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11 min
A LA HORA DEL TE 1
Drama |
04.01.13
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Sinopsis

Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

 

LA HORA DEL TE

Rechacé su invitación, cuando ella me ofreció su cajetilla de cigarrillos, negando con la cabeza. Jamás había fumado, sin embargo acepté a que lo hiciese en mi presencia.

La observé, mientras cogía un cigarrillo entre sus dedos, lo acercó a mi encendedor  y me dijo con  la mirada, que le diese fuego. Cada una de las  caladas que daba al cigarrillo salía de su boca como una exhalación en forma de espiral, difuminando su rostro detrás de una niebla gris. Era en esos momentos cuando parecía más relajada. Ese trance era la señal de que podíamos iniciar la sesión. Miró a través de los cristales de la ventana que daba a un patio sombrío, y se apoyó en el alféizar interior.

Los primeros días entraba acompañada. Me miraba con una expresión extraña, siempre a la defensiva   y respondía con monosílabos a mis preguntas.

-Un sí o un no, no es una respuesta. - Le aclaraba yo, e intentaba que retomase la historia dónde la habíamos dejado por última vez.

-¡Necesito un cigarrillo! Era su respuesta. Y volvía a la mesa  dónde estaba apoyada frente a la ventana para encender otro,  dándome la espalda.

“Si se trata de un juego vamos a jugar las dos”.- Pensé nada más salir aquella tarde  de mi despacho.

Mientras repasaba sus evasivas respuestas en mi bloc de notas e iba introduciendo datos en el portátil, pensé en cambiar de actitud. Sonreí para mis adentros, cuando descubrí cómo lo haría.

-Mi peor crimen no fue el que cometí. Mi mayor crimen me lo hice a mí misma. Al no  confiar más en mí. Me dejé llevar por ellos. ¡Ambos en mayor o menor medida, fueron los que me empujaron a hacerlo!- Exclamó aquella tarde, en la que se mostraba más activa en participar.

-¿Te hicieron daño?- Pregunté esperando una respuesta por parte de ella. Detuvo por instante sus ojos desafiantes ante los míos, bajó la mirada y tras una  breve pausa exclamó.

-¡Ya da igual!-  Pronunció las palabras sin mirarme.

-¿Te arrepientes?- Pregunté esperando un gesto afirmativo.

-¡No! Es más, volvería a hacerlo.  Volvería a matarlos con estas manos…ellos me robaron todo lo que tenía. -Contestó con rabia contenida. Me quedé atónita ante tal afirmación, e intenté recobrar la serenidad.

- Pero hay algo que no entiendo- dije revolviendo en  mi bolso, buscando un bolígrafo. -Dijiste que los amabas. Le dejé caer mientras abría mi bloc de notas.

Desvió la mirada de la ventana, me miró fijamente, y exclamó con voz monótona.

-¡Sí, era cierto! Los amé.

Esperé que continuase, sin embargo quedó en silencio mirando a través de los cristales como el sol languidecía en el ocaso del atardecer del mes de noviembre. Se miró en el reflejo de la ventana. Intenté de nuevo, que retomase la conversación, pero sus labios no pronunciaron palabra alguna. Llamé al timbre y se la llevaron de nuevo a la celda 233. Un caso poco habitual. Entendí, que necesitaría mucha paciencia y tiempo, pero estaba completamente decidida  a lograr entender porqué había llegado hasta allí.

Volví a casa y cuando me dispuse a transcribir las notas que había recogido aquella tarde, sonreí al escribir “La hora del té” como la había bautizado ella, y pensé en cuanta razón tenía. Como cada tarde, a las cinco en punto, la puerta  de mi despacho se abría y daba paso a la reclusa de la celda número 233. Un caso poco común. Persona inteligente, de clase social media-alta. No obstante yo  estaba allí para estudiar su caso, y proceder a su traslado, si así lo requería. Como psicóloga del centro, tendría que estudiarla detenidamente y antes de que se celebrase un nuevo juicio, dictaminar su personalidad.

