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2 min
A-79 (I)
Varios |
12.01.15
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Sinopsis

-Déjame pensar un momento, ¿me estás diciendo que no tengo más dinero?

 

-Sí, así es. No puede salir por ahora. Si no tienes recargada la tarjeta para acceder al cuarto de tu estación, como comprenderás, no podemos permitir que ninguna interna salga por los alrededores- le dijo el Inspector de su estación.

 

-No, no puedo comprender esto. ¡Es sólo un puñetero jardín, que no tiene más que flores de plástico y sillas de acero oxidado! ¡Qué quieres que haga, que intente suicidarme con el acero? 

 

-No podemos permitirlo. No obstante, eres una interna en la estación A-79; ésta pertenece a nosotros y, no me haga recordarle que, voluntariamente, usted, se introdujo hasta aquí. 

 

-¡Yo qué coño sabía, esto no ha salido como pensaba! Cuando nos dio la documentación sobre este "campamento" no me lo imaginaba así. Más bien, uno con cabañas de madera, una fogata al atardecer y nubes dulces para tomar. ¡No me imaginaba un psiquiátrico!

 

-No admito esa contestación- sentenció el Inspector empujándola y encerrándola en el cuartucho. Sacó un cigarro y, pese a la advertencias, fumó.

 

Las demás internas, desde sus cuartuchos, observaban la escena. Las puertas estaban provistas de un cristal para poder vislumbrar el pasillo de la estación y, a su vez, para el Inspector de cada una de  ellas.

 

 

 

En Otherleik, otra parte del mundo, una madre se preguntó qué haría su hija en estos momentos mientras servía cereales a su hijo de cinco años.

-Está bien, ¿cariño?

 

-Sí, mamá. 

 

Asomándose a la ventana intuyó que no sería tan sanguinario como lo pintaban algunos de sus compañeros de trabajo. No podía haber enviado a su hija  a un sitio que auguraba dolor, vacío, angustia...No podía haber hecho eso.

Asió el mango de la taza y dio un sorbo al té. Notó el líquido en las comisuras y, con el trapo de la cocina,  se limpió los restos. Volvió a mirar a su hijo, que comía su cuenco de cereales.

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