían tirarnos una semana sin dirigirnos la palabra. Nos lo pasábamos muy bien juntos, nos gustaban las mismas cosas, las mismas películas, la misma música, el campo, montar en bici, una caña en una terraza, las plantas, escuchar Milenio 3, ver Big Bang Theory o pelis de zombies, Tarantino, el terror japonés... En otras cosas eramos radicalmente opuestos, pero también tenía su encanto: Ella era muy extrovertida y yo demasiado tímido, ella caía en gracia a todo el mundo y a mi no me caía bien casi nadie, yo era un gafapasta invencible al Trivial Pursuit y ella pensaba que Estepona era un país africano, o que "chapó" significaba "hasta aquí hemos llegado". Ella iba y yo venia, ella tenía los pies fríos y yo las manos siempre calientes, ella siempre quería debajo y yo también, ella no podía ver una arruga en la cama y yo llevo semanas sin hacerla, ella madrugaba y yo trasnochaba, ella ponía la música alta y yo la tele bajita, ella era de Noel y yo más de Liam, a ella le gustaba Sabina y yo la pinchaba con que la mayoría de sus letras eran enumeraciones facilonas del rollo de la que yo acabo de hacer ahora mismo.

Las relaciones se rompen y uno dice que nunca ha sido feliz, el otro lamenta tener que quemar (o ahora eliminar) todas las fotos de una década porque en ninguna sale solo, que puede que pienses que va a ser el fin de mis días / pero cariño no he terminado todavía / que puede que te quiera / puede que no sea así / puede ser que tu mierda me ha dejado de influir. Ya lo decían Los Planetas.

Pero es todo demasiado complejo y mi prosa no da para expresarlo en unas lineas. Solo sé que un sábado frío de Febrero fuimos a la boda de un primo suyo. Si no tenía ya poca manía a todo ese tipo de celebraciones creo que lo que pasó en aquella ya fue el remate final. Resulta que por allí andaba un primo de la novia, un cani de puta madre que acabaría de cumplir los 18, de esos que no tienen para unos auriculares y van por la calle con el jodido perreo sonando a todo lo que da el móvil que les trajo Papa Noel como si a los demás no nos importara una mierda.

Y este hijoputa no tenía nada mejor que hacer que encoñarse de mi novia. Le debieron gustar sus tetas porque ni siquiera hablaron y al día siguiente la agregó al Tuenti, muy propio también eso. Ella me lo contó... como buscando una aprobación, o algo. Me extrañó, como si esperara que yo la dijera algo así como "aceptale, pobre chaval", no sé, mujeres. Lógicamente lo que hice no fue eso si no preguntarla si le había bloqueado, una pregunta que habría sobrado en condiciones normales, pero éstas ya no lo eran. Su respuesta fue que no, pero que lo iba a hacer. ò.Ó. No sé a qué cojones esperaba, pero no dije nada y pasé del tema completamente.

A partir de ahí yo no me entero de más pero ella le acepta y empiezan a hablar. El colega no tarda en ponerse a contarla que le gusta mucho. El mismo día la confiesa que es virgen, a tumba abierta, y que le encantaría hacerlo con ella por primera vez. Los huevos como melones. La respuesta que recibe es algo así como "es que tengo novio, si no lo tuviera..." ¿alguna vez os han hecho una declaración de amor tan pasional? (modo sarcástico: off).

Puta vergüenza.

Es algo que a mis treinta años no tengo claro, y seguro que moriré sin resolverlo: las tías, en el tema del ligoteo y el sexo y tal ¿son tontas o se lo hacen?. Enorme debate. Porque van siempre presumiendo de tener el control absoluto de todo el proceso y la última palabra en el surgir de las relaciones, eso de que nosotros no ligamos, que son ellas las que nos eligen y luego nos hacen creer que las hemos seducido. Pues no estoy muy de acuerdo, yo creo que los tíos tenemos nuestras fichas, menos, vale, mucho menos relevantes, también, pero las tenemos y las movemos. Y a veces, pocas, todo hay que decirlo, suena la flauta y muerden anzuelos fabricados con un clip sucio y oxidado. ¿En serio no lo ven? ¿o hacen la vista gorda por comerse algo de vez en cuando también?, ¿tanto les cuesta recordar eso que les gusta tanto de "los tíos prometer hasta meter y después de haber metido..."?.

Bueno, el caso es que ocurrió algo que yo nunca hubiera imaginado, conociendo a mi novia como creía que la conocía, mejor que su puñetera madre. Sería por la crisis de los treinta, que hace que las mujeres empiecen a pensar que se marchitan, en los años que nunca volverán, en que ya no las miran tanto por la calle y las gustaría volver a sentirse deseadas, en el lápiz que se les sujeta debajo de la teta o vaya usted a saber. En fin, que una persona sensata hubiera bloqueado a ese pajillero compulsivo en el segundo dos, yo creo, para evitar movidas, pero Ella no lo hizo, y se pasó un par de semanas chateando con él.