En su ritual  de cada tarde, acercó su cajetilla de cigarrillos hacia mí. En su rostro se dibujó una mueca de sorpresa, al ver que yo acercaba mis manos a la cajetilla. La abrí  y tomé un cigarrillo entre mis dedos. Cogí el encendedor que llevaba en mi bolso. Ellas podían tener unos cigarrillos, pero jamás se les daba permiso para poseer un encendedor. Las funcionarias que las custodiaban eran las encargadas de tal propósito.

Había pedido a la Directora permiso para poder encender yo misma los cigarrillos de mi paciente.

Los primeros días estuvimos acompañadas por una agente uniformada, pero también pedí un permiso especial para estar a solas con Loreto S.D. Necesitaba que mi paciente confiase en mí, y no podría conseguirlo si yo  no hacía lo mismo.

Solté una carcajada cuando la primera vez me comentó una anécdota acerca de las iniciales de su nombre.

-L.S.D. Loreto Sanz Díaz. -Puede ser que toda mi persona, sea perjudicial para la salud de otros. Por eso estoy aquí ¿no crees?

Era astuta, no se dejaba engañar por nada ni nadie, pero aquella tarde jugué con sus cartas, y al menos creí ganar  la primera mano.

Encendí mi cigarrillo, le ofrecí la cajetilla y me la rechazó asombrada. Entonces decidí dar el segundo paso… Me acerqué a la ventana y me apoyé en el alfeizar interior, mientras ella se quedaba sentada observándome con ojos abiertos como platos.

Cambiamos los roles. Ahora yo era ella y ella era yo. La confundí, logrando lo que pretendía desde un primer instante.

-Te preguntarás una y otra vez porque lo hice ¿verdad?

Su pregunta me cogió por sorpresa y una repentina tos me dejó un halo rasposo en la garganta.

-¡Déjalo! ¡No sabes fumar!- Se rió con una agradable carcajada. Y yo la miré asintiendo, mientras apagaba el cigarrillo en el cenicero que compartía espacio sobre la mesa, al lado de mis bloc de notas.

Sin embargo volví a situarme frente a la ventana y ella se quedó sentada junto a la mesa, jugando con la cajetilla de cigarrillos entre sus manos.

-No me gusta recordar nada de lo que viví en esos días. La gente a mí alrededor se pregunta una y otra vez por qué lo hice. Han pasado días, meses, años, sin embargo tengo sus imágenes grabadas aquí. Hizo un gesto señalando su cabeza. Y añadió.

-Sucedió todo demasiado rápido. Ese no era mi objetivo, yo los quise a los dos. De alguna manera cada uno me daba lo que en esos momentos necesitaba. Al principio…

Dos horas después, Loreto me dejaba sola con un montón de apuntes desordenados. Había interrumpido bruscamente sus pensamientos una y otra vez, hablaba violentamente sin coherencia en sus palabras, se reía a carcajadas sin motivo aparente,  sin embargo otras en cambio hablaba pausadamente, reflexionado cada palabra que pronunciaban sus labios.

Hablé con el Doctor que la trataba.  No quería que la medicación que tomaba interfiriese sobre la personalidad de ella. Quería que se mostrase tal cual. No fue fácil convencerle, pero ambos nos prometimos estar pendientes de sus reacciones.

Quise tener un encuentro con ella a primeras horas de la mañana. Pero también fui  comprobando su actitud en horarios distintos del día. A primera hora de la mañana  se mostraba distante, huraña. Yo estaba al corriente de cómo dormía por las noches. Cualquier incidente por nimio que pareciese era importante para mí. Y así poco a poco fui entrando en sus pensamientos, en sus costumbres. Era una mujer con una fuerte personalidad dentro de los cánones de belleza normales. 

Hasta entonces para mí, todas eran pacientes. Loreto había conseguido que cambiara esa consideración. Nos hicimos amigas durante nuestros encuentros.

Cuando me llamaron aquella noche de madrugada desde el  hospital para decirme que se había intentado suicidar, sentí cierta contrariedad, por una parte, era normal que de vez en cuando sucediera algún hecho similar, por otra, me preguntaba si hubiera podido evitarlo.