La confianza da asco en muchos sentidos y yo durante aquellos días pequé de fiarme completamente del criterio y la fidelidad de mi pareja, tampoco me arrepiento, y dejé correr detalles como cuando agarrado a sus caderas desnudas y para picarla la dije que se estaba poniendo gordita y me respondió con una sonrisa descomunal que no la importaba porque sabía que seguía poniendo a los chicos. De esas veces que nos reímos con algo y al poco puta la gracia que nos hace.

Y llegó una noche trascendental en esta historia. Yo estaba en la cama, quedándome dormido ya y ella se estaba poniendo el pijama cuando sonó su móvil. "¿Iván?" leyó en voz alta y cortó. Yo me di la vuelta y la pregunté que quien era Iván y por qué la llamaba a esas horas, pero no puedo saber qué pasó después porque fue en un universo paralelo. En este nuestro lo dejé correr... y me quedé sopa.

Desperté a la mañana siguiente recordando ese extraño suceso y lo tuve en la cabeza durante todo el día. Pensé si sería posible que ese Iván fuera el primo hijo de una puta, que no le hubiera borrado, que hubiera hablado con él, en aquellos detalles sospechosos, que tal vez hubieran llegado a verse y... uf, mis pensamientos no podían ir más lejos, no se atrevían a cruzar esa linea. Es imposible, Ella jamás haría algo así, me repetí millones de veces aquella mañana.

Pero la notaba extraña, distante. Llegamos a casa por la tarde y solo tardó lo que tarda uno en quitarse el abrigo y los zapatos en decirme que nos sentáramos, que quería hablar conmigo. Y ahí me soltó la bomba.

Flipé con todo lo que me contó. Debería quemar ese sofá por los malos ratos que me ha hecho pasar.

Durante toda mi vida me he sentido atraído por las chicas más raras, más locas. Si vestía como Punky Brewster, si jugaba con duendes mejor que con Barbies, no seguía el rollo al resto de las chicas y se aislaba para leer algún cómic, si era friki, hippie, indie, alternativa, artista, rarita, Amelie... me gustaba, no sé, yo que soy un tío bastante normal, pelín bohemio pero lo justo, con los pies en el suelo, buscando princesas de castillos en el aire. Los polos opuestos se atraen, siempre se ha dicho. El problema, y siempre lo he sabido, es que estar con una mujer así es demasiado peligroso, y el día menos pensado te explotan en toda la cara sin que lo veas venir. Lo había tenido bien presente desde el primer día, pero con el paso de los años me había ido relajando, lo fui olvidando o pensando que tal vez me había equivocado, que había exagerado, y que esa gran bomba ya nunca se activaría. Hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo.

Lo pasé fatal. No había estado tan jodido desde el día que mis soldaditos se volvieron a sus casas sin luchar porque a ella le daba miedo que fueramos más que amigos. No sabía qué hacer, la quería mucho, cuernos no habían sido porque no se habían llegado ni a ver en persona, o eso me decía. Solo me reconoció que el último día había subido de tono su conversación (en serio, ¿qué esperabas de un crío en la edad en la que te late el pito a todas horas?) y ahí había decidido parar. Ahí igual, o igual en nuestra habitación la noche anterior con el móvil en una mano y la otra en la boca intentando agarrar un nombre que ya se había escapado. Y es que según ella ese momento no influyó para nada en su valiente y honorable decisión de confesarme aquella historia. Pero me cago en las casualidades... para mi fue decisivo. ¿Qué hubiera pasado si no llega a sonar ese móvil aquella noche? nunca lo sabremos.

Al final la perdoné y tropecé por primera vez en una piedra que me volvería a encontrar más adelante. Tuve miedo de quedarme solo, de tener que poner a la venta el piso, en una época en la que es imposible quitárselos de encima, de tener que repartir el curro, los pocos clientes, de no saber trabajar sin su ayuda, de tener que decírselo a mi familia, del disgusto que se llevarían, sobretodo mi madre, o la reacción que podían tener, de que me culparan a mi incluso y me dijeran que no había sabido tratarla como se merecía, de contárselo a mis amigos y no encontrar el apoyo suficiente. De no volver a conocer nunca a una chica mejor, ni peor tampoco. Y no soportaba verla llorar tanto.

Me agarré fuerte a mi vida, a lo que tenía y quise tirar para adelante con ello, y dejé todo en manos del tiempo que dicen que todo lo cura o hace que se olvide un poco.

Y pensé que iba a costarme mucho volver a la normalidad, y que aquello dejaría graves secuelas. Pero me equivocaba, apenas un mes después ya estábamos como antes. Es verdad que la cobardía, el miedo, nos hace ser conservadores, firmar la continuidad de lo que tenemos sin leer letras pequeñas y no querer saber nada de lo que podría pasar si... al menos a mi. Llamadme demasiado bueno o cero rencoroso o tonto del culo o puto gilipollas, pero me tragué aquel enorme sapo vivo y pataleando y seguí caminando. Y así a la vuelta de una esquina nos encontramos con unos amigos que iban a una manifestación. Era 15 de Mayo.

 

Continuará... (La versión ilustrada y más capítulos en http://andresinsiesta.wordpress.com)

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