En mis informes había reflejado como preferente la posibilidad de que atentara contra su salud, los índices de suicidio eran muy altos. Pero esas notas, eran una constante en todos los expedientes que enviaba a seguridad, en las reuniones de balances, me aseguraban que no podían vigilar a las internas de forma individual. Ella parecía la menos proclive para cometer una acción semejante, aunque su desgana por la vida era evidente.

Cuando llegué al hospital era demasiado tarde, Loreto acababa de fallecer. Un paro cardiaco a consecuencia de una ingestión masiva de tranquilizantes.  

No era fácil tener acceso a medicamentos de prospecto agresivo, pero yo asocié sus métodos de acción a una frase que me repetía continuamente en nuestras sesiones “La vida es como una película, sólo hay que seguir el guión.”

Era muy metódica, yo conocía las piezas que componían su personalidad, pero ella me confundía con el orden en que debía colocarlas.

Llegué tarde para evitar que colocara la última pieza. Sentí una profunda tristeza. Me arrepentí de no haber sido veterinaria, como era el gusto de mi padre, para que continuara con el negocio de las dos anteriores generaciones familiares.

Durante el camino al hospital, me  vine preguntando por qué me habían llamado a mí, yo era su único enlace con la realidad y pudiera que cuando se vio en estado grave quisiera tener alguien a su lado.

El coordinador de urgencias, me aclaró que mis datos estaban en un sobre que ella llevaba en el bolsillo de su vaquero, así como el número de teléfono.

Quise verla. No pusieron pegas cuando me identifiqué como Dra. en Psicología de Instituciones Penitenciarias. Me llevaron a una estancia fría con luz muy tenue, sólo unas cortinas verdes y un letrero negro sobre blanco que ponía Autopsias, rompían aquel gris mortuorio que parecía tragarse la escasa luz de las luminarias. Seguí al celador que me llevó a la vera de una camilla en la que permanecía la finada cubierta con una sábana verde. Destapó sin contemplaciones su rostro azulado. Me preguntó con la mirada si era a quien buscaba, cuando asentí con la cabeza, el sanitario se fue apagando el eco de sus pasos con el cerrar brusco de la puerta de la sala.

Su rostro presentaba restos de medicación y huellas de cola de esparadrapo como resultado de las tareas de reanimación. El pelo ensortijado y empapado de productos químicos, se pegaba a su rostro como si de sudor se tratara.

La sábana verde, separó mi mano temblorosa y la suya inerte. Sentí la necesidad de llorar. Lloré por las dos,  lloré por las miserias humanas y lo primarios que somos los que nos hacemos llamar seres vivos inteligentes.

Cubrí su rostro para quedarme en mi recuerdo, con el semblante que hacía libre las caladas de humo, a través de las rejas de la ventana cada tarde a la hora del té.

Abandoné la estancia y pregunté si era posible disponer de alguna salita, donde pudiera cumplimentar unos papeles oficiales. Una auxiliar, me indicó un cuartito con dos sillas y una pequeña mesa de despacho.

Una máquina expendedora de refrescos y una que aromatizaba el cuarto con esencia de café, hicieron de testigos cuando abrí el maltratado sobre con mi nombre. Reconocí las hojas que le faltaban a mi cuaderno y la tinta del bolígrafo que consideraba extraviado hacía unos días. Me respaldé en la silla y leí la carta.

Continuará...

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Otros relatos del autor
  • La historia está muy bien narrada y se lee con interés desde el principio. Buen retrato del ambiente carcelario y de la personalidad de la protagonista, así como las sesiones de terapia adobadas con detalles de buen humor ( LSD ) . La historia promete, voy por la segunda parte.
    Escribe tus comentarios...Pues un placer volver a leerte. Y llegas con una historia que atrapa en su comienzo, con suspense y misterio, de las que a mi más me gustan. Buen comienzo para este año de malos augurios. :)
    wow, atrapante...quedo a la espera del siguiente capítulo sin dudas...
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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